EL FUTURO MORAL, ESPIRITUAL E INCLUSO BIOLÓGICO DE LA SOCIEDAD PASA POR LA FAMILIA

Arzobispo participa en XII Semana Teológica en Sullana

30 de octubre de 2018 (Oficina de Prensa).- El Arzobispado Metropolitano de Piura y la Oficina Diocesana de Educación Católica de Sullana (ODEC – Sullana) en coordinación con la Unidad de Gestión Educativa Local, organizaron la XII Semana Teológica bajo el lema: “Familia, raíz de amor y de servicio”, que se realizó desde el 22 de octubre en el Auditorio de la Parroquia Santísima Trinidad en Sullana.

Nuestro Arzobispo, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., tuvo a su cargo la clausura de este importante evento. La actividad congregó a gran cantidad de profesores que forman parte de la ODEC – Sullana, así como a los miembros de diferentes instituciones ligadas a la labor familiar como son las asociaciones de padres de familia, agentes pastorales, docentes de educación religiosa en diferentes niveles educativos, grupos parroquiales juveniles y de adultos, jóvenes universitarios y profesionales de la salud mental.  

Sin familia no hay futuro

Durante su participación, Monseñor Eguren destacó la importancia de la defensa y el cuidado de la familia, ya que el futuro moral, espiritual e incluso biológico de la sociedad depende de ella: “Una nación avanza en la misma dirección por la que camina la familia. Cuando la integridad y la estabilidad de la vida familiar se fortalecen, otro tanto sucede con la integridad y estabilidad de la nación. Y es que la familia fundada en el matrimonio tiene dos valores esenciales para toda sociedad y para toda cultura: la estabilidad y la fecundidad. De esta manera la familia asegura a la sociedad los dinamismos de permanencia y despliegue. En cuanto a su estabilidad, la familia mantiene cohesionada a la sociedad. En cuanto a su fecundidad, la familia permite que la sociedad se proyecte en el tiempo y es garantía para mantener todo lo bueno que el hombre es y hace, y que se expresa en la cultura. Hoy en día las sociedades modernas tienden a considerar y a defender los derechos del individuo, lo cual está bien, pero no por eso se debe olvidar la importancia que tiene para toda sociedad -cristiana o no- los roles fundamentales que sólo se dan en la familia fundada en el matrimonio. Los roles de paternidad, maternidad, filiación y hermandad están en la base de cualquier sociedad y sin ellos toda sociedad va perdiendo consistencia y se vuelve anárquica”. 

Familia Iglesia Doméstica, comunidad de fe, esperanza y caridad

“¿Qué es la familia en su misterio más íntimo? Es Iglesia Doméstica y Santuario de la Vida. Como Iglesia doméstica ella es comunidad de fe, esperanza y caridad, de gracia y de oración, de amor y de acción evangelizadora, así como escuela de catequesis. La familia, Iglesia Doméstica, es la primera escuela de vida cristiana, ámbito donde los padres comparten con sus hijos el don de la fe y les descubren la belleza de lo que significa ser cristiano. Es en ella donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras. Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de su vida”, acotó nuestro Arzobispo. 

“La familia está invitada a participar de manera activa en la Eucaristía y al hacerlo, ella entra en relación con cada una de las tres Personas divinas quienes actúan de manera activa en el misterio eucarístico. De esta manera refuerzan su identidad como miembros particulares y como comunidad familiar. En el contacto con la Eucaristía, los padres humanos descubren el maravilloso don de la paternidad/maternidad tomando contacto con Dios Padre, que les muestra su vocación de ser colaboradores de Dios creador en la concepción y generación de un nuevo ser humano, recordando además que en la paternidad y maternidad humanas Dios mismo está presente. Los hijos (¡todos, absolutamente todos, somos hijos!) están invitados a reforzar su identidad en el Hijo, haciendo suyas las actitudes de obediencia, amor filial y servicio que a lo largo de su vida terrena mostró el Señor Jesús, Hijo de Dios y también, hijo de María y de José. Y tanto los padres como los hijos, y en general todos los miembros de la familia han de vivir el amor, que como don de Dios viene del Espíritu Santo: «Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom 5, 5)”. 

Familia Santuario donde la Vida es acogida, defendida, y promovida

“Pero la familia -continuó Monseñor Eguren- es también «Santuario de la Vida». Por vocación ella está llamada a promover la vida humana desde la concepción hasta su fin natural. La familia es el ámbito natural donde la vida, don de Dios, es acogida y defendida de los muchos ataques y amenazas que hoy sufre. La vida humana es tan frágil en sus inicios, corre tantos peligros de ser destruida que necesita de la familia, de los padres, del hogar, para verse sostenida y protegida. La familia es también el lugar donde la vida humana puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. El servicio que la familia presta a la vida no se reduce a la sola procreación sino que es también ayuda eficaz para transmitir y educar en valores auténticamente humanos y cristianos. Es importante señalar que cuando se afirma que la familia es «Santuario de la Vida» nos referimos además que es en ella donde se transmite, custodia y desarrolla la vida divina de la gracia, es decir la vida cristiana. Los padres cristianos son dos veces progenitores de sus hijos: en su vida natural y en su vida sobrenatural en Cristo. No descuiden los padres la administración de los sacramentos en sus hijos: El bautismo, la confirmación y la eucaristía así como la confesión sacramental. No posterguen por tanto tiempo el santo bautismo, el cual según el pedido de la Iglesia debe ser administrado a los recién nacidos durante el primer mes de vida. 

“Es en la familia donde la vida humana es percibida como don, como realidad sagrada, confiada a la responsabilidad, veneración y custodia amorosa de los padres. Son ciertamente los padres los que experimentan el milagro de la vida en sí mismos desde el momento de la concepción y los que descubren que la vida humana en cualquier fase o condición es siempre un bien porque en ella resplandece un reflejo de la misma realidad de Dios. La familia junto con la Iglesia está llamada a proclamar constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción con la fecundación y a partir de ese momento se le deben ver reconocidos todos sus derechos de persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida. Y este no es un asunto confesional sino de humanidad”, concluyó nuestro Pastor.

martes 30 octubre, 2018