¡GRAU Y EL HUÁSCAR SON EL PERÚ SOBRE EL MAR!

Arzobispo celebra Santa Misa con ocasión el 186° Aniversario del Nacimiento de Miguel Grau

27 de julio de 2020 (Oficina de Prensa).- La tarde de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa de forma privada desde la Capilla Arzobispal «Nuestra Señora de las Mercedes», con ocasión del 186° Aniversario del Nacimiento del Gran Almirante del Perú y Peruano del Milenio don Miguel Grau Seminario.  

Estuvieron conectados virtualmente a la celebración eucarística el Alto Mando de la Marina de Guerra del Perú conformado por el Señor Almirante Fernando Raúl Cerdán Ruiz, Comandante General de la Marina de Guerra del Perú, el Vicealmirante Manuel Santiago Váscones Morey, Jefe del Estado Mayor General y el Vicealmirante Jorge Edgardo Jesús Millones Gonzales, Inspector General. También participaron el Contralmirante César Marco Morales Huerta-Mercado, Comandante de la Primera Zona Naval y el Capitán de Navío Cesar Del Álamo Carrillo, Jefe de Estado Mayor, asimismo participaron el Señor Jorge Guerrero Lang, Presidente de la Asociación Nacional Pro Marina del Perú y el Dr. José Raúl Rodríguez Lichtenheldt, Presidente de la Asociación Nacional Pro Marina del Perú en nuestra ciudad, los Oficiales Almirantes, Oficiales Superiores, Técnicos, Supervisores, Oficiales de Mar, Marineros, Grumetes y personal civil que forman parte de la Marina de Guerra del Perú y de la Primera Zona Naval en Piura, los miembros de la Asociación Nacional Pro Marina del Perú, así como las esposas de los oficiales de la Naval que integran la Asociación «Stella Maris».

A continuación compartimos la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Arzobispo:

HOMILÍA EN EL  186° ANIVERSARIO
DEL NACIMIENTO DE
DON MIGUEL GRAU SEMINARIO

Hoy, 27 de julio, víspera de la Independencia de nuestra Patria, celebramos el 186° aniversario del nacimiento del “Caballero de los Mares” y “Peruano del Milenio”, el Gran Almirante del Perú, don Miguel Grau Seminario. Para nosotros los piuranos es un honor que en nuestras tierras haya nacido el “más heroico y abnegado defensor del Perú”, y que en nuestra ciudad de San Miguel de Piura se encuentre ubicada la casona donde nació el héroe máximo de nuestra Patria. Agradezco a la Marina de Guerra del Perú, y en especial a la Comandancia General de la 1ª Zona Naval, por haberme invitado a ofrecer esta Santa Misa por todos los que conforman la gran familia naval.  

Nunca esta demás reflexionar en la espléndida personalidad de nuestro amado Almirante, tan atrayente como inspiradora. Todo en Grau es excepcional: Su apasionado amor al Perú que lo lleva hasta el sacrificio de su vida por la Patria el 8 de octubre de 1879 en Punta Angamos. Su entrega constante más allá del deber que hace de él la encarnación del patriotismo. Su espíritu cívico de buen ciudadano que lo conduce a incursionar en la política con decencia, ética y justicia, ejemplo urgente a seguir por los políticos de hoy.

Su honradez en la casa y en su buque. Su amor fiel y cariñoso a su amada esposa Dolores y su preocupación permanente y amor tierno por sus hijos incluso en plena Guerra del Pacífico. Es sobresaliente marino y a la vez extraordinario esposo y padre. Vive alejado de toda vanidad, egoísmo, odio y sensualidad, y es más bien modesto, humilde y buen amigo. Frente a los homenajes que recibe en Lima, cuando regresa brevemente de su campaña naval responderá: “Yo no soy sino un pobre marino que trata de servir a su Patria…Todo lo que puedo ofrecer en retribución de estas manifestaciones abrumadoras es que si el Huáscar no regresa triunfante al Callao tampoco yo regresaré”. 

Grau, carece de los vicios y taras que solemos tener los peruanos como son la improvisación, el desorden, la rivalidad, la adulación, la inmoralidad, la deshonestidad y la mezquindad. Grau hizo de su legendario Monitor “Huáscar” no sólo el mejor barco de nuestra débil escuadra de aquel entonces, sino la única espada y el solo escudo del Perú que solitariamente por seis meses ridiculizó y puso en jaque a la poderosa escuadra chilena retrasando durante todo ese tiempo la invasión a nuestro sacrosanto territorio. Grau tuvo el coraje y la inteligencia de organizar y disciplinar a su tripulación, así como la iniciativa, destreza y exactitud para conocer, medir y actuar en cada situación. Con justicia se ha dicho que ¡Él y el Huáscar son el Perú sobre el mar! Durante la guerra no se dejó arrastrar por las bajas pasiones, sino que supo unir, al deber de la defensa de la Patria, la nobleza y la caballerosidad que lo hicieron merecedor al justo título del “Caballero de los Mares”.

Así junto con una conmovedora carta a doña Carmela Carvajal de Prat, le envío la espada y demás prendas de su querido esposo Arturo. Salvó a los chilenos náufragos de La Esmeralda que agradecidos gritaron: “Viva el Perú generoso”. Perdonó al Matías Causiño y evitó la destrucción de poblaciones indefensas. En el combate y la lucha, Grau supo poner la luz de la humanidad, hasta tal extremo que sus adversarios nunca lo pudieron odiar. Por estos motivos es con justicia, “Precursor Calificado del Derecho Internacional Humanitario en el Combate Marítimo”.

La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Qué hizo posible que surgiera en el Perú una personalidad así de rica y fecunda? Podemos encontrar la respuesta en lo que nos dice con notable autoridad el Doctor José Agustín de la Puente y Candamo, gran historiador recientemente desaparecido, cuando afirma:

“La vivencia religiosa está inserta en el meollo del comportamiento de Grau. Su idea del deber, su sentido de familia y sus relaciones humanas están impregnados de un signo espiritual del cual advertiremos en su vida una y otra confirmación. La serenidad, el cumplimiento del deber en lo pequeño y en lo grande, la naturalidad frente al peligro, el sosiego para vivir con la muerte cercana, la modestia que lo acompaña hasta en los instantes de mayor exaltación en torno a su nombre, todo muestra a una persona distante de lo frívolo, y que cree en una visión trascendente de la vida”.[1] 

Efectivamente, su fe cristiana es la base donde se asienta y se forja el edificio de su extraordinaria personalidad. Grau es un creyente en la Iglesia Católica, y vive las virtudes cristianas que fecundan y elevan sus virtudes naturales.

Amigos cercanos a él, como Monseñor José Antonio Roca y Boloña, el Reverendo Padre Pedro Gual y Pujadas su confesor, y don Carlos Elías, son muestra del ambiente cristiano en el que transcurre su vida. Grau es el marino que se confiesa con el Padre Gual en el Convento de los Descalzos y sale del Callao con el convencimiento de que su muerte no está lejana. Carlos Elías en su evocación del Gran Almirante dirá: “Sus principios religiosos le honraban. Había aprendido a adorar a Dios en la inmensidad del océano; y en las majestuosas tempestades de los mares, había divisado como los destellos luminosos de la manifestación divina. Por eso antes de salir a campaña fue humilde a inclinarse ante un ministro del altar, y así se llevó al combate su alma pura, y su conciencia tranquila”.[2] 

A su amigo Francisco Alayza y Paz Soldán, el Caballero de los Mares le dirá antes embarcarse en su viaje a la gloria: “Me voy para no volver. Esta mañana he comulgado en los Descalzos, y estoy preparado para entregar mi alma a Dios”. Monseñor Roca y Boloña dirá de su entrañable amigo en su Oración Fúnebre pronunciada en la Basílica Catedral de Lima con ocasión de las Exequias en honor a los mártires del “Huáscar”: “Que Miguel Grau era, señores, un guerrero cristiano. Hombre de fe, toda su confianza se cifraba en Dios”.[3]

Conocedor de su espíritu cristiano, Monseñor Roca y Boloña tuvo a bien regalarle una imagen de Santa Rosa de Lima la cual estuvo entronizada en el heroico Monitor, y que le dedicó con las siguientes palabras: “Miguel: que esta Santita nuestra te acompañe, y si no te regresa con vida que te traiga cubierto de gloria”. La imagen fue encontrada después del Combate de Angamos con manchas de sangre y perforaciones de metralla.       

Sí, es en su vida cristiana, en el cultivo responsable de su vida espiritual, donde encontramos la clave para comprender la rica personalidad del Almirante don Miguel Grau Seminario y su capacidad de donarse por la Patria, hasta vivir la máxima evangélica: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13).

El Almirante Miguel Grau Seminario, se presenta ante nosotros como el modelo de todo peruano y piurano. Su sólo nombre inspira respeto, admiración y un ideal a seguir. Grau expresa las potencialidades que, a pesar de todo, hay en nosotros, en cada corazón peruano y marca un horizonte de esperanza que los peruanos sí podemos alcanzar una talla de grandeza espiritual y moral que, a pesar de las duras pruebas que actualmente estamos viviendo, nos permita construir el Perú justo y reconciliado con el cual nuestros santos y héroes soñaron y por el cual dieron sus vidas, un Perú de vida y justicia, de fraternidad y solidaridad, para todos los que vivimos en este hermoso y gran país.

Pero de nada nos servirá este homenaje a Grau, si bajo la atenta mirada del Caballero de los Mares no renovamos hoy nuestro compromiso con el Perú y con su querida Piura, más aún en estos tiempos en que sufrimos el ataque de un nuevo enemigo, invisible, cruel, despiadado, e incansable como el coronavirus (Covid-19).  

Siguiendo el ejemplo de Grau y de su tripulación de heroicos marinos, encontremos en nuestra fe cristiana y católica, la fuente de nuestro amor por el Perú, así como la esperanza y la fortaleza para combatir a este nuevo enemigo para finalmente derrotarlo, haciendo nuestra como consigna la célebre frase del Teniente Primero Enrique Palacios de Mendiburu, pronunciada en pleno fragor del Combate Naval de Punta Angamos: ¡En este buque nadie se rinde!

Al estallar la guerra con Chile en 1879, Palacios se reincorpora a la Armada y se embarca en la fragata “Independencia”, demostrando patriotismo y desprendimiento, renunciando a su sueldo y contribuyendo a los gastos de la guerra con donativos mensuales de su propio peculio. Luego del combate de Punta Gruesa se incorporó a la dotación del legendario Monitor “Huáscar” y durante el Combate de Angamos estuvo a cargo de uno de los cañones Armstrong de la Torre Coles. Durante el combate un proyectil del Cochrane alcanzó dicha torre, perforó su coraza e impactó en el cañón derecho. Como resultado de la explosión quedaron gravemente heridos Palacios, dos oficiales y doce tripulantes.

Palacios llevó la peor parte pues un trozo de hierro le desarticuló la mandíbula inferior, la cual, pese al intenso dolor, sujetó con un pañuelo y siguió combatiendo. Cuando por efecto del fuego chileno cayó la driza que sostenía la bandera peruana, Palacios la recogió y entre una lluvia de balas volvió a izar el pabellón nacional. Según refieren varios testigos, después de izar nuestro inmaculado Pabellón Nacional, se escuchó la voz de Palacios gritando: ¡En este buque nadie se rinde! A pesar de las heridas y una intensa hemorragia, continuó combatiendo, hasta que un nuevo proyectil impactó en cubierta alcanzando con sus astillas al espartano oficial. Los marinos chilenos, asombrados por la valentía del peruano, le brindaron todas las atenciones, pero vanos fueron los intentos por salvarle la vida. Falleció en el viaje al Callao a bordo del vapor Coquimbo en la rada de Iquique una semana después del combate. Tenía apenas 29 años.

¡En este buque nadie se rinde! Hoy a casi 141 años de la epopeya de Angamos, esta máxima es toda un fuente de inspiración para todos nosotros y del compromiso que debemos asumir cada uno en su particular vocación y estado de vida, para derrotar al Covid-19, porque como muy bien nos lo ha recordado nuestra Marina: “Este buque es nuestro país; porque nuestra Marina es nuestro pelotón; también tu ciudad; tu distrito; tu barrio; tu casa, y nadie se rinde porque somos peruanos invencibles; hombres y mujeres de acero, que hemos superado momentos terribles de nuestra historia”.[4] Tengamos la confianza que con la ayuda de Dios, vamos a vencer.

Finalmente, no podemos concluir estas palabras en una fecha tan significativa para todos nosotros sin rendir sentido homenaje a los herederos de la gloria del Gran Almirante del Perú y Peruano del Milenio, don Miguel Grau Seminario, por todo lo que han hecho y vienen desarrollando en favor del Perú, de Piura y Tumbes, haciendo honor a su lema: “Un solo norte el deber, tan solo un rumbo el honor”.

Desde el primer día de la Emergencia Nacional hasta el presente, la Marina de Guerra del Perú ha movilizado a todos sus efectivos a fin de garantizar el orden interno y brindarnos seguridad. Hoy por hoy, nuestra Marina colabora intensamente en labores de patrullaje, de vigilancia marítima y fronteriza, éstas últimas para evitar el paso de ilegales por el territorio peruano. Pero también vienen desarrollando acciones humanitarias y programas sociales entre las que destacan las PIAS o “Plataformas Itinerantes de Acción Social”, a través de las cuales vienen brindando diversos servicios de salud a las poblaciones alejadas de la Amazonía a las que sólo se puede acceder por río.

Asimismo, han puesto su tecnología e innovación para combatir la pandemia, como por ejemplo a través del programa “SAMAY”, por medio del cual fabrican respiradores artificiales; o instalando “Bases Modulares” u “Hospitales de Contingencia”, con la finalidad de atender pacientes que requieran atención moderada e inmediata a causa del COVID-19.

También y con el fin de prevenir el contagio del coronavirus, la Marina de Guerra del Perú a través de su Dirección de Abastecimiento Naval, confecciona mascarillas para el personal naval desplegado en las operaciones de patrullaje. Finalmente, nuestra Armada Nacional viene trabajando con sus unidades navales y aéreas en el traslado de miles de toneladas de ayuda humanitaria, equipos médicos, medicinas, oxígeno, personal médico, así como realizando evacuaciones de enfermos en condición crítica. Cabe destacar el apoyo que brinda el BAP “Tacna”, buque de apoyo logístico, el cual gracias a los modernos equipos con que cuenta a bordo, luego de un proceso de desalinización entrega agua potable a la población.           

Estos son sólo unos pocos ejemplos de la infatigable labor que la Marina de Guerra del Perú viene desarrollando en plena lucha contra la pandemia, colaborando con su entrega y sacrificio a derrotar al enemigo de hoy que es el coronavirus (Covid-19). Los valores y virtudes que definieron al Gran Almirante del Perú, Don Miguel Grau Seminario, ciertamente resplandecen en nuestros marinos, porque como señalaba con acierto el “Peruano del Milenio”: “La Marina de Guerra necesita hombres llenos de abnegación, de costumbres severas, y dedicados a su profesión” . 

Rendimos pues, sentido homenaje a los herederos de la tradición y nobleza de don Miguel Grau Seminario y su tripulación de heroicos marinos.

Rogamos por la salud de todos los efectivos navales y de sus familiares, por la pronta recuperación de aquellos que en el cumplimiento del deber se han contagiado, y pedimos en esta Misa por el personal naval que ha fallecido víctima de esta cruel pandemia, así como por sus acongojadas familias.

Gracias al ejemplo de todos ustedes, queridos Marinos de nuestra Patria, se renueva nuestra esperanza y se fortalece nuestro ánimo, lo que nos permite decir con convicción en esta difícil hora:

¡En este buque nadie se rinde!

San Miguel de Piura, 27 de julio de 2020

[1] José Agustín de la Puente, “Miguel Grau”, pág. 77; Instituto de Estudios Histórico – Marítimos del Perú, 2003.

[2] Ibid. pág. 236.

[3] Mons. José Antonio Roca y Boloña, Oración Fúnebre pronunciada en la Santa Iglesia Catedral de Lima al oficiarse las exequias fúnebres en honor de los mártires del “Huáscar”.

[4] Marina de Guerra del Perú, Video institucional, 30-IV-2020.

Puede descargar el archivo PDF conteniendo la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Arzobispo AQUÍ

Puede ver el video grabado de esta Santa Misa de nuestro Arzobispo Metropolitano de Piura desde AQUÍ

lunes 27 julio, 2020