“EN NAVIDAD OREMOS PARA QUE EN TODOS NAZCA LA LUZ DEL AMOR QUE EL NIÑO DIOS NOS TRAE”

Arzobispo de Piura presidió la Solemne Santa Misa de Nochebuena

25 de diciembre (Oficina de Prensa).- La noche del 24 de diciembre, en un ambiente de mucha alegría y fervor, la Basílica Catedral de Piura se vio colmada de fieles que participaron de la Solemne Santa Misa de Nochebuena, presidida por nuestro Arzobispo, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V. En esta Santa Misa los presentes tuvieron la oportunidad de obtener el don de la indulgencia plenaria participando activamente de la celebración y cumpliendo con los requisitos de costumbre.

En su homilía nuestro Pastor reflexionó sobre la importancia de la Navidad como ocasión “para redescubrir nuestra “pertenencia” a la Iglesia del Señor, donde brilla el misterio redentor de Jesucristo y desde donde Él continúa realizando su acción salvífica en la historia”. A continuación Monseñor Eguren señaló: “Si el Señor Jesús, Dios hecho hombre, se nos comparte de esta manera en Navidad, ¿qué hemos de ofrecerle cada uno de nosotros en estas fiestas? Sin lugar a dudas hemos de ofrecerle el regalo de nuestra fe, es decir el regalo de nuestro corazón y de nuestra vida. En Navidad dejémonos acariciar por la bondad de Dios que quiere tocar nuestro corazón para transformarlo con su amor. No seamos tan orgullosos como para cerrarle las puertas de nuestra vida. No seamos soberbios como Herodes y los maestros de la Ley, quiénes sabiendo dónde nacería el Mesías y teniendo el signo de la estrella de Belén que anunciaba su nacimiento, no se pusieron en camino para adorarle y así liberarse de su arrogancia, sino más bien se sintieron amenazados en su poder por el Niño Dios (ver Mt 2, 1-18) . No es el poder el que salva, sino el amor”.

 Finalmente Monseñor Eguren exhortó a los fieles a que en Navidad “oremos para que en todos nazca la luz del amor que el Niño Dios nos trae y que el ser humano necesita para vivir, mucho más que las cosas materiales. El amor de Dios que se nos manifiesta en Belén, no hace distinciones entre el ser humano recién concebido que se encuentra en el seno materno y el niño o el joven o el hombre adulto y anciano, entre el justo y el pecador. Sin la luz de la Navidad, el ser humano se vuelve un misterio indescifrable. Sin el canto de los ángeles, “gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres que Él ama” (Lc 2, 14), surgen las injusticias y los más graves atentados contra la dignidad humana”.

 

jueves 25 diciembre, 2014