¡HAGAMOS JUNTOS UNA PIURA GRANDE!

15 de agosto de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, día en que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió la Santa Misa y Te Deum en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, con ocasión de celebrarse el 487° Aniversario de la Fundación de San Miguel de Piura. La Eucaristía fue concelebrada por Monseñor Isidro barrio Barrio, Obispo de Huancavelica, quien se encuentra de visita en nuestra ciudad, Monseñor Enrique Glennie Graue, Monseñor Eduardo Chávez Sánchez y el R.P. José Guillermo Gutiérrez Fernández, ponentes del Congreso Internacional “La Familia, la Vida y el Acontecimiento Guadalupano” que hoy culmina en nuestra ciudad, así como por varios sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Participaron también de la Santa Misa el Dr. Juan José Díaz Dios, Alcalde Provincial de Piura, la Dra. Rosa del Pilar Chapilliquén Cuadra, Prefecta Regional de Piura, así como las más altas autoridades políticas, civiles, militares, diplomáticas y universitarias de la Región, junto a gran número de fieles piuranos que se reunieron para ofrecer sus ruegos y oraciones por nuestra querida ciudad.

Al finalizar la Santa Misa con alegría y expresando un profundo agradecimiento al Señor, el coro polifónico de la Basílica Catedral de Piura junto a todos los presentes entonaron el Himno Te Deum.

A continuación les ofrecemos el texto completo de la homilía que pronunció nuestro Arzobispo para esta importante ocasión:

HOMILÍA

POR EL 487º ANIVERSARIO

DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE PIURA

Al celebrar jubilosos el 487° aniversario de nuestra muy noble e ilustre Ciudad, lo hacemos con esta Santa Misa de acción de gracias, recordando con satisfacción que San Miguel de Piura fue la primera ciudad fundada por los españoles en el Perú y en el Pacífico Sur. Ella fue puesta bajo la custodia y defensa de Nuestra Señora de la Asunción, cuya fiesta celebramos hoy, y de San Miguel Arcángel, príncipe de la milicia celestial.   

¡Piura es la cuna y la puerta de la fe para el Perú!

Los piuranos debemos sentir honda satisfacción por vivir en esta Ciudad. ¡Piura es la cuna del Perú! En ella se dio origen a lo que hoy es nuestra Patria: Un país mestizo, tanto en lo biológico como en lo cultural y social. Fue en Piura donde comenzaron a interactuar los Tallanes y los Españoles, quienes llegaron guiados por don Francisco Pizarro González en 1532. Fue en Piura donde la Providencia Divina quiso que se diera inicio a la síntesis viviente entre lo español, lo indígena y lo africano, para así dar origen a una cultura totalmente nueva: La Peruana.

Del mismo modo, ¡Piura es la puerta de la fe para nuestra Patria! Fue aquí donde comenzó el anuncio del Evangelio en el Perú, ya que de estas tierras y bajo la protección del Arcángel San Miguel, partieron los pioneros del anuncio de Jesucristo, de su Buena Nueva y de su Iglesia, hacia el vasto territorio del antiguo Imperio Inca.

El mestizaje fecundo entre lo autóctono y lo europeo se realizó por tanto al calor de la evangelización, es decir al calor del anuncio del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. El cristianismo fue el crisol que permitió este rico encuentro y cruce, y por tanto es importante reconocer y nunca olvidar que la Iglesia Católica ha sido y es un instrumento esencial en la formación histórica, cultural y moral de Piura y del Perú.

Unidad para enfrentar los desafíos y hacer posible la reconstrucción

Si miramos a nuestra Ciudad, y al hacerlo es imposible no mirar desde ella a toda nuestra Región, son ciertamente grandes los desafíos que tenemos por delante. Desafíos que podemos enumerar en casi todas las áreas: Salud, seguridad ciudadana, infraestructura, saneamiento, medio ambiente, electrificación, transporte, seguridad vial, limpieza, orden, etc. A ello se suma una cierta parálisis de la economía de Piura que afecta a algunos importantes sectores productivos piuranos y a un todavía alto índice de desempleo y de informalidad laboral. Todo ello viene afectando sobre todo a las familias y a nuestra juventud piurana.

Unidos tenemos que afrontar estos desafíos que apuntan a un mismo objetivo: La defensa y promoción de la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, con especial énfasis en los niños, las mujeres, los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los pobres. Urge construir una Ciudad y Región renovadas, en que las personas cuenten más, las familias cuenten más, y sean la razón que impulsen e inspiren las obras a realizar.  

Ahora bien, a la par de este trabajo por alcanzar el bienestar material, debe ir una adecuada formación ética y moral de las personas y una promoción de iniciativas que tutelen y sostengan los valores e instituciones fundamentales de la sociedad, comenzando por la familia, fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer. Sin ello corremos el riesgo de no conseguir éxitos duraderos. Apremia también una adecuada atención a los jóvenes mostrándoles y testimoniándoles altos ideales humanos y espirituales, como el compromiso altruista, el respeto a la verdad, la honestidad, el trabajo, el servicio, la solidaridad, y la caridad entre otros.

La Iglesia desde los inicios de Piura hasta nuestros días, presta su colaboración en ello proponiendo a los cristianos y al conjunto de la sociedad, el mensaje de salvación del Señor Jesús, con sus valores y virtudes humanas y sobrenaturales, y con su trabajo en favor de la promoción humana y el servicio en favor de los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad.   

A todo lo anteriormente dicho se suma la impostergable reconstrucción de Piura, ya que a veintinueve meses del trágico Fenómeno del Niño Costero de 2017, la reconstrucción casi no se siente, las promesas van y vienen, hay atrasos significativos en el comienzo y ejecución de las obras, y los damnificados siguen sufriendo y viviendo en condiciones inhumanas. Desde aquí reitero mi pedido de un fideicomiso de los fondos prometidos por el Gobierno Central para la reconstrucción de Piura, y que ésta pase a ser dirigida y liderada por los propios piuranos, porque el esquema centralista de la misma no ha dado los resultados esperados en estos más de dos años. Ante el desafío de la reconstrucción salgamos de nuestro conformismo histórico y desidia.

Ahora bien, para ello requerimos de una Piura unida, y debo decirlo con dolor, estamos más divididos que unidos, especialmente nuestra clase política. Sin unidad no podremos hacer nada. La dramática hora que vivimos los piuranos exige que nuestras autoridades dejen de lado sus diferencias y desconfianzas, disputas y enfrentamientos, que coordinen y trabajen en equipo, que sean humildes y pidan consejo cuando lo necesiten dejándose asesorar por los profesionales y técnicos piuranos, que los hay en buen número y calidad. Urge para Piura que nuestras autoridades promuevan una cultura del diálogo y del entendimiento entre sí, para elaborar y llevar adelante una agenda común de trabajo en beneficio de todos.  

De otro lado, dirijo mi llamado a todos los piuranos para que comprendamos que todos somos Piura. No nos limitemos simplemente a reclamar y a quejarnos, lo cual siempre es muy fácil, sino que cada uno, según sus posibilidades y capacidades, responsabilidades y funciones, ponga todo de sí por nuestra Ciudad y Región.

Todos podemos y debemos hacer algo por Piura, desde la manera cómo manejamos el vehículo, la mototaxi o la moto, si observamos las normas de tránsito, si respetamos al peatón, si cuidamos el ornato y la limpieza, si practicamos las buenas costumbres en los lugares públicos, si nos esforzamos por vencer la informalidad, si cumplimos con las leyes y ordenanzas, si realizamos negocios y comercios honestos y justos, si colaboramos con la seguridad ciudadana no encubriendo el delito o el crimen, si respetamos a las demás personas y a la autoridad, si en el seno del hogar vivimos en concordia y los miembros de la familia se aman, se respetan y cumplen cada cual con sus obligaciones.

Nunca debemos olvidar que si bien tenemos derechos también tenemos deberes, y si somos cristianos estamos obligados a cumplirlos con la mayor perfección posible. El principal deber es cumplir con todas nuestras obligaciones personales, familiares, sociales, laborales, etc., dando en ellas ejemplo de correcto comportamiento ético y moral, siendo veraces, honestos y laboriosos.

Cada piurano, por pequeño o pobre que sea, está llamado a construir con sus demás hermanos la ciudad de San Miguel de Piura, y nuestra Región, en una experiencia de vida en común, en torno a nuestra fe cristiana, valores y principios, historia y costumbres, ideales y sueños compartidos. Todos debemos sentirnos responsables los unos de los otros y trabajar por la realización no sólo propia sino también de los demás.

Que los peregrinos, visitantes e inmigrantes que lleguen a nuestras tierras, vean en ella su rostro más auténtico: La Piura cristiana y católica, cálida y acogedora, alegre y festiva, fraterna y solidaria, rica en cultura y tradición, tenaz y luchadora que sólo se agacha cuando baila el tondero, la Piura consciente de la trascendental misión que la Providencia Divina le ha encomendado desempeñar en la Historia del Perú. ¡Hagamos juntos una Piura grande!

Impulsemos nuestro sentido de Comunidad

El difícil pero apasionante camino de la renovación de Piura se basa en una gran renovación de la propia responsabilidad personal ante Dios, ante los demás y ante nuestra misma conciencia. Aniversarios como el de nuestra Ciudad son también ocasiones preciosas para superar el mal del “individualismo consumista” libertino y hedonista, que al no tener horizonte ético ni moral, sólo pide, exige, demanda, critica, moraliza, y que centrado en sí mismo, no pone, no apuesta, ni arriesga, ni se juega por los demás.

Más bien trabajemos por impulsar nuestro sentido de comunidad, así como la amistad, el amor por la vida, el cariño por la tierra, el ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones más duras de la vida cotidiana, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia.  

Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un renovado proyecto de Ciudad y de Región, que haga posible un justo, solidario y sostenible desarrollo de Piura.

Bajo la protección de la Asunta y de San Miguel, Arcángel

Frente a los retos y desafíos que tenemos por delante, ¡No tengamos miedo! Nos asisten nuestros santos patronos: La Virgen de la Asunción y San Miguel Arcángel, bajo cuyo cuidado y protección nos pusieron los fundadores de Piura hace 487 años. Ellos atraen sobre nosotros el poder del amor del Señor.

Nos cubre desde el Cielo con su manto maternal nuestra Madre Santísima quien nos tiene en el hueco de su manto y en el cruce de sus brazos, y es nuestra sombra y resguardo. Nos asiste y defiende San Miguel, cuyo nombre significa, “¿Quién como Dios?”. María Santísima, Asunta a los Cielos, y San Miguel Arcángel, reflejan la victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado, en definitiva el triunfo de Dios-Amor sobre el demonio, y nos dan la esperanza y fortaleza para construir una “tierra nueva” donde brille la ansiada “Civilización del Amor”, es decir una cultura impregnada de los valores de las Bienaventuranzas de Reino (ver Mt 5, 3-12), que le permita a la persona humana desarrollarse integralmente.

Tengamos la certeza que esta tierra bendita que ha dado entre sus mejores hijos a ilustres pintores como Ignacio Merino Muñoz y Luis Montero Cáceres, al poeta Carlos Augusto Salaverry, al padre de la medicina peruana José Cayetano Heredia, al distinguido marino y político Lizardo Montero Flores, y sobre todo al Héroe de Angamos y Peruano del Milenio, el Gran Almirante del Perú y Caballero de los Mares, don Miguel Grau Seminario, saldrá adelante más renovada y fortalecida que nunca.

A todos los que habitamos en Piura, les hago llegar mi afectuosa bendición, especialmente a nuestros niños, jóvenes, ancianos, enfermos, pobres y damnificados.  

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 15 de agosto del 2019.
Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

jueves 15 agosto, 2019