“FAMILIA DE NAZARET: ERA POBRE Y SILENCIOSA, PERO CON RAYOS DE LUZ”

Arzobispo celebra Santa Misa en la Fiesta de la Sagrada Familia

27 de diciembre de 2020 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa correspondiente al último Domingo de este Año 2020, en el que celebramos también la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret.

La Eucaristía fue ofrecida en acción de gracias a Dios por todas las familias de Piura y Tumbes, especialmente por aquellas familias que en los últimos meses han perdido un familiar o han sido afectadas con las consecuencias de la pandemia y que sufren actualmente por el hambre, el desempleo, y la pobreza.

A continuación compartimos la Homilía completa pronunciada por nuestro Arzobispo:

“Familia de Nazaret: Era pobre y silenciosa, pero con rayos de luz”

Dios quiso nacer en una familia humana

Estamos viviendo en estos días el misterio de la Navidad, el misterio del Emanuel, del Dios-con-nosotros. Gracias a la encarnación del Hijo de Dios, el tiempo se ha abierto a lo eterno. Con el nacimiento del Señor Jesús de María Santísima, la Mujer bendita entre todas las mujeres, Cristo ha hecho del tiempo un “hoy” permanente de salvación. Y todo esto ha acontecido en el seno de una familia. Jesús pudo haber venido a nosotros a salvarnos de una manera espectacular, deslumbrante, aparatosa, pero no, ha venido a nosotros como un hijo de familia, en el seno de un hogar formado por su Madre, Santa María, en unión con San José, casto esposo de la Virgen de Nazaret, padre legal y fiel Custodio del Redentor.

Dios quiso nacer en una familia humana, es decir, quiso tener una madre y un padre como nosotros. De esta manera Jesús nos enseña a estimar y a comprender el valor de la familia. Por todo ello, la Iglesia, madre y maestra, celebra el día de hoy en su liturgia a la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia. Una familia, “pobre y silenciosa pero con rayos de luz, con mucha unión, ninguna espina, y el ejemplo que culmina en un amor que no pasa”.[1]

Al respecto nos enseña el Papa Francisco: “Hoy, nuestra mirada a la Sagrada Familia se deja atraer también por la sencillez de la vida que ella lleva en Nazaret. Es un ejemplo que hace mucho bien a nuestras familias, les ayuda a convertirse cada vez más en una comunidad de amor y de reconciliación, donde se experimenta la ternura, la ayuda mutua y el perdón recíproco. Invoquemos con fervor a María Santísima, la Madre de Jesús y Madre nuestra, y a San José, su esposo. Pidámosle a ellos que iluminen, conforten y guíen a cada familia del mundo, para que puedan realizar con dignidad y serenidad la misión que Dios les ha confiado.”[2]

La familia, bien necesario para los pueblos

La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro para los esposos durante toda su vida. La familia es un bien insustituible para los hijos que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Una sociedad donde la familia está en crisis, es una sociedad próxima a derrumbarse. Por ello, hoy se hace necesario proclamar la verdad plena de la familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer como célula primera de la sociedad, como escuela del más profundo humanismo, como Iglesia doméstica y como santuario de la vida.   

Como célula primera de la sociedad, porque la familia es origen y fundamento de la sociedad humana y constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida.[3] Ella es la primera sociedad natural y antecede al Estado.

Como “escuela del más profundo humanismo”, porque ella es ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y a recibir amor. 

Como Iglesia doméstica, porque ella está llamada a ser comunidad de fe, esperanza y caridad, de gracia y de oración, de amor y de acción evangelizadora, así como escuela de catequesis permanente.

Y como “santuario de la vida”, puesto que la familia es el ámbito natural donde la vida, don de Dios, es acogida y defendida de los muchos ataques y amenazas que hoy sufre. La familia es el lugar donde la vida humana puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano y cristiano. Es importante señalar que cuando se afirma que la familia es “santuario de la vida” nos referimos además a que es en ella donde se transmite, custodia y desarrolla la vida divina de la gracia, es decir la vida cristiana. Por eso, los padres cristianos son dos veces progenitores de sus hijos: En su vida natural y en su vida sobrenatural en Cristo.

Los padres cristianos no deben descuidar la administración de los sacramentos de la iniciación cristiana en la vida de sus hijos: El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, así como la confesión sacramental. Les pido que no posterguen por tanto tiempo el santo bautismo, el cual según el pedido sabio y saludable de la Iglesia debe ser administrado a los recién nacidos durante el primer mes de vida.[4]

La Sagrada Familia de Nazaret: una familia piadosa y religiosa

Hoy el Evangelio de San Lucas (ver Lc 2, 22-40), nos presenta a la Sagrada Familia de Nazaret en la escena de la Presentación del Niño Jesús en el Templo: “Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor” (Lc 2, 22-24).

La Familia de Jesús se nos revela como una familia creyente, devota y observante de la Ley de Dios. Hasta en cinco oportunidades San Lucas reitera que todo lo hacían “según lo establecido en la Ley del Señor”. Claramente se aprecia que la Familia de Nazaret, conocedora de las Sagradas Escrituras, vive las exigencias del culto, pues sube a Jerusalén para ir al Templo. Es sin lugar a duda una familia de profunda vida de fe, de culto y oración.

Queridos padres de familia: ¿Tu familia es como la familia de Jesús, es decir, una familia de fe profunda y vida sacramental? Tu familia, ¿tiene a Jesús como centro de su vida? Porque cada familia cristiana, “está llamada ante todo a acoger a Jesús, escucharlo, hablar con Él, custodiarlo, protegerlo, crecer con Él; y así mejorar el mundo. Hagamos espacio en nuestro corazón y en nuestras jornadas al Señor. Así hicieron también María y José, y no fue fácil: ¡Cuántas dificultades debieron superar! No era una familia fingida, irreal”.[5]

Queridas familias: Sólo la familia que como María y José pone a Jesús en el centro de sus relaciones familiares, es capaz de mantener vivo el amor. Cuando Jesús está en el centro de la vida familiar, se comparten con Él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de Él la esperanza y la fuerza para el camino. Cuando el Señor Jesús, está en el centro de la vida familiar, cada uno de sus miembros son capaces de mirarse a los ojos para comunicarse, solidarizarse, perdonarse recíprocamente y recomenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios. La familia cristiana reproduce así el clima de la casa de Nazaret. Nunca hay que olvidar que para ello hay dos medios esenciales: La Eucaristía dominical y el rezo diario del Santo Rosario.

Anunciemos la belleza del matrimonio y de la familia

En los actuales momentos en donde la familia está asediada por tantos ataques que vienen de concepciones equívocas sobre la verdad del hombre, de la libertad y del amor humano, expresados en el divorcio, las uniones libres, la ausencia de los padres en la vida de sus hijos, la disminución de los nacimientos, el libertinaje sexual, el pseudo matrimonio entre personas del mismo sexo o matrimonio homosexual, las legislaciones que atentan contra la unidad y la indisolubilidad del matrimonio así como contra el derecho natural de los padres a ejercer la patria potestad sobre sus hijos, la contracepción, el aborto, la eutanasia, en otros, urge que todos nosotros, pero especialmente los matrimonios y las familias cristianas, anuncien con sus vidas la belleza de la familia según el Plan de Dios, porque la familia evangeliza con el ejemplo de vida.

Mi deseo es que nuestras familias sean comunidades íntimas de vida y amor; que los esposos cristianos no cesen de ser con sus vidas signo del amor fiel de Dios hasta la muerte; que vivan su vocación matrimonial, elevada por el Señor a la altísima dignidad de sacramento, como auténtico camino de santidad; que expresen su amor conyugal en una actitud de apertura generosa a la vida; y que eduquen a sus hijos en la fe. De esta manera testimoniarán que la verdadera libertad es aquella capaz de asumir un compromiso para siempre, en el que la libertad dándose, se vuelve a encontrar plenamente a sí misma.  Que la Familia de Nazaret sea el modelo en el que todas las familias hallen su sólido punto de referencia e inspiración.

Quisiera aprovechar esta fiesta para expresar mi admiración por tantos jóvenes novios que a pesar de la pandemia no han dejado de pedir con insistencia en este tiempo el sacramento del matrimonio. Son todo un testimonio de confianza en el amor de Dios que nunca nos abandona. A ellos, les aseguro con afecto mi constante oración.

Asimismo, mi pensamiento se dirige en especial a las familias que en los últimos meses han perdido un familiar o han sido afectadas con las consecuencias de la pandemia y que sufren actualmente por el hambre, el desempleo, y la pobreza. Recemos también por los médicos, enfermeras, personal sanitario, policial y militar, cuyo compromiso al frente de la lucha contra el coronavirus ha tenido consecuencias significativas en su vida familiar. Que la Sagrada Familia de Nazaret sea fuente de serenidad y fortaleza para todos ellos.

No al aborto y a la eutanasia en el Perú

En esta Eucaristía quisiera que también rezáramos fervorosamente para que el crimen del aborto no sea despenalizado en el Perú. El peligro es real ya que en nuestro país hay un plan activo que busca ampliar el mal denominado protocolo de aborto terapéutico, para que éste incluya ahora los casos de aborto por violación, embarazo adolescente, malformaciones genéticas en el feto, y salud mental de la madre. Digo “mal llamado”, pues el aborto terapéutico no cura nada, ni es necesario, pues no es un dilema real para el médico, que protege la vida, una supuesta elección entre la vida de la madre y la del niño. El peligro no es sólo latente sino posible a corto plazo. Miremos sino con preocupación los resultados de la estrategia genocida en la Argentina que, invocando el mal llamado aborto terapéutico, ahora está punto de aprobar el aborto prácticamente a demanda de quien lo solicita.

Hay que recordarlo y decirlo una vez más: ¡No existe el derecho para matar, para asesinar, sólo existe el derecho a la vida! La vida humana debe ser siempre acogida, defendida y protegida desde la concepción hasta su fin natural. Además, la inmensa mayoría de los peruanos, especialmente aquellos pertenecientes a los niveles socioeconómicos más humildes, se oponen abrumadoramente al aborto. Pero a pesar de ello, una minoría local ideologizada que responde a grandes intereses internacionales, en unión con ONGs que mueven grandes cantidades de dinero, las transnacionales de la muerte, buscan imponer leyes que atentan contra la vida y dignidad de la persona humana y el sentir de la inmensa mayoría de peruanos.  

De otro lado, ¿no sería una contradicción, un absurdo, promover en las actuales circunstancias de pandemia iniciativas de este tipo cuando vemos sobrecogidos cómo en estos tiempos de coronavirus hay una lucha heroica por la vida, tanto por parte de los enfermos, como de sus familiares, de los médicos y de nuestro personal de salud? ¿No es ello es una clara señal que la lucha es siempre por la vida y no por la muerte?

La presente pandemia ha desnudado la precariedad de nuestro sistema de salud. En la actualidad no hay personal sanitario, hospitales, camas UCI, oxígeno, respiradores, medicinas, pruebas moleculares, equipos personales de protección, en cantidades suficientes para atender a nuestros enfermos de coronavirus. A todo ello debemos sumar que la vacuna contra el Covid-19, no tiene aún fecha de llegada al Perú, cuando países cercanos y similares a nosotros como Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, y México, ya han comenzado o están por comenzar a vacunar a sus poblaciones. Por ello mi llamado a las autoridades a que no se dejen seducir por aquellos que quieren imponernos una agenda de muerte proaborto que demandará gasto público y que más bien dediquen todos sus esfuerzos y recursos a resolver los graves problemas que tenemos en el área de la salud pública.  

Con el Papa Francisco les digo: “La vida humana es sagrada e inviolable. Todo derecho civil se basa en el reconocimiento del primer y fundamental derecho, el de la vida, que no está subordinado a alguna condición, ni cualitativa ni económica, ni mucho menos ideológica…Es necesario, por lo tanto, ratificar una firme oposición a todo atentado directo contra la vida, especialmente inocente e indefensa; y el nasciturus (el que va a nacer) en el seno materno es el inocente por antonomasia. Recordemos las palabras del Concilio Vaticano II: «La vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables» (Gaudium et spes, n. 51)”.[6]

Asimismo, estemos vigilantes y alertas ante cualquier intento por despenalizar la eutanasia en el Perú. En Chile, lamentablemente avanza en ese sentido un proyecto en la cámara de diputados, y ni qué decir en la siempre influyente España. Una vez más hay que decirlo: La vida humana es siempre un bien intangible e inalienable, del que nadie puede privar a otro, ni siquiera bajo pedido. No existe el derecho a disponer de la propia vida, no existe el derecho a disponer de la vida de otros. La eutanasia es un crimen contra la vida. Incurable no es sinónimo de “poco valor”, “menos dignidad” o “in-cuidable”. Estar con el enfermo, acompañarlo escuchándolo, haciéndolo sentirse amado y querido, es lo que puede evitar la soledad, el miedo al sufrimiento y a la muerte, y el desánimo que conlleva, elementos que hoy en día se encuentran entre las principales causas de solicitud de eutanasia o de suicidio asistido.[7]

Queridos hermanos: La familia ocupa un lugar decisivo en la lucha contra la “cultura de la muerte”, donde el derecho a la vida queda prácticamente negado y conculcado, en particular en los momentos más emblemáticos de la existencia como son el nacimiento y la muerte.

Por ello, encomiendo a cada familia de Piura y Tumbes al Señor Jesús, a Santa María, y a San José, y pido que cada familia piurana y tumbesina invoque, por la oración perseverante y confiada, la protección y ayuda constante de la Sagrada Familia de Nazaret, haciendo del hogar de Jesús su modelo de vida, es decir, un cenáculo de amor y un santuario de la vida.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 27 de diciembre de 2020

Fiesta de la Sagrada Familia
Octava de Navidad

[1] Liturgia de las Horas, Himno para la Fiesta de la Sagrada Familia.

[2] S.S. Francisco, Angelus, 29-XII-2013.

[3] Ver San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, n. 42.

[4] Ver CIC. Can. 867.

[5] S.S. Francisco, Audiencia General, 17-XII-2014.

[6] S.S. Francisco, Discurso al Movimiento por la Vida Italiano, 11-IV-2014.

[7] Ver Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Samaritanus bonus, 22-IX-2020.

Puede descargar el archivo PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo AQUÍ

Puede ver el video de la Santa Misa de hoy AQUÍ

domingo 27 diciembre, 2020