EL DISCÍPULO DE CRISTO SE HACE CARGO DE LA HUMANIDAD DOLIENTE CON COMPASIÓN Y CERCANÍA EVANGÉLICA

16021516 de febrero (Oficina de Prensa).- La mañana de ayer, VI Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió la Santa Misa dominical en la Basílica Catedral de nuestra ciudad.

En su homilía Monseñor Eguren le dijo a los fieles presentes: “En el Evangelio de hoy domingo (ver Mc 1, 40-45), Jesús cura a un leproso que con toda humildad, pero lleno de fe y de esperanza le ruega: “Si quieres puedes limpiarme”. Jesús, movido a compasión le responde inmediatamente tocándolo: “Quiero, queda limpio”. Con su respuesta Jesús nos enseña que frente al hermano que sufre debemos tener en primer lugar un corazón como el suyo, compasivo y misericordioso. La compasión supone asumir el padecimiento del otro como propio, reclama identificarse con el sufrimiento ajeno, es decir padecer con el hermano en necesidad. Pero de la compasión debemos pasar como Jesús a la acción de la caridad, es decir a tocar con nuestro amor cristiano al necesitado. El discípulo de Cristo no vuelve la cara para mirar a otra parte, sino que se hace cargo de la humanidad doliente con compasión y cercanía evangélicas”.

160215c“Pero la compasión-caridad que hoy nos enseña el Señor Jesús, – agregó nuestro Pastor a continuación – tiene una característica más: abraza y acoge en la comunidad de los creyentes, es decir en la Iglesia, al excluido, al marginado, al rechazado. Los leprosos en los tiempos de Jesús eran segregados de la comunidad. Al dolor corporal de su enfermedad se sumaba el dolor moral de ser considerados impuros, de tener que vivir excluidos y en soledad sin que nadie los ayudara. Jesús tocando y sanando al leproso nos enseña a saber salir al encuentro los pobres, de manera especial de aquellos que padecen hoy esos nuevos tipos de pobreza. Pienso en los drogadictos, las prostitutas, los encarcelados, los enfermos de sida, los refugiados, los emigrantes, los jóvenes y adultos que viven en el sin sentido de la vida con la tentación constante del suicidio, en los niños por nacer amenazados por el aborto, los marginados, los explotados sexualmente, los ancianos abandonados, los perseguidos por causa de su fe, etc. En efecto, son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan nuestra sensibilidad. Hoy se hace urgente que los cristianos tengamos la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con estos hermanos que sufren estas nuevas pobrezas. Nadie debe ser excluido de nuestro amor, desde el momento que con la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre”.

160215bFinalmente nuestro Arzobispo exhortó a todos los presentes a vivir intensamente el Tiempo de Cuaresma que está por comenzar: “Queridos hermanos, dentro de pocos días, comenzaremos a vivir la Cuaresma, este tiempo fuerte de conversión que nos conduce a la Pascua. También en un sentido todos nosotros somos como el leproso del Evangelio de hoy. Personas enfermas por la impureza del pecado, necesitados que el Maestro nos cure y limpie y nos devuelva a una vida plena y nueva. Vivamos la Cuaresma como un tiempo especial para acercarnos con confianza al Señor y rogarle con fe, esperanza y respeto: “Señor si quieres puedes limpiarme”. Y si así lo hacemos, escucharemos en el confesionario la voz de Jesús que nos responde: “Quiero, queda limpio”.

lunes 16 febrero, 2015