FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

12 de diciembre de 2019 (Oficina de Prensa).- Cada 12 de diciembre, la Iglesia celebra la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Ese día en 1531, la Virgen María se apareció a San Juan Diego quien era un indígena mexicano de 57 años.

La historia.

San Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre. Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: «Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo».

El indígena fue pero el obispo no le hizo caso. De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oír a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo. De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba. El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

El Papa Pio X la proclamó como «Patrona de toda la América Latina», Pio XI de todas las «Américas», Pio XII la llamó «Emperatriz de las Américas», Juan XXIII «La Misionera Celeste del Nuevo Mundo» y «la Madre de las Américas», y fue San Juan Pablo II quien la reconoció como Reina de toda América, asegurando que Nuestra Señora de Guadalupe conoce “los caminos que siguieron los primeros evangelizadores del Nuevo Mundo, desde la isla Guanahani y La Española hasta las selvas del Amazonas y las cumbres andinas, llegando hasta la tierra del Fuego en el Sur y los grandes lagos y montañas del Norte”.

El acontecimiento guadalupano

El P. Eduardo Chávez Sánchez, postulador de la Causa de Canonización de san Juan Diego, cofundador y director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, así como Canónigo de la Basílica de Guadalupe, es uno de los mayores expertos en las apariciones de Santa María en el cerro del Tepeyac de Ciudad de México. Los piuranos y tumbesinos hemos tenido la oportunidad de escuchar en varias oportunidades sus interesantes conferencias. Al respecto, señala que la Virgen Santa María de Guadalupe “es la perfecta inculturación del Evangelio”. “Ella es modelo de una evangelización perfectamente inculturada. Ella trae la verdad, que es Jesucristo, y la pone en el corazón de todo ser humano, más allá de culturas, de tradiciones, de lenguas”.

La Virgen María, resalta el P. Chávez, visitó este su continente, la gran América. Y qué hermoso es saber que nuestra «Morenita» no sólo es la Madre de este gran continente sino nuestra Emperatriz, como bien la llaman los mexicanos y todos sus devotos. Así como la Virgen fue a servir a su prima Isabel en las cosas cotidianas cuando ésta estaba ya a punto de dar a luz, así nuestra Madre ha querido visitarnos hace ya casi 500 años para ser esa estrella de la nueva evangelización, para traernos a Jesús su Hijo y en Él darnos la vida verdadera”. “Por eso es correcto decir que el centro del mensaje de Santa María de Guadalupe es Jesucristo. Santa María de Guadalupe es cristocéntrica. En la imagen de la Guadalupana vemos a una mujer embarazada, lleva en su vientre a Jesús. El centro de la imagen no es Ella, el centro de la imagen en Jesús. Ella es el lecho del río que nos trae el agua de vida. Ella nos lleva a su Hijo Jesucristo”.

Asimismo, nuestro Arzobispo Monseñor Eguren subraya que: “Ahí donde María es invocada, donde Ella se hace presente, recuperamos el ánimo, el corazón encuentra quietud y encontramos seguridad. Por eso es tan esencial para la espiritualidad cristiana la devoción a la Virgen Santísima. Estamos llamados a descubrirla como nuestra Madre y descubrirnos sus hijos, a darnos cuenta que realmente le pertenecemos. Porque el Sí que Ella pronuncia en la Anunciación-Encarnación hace posible el que nosotros hayamos pasado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia y por eso decimos que Ella es realmente nuestra Madre en el orden de la gracia. Es esencial que a lo largo de nuestra vida redescubramos una y otra vez ese gran lazo que nos une a Ella,  para así ganar en auténtica paz, tranquilidad, firmeza, constancia, perseverancia como discípulos y misioneros de Jesús, su Hijo”.

La devoción a Santa María de Guadalupe

La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México, y desde ahí en el mundo entero, con gran devoción. Los milagros obtenidos por los que miles rezan a Nuestra Señora son extraordinarios. Cada año, más de 20 millones de fieles se acercan a la venerada tilma para expresar a la Madre del Cielo el testimonio de su cariño y veneración. Sólo en el día de la fiesta, se calcula que casi tres millones de personas acuden al Santuario del Tepeyac.

En Piura, la devoción a Santa María de Guadalupe es también muy arraigada. Nuestro Arzobispo presidió la Santa Misa en las Vísperas de esta Fiesta, en la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe”, junto a los fieles y a su párroco el R.P. Miguel Medina Pacherre. Asimismo, Monseñor Eguren, llegó hasta el Distrito de Catacaos (Bajo Piura) donde se encontró y celebró la Eucaristía con los miembros de la Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe que cumplen 10 años de creación. Ahí estuvo presente el Señor Martin Sandoval Espinoza, fundador de esta hermandad que congrega a cientos de devotos de Nuestra Señora en el distrito.

jueves 12 diciembre, 2019