¡ESTA ES LA HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA!

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

28 de abril de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana hoy, ante una gran cantidad de fieles reunidos, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa correspondiente al II Domingo de Pascua también conocido como de la Divina Misericordia, en el que celebramos con júbilo que con la Resurrección, Jesús nos entrega el Espíritu Santo con el que se derrama sobre nosotros la divina misericordia del Padre. La Eucaristía fue concelebrada por el R.P. José Sandoval Purizaca, Párroco del lugar, participó además la Sra. Corina Oliva de Moya, Presidenta Arquidiocesana de la Asociación Nacional del Señor de la Divina Misericordia, quien estuvo acompañada de numerosas integrantes de la Asociación, así como de gran cantidad de fieles devotos.

Al final de la Santa Misa, nuestro Arzobispo reiteró la cordial invitación a los fieles presentes y a todas las personas de buena voluntad a unirse y participar activamente este sábado 04 de mayo del tradicional y multitudinario 2º Corso y 11º Festival por la Vida Piura 2019, que se realizará desde las 4:00 pm., siendo el punto de concentración el frontis de la Parroquia Santísimo Sacramento en nuestra ciudad, que se encuentra ubicada en el cruce de las Avenidas Grau y San Martín, desde donde todos juntos marcharemos para manifestar pública y abiertamente nuestro total respaldo y firme defensa de toda Vida humana desde su concepción hasta su fin natural, pero especialmente la de los Niños por Nacer. 

A continuación, publicamos la homilía completa pronunciada hoy por nuestro Pastor:

HOMILÍA 

La misericordia y la paz nos llegan a través del Corazón de Cristo 

Hoy que celebramos el II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, domingo con el que concluye la Octava de Pascua, nuestra atención se fija en esta hermosa devoción que San Juan Pablo II impulsó con la canonización de Santa Faustina Kowalska e incorporando en la liturgia de la Iglesia la fiesta de la Divina Misericordia. En 1931 Santa Faustina tuvo una visión en la cual Jesús le encargó pintar su imagen tal y como ella lo veía en ese momento, con la mano izquierda sobre su Sagrado Corazón del cual salían dos rayos, uno pálido símbolo del Bautismo y del don del Espíritu y el otro rojo símbolo de la Eucaristía; y la mano derecha alzada en señal de bendición. Jesús le indicó que al pie del cuadro debería colocarse la jaculatoria: «Jesús, en Ti confío». Como decía San Juan Pablo II en la canonización de Santa Faustina, la misericordia divina llega a los hombres a través del Corazón de Cristo crucificado. «Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona» (Diario, 1074). La misericordia es el nombre más auténtico del amor, del amor entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón, tan necesaria en nuestras vidas y en el mundo de hoy.

¿En qué consiste la Fiesta de la Divina Misericordia? He aquí lo que le dijo Jesús a Santa Faustina: “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de mi Misericordia. Derramo un mar de gracias sobre las almas que se acerquen al manantial de mi Misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario, 699).

La humanidad sólo encontrará la paz en la misericordia divina 

Jesús le dijo a Santa Faustina que «la humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina» (Diario, 300). Para ninguno de nosotros es un secreto que el mundo vive momentos difíciles, de gran crueldad y de terrible maldad, por culpa del diabólico terrorismo internacional. Hoy en día hay hermanos nuestros perseguidos y martirizados por causa de su fe en Cristo. El reciente caso del atentado terrorista a varias iglesias en Sri Lanka así lo demuestra, son más de 300 personas asesinadas. Además, hay conflictos y guerras en varias regiones del mundo. De otro lado miremos a nuestro querido Perú donde hay tantos enfrentamientos, divisiones, odios, venganzas y rencores en medio de tanta corrupción. Piura no es ajena a esta realidad. Aquí en nuestra Región hay mucho dolor y muerte fruto de la delincuencia común, el crimen organizado, el sicariato, el narcotráfico, la violencia familiar, la violencia hacia la mujer, el crimen abominable del aborto, etc. Por ello es tan importante hacer nuestra esta devoción con el rezo diario de la coronilla para que el mundo, el Perú y Piura encuentren la paz.

En nuestro tiempo, en el que el hombre se siente perdido ante las múltiples manifestaciones del mal, es preciso que la invocación a la Divina Misericordia brote de lo más íntimo de los corazones llenos de sufrimiento, de temor e incertidumbre, pero, al mismo tiempo, en busca de una fuente infalible de esperanza. Por eso necesitamos dirigirnos con confianza a la misericordia divina y no cansarnos de decir, especialmente cada día a las tres de la tarde: «Jesús, en Ti confío…Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero…». ¡Hermanos esta es la hora de la Divina Misericordia!

¡Bienaventurados los misericordiosos! 

Pero para sanar al mundo, Cristo nos enseñó que el hombre no sólo debe recibir y experimentar la misericordia de Dios, sino que está llamado a usar misericordia con los demás: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7). Nuestra tarea es por tanto acoger la misericordia divina e irradiarla a los hermanos, porque como enseña el Papa Francisco, «un poco de misericordia cambia al mundo, lo hace menos frío y un poco más justo». Sólo así el mundo, el Perú y nuestra Piura serán transformados por el amor.

Santa Faustina escribió en su Diario: «Experimento un dolor tremendo cuando observo los sufrimientos del prójimo. Todos los dolores del prójimo repercuten en mi corazón; llevo en mi corazón sus angustias, de modo que me destruyen también físicamente. Desearía que todos los dolores recayeran sobre mí, para aliviar al prójimo» (Diario, 1039). ¿Experimentamos algo semejante ante el sufrimiento de los demás, especialmente de nuestros hermanos damnificados y migrantes? ¿Estamos dispuestos a abrazar con nuestro corazón la miseria y el dolor de nuestro prójimo? Es en este amor misericordioso que vivió Santa Faustina para con el prójimo, donde debemos inspirarnos para así proteger, defender y amparar siempre la dignidad de toda persona humana desde la concepción hasta su fin natural, porque cada ser humano tiene un valor infinito por ser imagen y semejanza de Dios y porque Cristo murió y resucitó por ella.

Que el mensaje de la Divina Misericordia se difunda desde Piura a toda nuestra amada Patria y al mundo entero, para que así se cumpla la profecía de Santa Faustina: de aquí debe salir «la chispa que preparará al mundo para su última venida» (Diario, 1732). Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz y el hombre la felicidad y la salvación. Que para ello nos ayuden Santa María, Madre de Misericordia, y Santa Faustina, apóstol infatigable de la Divina Misericordia. Amén. 

San Miguel de Piura, 28 de abril de 2019
II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

domingo 28 abril, 2019