“EL DESAFÍO ES SER HOY, SAL Y LUZ DEL MUNDO”

Arzobispo visita Centro Poblado Almirante Grau

09 de febrero de 2020 (Oficina de Prensa).- Continuando con su intenso programa de visitas pastorales a lo largo de toda nuestra Arquidiócesis, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., llegó hasta el Centro Poblado Almirante Grau que se encuentra ubicado en el Km. 970 de la carretera Piura – Chiclayo, y sostuvo un emotivo encuentro con los pobladores provenientes de los Centros Poblados: Mala Vida, Tabanco, Nuevo Piedral, Nuevo Tallan, Zona Ventura, Sinchao Chico, Zona Letigio, Zona More, Almirante Grau, Ciudad Noé, Nuevo Santa Rosa, Cristo Viene y San Pablo. A su llegada, fue recibido por los pobladores que hondeaban vistosas pancartas con frases de bienvenida y agradecimiento por la visita, en medio de fuertes palmas y muestras de alegría. Entre los presentes, se encontraban el señor Pascual Castro, Teniente Alcalde de la Municipalidad Distrital de Cura Mori y el señor Pedro Yovera, Alcalde Delegado de este Centro Poblado.

Durante su visita, Monseñor Eguren celebró la Santa Misa, correspondiente al V Domingo del Tiempo Ordinario y administró el sacramento de la confirmación a cerca de un centenar de jóvenes, en la Capilla “Señor de la Divina Misericordia”, en cuya construcción y embellecimiento los pobladores vienen trabajando con gran entusiasmo y esfuerzo. La Capilla pertenece a la jurisdicción de la Parroquia “San Martín de Porres”. Concelebraron la Eucaristía, el R.P. Franz Alfaro, Párroco de la zona, y el R.P. Cristhiam Calderón, Vicario Parroquial. También estuvieron presentes en la celebración, acompañando a los confirmandos, sus familiares, amigos y catequistas. Cabe destacar que en el Centro Poblado Almirante Grau se encuentran reubicadas numerosas familias provenientes del Distrito de Cura Mori (Bajo Piura), que resultaron damnificadas a consecuencia de las fuertes lluvias e inundaciones que han afectado nuestra Región durante los últimos Fenómenos de El Niño de los años 1993, 1998 y 2017.

Ser sal y luz del mundo

Durante su homilía en torno al mensaje del Evangelio de hoy (ver Mt 5,13-16), nuestro Arzobispo dijo: “Con dos poderosas imágenes, la de la sal y la de la luz, el Señor Jesús nos enseña cuál es la misión que tenemos nosotros, sus discípulos-misioneros, en medio del mundo de hoy. Así como la sal se pone en los alimentos en pequeñas cantidades, pero lo penetra todo comunicándole y dándole sabor a la comida, así el cristiano debe comunicar y anunciar el Evangelio a los demás, y con este anuncio influir en la realidad para mejorarla. Nuestra misión, como discípulos-misioneros del Señor Jesús, es trabajar para que los valores del Evangelio penetren en todos los ambientes de nuestra vida social, haciéndola más humana y más divina. Del mismo modo, así como la luz se difunde y disipa las tinieblas, así también por nuestra vida cristiana coherente y con nuestro testimonio valiente de Cristo, debemos disipar el pecado y las sombras de muerte que aún cubren muchas realidades de nuestra vida social y eclesial. De otro lado, un cristiano y una comunidad católica son luz en el mundo, cuando conducimos a los demás al encuentro con el Señor, ayudando a que cada uno experimente su bondad, su amor y su misericordia. Ésta queridos hermanos, es nuestra misión, que de manera especial Cristo y la Iglesia confían a este grupo de jóvenes que hoy reciben el Sacramento de la Confirmación”.

¿Y si la sal se vuelve sosa y la luz deja de iluminar?

“Ahora bien -continuó Monseñor Eguren- ante la imagen de la sal, hay una cosa que es urgente evitar: perder el sabor. Es decir, la capacidad de incidencia en la realidad social, porque hemos perdido los criterios de Cristo, su forma de pensar, de sentir y de actuar, y hemos adoptado los de la mayoría. Contra este peligro nos advierte San Pablo: «No se acomoden a la mentalidad del mundo, antes bien transfórmense mediante la renovación de su mente, de forma que puedan discernir cual es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (Rom 12, 2). Asimismo, el peligro que asecha a la luz es que ésta se opaque, es decir, que en su lucha contra las tinieblas no sea nítida, y que finalmente la luz se deje envolver por las tinieblas. Este peligro es la incoherencia, es decir, cuando la fe no se hace vida cotidiana, cuando hay divorcio entre la fe que decimos profesar y la vida que llevamos. Hoy en día, esto lo vemos con dolor, cuando constatamos que los valores del Evangelio no se reflejan en el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de la medicina, de la ciencia, del arte, etc., por quienes ahí se desempeñan y que llamándose cristianos, viven y actúan como si no lo fueran”.

Esfuércense por ser siempre como Jesús

Finalmente, nuestro Pastor les recordó a los presentes que: “El camino de ser discípulos-misioneros de Cristo no es fácil. Por ello al final de cada día, hagamos un examen de conciencia y preguntémonos ¿He sido sal y luz para mis hermanos hoy?, ¿He sido presencia de Jesucristo con mis palabras y mis acciones? El desafío hoy es ser sal y luz del mundo, como nos lo pide el Señor. El mundo de hoy nos persigue de manera muy sutil buscándonos seducir con el ansia de poder, del tener y del placer impuro, y presentándonos una falsa libertad que sólo nos esclaviza. El Señor nos pide ser fieles y esforzarnos por ser buenos cristianos, por rechazar la tentación y por no sucumbir al pecado. Esto lo lograremos haciendo todo lo que podemos y debemos hacer, de acuerdo al modelo de vida cristiana que nos ha enseñado Jesús. Viviendo la caridad, el amor fraterno, la solidaridad y la justicia. Viviendo siempre las bienaventuranzas del Reino, compartiendo lo que tenemos con aquel que tiene menos que nosotros, siendo obediente y amoroso con tus padres, hermanos e hijos, haciendo tus tareas con esmero, siendo un buen amigo y compañero de trabajo, siendo generoso y justo. Que por tus buenas obras seas siempre sal y luz para los hermanos, y si en algún momento sientes duda, entonces sólo pregúntate: ¿Jesús qué harías Tú si estuvieras en mi lugar? Y si el Señor no lo haría, no lo hagas tú tampoco, porque entonces eso no es bueno ni para ti, ni para los demás. Esfuérzate siempre por ser como Jesús”.

domingo 9 febrero, 2020