“EL AMOR NOS LLEVA AL CIELO EL EGOÍSMO AL INFIERNO”

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

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26 de septiembre de 2016 (Oficina de Prensa).- La Parroquia “Nuestra Señora de las Mercedes” del Distrito de la Arena, en la Vicaría del Bajo Piura, se vio repleta de fieles que se congregaron para participar de la Santa Misa en el XXVI Domingo del Tiempo Ordinario, que fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, con ocasión de celebrarse la Fiesta de su Santa Patrona Nuestra Señora de las Mercedes. La eucaristía fue concelebrada por el R.P. Jaime Rivas Siancas, párroco del lugar, también estuvieron presentes el Sr. Ruperto Matías Vílchez, Teniente Alcalde del Distrito, los miembros de la asociación de caballeros de “Nuestra Señora de la Merced”, así gran cantidad de jóvenes peregrinos devotos del Señor Cautivo de Ayabaca que se preparan para iniciar muy pronto su peregrinación hasta ese Santuario.

mechita-la-arena5Durante su homilía y reflexionando en el mensaje del evangelio del día, nuestro Pastor manifestó:  “A través de la parábola de hoy domingo del Rico y del pobre Lázaro (ver Lc 16, 19-31), Jesús enseña de manera radical algunas lecciones incómodas para la sociedad de consumo imperante hoy en día: El que goza egoístamente de sus bienes y se cierra al dolor de sus hermanos, volviéndose insensible a las necesidades del pobre, tendrá como destino la muerte eterna, el infierno. Así le ocurrió al rico de la historia, que sólo pensaba en divertirse, en vestirse con las telas más finas, en comer y beber espléndidamente, y no fue capaz de socorrer al pobre que tenía a la puerta de su casa quien estaba pasando hambre y tenía todo el cuerpo llagado. El rico, es hijo de una sociedad de consumo con la nuestra, que hoy en día nos arrastra a la comodidad, al placer, y al deseo de vivir sin preocupaciones, pasándola bien. La parábola nos enseña en primer lugar la responsabilidad que todos tenemos de socorrer la necesidad de los demás. Nadie puede banquetear y consumir cosas lujosas y superfluas mientras haya alguien que carece de lo necesario para vivir. El Año de la Misericordia debe impulsarnos a la caridad, al compartir, a la vida sencilla y austera, a abrir nuestros ojos al dolor y a la necesidad de los demás para socorrer a los hermanos”.

mechita-la-arena10“Pero la parábola –continuó Monseñor Eguren- nos enseña además otra cosa muy profunda: El destino que nos espera después de la muerte. Sólo hay dos posibilidades: Cielo o infierno. El cielo lo alcanzarán los misericordiosos y compasivos, los que supieron usar sus bienes para hacer caridad con ellos, y ayudar y aliviar el dolor de sus hermanos en necesidad. En infierno será el destino de los egoístas, de los que hicieron de sus bienes y de su dinero su dios, y del hedonismo su estilo de vida. ¿Hacia dónde apunta tu vida, mi vida? El domingo pasado Jesús nos decía: “Haceos amigos con el dinero injusto”, y en otro pasaje el Señor nos exhorta a no hacernos tesoros en la tierra donde la polilla y el óxido los corrompen, y donde ladrones los roban, sino más bien con nuestras obras de misericordia hacernos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido los corrompen, y donde los ladrones no los pueden robar (ver Mt 6, 19-20). En este Año de la Misericordia, y por la práctica de las obras de misericordia corporales y espirituales, ¿estoy haciéndome de un tesoro en el cielo? Hermanos, en ello se juega mi vida eterna, mi vida sin fin: salvación o condenación”.

mechita-la-arena17“Finalmente hay una última enseñanza: «Si no oyen a Moisés y a los profetas, no se convertirán aunque resucite un muerto». Nosotros no sólo tenemos a Moisés y a los profetas, tenemos a Jesús y a la Iglesia que nos enseña en su nombre. ¿Le hacemos caso al Señor que nos exhorta a la vida sobria y solidaria, a practicar el amor y la misericordia, a compartir y a ser generosos? ¿Cuántas veces hemos escuchado, leído y predicado la parábola de hoy, y aún no dejamos de ser egoístas? ¿Hasta cuándo vamos a desperdiciar las oportunidades de convertirnos al amor, a la caridad? Santa María, Nuestra Señora de las Mercedes, la mujer que se compartió totalmente con Dios y con nosotros sus hijos en la fe; que supo vivir en el más absoluto desprendimiento; que en Belén como en la Cruz supo darse completamente e incluso darnos lo más grande que un madre tiene y que es a su propio hijo, nos ayude a vivir la alegría del dar y del amar, porque el amor misericordioso nos lleva al cielo y el egoísmo al infierno”, concluyó nuestro Arzobispo.

Luego de finalizada la Santa Misa, Monseñor Eguren acompañado del Teniente Alcalde del Distrito, realizó la bendición de la Capilla para la Adoración permanente del Santísimo. Asimismo agradeció el esfuerzo del párroco R.P. Jaime Rivas, de los padrinos y benefactores así como de toda la comunidad parroquial por haber tenido esta hermosa iniciativa que redundará en beneficio de la salvación las almas.

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lunes 26 septiembre, 2016