“EN ESTA EPIFANÍA DÉMOSLE A JESÚS EL REGALO DE NUESTRO SUFRIMIENTO”

Arzobispo celebra Solemnidad de la Epifanía del Señor

03 de enero de 2021 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa al celebrarse la Solemnidad de la Epifanía del Señor o Pascua de los Reyes Magos.

La Eucaristía fue especialmente ofrecida en acción de gracias a Dios por el 39° Aniversario de Caja Piura. Participaron de la Eucaristía, de manera virtual y con profunda alegría y gratitud, los miembros del directorio, gerentes, funcionarios y colaboradores de esta prestigiosa entidad financiera piurana.

A continuación, compartimos la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Arzobispo: 

“En esta Epifanía démosle a Jesús
el regalo de nuestro sufrimiento”

Hoy celebramos la Solemnidad de la Epifanía, fiesta de la adoración de los Reyes Magos al Niño Dios. Es la fiesta en que Jesús se manifiesta (esto es lo que significa la palabra griega επιφάνεια, epifanía = “manifestación”), como el Salvador de toda la humanidad y no sólo de Israel; y los pueblos gentiles, en la persona de los Magos de Oriente, reconocen y acogen al Señor Jesús como su Reconciliador.

Nunca dejarán de sorprendernos estos hombres que, movidos por una estrella y su hambre de Dios, se lanzan a la apasionante aventura de buscar al Salvador y cuando lo encuentran en brazos de su Madre, Santa María, en la compañía de San José, su padre según la ley, se postran y lo adoran.

La actitud de los reyes magos es profética, porque indica que el Niño Jesús es el Hijo de Dios, y que también los pueblos paganos estamos llamados a gozar de su luz, es decir de la gracia de su salvación. Así lo profetizó Isaías: “Acudirán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora” (Is 60, 1-6). San Pablo, a su vez, a la luz del misterio cristiano enseñará: “Los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Ef 3, 6).

Démosle a Jesús el regalo de nuestro sufrimiento

En este día de Epifanía atrae nuestra atención la actitud de los Reyes venidos de Oriente. Cuando llegan a la presencia del Niño Dios, se arrodillan y abriendo sus cofres le ofrecen tres regalos: Oro como a Rey, incienso como a Dios, y mirra como a hombre verdadero (ver Mt 2, 11).

A lo largo de nuestra vida, nosotros también solemos dar regalos a los demás. Por ejemplo, lo hacemos en el día del cumpleaños o con ocasión de la Navidad con las personas que estimamos y queremos. Pero, ¿qué expresan los regalos que obsequiamos? Expresan amor, reconocimiento y la voluntad de querer entregarnos personalmente. Efectivamente, sólo entregamos un regalo a aquel que amamos y a aquel que es importante para mí. Más aún a través del regalo expresamos la voluntad de entregarnos nosotros personalmente a aquella persona que amamos y que reconocemos como alguien importante y significativo en nuestra vida.

En esta fiesta de Epifanía, estamos llamados entonces a llevarle a Jesús nuestros regalos, porque nosotros creemos en Él como nuestro Salvador, le amamos como a nuestro Señor, y reconocemos en Él a nuestro Reconciliador. Pero en estos tiempos de pandemia, surge la pregunta: ¿Qué regalo puedo darle a Jesús? Se los digo de manera directa y franca: Démosle a Jesús nuestros sufrimientos. Sí hermanos, lo digo en serio. Démosle al Niño Dios nuestros sufrimientos, pruebas y dificultades, sobre todo las que estamos viviendo en estos tiempos de pandemia.

Si Jesús, en la Cruz, nos ha regalado su sufrimiento, y a través de él nos ha salvado, tengamos la seguridad que el Señor acogerá nuestros dolores y angustias con amor, más aún si se los ofrecemos con fe y esperanza, haciendo realidad la enseñanza de San Pablo: “Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). 

Al ofrecerle a Jesús nuestros sufrimientos, hagámoslo desde la perspectiva de la fe que nos dice que el sufrimiento es un pasaje necesario, pero transitorio, porque el punto de llegada al que estamos llamados es luminoso como el rostro del Niño Dios en Epifanía en quien está la salvación, la santidad, la luz y el amor de Dios sin límites. Por eso San Pablo nos dice: “Los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada” (Rom 8, 18).

¿Qué más nos enseñan los Reyes Magos?

Los Reyes Magos nos enseñan además que nunca somos más grandes que cuando estamos de rodillas ante el Señor para adorarlo, porque adorar es poner al Señor en el centro de nuestras vidas, para no estar más centrados en nosotros mismos, lo cual nos lleva al egoísmo.

Cuando adoramos, permitimos que Jesús nos sane y nos cambie. La adoración es un gesto de amor que cambia la vida, porque la grandeza de la vida no consiste en tener, sino en amar. Sin salir de uno mismo, sin adorar, no se puede conocer a Dios y su amor.[1]

Ojalá seamos como los Reyes venidos de Oriente: Personas con un corazón inquieto, en búsqueda constante del Señor, capaces de percibir los signos de Dios, su lenguaje callado y sencillo; personas valientes a quienes les importa más encontrar la verdad que el qué dirán de las gentes, personas que en el camino de la fe no se desaniman a pesar de los problemas y pruebas que puedan surgir, como nos ha pasado a nosotros en esta pandemia. Por todo ello sus imágenes siempre estarán presentes en las representaciones de cualquier nacimiento, por humilde que éste sea.

Preguntas para un examen de conciencia en Epifanía

Este día de Epifanía en que Jesús se nos manifiesta en brazos de su Madre María, como la luz que viene a iluminar las tinieblas de nuestro pecado, preguntémonos a modo de examen de conciencia: ¿Tenemos la humildad de los Reyes Magos o la arrogancia y autosuficiencia de Herodes y de los sumos sacerdotes? ¿Mi vida es un postrarme continuamente ante el Señor y los demás para amarlos? ¿O es un quedarme muy cómodamente instalado en el palacio de mi autosuficiencia y de mi orgullo? ¿Jesús es mi Señor y mi Salvador de quien me descubro necesitado? ¿O es más bien una amenaza para mi egoísmo, para mis planes, para mi ambición? ¿Me dejo iluminar por Jesús como los Reyes Magos? ¿O prefiero las tinieblas de mi pecado, de mi mentira, de mis maquinaciones e intrigas? ¿Estoy dispuesto a ofrecerle a Jesús mis sufrimientos como regalo?

La Epifanía y el compromiso misionero

Si bien la fiesta de Epifanía debe ser para nosotros una ocasión de dar gracias a Dios por haber sido llamados también a la fe en Cristo, debe ser por otra parte ocasión para un compromiso misionero de colaborar activamente en el proyecto de salvación universal de Dios. Si bien la luz de Cristo ha llegado a nosotros, son muchas las personas que aún viven en las tinieblas del pecado, por tanto, en sombras de muerte. El Señor Jesús nos pide hoy que seamos portadores de su luz, de su salvación a estos hermanos nuestros, con nuestra oración, nuestra palabra valiente y nuestro testimonio de vida cristiana.

Cada cual, en su particular vocación y estado de vida, está llamado a colaborar con el plan universal de salvación del Señor, y a contribuir a la unión de todos los pueblos en la Iglesia de Cristo, para gloria suya.  

En este día hermoso de Epifanía, además de mirar a los Reyes Magos, contemplemos a María Santísima. Como Ella, acojamos cada vez más a Cristo en nuestra vida, para convertirnos después en portadores suyos en el mundo. Cada uno tendrá que esforzarse, dentro de su familia, en su ambiente de trabajo, en su vecindario, por ser una pequeña, pero luminosa, Epifanía de Cristo.

San Miguel de Piura, 03 de enero de 2021
Solemnidad de la Epifanía del Señor

[1] Ver S.S. Francisco, Homilía en la Misa de Epifanía, 06-I-2020.

Puede descargar el archivo PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo desde AQUÍ

Puede ver el vídeo de esta Santa Misa de nuestro Arzobispo desde AQUÍ

domingo 3 enero, 2021