«UNA SEMANA SANTA ÚNICA Y EXCEPCIONAL»

Arzobispo celebró el Domingo de Ramos de las Pasión del Señor

05 de abril de 2020 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, en la Capilla Arzobispal «Nuestra Señora de las Mercedes», Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura celebró de forma privada la Santa Misa de Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, con la cual se inician las celebraciones de la Semana Santa. La Eucaristía fue transmitida en vivo a través de la Página Oficial de Facebook del Arzobispado.

A continuación compartimos con ustedes el texto íntegro de la Homilía pronunciada por nuestro Arzobispo Metropolitano con ocasión del inicio de la Semana Santa 2020:

“Una Semana Santa única y excepcional”

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Rey:

Con el domingo de Ramos en la Pasión del Señor damos inicios a la Semana Santa.

Esta será una Semana Santa inolvidable que la viviremos como ninguno de nosotros la había imaginado.

Será una Semana Santa en la que nosotros los sacerdotes celebraremos solos, a puertas cerradas, privadamente, sin la presencia física de ustedes, es decir del Pueblo de Dios; donde extrañaremos el calor de su fe, de sus respuestas y cantos durante la Misa y los Oficios, y sobre todo extrañaremos el “Amén” al final de la Plegaria Eucarística, ese “Amén”, el más importante de todos, que ustedes pronuncian con voz fuerte y clara después del “Por Cristo, con Él y en Él”. Pero si bien celebraremos privadamente, ofreceremos la Semana Santa por todos y cada uno de ustedes, por todas sus intenciones y necesidades.

A diferencia de otros años, este Jueves Santo no habrá lavatorio de pies, ni levantaremos en nuestras iglesias el tradicional monumento eucarístico, ni podremos salir para hacer la tradicional “Visita a las Siete iglesias”, devoción eucarística de tanto arraigo entre nosotros. 

A diferencia de otros años, en el Viernes Santo no podremos adorar la Cruz en nuestros templos y tendremos que hacerlo en nuestras casas. No podremos tener el “Via Crucis” por nuestras calles y plazas, ni podremos acompañar la procesión del “Señor del Santo Sepulcro”, ni a la imagen gloriosa de “Cristo Resucitado” en las primeras horas del Día de Resurrección. Pienso de manera especial en Catacaos, la católica, la piadosa, la creyente, que recogida en sus hogares y con lazos blancos y negros en las puertas de sus casas vivirá esta Semana Santa de dolor y de gloria.

A diferencia de otros años, en la Vigilia Pascual no habrá el rito del fuego, ni la procesión con el Cirio Pascual, ni la bendición de la fuente bautismal. Asimismo muchísimos no podrán recibir la Eucaristía pascual el Día de Pascua, y tendrán que recibirla espiritualmente desde sus hogares. 

Pero con todo será una Semana Santa única y excepcional, porque liberados de todo aquello que nos impedía acercarnos a Dios, como el ruido, el consumismo, la diversión, el relajo, es decir de todo aquello que usualmente nos tienta, tendremos más tiempo para rezar y volver al Señor con todo nuestro corazón. Tendremos más tiempo para darnos cuenta de nuestra fragilidad y pequeñez, de que sin el Señor nada somos. 

Tendremos más tiempo para encontrarnos con Jesús, en la total entrega que hace de sí mismo por amor a nosotros en el misterio de su pasión, muerte y resurrección. 

Tendremos más tiempo para que nuestro amor le haga compañía a la Santísima Virgen, que como Madre Dolorosa nos entrega a su Hijo, y con Él se ofrece por nuestra salvación.

Tendremos más tiempo para entrar en nosotros mismos y examinar seriamente nuestra vida, para ver qué está bien pero sobre todo qué está mal en ella, y de esta manera tomar finalmente la decisión radical, tantas veces postergada, de renunciar y morir a aquellos pecados y formas de vida que tanto daño nos hacen a nosotros y a los demás. 

Tendremos más tiempo para valorar las cosas que realmente son las más importantes en la vida: nuestra fe y el don de nuestro bautismo que nos dan la vida eterna; el don de nuestra familia: el don de mi esposo, de mi esposa, de mis hijos, de mis padres, de mis hermanos, de mis abuelos, de mis nietos; el don de nuestros amigos; el don de nuestra vocación; el don de la salud; el don de tener un trabajo; el don de tener un pan sobre la mesa; el don de poder compartir con aquel que no tiene nada, en quien Cristo está presente con las llagas de su pasión.

Tendremos más tiempo para agradecer tanto amor que hemos recibido y recibimos constantemente de parte del Señor en nuestras vidas y para pedir perdón por nuestra indiferencia e ingratitud para con Él. 

Tendremos más tiempo también para pedirnos perdón entre nosotros y para decirle a Cristo que se pasea hoy por nuestras calles y plazas aunque estemos nosotros en nuestros hogares encerrados: ¡PERDONA A TU PUEBLO, SEÑOR! 

Tendremos más tiempo para suplicar al Señor por el fin de esta pandemia, porque el Amor siempre vence, como Cristo vencerá el Día de Pascua, porque Dios siempre puede más, y la esperanza no defrauda. 

Hoy, Domingo de Ramos”, aclamamos a Cristo como nuestro Rey y Salvador. Eso simboliza la sencilla rama verde que hemos puesto en la puerta o ventana de nuestras casas, o que de repente tenemos en estos momentos en nuestras manos al interior de nuestro hogar.  

Esta rama es además símbolo anticipado del triunfo pascual de Cristo, es decir, de su victoria sobre el pecado, la muerte, el mal y la enfermedad. 

Esa rama verde colocada en nuestras casas, por humildes que éstas sean, proclaman públicamente que allí vive una familia o alguien que es cristiano, que es discípulo-misionero de Jesucristo, y miembro de Su Iglesia, que está dispuesto a dar testimonio del Señor con su palabra y con su vida, amando a los hermanos sin preferencia ni distinción alguna, a semejanza de Jesús, que nos amó hasta el extremo (ver Jn 13, 1); a semejanza de Jesús que hoy entra a la ciudad santa de Jerusalén para entregar su vida. Por eso hoy se proclama el Evangelio de la Pasión y Muerte del Señor Jesús. 

Queridos hermanos: no nos olvidemos que la rama verde es también símbolo de paz. Por tanto colocarla en nuestras casas de una manera visible es una manera de suplicar al Señor que proteja a nuestras familias de todo mal, de toda enfermedad, y que Cristo resucitado nos salve finalmente de esta pandemia que hoy aflige a la humanidad y a nosotros.   

Quiero finalmente pedirles que durante toda la Semana Santa, además de rogar con insistencia al Señor por el fin de la pandemia, recemos también:

  • Por aquellos que han fallecido debido al virus y por sus familiares. 
  • Por nuestras autoridades nacionales y regionales. 
  • Por todos los que en estos días de aislamiento social obligatorio trabajan arriesgando sus vidas para darnos seguridad y ayudarnos a mantenernos sanos: los médicos, el personal sanitario, los miembros de nuestra Policía Nacional y Fuerzas Armadas, y aquellos que realizan labores esenciales.
  • Por las familias de nuestra parroquia, distrito, vecindario, caserío o centro poblado. Un cristiano tiene que tener siempre una mirada y un corazón amplio que mire más allá de sí mismo. 
  • Por los encarcelados, los ancianos, los pobres, los abandonados, los más vulnerables, los migrantes, los que no pueden volver a sus países, los que no tienen para el diario vivir, y que al drama de la enfermedad se añade el del hambre.
  • Por lo cristianos que además de sufrir la pandemia, sufren la persecución y el destierro por su fe en Cristo, principalmente en Medio Oriente, África y Asia. 

Que en este tiempo de prueba e incertidumbre, contemplemos en compañía de Santa María el rostro luminoso de Cristo, para que Él disipe junto con el pecado, las tinieblas del contagio y de la muerte. 

¡Señor Cautivo de Ayabaca, en ti confiamos!
¡Nuestra Señora de las Mercedes, ruega por nosotros!
¡San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla!

San Miguel de Piura, 05 de abril de 2020
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Puede descargar en archivo PDF esta Homilía de nuestro Arzobispo Metropolitano desde Aquí

Puede acceder a la repetición de la transmisión en vivo que se realizó hoy de la Santa Misa presidida por Monseñor Eguren desde Aquí

domingo 5 abril, 2020