24 HORAS PARA EL SEÑOR
VISITANDO A LOS HERMANOS DAMNIFICADOS

Arzobispado de Piura

       ARZPASTORAL 006/2017

San Miguel de Piura, 20 de marzo de 2017

 24 HORAS PARA EL SEÑOR

VISITANDO A LOS HERMANOS DAMNIFICADOS

Muy queridos Sacerdotes de Piura y Tumbes:

     Reciban un cordial saludo en el Señor Jesús. Siempre están en mis oraciones y en mi corazón, más aún en este tiempo difícil que vivimos por la emergencia que estamos padeciendo debido a las lluvias e inundaciones que tanto dolor están ocasionando a muchos hermanos y hermanas nuestras.

      Como es de su conocimiento, bajo el lema, “Quiero misericordia”, los días 24 y 25 de marzo se realizará en las iglesias de todas las diócesis del mundo la jornada penitencial “24 Horas para el Señor”, jornada instituida por el Papa Francisco el año 2014 y que tiene por finalidad facilitar durante la Cuaresma el acceso al sacramento de la confesión a los fieles, junto con la adoración eucarística, el rezo del santo rosario y otro tipo de actividades litúrgicas.

     Sin desnaturalizar la finalidad de este iniciativa del Santo Padre, y después de visitar personalmente en estas semanas diversos distritos y ciudades de nuestra golpeada Arquidiócesis, he pensado que podríamos celebrarla este año, además de en nuestros templos, visitando a los hermanos damnificados de nuestras comunidades parroquiales, quienes ahora más que nunca necesitan una voz de ánimo para que vuelvan a encontrar la razón de su esperanza. De esta manera y como un auténtico «hospital de campaña», saldríamos a buscar a las personas allí donde viven, donde sufren, donde esperan, para llevarles el bálsamo del amor y hacerles presente que el Señor las ama con un amor incondicional y fiel. Hacerlo sería una ocasión preciosa para hacer realidad el pedido del Papa Francisco de ser una «Iglesia en salida» que va hacia las «periferias geográficas y existenciales».  

      Sé que muchos de ustedes ya están actuando, y los felicito y animo a seguir adelante, pero igualmente me permito sugerirles que este sábado 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, en unión con sus agentes pastorales, catequistas y ministros extraordinarios de la sagrada comunión, organicen con la debida prudencia, alguna actividad para visitar al Señor en nuestros hermanos damnificados, «porque cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25, 40).

Sin pretender limitar la “fantasía de la misericordia”, estas actividades podrían ser entre otras:  

  1. Visitar los sectores de damnificados de la parroquia para llevarles la ayuda de alimentos, ropa, útiles de aseo, que se han ido recogiendo en sus comunidades parroquiales durante estos días. En un tiempo como el nuestro, caracterizado por la crisis de la familia es importante que llegue una palabra de gran consuelo a las familias damnificadas.
  2. Con ocasión de esta visita organizar una liturgia de la Palabra o rezo del santo rosario para orar con nuestros hermanos, mientras el sacerdote escucha confesiones, unge a los enfermos, y los ministros de la sagrada comunión distribuyen la Eucaristía a los ancianos, enfermos y a todo aquel que la solicite.
  3. Visitar el Hospital, la Clínica o la Posta de Salud pública ubicada en la jurisdicción parroquial para consolar, escuchar y auxiliar a los enfermos y a sus familiares.
  4. Las Parroquias encargadas en los meses de marzo y abril de la atención pastoral de los penales de “Río Seco” de Piura, “Las Mercedes” de Sullana, y “Puerto Pizarro” en Tumbes, celebrar con renovado espíritu esta jornada penitencial solidaria con los hermanas y hermanos internos.
  5. Organizar alguna actividad de juegos recreativos, musicales, teatrales o deportivos con los niños de las familias damnificadas que les devuelva la sonrisa y la alegría.
  6. Atender espiritual y materialmente alguna obra que exista en el territorio parroquial, que no sea iniciativa de la parroquia, pero sí de alguna congregación religiosa, o del Estado o de alguna organización no gubernamental como pueden ser los centros de rehabilitación, o las obras para niños, jóvenes y adultos con capacidades especiales, etc.     

     Son sólo algunas ideas y sugerencias que les comparto. Estoy seguro que ustedes tendrán muchas más y probablemente mejores. No se trata tampoco de realizar todas estas iniciativas o varias de ellas el mismo día. Si además de confesar podemos hacer aunque sea sola una de estas actividades, el mar de la esperanza y de la caridad será mayor porque le habremos añadido nuestra gota de amor fraterno. Tampoco limitemos estas iniciativas a este sábado 25 de marzo. Estas iniciativas pueden continuar durante lo que resta de la Cuaresma y también durante el tiempo Pascual, cuando las lluvias e inundaciones cesen, Dios mediante, y nuestro pueblo necesite ser sostenido y alentado en el largo proceso de reconstrucción que tendremos por delante, donde reconstruir la esperanza será lo más importante. Invito a los sacerdotes religiosos a sumarse a esta jornada, y a ensanchar las fronteras de nuestro corazón a todos sin distinción, porque el amor de Dios no discrimina a nadie. No nos quedemos dentro de los límites de nuestra “iglesita pequeñita” sino dilatemos la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios, como nos pide el Papa Francisco.

   Al concluir el “Año de la Misericordia”, el Santo Padre nos decía en su hermosa Carta Apostólica Misericordia et misera, que terminaba el “Jubileo y se cerraba la Puerta Santa, pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón debería permanecer siempre abierta, de par en par (ver N. 16). Nos decía además: “La misericordia tiene también el rostro de la consolación. «Consolad, consolad a mi pueblo» (Is 40,1), son las sentidas palabras que el profeta pronuncia también hoy, para que llegue una palabra de esperanza a cuantos sufren y padecen. No nos dejemos robar nunca la esperanza que proviene de la fe en el Señor resucitado. Es cierto, a menudo pasamos por duras pruebas, pero jamás debe decaer la certeza de que el Señor nos ama. Su misericordia se expresa también en la cercanía, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen cuando sobrevienen los días de tristeza y aflicción. Enjugar las lágrimas es una acción concreta que rompe el círculo de la soledad en el que con frecuencia terminamos encerrados” (N. 13).

            Con mi bendición pastoral, pide sus oraciones.

martes 21 marzo, 2017