SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED – MISA Y TE DEUM CON LAS FUERZAS ARMADAS 2009

Señor Presidente Regional, Doctor César Trelles Lara.

Señora Alcaldesa Provincial de Piura, Mónica Zapata de Castagnino.

Señor Alcalde de Castilla, Ricardo Wacheng Morales.

Señora Maritza Landa de Taboada, Gobernadora de Piura.

Señor Doctor, Marco Antonio Guerrero Castillo, Presidente de la Corte Superior de Piura.

Señora Doctora, Sofía Milla Meza, Presidenta de la Junta de Fiscales de Piura.

Señor Doctor, César Orrego Azula, Jefe de la Defensoría del Pueblo.

Señor General de División Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.

Señor Contralmirante Armada Peruana, Carlos Salazar Muro, Comandante General de la Primera Zona Naval.

Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Raúl Hoyos de Vinatea, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.

Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Walter Rivera Alva, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Agusto Vallenas Meza, Jefe del Estado Mayor de la Región Militar del Norte.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Jorge Luis Chávez Tresta, Inspector General de la Región militar del Norte.

Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.

Señoras y Señores.

Nos hemos reunimos esta mañana en la Basílica Catedral de Piura, para hacer público nuestro amor filial a nuestra Madre Santísima, Nuestra Señora de la Mercedes. A Ella, a quien tiernamente llamamos “Mamita Meche”, en señal de confianza en su poderosa intercesión, le pedimos que derrame su bendición sobre todos nosotros y que desde su Santuario de Paita, nos siga cubriendo con su manto maternal, nos libre de todo mal y sea la estrella de la evangelización renovada de nuestras tierras, Aquella que guíe nuestros pasos en el camino hacia el Reino celestial.

Nuestra Señora de las Mercedes, fue proclamada en 1730 “Patrona de los Campos del Perú”. En 1823 es declarada “Patrona de las Fuerzas Armadas del Perú” por el Congreso de la República, en señal de gratitud por su constante guía e intercesión en la gesta emancipadora. El 24 de septiembre de 1921, al cumplirse el primer centenario de la Independencia de nuestra Patria, el Sumo Pontífice Benedicto XV le concede la coronación pontificia y recibe el título de “Gran Mariscala del Perú”. En este mismo espíritu y como parte de los actos celebrativos del VI Congreso Eucarístico Nacional celebrado en nuestra ciudad de Piura en el año 1960, es coronada canónicamente la antigua e histórica imagen de la Merced del puerto de Paita.

Nuestras Fuerzas Armadas, la tienen como su Madre y Patrona. Bajo su amparo y guía están los peruanos que visten el uniforme de la Patria. A nuestros soldados, marinos y aviadores, junto con nuestros policías, herederos de una tradición de grandeza y honor, hoy les queremos decir que estamos con ustedes, que la ciudadanía cree y apoya a sus Fuerzas Armadas; que reconocemos y agradecemos el invalorable aporte que brindan en la defensa de la soberanía y la integridad territorial, así como en darle al Perú la seguridad interna que necesita para que nuestra Nación logre su desarrollo integral.

Que el Señor Jesús por intermedio de Nuestra Señora de las Mercedes les ayude a desempeñar con honradez y eficiencia su delicada misión de servicio a la Patria, muchas veces realizada con gran sacrificio de vuestra parte en lugares muy difíciles y en medio de situaciones muy complejas.

Asimismo expresamos nuestra confianza que saldrán victoriosos en la lucha que actualmente desarrollan contra las plagas funestas del terrorismo y el narcotráfico hoy unidas en una alianza de muerte y destrucción. Rendimos nuestro homenaje a los más de cuarenta miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales que a lo largo de este año han entregado valerosamente sus vidas por todos los peruanos combatiendo contra estos flagelos. Pedimos por ellos en esta Eucaristía así como por sus familias.

Decía el hoy Siervo de Dios Juan Pablo II que “el terrorismo se basa en el desprecio de la vida del hombre. Precisamente por eso, no sólo comete crímenes intolerables, sino que es en sí mismo, en cuanto recurso al terror como estrategia política y económica, un auténtico crimen contra la humanidad” (1).

Asimismo el abominable crimen del narcotráfico en su alianza con el terrorismo, muestra de modo monstruoso el instinto de muerte que lo mueve engendrando violencia, dolor y crimen, destruyendo muchísimas vidas especialmente entre nuestros jóvenes. Existe un legítimo derecho a defenderse del narcoterrorismo pero siempre con las reglas morales y jurídicas.

A los que equivocadamente han escogido el camino del terror y el negocio de muerte de la droga desde aquí les repito las palabras que S.S. Juan Pablo II les dijera en Ayacucho hace ya casi veinticinco años: “Os pido, pues, en nombre de Dios: ¡Cambiad de camino! ¡Convertíos a la causa de la reconciliación y de la paz! ¡Aún estáis a tiempo! Muchas lágrimas de víctimas inocentes esperan vuestra respuesta” (2).

Tenemos que ser muy conscientes que la solución de problemas tan serios como el terrorismo y el narcotráfico no pasan sólo por medidas de seguridad. Sin lugar a dudas éstas son necesarias y en su ejecución nuestras Fuerzas Armadas y Policiales cumplen un rol fundamental.

Pero para lograr la superación definitiva de éstas y otras lacras, se requiere sobre todo forjar un Perú con un orden social cada vez más justo donde se corrijan los desequilibrios y desproporciones sociales. Un Perú donde cada persona y cada familia puedan tener con dignidad el pan cotidiano para el cuerpo y el pan para el espíritu, así como fuentes de trabajo dignas y estables. En definitiva un Perú que sea cada vez más una mesa para todos, de manera que todos vivamos con gratitud a Dios, en fraternidad y reconciliación, con alegría y esperanza, con justicia y paz.

Para lograr ese orden social justo es indispensable apelar a las capacidades éticas de la persona y a la perpetua necesidad de conversión interior que tiene el ser humano, porque las auténticas transformaciones sociales no se realizan sin una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. Sólo así se obtendrán los cambios sociales que estén verdaderamente al servicio del hombre.

Al respecto el Papa Benedicto XVI decía recientemente: “Es bien sabido que para una solución eficaz y duradera de esos problemas no son suficientes medidas técnicas o de seguridad. Se requiere una anchura de miras y la eficiente conjunción de esfuerzos, además de propiciar una necesaria renovación moral, la educación de las conciencias y la construcción de una verdadera cultura de la vida. En esta tarea, las Autoridades y las distintas fuerzas de la sociedad encontrarán siempre la leal cooperación y solidaridad de la Iglesia católica” (3).

La Iglesia con el anuncio del Evangelio busca cambiar desde dentro a las personas y mediante ellas a la sociedad peruana; promueve integralmente la dignidad de la persona humana y se esfuerza por transformar con la fuerza de la verdad y el amor de Cristo las situaciones y estructuras injustas que violan esa dignidad. Por ello el anuncio de la fe es hoy como ayer imprescindible para la forja de un Perú con justicia social.

Hoy, civiles y militares debemos estar unidos y trabajar juntos, porque el Perú reclama de todos sus hijos trabajo y dedicación para que las futuras generaciones reciban como fruto de nuestro esfuerzo un Perú más justo, fraterno y reconciliado, donde el misterio de cada hombre se viva a la luz del misterio de Dios.

Hago un llamado a todos a la esperanza. No nos dejemos abatir por los problemas que pesan sobre nuestra vida nacional y personal. El Señor Jesús nos acompaña y ha vencido al mal. Elevemos hoy y en todo momento nuestra mirada y nuestra oración confiada a nuestra Madre Santa María, Nuestra Señora de las Mercedes, la vencedora de piratas y corsarios.

Que Ella nos consiga de su Divino Hijo una firme convicción en el futuro del Perú y un renovado propósito de vencer al mal con el bien (ver Rom 12, 21).

Cuando vemos la vida y el testimonio de nuestros santos y héroes se renueva nuestra esperanza en el Perú. Cómo no llenarnos de esperanza en el futuro del Perú frente a la egregia figura del Gran Almirante don Miguel María Grau Seminario, hijo predilecto de estas tierras piuranas, que a lo largo de toda su vida pero sobretodo en su gloriosa campaña naval manifestó un inmenso amor por el Perú hasta la entrega de su vida por él. En Grau vemos al peruano dotado por un altísimo sentido del cumplimiento del deber, tanto en lo pequeño como en lo grande; vemos al esposo fiel y amoroso y al padre tierno y responsable por sus hijos; al caballero cabal y al hombre leal con sus amigos; a la persona que sabe vivir con naturalidad frente al peligro sin tenerle miedo a la muerte; al hombre modesto que sabe mantener la humildad en los instantes de mayor exaltación en torno a su nombre. Por ello los peruanos supimos elegirlo como el “Peruano del Milenio” y el Perú le rinde homenaje como a su más ardoroso y abnegado defensor.

Grau es un hombre distante de lo frívolo que cree firmemente en una visión trascendente de la vida y que vive con coherencia su fe cristiana que es la base donde se asienta y se forja el edificio de su extraordinaria personalidad. Grau es un creyente en la Iglesia Católica y vive las virtudes cristianas que fecundan y elevan sus virtudes naturales. Ello lo demuestra en lo que le dice a su amigo Francisco Paz Soldán, antes de embarcarse en su viaje a la gloria: “Me voy para no volver. Esta mañana he comulgado en los Descalzos, y estoy preparado para entregar mi alma a Dios”.

Cómo no llenarnos de esperanza en el futuro del Perú frente a la figura del ínclito Coronel Francisco Bolognesi Cervantes quien diecisiete días antes de su muerte en la épica batalla de Arica, escribió una ejemplar y significativa carta a su esposa donde puede resumirse el honor y la dignidad que caracterizaron a este insigne peruano, algunos de cuyos pasajes leo a continuación: “Arica, 22 de mayo de 1880. Adorada María Josefa. Está será seguramente una de las últimas noticias que te lleguen de mí…Los días y las horas pasan y las oímos como golpes de campana trágica que se esparcen sobre este peñasco de la ciudadela militar, engrandecida por un puñado de patriotas que tienen un plazo contado y su decisión sin desmayo en el combate para no defraudar al Perú…Qué será de ti amada esposa, tú que me acompañaste con amor y santidad. ¿Qué será de nuestra hija y de su marido que no podré ver ni sentir en el hogar común?…Unos y otros han dictado con su incapacidad la sentencia que nos aplicará el enemigo. Nunca reclames nada para que no se crea que mi deber tiene precio. Besos para ti y Margarita”(4) .

Cómo no llenarnos de esperanza en el futuro del Perú frente a la estampa del joven y aguerrido Capitán FAP, José Abelardo Quiñones Gonzáles, Héroe Nacional y Gran General del Aire del Perú, quien a sus veintisiete años de edad en la flor de su juventud, entrega su vida por nuestra Patria constituyéndose así para todos los peruanos sin excepción en un ejemplo de persona recta que buscando el bien común, y no exclusivamente el bien para sí mismo, nos convoca a todos a dar lo mejor de nosotros por el bien del Perú.

Una vez Quiñones había dicho: “Todo ser humano tiene en su camino el pedestal del héroe. El mérito consiste en, llegado el momento, tener el valor de subir en él”. ¿Sabremos como Quiñones en el camino de nuestra vida, en nuestra propia vocación y estado de vida, en el cumplimiento de nuestras responsabilidades, subir a ese pedestal pero no buscando nuestra gloria sino la del Perú a través de nuestro servicio y entrega sinceras? Jorge Basadre Grohmann, nuestro gran historiador, dirá que nuestros héroes, “nos han dado ese aliento misterioso que debe acerar nuestra alma colectiva para enfrentar dificultades”.

No dudemos ni por un instante que si nuestra tierra ha sido capaz de producir estas personalidades y más aún cinco santos y dos beatos, entonces es posible creer y esperar en un Perú donde resplandezcan las bienaventuranzas del Reino.

A nuestros soldados, marinos y aviadores militares hoy les decimos que inspiren siempre su conducta y profesión en los insignes modelos de Grau, Bolognesi y Quiñones. Son moldes exigentes pero que les marcan el horizonte de todo lo que pueden ser y deben llegar a ser. Vivan intensamente su fe cristiana y católica. Una vida cristiana valientemente vivida por ustedes será la mejor garantía para vivir en plenitud vuestra vocación militar. La fe cristiana ennoblece y eleva las virtudes humanas que ustedes deben vivir en su vida militar como son el valor, la disciplina, el compañerismo y el sacrificio, entre otras.

A la ciudadanía y a las autoridades les pido que seamos más solidarios con nuestros compatriotas uniformados. Que de nuestra parte no haya indiferencia hacia el soldado caído en combate y sus deudos, así como falta de apoyo para el miembro de nuestras Fuerzas Armadas herido en combate y necesitado de asistencia en su rehabilitación médica que le garantice una mejor calidad de vida.

Nuestra mirada final se dirige ahora a Nuestra Señora de las Mercedes, Madre y Reina del Norte del Perú. En su hermosa imagen María Santísima tiene sus manos abiertas hacia nosotros como invitándonos a recurrir confiadamente a Ella en todo momento.

Y me pregunto, ¿qué hijo no corre presuroso a los brazos de su madre sobretodo en el peligro para sentir la seguridad de sus brazos firmes? Recurramos hoy y en todo momento a nuestra Madre. Sus brazos quieren acogernos, protegernos, darnos confianza y firmeza en nuestras luchas de cada día. Con Ella a nuestro lado nunca desesperaremos.

Asimismo es hermoso contemplar que la bandera roja y blanca del Perú está detrás de la imagen de María de las Mercedes. Ella es la Madre valiente que en nuestras luchas y batallas de cada día se pone siempre delante de nosotros sus hijos peruanos para defendernos de todo mal y para guiarnos cual guía luminosa por el camino que conduce a la gloria.

A “Nuestra Señora de las Mercedes”, que avanza delante de nosotros defendiéndonos del mal y guiándonos por la senda de la verdad y del amor, de la libertad y del bien común, humildemente le dirigimos hoy esta oración:

¡Oh Virgen María, Madre de gracia, Madre de misericordia!
Tú que eres para nosotros la Virgen de las Mercedes,
te pedimos que protejas a toda la familia peruana,
y en particular a nuestras Fuerzas Armadas.

Ampara bajo tu manto protector a los hijos de Perú.
Tú que eres nuestra Abogada ante tu Hijo, el Señor Jesús,
suplícale que conceda a nuestra Patria
paz constante y prosperidad completa.

Queremos ser una Nación,
cuya identidad sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios,
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo sendas de reconciliación.

Madre de la esperanza,
te confiamos nuestras necesidades,
Ilumina a nuestros gobernantes,
estimula las fuerzas vivas del país,
pacifica a los violentos,
y ayuda a los que sufren.
Bendice a tus hijos militares, marinos y aviadores.

A Ti te lo pedimos,
que desde tu santuario de Paita
nos dices «Haced lo que Él os diga».
Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 24 de septiembre de 2009
Solemnidad de Nuestra Señora de las Mercedes

(1) S.S. Juan Pablo II, Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2002, n. 4.

(2) S.S. Juan Pablo II, Discurso en la ciudad de Ayacucho, n. 6; 3-II-1985.

(3) S.S. Benedicto XVI, Discurso ante el Embajador de México ante la Santa Sede, 10-VII-2009.

(4) Diario Correo, Arequipa, 7-VI-1980.

miércoles 23 septiembre, 2009