“EN EL NUEVO AÑO CONTINUEMOS VIVIENDO LA FUERZA DE LA ORACIÓN Y DE LA SOLIDARIDAD”

Arzobispo celebra Santa Misa y Te Deum de fin de año

31 de diciembre de 2020 (Oficina de Prensa).- La noche del hoy, en el marco de la celebración de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió la Santa Misa de fin de año desde la Basílica Catedral de nuestra Ciudad, donde participaron los fieles piuranos para pedir al Señor perdón por los pecados cometidos e implorar su bendición para el nuevo año que comienza. La Santa Misa se celebró cumpliendo estrictamente con los protocolos de bioseguridad. Al finalizar la celebración eucarística se cantó el tradicional himno del “Te Deum”. Cabe destacar que en la Eucaristía se oró especialmente por quienes han fallecido a causa del mal del Coronavirus durante el año 2020 y por la pronta recuperación de todos los enfermos.

A continuación, compartimos la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Arzobispo:

“En el Nuevo Año continuemos viviendo
la fuerza de la Oración y de la Solidaridad”

La pandemia ciertamente ha marcado de manera decidida el año 2020 que termina. Este año que hoy culmina será recordado como el año de la epidemia del coronavirus. Pero a pesar de lo doloroso que ha sido el 2020, éste ha despertado en nosotros dos fortalezas muy importantes: El poder de la oración y la solidaridad. La pandemia nos ha hecho más conscientes de nuestra pequeñez y fragilidad, y nos ha hecho volvernos al Señor con más confianza y constancia, sabedores que sólo en Él nuestras vidas están seguras, y que Él y solo Él es capaz de salvarnos.

En este año que termina, probablemente hemos rezado más que nunca y ello tendrá que continuar así en el Nuevo Año. La oración es siempre el primero de los recursos del creyente, porque la oración nos une a Jesús, para quien todo es posible, y porque ella hace crecer la esperanza en la vida, a pesar de todas las fatigas, pruebas y sufrimientos que pueda haber en ella. Los hombres y las mujeres que rezan saben que la esperanza es más fuerte que el desánimo y el pesimismo. Los hombres y las mujeres que rezan, creen que el amor es más fuerte que la muerte, y que sin duda un día éste triunfará plenamente, aunque de momento las tinieblas y sombras de muerte parezcan cubrirnos totalmente.

Más todavía, los hombres y mujeres de oración llevan consigo en sus vidas resplandores de Aquel que es la Luz del mundo, porque incluso en los días más oscuros, Aquel que es el Sol de Justicia, Jesucristo, nuestro Señor, no deja de iluminarlos. De esta manera, los hombres y mujeres de oración son capaces de iluminar la vida de los demás dándoles confianza y serenidad, asegurándoles que Dios no nos deja de amar nunca y que Él siempre está a nuestro lado, tanto en la alegría como en el dolor.

La otra fortaleza que la pandemia ha despertado en nosotros el 2020 ha sido la solidaridad. Ha sido conmovedor y esperanzador ver todas las iniciativas de solidaridad y caridad cristiana que a raíz de la pandemia surgieron y se llevaron adelante desde nuestras familias, parroquias y comunidades. La solidaridad no es una simple ayuda a los que están en necesidad. Es mucho más que eso, porque ella nos exige identificar los rostros concretos de la pobreza y del dolor para comprometernos afectiva y efectivamente con esos rostros, y en este año que termina el rostro más concreto de la pobreza y del dolor ha sido el de nuestros enfermos de Covid-19. Asimismo, la solidaridad nos demanda amar sin excusas, hasta que duela, como solía repetir Santa Teresa de Calcuta. Igualmente, la solidaridad pide crear una verdadera cultura del encuentro donde el compartir se convierta en un estilo permanente de vida; ella nos exige romper el círculo de la soledad y como Jesús ir siempre al encuentro de las personas, y no sólo ayudarlas desde lejos. De esta manera nos hace salir de nuestras comodidades. Y finalmente, la solidaridad nos demanda agrandar el corazón, porque ella se funda en amar como Jesús, es decir hasta el extremo.   

Oración por los fallecidos durante la pandemia y por los enfermos de coronavirus 

En esta Misa, recemos de manera muy especial por todos aquellos que durante el año que termina han fallecido víctimas del coronavirus. Que el Señor les dé el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna. Pidamos por sus afligidas familias. Que la fe en Cristo Resucitado y en la vida eterna, sea su consuelo y fortaleza.

Pidamos también por todos los que actualmente están enfermos de Covid-19. Que el Señor les conceda una pronta recuperación. También no dejemos de rogar por nuestros médicos, enfermeras y personal sanitario, para que el Señor renueve sus fuerzas, su fe, esperanza y amor.

Ante el Nuevo Año 2021

Siempre el inicio de un nuevo año debe llevarnos a una seria revisión de vida. Por eso ante el inicio del 2021, le pedimos al Señor perdón por nuestros pecados de pensamiento, palabra, obra u omisión. Igualmente le pedimos que tenga piedad de nosotros, es decir, que se apiade con amor de cada uno de nosotros, y que su gracia nos acompañe y sostenga a lo largo de todo el nuevo año que estamos por comenzar y que se presenta, más que otros años nuevos, como muy incierto. Por eso imploramos de Él su bendición, conscientes de que, sin el Señor, es muy poco o nada lo que podemos hacer. Hoy ponemos en sus manos nuestras vidas y en su Sagrado Corazón nuestras alegrías y dolores, nuestros sueños y proyectos, pidiéndole que Él les dé crecimiento.

No serán pocas las pruebas y desafíos que tendremos en el 2021, y es claro que sin la ayuda del Señor no podremos superarlos y hacer de ellos una oportunidad para crecer en amor, justicia, comunión y fraternidad.

Pedimos también por nuestro querido Perú, que celebra en el 2021 el Bicentenario su Independencia. Que Jesús, Señor de la Historia, bendiga a nuestra Patria con los dones de la verdadera libertad, la honestidad, la veracidad, la unidad, la paz y la salud, y que se apiade de aquellas autoridades que, por incompetencia, negligencia o indolencia, no han sabido enfrentar la crisis de esta pandemia, haciendo del Perú uno de los peores países con desempeño pandémico a nivel mundial y con más muertos por millón de habitantes.   

Que Santa María, Madre de Dios y nuestra, nos lleve siempre al Señor Jesús

En el primer día del año, celebramos la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Como los pastores, asombrémonos y alegrémonos que el Verbo eterno del Padre, haya entrado a nuestra historia por medio de María. Como ellos, comprendamos a la luz de la fe, el sentido profundo de la maternidad divina de la Santísima Virgen: Ella es la «Madre del Verbo encarnado, que es Dios». La maternidad es una relación entre persona y persona: Una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra. Por ello, María, al haber engendrado según la naturaleza humana a la persona de Jesús, que es persona divina, es Madre de Dios.

Pero además de ser Madre de Dios, María es nuestra Madre en el orden de la gracia. Por eso, si le profesamos una tierna piedad filial, María nos alcanzará la bendición del Señor.

Que sea Ella quien nos enseñe a guardar en nuestro corazón la Palabra de su Hijo, que sea Ella quien siempre nos lleve al Señor Jesús, donde encontramos paz, sosiego, seguridad y tranquilidad. Pongamos también nuestras vidas en manos de Santa María, y así no tendremos nada que temer. Que, junto a Ella, verdadera Madre de Dios y nuestra, no permitamos que nada ni nadie nos arrebate nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor a Jesucristo y nuestra adhesión a la Iglesia que Él fundó.

A pesar de todo y fundados en la esperanza que nos da el amor incondicional de Jesús les deseo a todos un ¡Feliz Año Nuevo!

Con mi cordial bendición y pidiéndoles sus oraciones.

San Miguel de Piura, 31 de diciembre de 2020
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Puede descargar el archivo PDF de esta Homilía de nuestro Arzobispo desde AQUÍ

Puede ver el vídeo de esta Santa Misa de nuestro Arzobispo desde AQUÍ

jueves 31 diciembre, 2020