MENSAJE DEL ARZOBISPO DE PIURA POR EL DÍA DE LA MADRE 2016

Plantilla-de-fotos-horizontal

Al celebrarse el Día de la Madre, hago llegar a todas las mamás del Perú, y en particular a las de Piura y Tumbes, mi más sincero saludo y profundo agradecimiento por todo lo que significan para nuestra sociedad y la Iglesia.

En este día tan especial, sea con la presencia o con el recuerdo en la oración de nuestra madre, nos sentimos agradecidos con aquella mujer que desde el momento de la concepción (instante donde comienza la vida de todo ser humano) hasta el día de nuestro nacimiento, y después a lo largo de todas las etapas de nuestra existencia, nos acompaña, cuida, y enseña con su palabra y ternura, y nos da su fuerza en los momentos difíciles para que no perdamos el valor ante las adversidades de la vida. Con cuánta razón afirma el Papa Francisco: “Una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza, a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas. La mamá cuida a los hijos para que crezcan más y más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales. Una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad”.[1]

La Maternidad es la vocación sublime de la mujer. Ella ha recibido de Dios la vocación de acoger la vida, abrazarla, protegerla, darla a luz, alimentarla, sostenerla, acompañarla, y de esta manera realizar en gran parte su ser de mujer. Por ello, ¡qué importante y urgente es hoy en día valorar la dimensión de la maternidad en la vida y la cultura de una sociedad!

Hoy en que algunos bajo una pretendida modernidad cuestionan la maternidad en su verdad humana y divina, y pretenden que las mujeres renuncien a ella en aras de una falsa libertad y promoción, y que incluso bajo un mentiroso feminismo reivindican de manera inhumana un supuesto derecho a asesinar la vida de un hijo mediante el crimen abominable del aborto, con San Juan Pablo II manifestamos: “Te damos gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida”.[2]

Además la madre es insustituible en la transmisión de la fe. ¿Quién no ha aprendido de su mamá a persignarse, a rezar las primeras oraciones, a realizar los primeros gestos de devoción a Jesús, a María y a los Santos, o a recibir las primeras nociones de la fe a través de sencillas catequesis? Sin la madre cristiana no sólo no habrían nuevos cristianos sino que la fe perdería su calor, su ternura, su misericordia.

Que tan sublime misión de la madre se complemente con la presencia activa y la responsabilidad del padre, ya que el hijo necesita de ambos en el hogar para su crecimiento integral. No hay nada mejor para un hijo que una mamá y un papá, porque “respetar la dignidad de un niño significa afirmar su necesidad y derecho natural a una madre y a un padre. No se trata sólo del amor del padre y de la madre por separado, sino también del amor entre ellos, percibido como fuente de la propia existencia, como nido que acoge y como fundamento de la familia”.[3]

Igualmente que la sociedad en su conjunto y el Estado estén siempre al lado de cada mujer que espera un hijo rodeándola con todos los servicios y cuidados que sean necesarios, y además proteja laboralmente a la mujer embarazada mediante programas, leyes y políticas públicas que permitan armonizar la vida laboral de la mujer con sus deberes de madre en el seno de su familia.

Que María Santísima, en quien el don de la Maternidad fue elevado excelsamente al ser elegida como Madre del verdadero Dios por quien se vive, bendiga a todas nuestras madres, las que están aquí con nosotros y las que nos cuidan desde el Cielo. A Ella nuestra Madre en el orden de la gracia, le expresamos nuestro amor filial por habernos dado a Jesús, nuestro Salvador, y por llevarnos siempre a Él, fruto bendito de su vientre.

San Miguel de Piura, 08 de mayo de 2016
Domingo de la Ascensión del Señor

firma de monseñor

[1] S.S. Francisco, Homilía en la Basílica de Santa María la Mayor, 4-V-2013.

[2] San Juan Pablo II, Carta a las Mujeres, 29-VI-1995.

[3] S.S. Francisco, Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, n. 172.

Martes 10 Mayo, 2016