“ALEJÉMONOS DEL MAL Y APRENDAMOS A HACER EL BIEN”

Misa y Procesión en la Fiesta del Señor de los Milagros

28 de octubre de 2017 (Oficina de Prensa).- Con profunda fe, recogimiento y fervor, gran cantidad de fieles devotos se reunieron la mañana de hoy en el Atrio de la Basílica Catedral de Piura, para participar en la Santa Misa en honor al Señor de los Milagros, la cual fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y concelebrada por varios sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Culminada la celebración eucarística la venerada imagen de nuestro Cristo de Pachacamilla inició su segundo gran recorrido por las principales calles de nuestra ciudad saliendo en hombros de los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros de Piura y de las autoridades de Piura.

Durante la celebración estuvo en un lugar especial, cerca al altar, el cuadro del Señor de los Milagros que prodigiosamente se preservó intacto de la inundación que sufrió el sótano de la Agencia en Piura del Banco de Crédito del Perú el 27 de marzo pasado tras el desborde del río Piura, donde estuvo cerca de 10 días bajo el agua y el lodo.

A continuación publicamos la homilía completa que nuestro Arzobispo pronunció en la Misa de hoy, y al final de la misma una amplia galería fotográfica:

HOMILÍA DEL SEÑOR ARZOBISPO DE PIURA EN LA FIESTA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS

El pecado es la raíz de todos nuestros males

Queridos hermanos y hermanas: Cuando contemplamos la imagen del Señor de los Milagros contemplamos la obra de nuestros pecados. Ahí está Jesús: triturado por nuestros crímenes. Por eso al mirar al Señor en la Cruz nos conmovemos y hasta lloramos, porque Él, el Santo de Dios, lleva sobre sí todas nuestras culpas y delitos. Así lo profetizó Isaías: “Él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él” (Is 53, 5).

El pecado al habernos alejado de la comunión con Dios-Amor, nos ha dividido interiormente, ha roto la solidaridad con el prójimo y ha destruido la armonía de la naturaleza. En el pecado, reconocemos el origen tanto de los males individuales y colectivos que nos afligen como son entre otros: el egoísmo que debilita nuestra libertad, la violencia en todas sus formas, la criminalidad, el sicariato, el terrorismo, la droga, la trata de personas, la miseria, las injusticias y opresiones, la mentira institucionalizada, la marginación de las minorías étnicas, la corrupción, las divisiones y enfrentamientos que no permiten un avance adecuado de las obras de reconstrucción que nuestra Región necesita urgentemente, la búsqueda desenfrenada de los propios intereses, los ataques a la familia por medio de la promoción de la ideología de género, la violencia contra la dignidad de la mujer, el abandono de los niños y ancianos, las campañas contra la vida por medio de la búsqueda de la legalización del crimen del aborto, y la depredación del medio ambiente, entre otros males.

Sí hermanos y hermanas, no nos engañemos: El pecado es la causa de todos los males que nos afligen y la imagen de nuestro Cristo Moreno así lo representa y manifiesta.   

Pero el Amor es más grande que el pecado y que la muerte

Pero la imagen del Señor de los Milagros también refleja otra realidad que nos llena de esperanza: Que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado y que la muerte. El Señor en la Cruz nos revela que el amor que Él nos tiene no se detiene ante nuestro pecado, no se echa atrás ante nuestras ofensas, sino que se hace más solícito y generoso. Con razón decía San Juan Pablo II que, “la Cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre”.[1] Jesús, obediente al Plan de reconciliación de su Padre, aceptó pagar la deuda de nuestro pecado con la entrega de su Cuerpo y el derramamiento de su Sangre. Por eso llenos de esperanza delante de la imagen del Señor de los Milagros hoy exclamamos en un acto de reconocimiento: «Sí, el Señor es rico en misericordia», «Sí, el Señor es amor misericordioso». «No hay pecado que Él no pueda perdonar o herida que no pueda sanar». Hay esperanza, porque nuestra esperanza es Jesús muerto y resucitado quien lo rehace y renueva todo.

Convertirse es alejarse del mal y aprender a hacer el bien

Pero ante este misterio de amor y de perdón que el Señor de los Milagros nos ofrece en la Cruz, debemos corresponder con nuestra conversión de vida. Surge entonces la pregunta: ¿Y en qué consiste la conversión?

Nuestro querido Papa Francisco nos enseña que la regla de la conversión, es simple pero a la vez exigente. Consiste en alejarse del mal y aprender a hacer el bien siguiendo el modelo de vida del Señor Jesús. Para esto se necesita coraje y humildad. Coraje para romper con nuestra vida de pecado y decidirnos a seguir a Cristo haciendo del Evangelio la medida de nuestra vida. Humildad para aprender a hacer el bien, pero con hechos concretos, como son entre otros: Dedicarle tiempo al Señor en la oración, meditar frecuentemente la Palabra de Dios, participar regularmente los domingos en Misa, manifestarme públicamente como católico, ser sencillo y austero en mi forma de vida, cultivar la pureza de pensamiento, de corazón y de acción, ser misericordioso, humilde y artesano de la paz.

Aprender a hacer el bien con hechos concretos, es también  perdonar a mi enemigo y rezar por él, es reconciliarme con quien estoy enemistado, es ser justo en el trato diario con los demás, es socorrer al pobre y al oprimido, es amar fielmente a mi esposa a mi esposo, es amar y preocuparme por mis hijos, es ser obediente a mis padres, es realizar mi trabajo con responsabilidad, veracidad y honestidad, es defender los derechos de los más necesitados e indefensos entre ellos los niños por nacer quienes necesitan de nuestra voz para que su derecho a la vida se vea defendido y no sean asesinados por el crimen del aborto. 

Queridos hermanos y hermanas: Octubre Morado llega a su fin, por eso hoy delante del Señor de los Milagros hagamos el firme propósito de convertirnos sinceramente a Él alejándonos del mal, del pecado, y haciendo todo el bien que podamos según el modelo de vida que el mismo Jesús nos dejó, y a quien la Sagrada Escritura  definió como Aquel que “pasó por el mundo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El” (Hch 10, 38).

Que en este penúltimo recorrido procesional del Señor de los Milagros por nuestra ciudad de Piura, acojamos el pedido del profeta Amós: “Buscad al Señor y viviréis” (Am 5, 6), porque como como escribe el apóstol San Juan: «Si decimos que estamos sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está con nosotros. Pero si reconocemos nuestros pecados, Él que es fiel y justo nos perdonará los pecados» (1 Jn 3, 20).

Una señal prodigiosa del amor del Señor de los Milagros por Piura

Para concluir estas palabras quiero compartirles esta mañana un hecho prodigioso que ha sucedido en nuestra Piura en relación al Señor de los Milagros.

Como ustedes bien saben, en la madrugada del lunes 27 de marzo muchos piuranos sufrimos a causa de la inundación de nuestra Ciudad junto con nuestros hermanos del Bajo Piura. Uno de los tantos locales afectados fue la sucursal del Banco de Crédito del Perú ubicada en la Avenida Grau. En el sótano de esta institución financiera se conservaba una imagen del Señor de los Milagros impresa en un sencillo cartón. Durante cerca de dos semanas la imagen del Señor estuvo bajo 4 metros de agua y lodo.

El martes 11 abril, en plena Semana Santa, grande fue la sorpresa de algunos trabajadores del Banco cuando al entrar en los ambientes del sótano encontraron el cuadro del Señor de los Milagros mojado y con barro. Tras limpiar la imagen, que reitero es de cartón, esta se encontraba intacta a pesar de haber estado tantos días bajo el agua y el lodo, y no estar protegida ni siquiera por un vidrio o plástico, aunque en el marco de madera se puede ver el desgaste producto de lo sucedido. Esta imagen está aquí el día de hoy al costado del Altar. Muebles, enseres, documentos bancarios, papeles, artículos de escritorio e incluso el dinero que cuidaba el banco se malograron irremediablemente, pero no la imagen del Señor de los Milagros impresa en un simple cartón. Así como la imagen pintada del Señor de los Milagros en una humilde pared de adobe ha resistido a lo largo de los siglos devastadores terremotos, esta humilde imagen impresa resistió a la inundación.  

¿Qué nos ha querido decir el Señor con este prodigio? Pienso que dos cosas. La primera que los bienes de este mundo, como el dinero, pasan, es decir como comienzan terminan, son perecederos, efímeros, fugaces, mientras que Él y sólo Él permanece para siempre. Por tanto urge poner a Jesús, el Señor de los Milagros, y no a las cosas de este mundo que pasan como fundamento seguro de nuestra vida. Lo segundo: El que su imagen no se haya destruido, como era lógico que ocurriese, es una clara señal que su amor nunca nos abandona, ni siquiera en los momentos tan difíciles como los que vivimos hace siete meses y aún estamos padeciendo a causa de las lluvias e inundaciones que hemos sufrido.

Esta imagen prodigiosamente preservada de las inundaciones, es toda una señal que Jesús, el Señor de los Milagros, siempre nos acompaña recordándonos que nunca estamos solos en nuestras dificultades sino que Él siempre camina en medio de nosotros dándonos el ánimo y la esperanza que tanto necesitamos.

Por ello quisiera culminar esta homilía con una sencilla pero sincera oración al Señor de los Milagros:

Mi Cristo Moreno, acógeme en tus brazos, cobíjame en tus sagradas heridas. Hasta tu presencia he venido para confiarte mis problemas, necesidades y dolencias.

Con la misma fe de la mujer que se acercó para tocar el borde de tu manto y que fue curada porque creyó, así nosotros nos postramos ante ti y te decimos desde el fondo de nuestro corazón: “Señor, si quieres cúranos”.

Sabemos bien que tu corazón se conmueve al vernos tan afligidos y en tanta necesidad. Nos llena de esperanza tener la certeza que tu amor no nos abandona nunca y que Tú siempre caminas con nosotros.

Mi Señor de los Milagros, que así como Tú, hoy sales por nuestras calles y plazas para seguir evangelizando, haz que nosotros tengamos pasión por la misión de evangelizar y demos a todos razón de la alegría del Evangelio.

Apóyanos en nuestros esfuerzos por alcanzar una real reconstrucción moral y material de Piura.

Para ello ilumina y fortalece a nuestras autoridades para que impulsadas por el bien común realicen las obras que tanto necesitamos, especialmente los más pobres y los damnificados, quienes esperan una justa mejora en su calidad de vida.

Finalmente, ¡Oh Cristo de las Maravillas!, bendice el Viaje Apostólico del Papa Francisco al Perú, para que unidos por la esperanza, los peruanos abramos nuestros corazones a sus enseñanzas y gestos, y así seamos discípulos-misioneros convincentes del Evangelio de la creación, de la vida, de la familia y de la paz. Amén.

San Miguel de Piura, 28 de Octubre de 2017.
Fiesta del Señor de los Milagros

[1] San Juan Pablo II, Carta Encíclica Dives in misericordia, n. 8.

sábado 28 octubre, 2017