“COMO SANTA ROSA, SEAMOS HUMILDES Y HAGAMOS DE CADA MOMENTO UNA OCASIÓN PARA AMAR Y SERVIR A DIOS Y A LOS HERMANOS”

Arzobispo celebra festividad de Rosa de Santa María en Talara y 26 de Octubre

01 de septiembre de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, ante una gran cantidad de fieles reunidos, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura celebró la Santa Misa en acción de gracias por los 58 años de vida institucional de la Parroquia y el Colegio Parroquial Santa Rosa de Lima, en la provincia de Talara. La Eucaristía fue concelebrada por el R.P. Eduardo Palacios Morey, Vicario Foráneo de la zona, el R.P. Alfredo More Quezada, Párroco del lugar y el R.P. Niles Vialé Bancayán, Vicario Parroquial. Estuvieron también presentes gran cantidad de familias, los miembros del Consejo Parroquial y de Asuntos Económicos, así como los directivos, personal docente, administrativo y de servicios, alumnos y padres de familia de este emblemático Colegio Parroquial de Talara.

Cabe destacar que nuestro Pastor, en las vísperas de la Festividad de Santa Rosa, celebró también la Santa Misa en acción de gracias por los 53 años de vida institucional del Colegio Parroquial Santa Rosa de Lima y por los 56 años de la Parroquia del mismo nombre en el Distrito 26 de Octubre. La Eucaristía fue concelebrada por Monseñor Luciano Maza Huamán, Párroco del lugar y Vicario General de nuestra Arquidiócesis quien estuvo acompañado del R.P. Reymer Flores Ancajima, Vicario Parroquial. Estuvieron también presentes las principales autoridades políticas del Distrito 26 de Octubre presididas por su alcalde el Señor Darwin García Marchena, así como una gran cantidad de fieles devotos. 

En su homilía Monseñor Eguren se refirió a algunos rasgos de la santidad de Santa Rosa de Lima, que hoy en día siguen asombrando y cautivando a propios y a extraños, y que son el fundamento y el ejemplo que debemos seguir para ser santos: «La santidad de nuestra querida Rosa de Santa María, brota de la virtud de la humildad. Como nos lo recuerda San Bernardo, el último Padre de la Iglesia, la virtud esencial sobre la que se asienta el edificio de la santidad cristiana es la humildad. También Santa Teresa de Jesús, nos dice que la humildad es «andar en verdad». Debemos saber quiénes somos, criaturas y creación de Dios, que venimos del Señor y hacia Él vamos. Santa Rosa supo siempre hacerse pequeña delante de Dios y de los demás. Como ella, debemos saber reconocer a Dios como nuestro Padre, a reconocernos como hijos suyos y a nuestro prójimo como hermanos nuestros, a quienes estamos llamados a amar y servir». 

“Santa Rosa se distinguía también por su profunda vida de oración. Tal fue su vida interior que llegó a las cumbres más altas de la mística, es decir de la unión con Dios Uno y Trino. Puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquél que por nosotros se hizo pobre, también destacó su amor preferencial por los pobres, a quienes llamaba sus hermanos más cercanos y queridos. Las penitencias que ella hacía no eran absolutamente una forma de masoquismo, sino de solidaridad con todos los pobres y los que sufren, solidaridad que brota de la comunión con el Cristo doliente y crucificado”.

“Santa Rosa -continuó nuestro Arzobispo- realizaba su trabajo cotidiano con alegría y en actitud de ofrecimiento al Señor, ya sea en las labores cotidianas del hogar, en la cocina, el cuidado de sus hermanos menores, en la costura y el bordado, en la atención a sus padres cuando éstos envejecieron, y en el cuidado de los enfermos menesterosos y de los esclavos negros. Estos últimos no tenían un hospital a dónde recurrir en los tiempos de nuestra Santa. No nos olvidemos que Santa Rosa era una laica que se adhirió a la Tercera Orden Dominicana, y por tanto vivió su santidad en el mundo impregnando las realidades temporales con los valores del Evangelio. Pidámosle que nos enseñe a vivir nuestra vida cristiana en el quehacer cotidiano, consagrando todas las realidades temporales a Dios. Pero además destacó por su profunda piedad filial a Santa María. Por ello unió a su nombre de «Rosa» el de «Santa María», el día en que fue confirmada nada menos que por Santo Toribio de Mogrovejo. Tuvo una profunda devoción a la Virgen del Rosario que hasta nuestros días se venera en el Convento de Santo Domingo en Lima, y el Señor le hacía muchos favores a través de esta imagen. Indudablemente fue en la escuela de María donde Santa Rosa aprendió a ser toda de su amado Jesús”. 

Jóvenes, a ejemplo de Santa Rosa, sigan a Cristo sin miedo

Finalmente y dirigiéndose a los jóvenes presentes, nuestro Arzobispo les dijo: “Santa Rosa muere de 31 años de edad. Una vida corta, pero fueron años intensamente vividos. Quienes la conocieron cuentan que siempre tuvo un carácter muy afable, alegre y cariñoso. Se hacía querer fácilmente y nunca le decía no a nadie, siempre estaba dispuesta a acoger el pedido o las necesidades que le plantearan, aún de un desconocido. Ella siempre tenía una sonrisa en los labios, era una mujer muy hacendosa, con un alto sentido del deber y muy comunicativa. Esto se demuestra en las hermosas poesías, canciones y villancicos que componía, así como en los instrumentos musicales que tocaba. Queridos jóvenes, aquí está su gran desafío, como Santa Rosa, sigan a Cristo sin miedo, porque ser santo no significa ser una persona triste. Si buscan una vida plena, feliz y llena de significado, tanto para ustedes como para los demás, entonces sigan el modelo de Santa Rosa de Lima, una mujer que nunca se reservó nada para sí y le entregó todo al Señor y en Él se hizo completamente para los demás».

lunes 2 septiembre, 2019