MENSAJE DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA CON OCASIÓN DEL DIA DE LA MADRE

Al celebrarse en nuestra Patria el próximo domingo 12 de mayo, el “Día de la Madre”, hago llegar mi cariño y bendición a todas las madres de Piura y Tumbes, así como a sus hogares. Asimismo les expreso mi admiración y gratitud por todo los que significan para el Perú y para la Iglesia.

Es imposible e inútil querer imaginar una sociedad sin el aporte de la mujer-madre y esposa. Ella es esperanza de un mundo más humano ya que una madre al acoger el don de una nueva vida hace presente el amor de Dios, primero en su seno y después en sus brazos, ayudando así a que nuestros tiempos sean verdaderamente más humanos.

Con el Beato Papa Juan Pablo II quiero decirles a todas las madres en su día: “Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida. Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida”. 1

La familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer ha sido, es y será siempre el único fundamento real y seguro para un futuro digno de la sociedad y de la persona.

Detrás de la vocación de madre hay una gran belleza y nobleza. En primer lugar porque una madre ha tenido la valentía de dar la vida donándose por la persona concreta de su hijo desde la concepción, protegiendo esta vida tan frágil incluso con el sacrificio de su propia existencia. La vida humana necesita desde la concepción de esos amorosos cuidados maternales, así como de la familia, del padre y de la madre unidos, del hogar bien constituido, para verse acogida, sostenida, protegida y defendida con amor. Pero es necesario pedir a las madres que completen ese dar la vida comunicando a sus hijos la amistad con Jesús, introduciendo a sus hijos en el conocimiento amoroso de Cristo, en quien sólo encontramos la auténtica libertad, felicidad y vida. Nadie mejor que una mamá para descubrir a su hijo y también a su esposo, la belleza de la fe en Cristo y la fuerza del amor evangélico que es capaz de vencer el mal con el bien.

Hoy en día se hace urgente redescubrir la belleza de la maternidad de una mujer frente a los ataques de una cultura de muerte, representada por minúsculos grupos ideologizados, que se oponen a la realización de la mujer en el hogar, la familia, el matrimonio y la maternidad y que bajo un falso concepto de liberación femenina buscan someter a la mujer a la esclavitud de campañas contraceptivas y a una mentalidad abortista que denigran su dignidad, vocación y misión.

Queridas madres: Tengan siempre a María Santísima como su modelo y guía segura para vivir su maternidad porque, “para que Dios pudiese entrar humanamente en nuestra historia tenía necesidad de una madre. La encontró (en María). Es la Madre a la que todos miramos, la hija de nuestro pueblo, la sierva, la pura, la sola y toda de Dios, la discreta, que deja espacio para que el Hijo pueda realizar su plan, la que facilita en cada momento esta realidad que se renueva, no como superiora ni como protagonista, sino como sierva. La estrella que sabe apagarse para que el Sol se manifieste. Esta es la mediación de María. Mediación de mujer que no rechaza la maternidad, la asume desde el principio”. 2

Con mi afectuosa bendición pastoral para todas nuestras mamás.

San Miguel de Piura, 12 de mayo de 2013

Domingo VII de Pascua – La Ascensión del Señor

 

 

1. S.S. Juan Pablo II, Carta a las Mujeres, n. 2; 29-VI-1995.

2. S.E.R. Jorge Mario Cardenal Bergoglio, Homilía 7-XI-2011.

martes 13 agosto, 2013