CUARESMA UN TIEMPO PARA RENOVAR NUESTRA VIDA CRISTIANA

Arzobispo celebra el Miércoles de Ceniza

14 de febrero de 2018 (Oficina de Prensa).- En un ambiente de oración, profunda meditación y recogimiento, gran cantidad de fieles se reunieron en la Basílica Catedral de Piura para participar de la Santa Misa del Miércoles de Ceniza con la que se da inicio al tiempo de Cuaresma durante el cual nos preparamos para celebrar el Misterio Pascual de Cristo en la Semana Santa. La celebración eucarística fue presidida por nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, y concelebrada por el P. José Sandoval, Párroco de la Basílica Catedral de Piura, el P. Santiago Villarino, Rector del Seminario Arquidiocesano y varios sacerdotes invitados, quienes impusieron la ceniza en la frente de los fieles en señal de penitencia y deseo sincero de conversión.  

Al iniciar su homilía, Monseñor Eguren resaltó la importancia de este tiempo de Cuaresma que hemos iniciado: “Comenzamos una nueva Cuaresma que el Señor nos regala como señal de su amor misericordioso por nosotros. Vivamos estos 40 días con especial seriedad y responsabilidad para que así podamos celebrar la Semana Santa, y particularmente la gran fiesta de la Pascua adecuadamente, resucitando con Cristo a la vida verdadera. En el Evangelio de hoy (ver Mt 6, 1-6. 16-18), el Señor Jesús nos hace tres invitaciones para vivir este tiempo de penitencia con verdadero provecho espiritual. La primera invitación es dedicar más tiempo al cuidado de nuestra fe y de nuestra vida cristiana, sobre todo por medio de la oración. La Cuaresma es tiempo apropiado para dedicar un poco más de tiempo para rezar en casa, sea por la mañana o por la noche, meditando la Palabra de Dios, leyendo un pasaje del Evangelio. También podemos pasar unos momentos en el silencio de una iglesia ante el Señor realmente presente en el sagrario, o leer un libro espiritual o la vida de algún santo, o estudiar un poco más el catecismo. De lo que se trata es de crecer en nuestra comunión de vida y de amistad con Jesús”.

La segunda invitación es la penitencia -continuó Monseñor Eguren-, consecuencia de la primera. Porque cuando a través de la oración dejamos que Jesús nos mire y nosotros lo miramos a Él, nos sucede algo similar a lo que le sucedió a Pedro: «Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro. Y recordó Pedro la palabra del Señor, cómo le había dicho: Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente» (Lc 22, 62). La mirada de Jesús nos permite darnos cuenta de nuestros pecados, de nuestras faltas de amor a Él y a los hermanos. En una palabra nos permite darnos cuenta de que somos pecadores, que necesitamos de su perdón, de su misericordia, de que necesitamos morir a nuestro pecado para resucitar con Él a la vida verdadera. Lo que nos alienta y no nos permite caer en la desesperación es tener la certeza de que Jesús nos ama más y mejor, que grande puede ser nuestro pecado pero mucho mayor es su compasión y misericordia por nosotros, y que no hay pecado por grande que sea que Él no pueda perdonar si nos ve arrepentidos y con el corazón desgarrado, como lo hemos escuchado en la primera lectura (ver Joel 2, 12-18). Que en este tiempo santo acudamos a buscar a Jesús en la confesión sacramental, para hallar ahí el perdón de nuestros pecados, ese perdón que nos da la paz y la posibilidad de comenzar una vida nueva no importando lo lejos o profundo que nos hayamos ido o caído. Eso sí, acojamos el perdón del Señor con responsabilidad, haciendo el firme propósito de no volver a pecar como nos lo pide Jesús en el Evangelio: «Desde ahora no peques más» (Jn 8, 11). Pido a los sacerdotes, ministros de la confesión sacramental y de la misericordia divina, que administren con más generosidad este sacramento durante la Cuaresma teniendo más tiempo para escuchar las confesiones de sus hermanos”.

“Finalmente la tercera invitación de Jesús en la Cuaresma es la limosna, entendida como la caridad, el amor fraterno. Ella es consecuencia de la austeridad y sencillez con que debemos vivir estos días. La Cuaresma nos invita a tener los ojos y el corazón del Señor quien siempre, ante cualquier necesidad o sufrimiento, se movía a compasión. El dolor y la pobreza están muy cerca de nosotros. Que la Cuaresma sea un tiempo donde venciendo nuestros egoísmos e indiferencias seamos caritativos. Como nos dice el Papa Francisco en su mensaje por la Cuaresma de este año: «El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida». Queridos hermanos: vivamos este santo tiempo de la Cuaresma como un tiempo para renovar con seriedad nuestra vida cristiana. Que María Santísima, nos ayude en este propósito con su ejemplo e intercesión”, concluyó nuestro Arzobispo.

miércoles 14 febrero, 2018