FÁTIMA UN MENSAJE SIEMPRE ACTUAL

Meditación de nuestro Arzobispo

Un día como hoy, hace 102 años, la Santísima Virgen María bajó del Cielo y se apareció en Cova de Iría, Fátima-Portugal, a tres niños pastorcitos: a los Santos Francisco y Jacinta, cuyo segundo aniversario de canonización hoy celebramos, y a Sor Lucía dos Santos. Ellos vieron sobre una encina a una Señora, toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa que la de un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente.

El mensaje de Fátima es sencillo y está a la medida de la comprensión de todos, así nos los confirma el hecho que fue confiado a tres humildes pastorcitos de 10, 9 y 6 años de edad. No obstante, se necesita mucha humildad, sencillez y coraje para acogerlo y vivirlo. Podemos resumirlo en tres palabras claves: penitencia, oración y rosario. La Iglesia siempre ha acogido con decisión el mensaje de Fátima porque su contenido se identifica con la verdad y el llamado fundamental del Evangelio: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca: conviértanse (es decir hagan penitencia) y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15).

Es conmovedor ver cómo el mensaje de la Madre en Fátima, se identifica plenamente con las primeras palabras de su Hijo en el Evangelio. Ello manifiesta la identificación y la solicitud de Santa María por la obra de la reconciliación realizada por su Hijo, Jesucristo; obra en la que Ella cooperó activamente con fe y obediencias libres. Ahora bien, el llamado urgente de Nuestra Señora de Fátima a la penitencia, si bien es un llamado maternal, es a la vez es un llamado fuerte, claro y decidido. El mensaje de Fátima, es la llamada apremiante del amor maternal de María, que en fidelidad a la misión encomendada por Cristo en la Cruz, “Mujer, he ahí a tu hijo” (Jn 19, 26), quiere que todos nosotros, que somos también hijos de su gran fe, no nos condenemos sino que nos salvemos. 

La Virgen María vino del Cielo para recordarnos que nuestra relación con Dios es constitutiva del ser humano que fue creado y ordenado hacia Él. Que nuestro destino último es el encuentro plenificador con Dios, Comunión de Amor. En Fátima, María nos advierte que aquello que se opone a nuestra felicidad y salvación es el pecado. Que el rechazo y el alejamiento de Dios hunden irremediablemente nuestras vidas en la mentira, el egoísmo, y la infelicidad; y finalmente nos conduce a la muerte eterna, al infierno. María nos previene para no caer en el juego del demonio, el pérfido dragón que “con su cola, arrastró un tercio de las estrellas del cielo y las lanzó sobre la tierra” (Ap 12, 4).

Hoy, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, reafirmamos que el llamado a la penitencia del Corazón de María de hace ciento dos años, sigue siendo actual, sigue resonando con fuerza en los inicios de este tercer milenio en que constatamos con dolor que muchas personas y sociedades van lamentablemente en la dirección opuesta al mensaje de Fátima.

El mensaje de Fátima, a pesar del dolor que entraña por la realidad del pecado y por su apremiante llamado a la penitencia, está lleno de esperanza, porque ningún pecado puede superar el Amor de Dios Padre manifestado en Cristo Jesús y derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Dios no quiere que nadie se pierda, por eso hace más de dos mil años mandó a la tierra a su Hijo a “buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10).

Esta llamada a la penitencia de Nuestra Señora, está unida a la llamada a la oración y en particular a la oración del Santo Rosario, que podemos definir como la oración preferida de María. El Rosario es la oración a través de la cual la Santísima Virgen se siente particularmente unida a nosotros. Más aún, cuando rezamos el Rosario, Ella misma lo reza con nosotros. Con esta oración abarcamos los problemas de la Iglesia, del Papa, del mundo entero, así como nuestros propios problemas y necesidades. Igualmente, en el rezo del Santo Rosario recordamos a los pecadores y pedimos por su conversión y salvación y encomendamos a las almas del purgatorio, especialmente a las más necesitadas de oraciones.

Que hoy y siempre le recemos a la Santísima Virgen su oración predilecta, el Santo Rosario, dirigiéndonos a Ella con la confianza de saber que es nuestra Madre y nosotros sus hijos muy queridos, para que así María custodie nuestras vidas, bendiga y refuerce en nosotros todo deseo de bien, reavive y alimente nuestra fe, sostenga e ilumine nuestra esperanza, suscite y anime la caridad, y nos guíe siempre por el camino de la santidad. 

Los bendice con afecto y pide sus oraciones para el Papa Francisco.

San Miguel de Piura, 13 de mayo de 2019
Memoria de Nuestra Señora de Fátima 

lunes 13 mayo, 2019