¿ACASO NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE?

Santa Misa en la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe y Homenaje a Mons. Óscar Cantuarias Pastor

14 de diciembre de 2018 (Oficina de Prensa).- Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura visitó la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe” de nuestra ciudad, donde presidió la Santa Misa en las vísperas de la fiesta de la Bienaventurada Virgen María de Guadalupe y participó del homenaje preparado en honor a nuestro siempre recordado Monseñor Oscar Cantuarias Pastor, quien fuera Arzobispo de Piura y Tumbes por 25 años. Concelebró la Eucaristía el párroco R.P. Miguel Medina Pacherre junto a varios sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Estuvieron presentes la Sra. Elizabeth Cantuarias Pastor y la Sra. Marisol Chiroque Cantuarias, hermana y sobrina de Monseñor Óscar, así como gran cantidad de fieles devotos de nuestra “Morenita”.

María es Madre de Dios y también Madre nuestra

Durante su homilía, nuestro Pastor destacó que: “La Virgen María visitó este su continente, la gran América. Y qué hermoso es saber que nuestra «Morenita» no sólo es la Madre de este gran continente sino nuestra Emperatriz, como bien la llaman los mexicanos y todos sus devotos. Así como la Virgen fue a servir a su prima Isabel en las cosas cotidianas cuando ésta estaba ya a punto de dar a luz, así nuestra Madre ha querido visitarnos hace ya casi 500 años para ser esa estrella de la nueva evangelización, para traernos a Jesús su Hijo y en Él darnos la vida verdadera”.

“No se entristezca tu corazón, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás en mi regazo? ¿No estás en el cruce de mis brazos? Éstas fueron las tiernas palabras que la Virgen le dirige a San Juan Diego cuando éste estaba desesperadamente buscando un sacerdote que atendiera a bien morir a su tío Bernardino. Como diciéndole «hijo, tu ve a hacer lo que yo te he pedido, que de tu tío me encargo yo». Estas hermosas y consoladoras palabras de nuestra Madre tienen una resonancia aún ahora, y son un reflejo de ese «No temas» de Jesús en el Evangelio. Una frase que tantas veces el Señor le dirigió a los apóstoles y que la misma María escuchó en la escena de la anunciación cuando el Ángel se le aparece. María nos habla así porque sabe que hay muchas cosas en la vida que nos asustan como la enfermedad, la cercanía de la muerte, el no tener trabajo y no saber cómo mantener el hogar el día de mañana, o la inseguridad ciudadana. María es una Madre que se preocupa por nosotros y sus palabras nos alientan a que en cada circunstancia concreta de nuestra vida, pero especialmente en los momentos difíciles, en los momentos de prueba y dolor, podamos encontrar tranquilidad, sosiego y fortaleza en Ella”.

“Queridos hermanos, ahí donde María es invocada, donde Ella se hace presente, recuperamos el ánimo, el corazón encuentra quietud y encontramos seguridad. Por eso es tan esencial para la espiritualidad cristiana la devoción a la Virgen Santísima. Estamos llamados a descubrirla como nuestra Madre y descubrirnos sus hijos, a darnos cuenta que realmente le pertenecemos. Porque el Sí que Ella pronuncia en la Anunciación-Encarnación hace posible el que nosotros hayamos pasado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia y por eso decimos que Ella es realmente nuestra Madre en el orden de la gracia. Es esencial que a lo largo de nuestra vida redescubramos una y otra vez ese gran lazo que nos une a Ella,  para así ganar en auténtica paz, tranquilidad, firmeza, constancia, perseverancia como discípulos y misioneros de Jesús, su Hijo”, acotó Monseñor Eguren.

Un amor pleno por Cristo, su Iglesia y los hermanos

En otro momento de su homilía nuestro Arzobispo se refirió también con emotivas palabras a Monseñor Óscar Cantuarias: “Tenemos esta noche otro hermoso motivo que nos congrega, rendir un sentido homenaje a Monseñor Óscar Ronald Cantuarias, quien fuera por 25 años Pastor de esta Arquidiócesis. Él también nació bajo el signo de la Virgen Santísima, y es en la escuela de María donde aprendió a darle siempre al Señor un Sí generoso desde que era muy niño hasta el último momento de su vida. Cada día él iba ahondado más en ese Hágase, y por eso estamos seguros que de la mano de la Virgen partió hace siete años a ese encuentro maravilloso en el cielo con Jesús que fue la razón de ser de su vida, primero como sacerdote y luego como Obispo”.

“Ciertamente son tres los principales rasgos de la espiritualidad de Monseñor Óscar los que han hecho posible que él realizara todas esas buenas obras para bien de nuestra querida Piura y que han quedado permanentemente en nuestra memoria. En primer lugar él tenía un amor apasionado por Jesús, la razón de su vida fue su amistad con Él. De ese conocer, amar y seguir más de cerca a Cristo fluyeron todas las cosas buenas que hizo a lo largo de su ministerio sacerdotal y episcopal. Ese amor por Jesucristo lo vivió desde su nacimiento en compañía de María. Ese gran amor por Jesús lo llevó muchas veces a hacer uso de un estilo fuerte y enérgico, pero necesario, para sacudirnos un poquito de nuestro aletargamiento”.

“Un segundo gran rasgo fue su amor por la Iglesia, a la que él quería sencilla, servidora, evangelizadora, al servicio de todos, pero especialmente de los más pobres y necesitados. Por ello buscó siempre construir una Iglesia fraterna, y nos recordaba la necesidad de que nos preocupemos los unos por los otros. Nos hacía ver lo imperioso de cumplir el mandato del Señor en el Evangelio: «amarnos los unos a los otros, como Él nos ha amado». Esta era su constante prédica que se reflejaba en aquella célebre frase suya: «despierten piuranos», que era un llamado a ponernos en acción”.

“Finalmente a Monseñor Óscar lo retrataba de cuerpo entero su pasión por la persona humana y la defensa de su dignidad. Esto lo llevó a emprender grandes obras en beneficio de los niños y los jóvenes. Lo llevó a trabajar por aquella Piura destruida el año 1983 a causa del Fenómeno de El Niño. Lo impulsó a buscar alcanzar el que a través del canon petrolero se mejore las condiciones de vida para todos. Esto nos demuestra que Monseñor Cantuarias sabía muy bien que es imposible hacer una opción por Cristo sin hacer una opción por la persona humana”.

“Queridos hermanos, debemos recoger ese legado. Por ello, este homenaje es más que justo, a pesar de que Monseñor Cantuarias era muy humilde y sencillo, y sobre todo no le gustaban este tipo de reconocimientos. Pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe, a quién él siempre quiso y honró dedicándole sin falta cada domingo la Santa Misa aquí en esta parroquia, y a nuestra Señora de Fátima, a quien profesó una especial devoción desde muy pequeño, que lo tenga muy cerca de sí y de nuestro Señor Jesucristo en el cielo”.  

Al finalizar la Santa Misa se llevó a cabo un sentido homenaje a Monseñor Óscar, organizado por el R.P. Miguel Medina y los fieles de la parroquia, durante el cual nuestro Arzobispo le hizo entrega a la Sra. Elizabeth Cantuarias de un diploma de reconocimiento y la medalla de la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe”. A continuación, la Sra. Elizabeth agradeció este hermoso gesto a nombre de su hermano y de toda la familia Cantuarias Pastor, y manifestó que Monseñor Óscar siempre tuvo en su corazón a todos los piuranos y tumbesinos, los recordaba con cariño y rezaba por ellos como ahora lo sigue haciendo desde el cielo. 


viernes 14 diciembre, 2018