EN CUARESMA DIALOGUEMOS CON JESÚS Y NO CON SATANÁS

Arzobispo celebra I Domingo de Cuaresma

01 de marzo de 2020 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, ante una multitud de fieles congregados en la Basílica Catedral de Piura, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., celebró la Santa Misa correspondiente al I Domingo de Cuaresma, asimismo presidió el rito de la elección donde aceptó a un grupo de cerca de 20 catecúmenos quienes acompañados de sus padrinos han iniciado su preparación catequética para poder recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana en la gran fiesta de la Pascua.

Al iniciar su homilía, nuestro Pastor destacó la importancia de este tiempo especial que estamos viviendo: “El pasado miércoles, dimos inicio a la Cuaresma, un tiempo que no puede pasar ignorado para nosotros los cristianos con la excusa de que estamos en verano o que hay muchos problemas y urgencias que atender. La Cuaresma es un tiempo que nos invita a prepararnos para celebrar la gran fiesta de la Pascua. Es un tiempo para redescubrir la belleza del don de nuestro bautismo. La Cuaresma es un tiempo para recuperar la esperanza de que es posible ser santos, es decir de que es posible ser plenamente hijos de Dios en Cristo, a pesar de lo lejos que nos podamos haber ido o de lo profundo en lo que podamos haber caído, porque la misericordia, la ternura y el amor de nuestro Padre Dios son más grandes que nuestro pecado. San Pablo en la segunda lectura de hoy (Rom 5, 12-19) nos dice que la gracia es más fuerte que el pecado. Esto nos da mucha esperanza en nuestra lucha espiritual, porque aunque hayamos pecado, el Señor es generoso, nos perdona y su misericordia nos permite retomar siempre el camino cristiano”.  

Satanás existe y quiere nuestra ruina 

Monseñor Eguren, siguiendo las enseñanzas del pasaje de las tentaciones del Señor Jesús, reflexionó en torno a la necesidad de renovarnos auténticamente en nuestra fidelidad y amor a Dios, rechazando la tentación al mal: “En el primer domingo de Cuaresma meditamos en el pasaje evangélico de las tentaciones de Jesús (ver Mt 4, 1-11). Lo primero que constatamos al leerlo es la existencia de Satanás. El diablo es un ser real que busca nuestra ruina, nuestra condenación eterna, es decir destruir el sueño de nuestra santidad. Su campo de acción es el mundo, donde nos tienta para que caigamos en el pecado. Como dice Jesús de él: Es un homicida, no hay verdad en Él, la mentira le sale de dentro (ver Jn 8, 44). Con el diablo no se dialoga ni se juega. Si dialogamos con él, irremediablemente perdemos. Lo mismo podemos decir de la tentación: Con la tentación no se dialoga ni se juega. Ahí está la triste historia de la caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, que recoge la primera lectura de hoy, cuyas consecuencias sufrimos nosotros hasta nuestros días (ver Gen 2, 7-9.3, 1-7)”.

Si bien es un adversario formidable, con Jesús lo vencemos 

 “Al demonio se le combate y vence -acotó nuestro Arzobispo- con la Palabra de Dios, como hace Jesús en cada de sus tres tentaciones. Por eso en la Cuaresma estamos llamados a leer con más frecuencia y abundancia la Biblia. Al diablo se le vence viviendo muy unidos a Jesús, quien lo ha vencido en cada una de sus tres tentaciones para darnos ejemplo y esperanza en el combate cristiano. No hay que olvidar que en Jesús todos hemos sido tentados, y en Jesús todos hemos vencido a Satanás.  Por eso San Agustín afirma: « ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció?  Reconócete a ti mismo tentado en Él, y reconócete vencedor en Él.  Podía haber evitado al diablo; pero, si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado»”.

Vivir para Dios y los demás. Buscar siempre los planes de Dios 

En otro momento, Monseñor Eguren se refirió además a las tres tentaciones que Jesús venció en el desierto: “Miremos ahora las tentaciones de Jesús. Cada una de ella nos deja valiosas lecciones para nuestra vida cristiana, y en especial para nuestros catecúmenos que hoy nos acompañan. Recordemos que Jesús durante cuarenta días ha estado en el desierto rezando y ayunando, hasta que por fin sintió hambre. Por eso en la primera tentación el diablo le dice al Señor: «Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». ¿En qué consiste la primera tentación? Ella consiste en incitar al Señor Jesús a que obre un milagro en su propio beneficio o provecho. Con esta misma tentación nos encontramos nosotros a diario en nuestras vidas, cuando el demonio y el mundo nos dicen: Usa tus dones y tu poder para procurarte ventajas y beneficios; vive sólo para ti; se egoísta; para qué servir a los demás; que no te importe la dignidad ni la necesidad de los otros. Jesús rechaza la tentación citando el libro del Deuteronomio: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». De esta manera subraya que más importante que el alimento material es la adhesión a la amorosa voluntad de Dios, que siempre nos pide amar y servir a los hermanos, es decir poner al prójimo en primer lugar”.  

“Pero el diablo es astuto. Jesús ha citado la Escritura y por eso en la segunda tentación él manipulará la Palabra de Dios: «Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras». ¿En qué consiste la segunda tentación? Consiste en tentar a Dios, es decir en forzarle a que se ponga a nuestro servicio, cuando somos nosotros los que debemos estar al suyo. Con esta misma tentación nos encontramos una y otra vez en nuestra vida cristiana: Queremos forzar al Señor a que esté al servicio de nuestros caprichos y deseos. Queremos imponerle nuestros planes y nuestros tiempos. Como Jesús tenemos que rechazar esta tentación: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios»”, acotó nuestro Pastor.

“Finalmente la última y tercera tentación es la más explícita, la más fuerte y que tiene por finalidad que Jesús traicione, deforme y pervierta su misión, porque efectivamente Jesús ha venido para ser Rey (ver Jn 18, 33-37): «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Jesús responde a esta tentación con una fuerza y decisión todavía mayores a las anteriores: «Vete, Satanás, porque está escrito: Sólo al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto». Jesús desenmascara al diablo quien en el fondo le estaba tentando diciéndole que el fin justifica los medios: ¡Si has venido para ser Rey, entonces adórame! ¡Es más fácil este camino que el de la Cruz! Este perverso principio se nos propone muchas veces durante la vida. Es decir usar medios inmorales para alcanzar un supuesto bien. Por ejemplo, la corrupción, el divorcio, el aborto, y la eutanasia, son medios inmorales para alcanzar supuestos bienes. El fin de nuestra vida apunta a vivir generosamente el amor, y esto sólo se alcanza con medios honestos. Sólo así amaremos auténticamente a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como a nosotros mismos”.  

En Cuaresma: Mortificar nuestro entendimiento   

A concluir su homilía, Monseñor Eguren hizo un llamado a vivir la humildad: “Una última consideración: Si bien la primera tentación apela más a lo corporal, las otras dos tentaciones están más dirigidas al entendimiento. La Cuaresma es un tiempo para mortificar también nuestro entendimiento, es decir nuestra forma de pensar: No creernos la medida de todas las cosas, de que siempre estamos en lo correcto y que tenemos la razón en todo. ¡Cuidado de ser como Judas, quien creía saber más y mejor que Jesús! En Cuaresma vivamos la humildad frente al Señor, frente a nuestros padres y superiores. Tengamos más capacidad de escucha y sepamos renunciar a nuestras ideologías, formas de pensar y opiniones. Que María Inmaculada, la también vencedora de Satanás, nos cubra con su manto maternal, y nos guíe en el combate cuaresmal. Que así. Amén”.   

Cabe destacar que a los cerca de 20 catecúmenos, que se vienen preparando para recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana, nuestro Arzobispo les dijo que los acompañamos con nuestra alegría y nuestras oraciones. El rito de la elección es como la antepuerta a la vida cristiana. Con alegría volvemos a sorprendernos de la grandeza del amor de Dios que sigue derramando su gracia y llamando a la conversión a todos, en especial a los que no le habían conocido. De esta manera, los catecúmenos hicieron público su deseo y compromiso de convertirse en cristianos.

domingo 1 marzo, 2020