ACOJAMOS LA LUZ DE CRISTO Y DEMOS TESTIMONIO DE ELLA

Arzobispo celebra el IV Domingo de Cuaresma o de Laetare (Alegrémonos)

11 de marzo de 2018 (Oficina de Prensa).- Hoy en la Basílica Catedral de Piura, nuestro Arzobispo Mons. José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., celebró la Santa Misa correspondiente al Domingo IV de Cuaresma o “Laetare”, que nos invita a la alegría ante la proximidad de la gran fiesta de la Pascua. Asimismo un grupo de catecúmenos realizó sus segundos escrutinios como preparación para recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana.

Al iniciar su homilía Monseñor Eguren dijo a los presentes: “Recorriendo nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua, acompañando a nuestro queridos catecúmenos, hoy en el domingo de la alegría en medio de la penitencia, meditamos en el bello milagro obrado por Jesús de la curación de un ciego de nacimiento (ver Jn 9, 1-41). Es un relato largo, muy extenso pero intenso y aleccionador, que se inicia con un ciego que comienza a ver y que concluye con la triste realidad que aquellos que dicen ver, son en verdad ciegos en el corazón. El milagro es narrado por San Juan en apenas dos versículos porque la intención del evangelista es mostrarnos cómo la soberbia y el orgullo, tanto de la multitud, de los fariseos, y de los padres del ciego, nos hace ciegos. En cambio la fe en Cristo, el conocerlo y confesarlo como el Salvador, es lo que nos hace realmente ver, porque Él es la Verdad. Este episodio del Evangelio nos impulsa a desear la luz física pero sobre todo la espiritual para poder elegir y decidir bien en todas las circunstancias concretas de nuestra vida. No debemos decidir sólo a partir de las apariencias humanas, de los factores económicos, de las ideologías, de los elementos externos y superficiales, sino que debemos dejar que los criterios de la fe iluminen en profundidad nuestras decisiones, como lo hacía Santa María. No cabe duda de que la vista física es un don maravilloso de Dios, pero para nuestra vida personal es todavía más importante la vista espiritual que nos da la fe en Cristo, porque ella nos permite ver nuestro propio corazón y toda la realidad con los ojos de Dios”.

“La curación del ciego -continuó diciendo nuestro Pastor- ocasiona una encendida discusión porque es realizada en día sábado violando Jesús, según los fariseos, el precepto festivo. Una discusión que llevará a que tanto el Señor como el ciego de nacimiento sean expulsados de la sinagoga. Pero este milagro da ocasión a una de las más hermosas revelaciones de quién es Jesús: «Yo soy la luz del mundo» (Jn 9, 4-5). Jesús es la Verdad. Sólo Él muestra en plenitud el misterio de Dios y el misterio de la persona humana. Sólo en Él puedo conocer mi identidad y saber lo que tengo que hacer para ser libre, feliz y alcanzar la salvación. ¿Cuál será mi actitud frente a Jesús? ¿El orgullo de los fariseos que aferrados a sus pensamientos, a su ideología, a su autosuficiencia de creer saber más y mejor que Dios, no son capaces de abrirse al don de la fe en Cristo y son en realidad los verdaderos ciegos? ¿O será la de la humildad del ciego de nacimiento que confiesa con sinceridad y valor: «Creo, Señor»?”.

“Quisiera concluir con dos consideraciones finales. En primer lugar el milagro acontece cuando después de untar barro en los ojos del ciego de nacimiento, éste obediente va a lavarse a la piscina de Siloé, que significa «Enviado». El barro alude a nuestra creación y el lavarse a la necesidad del Bautismo, porque el ser humano pecó, y al pecar cayó en muerte y en tinieblas. El Bautismo que hemos recibido, y que ustedes hermanos catecúmenos recibirán en la Vigilia Pascual, es lavarse en el misterio pascual de Jesús y así pasar de las tinieblas a la luz, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida. Vuelvo a insistirles a los padres de familia a que bauticen a sus hijos cuanto antes y a que no dilaten este sacramento por mucho tiempo en sus vidas.  En segundo lugar, San Pablo nos ha dicho hoy en la segunda lectura (ver Ef 2, 4-10), que «en un tiempo éramos tinieblas pero que ahora por el Señor somos luz». A su vez Jesús nos dirá en el Evangelio: «Ustedes son la luz del mundo» ((Ver Mt 5, 13-16). Por tanto el deber de los cristianos, nuestro deber, no consiste únicamente en acoger la luz de la fe en nuestra propia vida, sino también manifestarla con nuestros actos. Por eso nos dice el Apóstol: «Procedan como hijos de la luz; fruto de la luz es toda bondad, justicia y verdad». ¿Procedemos así? Confiemos a la Virgen María nuestro camino cuaresmal para que nosotros, como el ciego de nacimiento curado, podamos con la gracia de Cristo, venir a la luz, renacer a una vida más santa”, expresó Monseñor Eguren.

domingo 11 marzo, 2018