SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI: “MAMITA MECHE ENSÉNAÑOS A AMAR A JESÚS EUCARISTÍA”

Con profunda unción y alegría celebramos hoy la gran solemnidad del Corpus Christi, fiesta de tanto arraigo en la piedad cristiana y católica de Piura. Adoramos a Jesús Eucaristía, misterio de amor, y le renovamos nuestra fe en su presencia real en el Santísimo Sacramento del Altar.

En este Año de la Fe con toda la Iglesia profesamos: “Creemos que la Misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares. Creemos que, como el pan y el vino consagrados por el Señor en la última Cena se convirtieron en su Cuerpo y su Sangre, que en seguida iban a ser ofrecidos por nosotros en la Cruz, así también el pan y el vino consagrados por el sacerdote se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sentado gloriosamente en los cielos. Creemos que la presencia misteriosa del Señor bajo la apariencia de aquellas cosas, que continúan apareciendo a nuestros sentidos de la misma manera que antes, es verdadera, real y sustancial”. 1

En este Año de la Fe adoramos el Cuerpo y Sangre de Cristo en compañía de la venerada imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, nuestra querida “Mechita”, nuestra amada “Mamita Meche”, Madre de los creyentes, Reina y Señora del Norte peruano. María tiene una relación muy profunda y especial con la Eucaristía. Entonces ninguna como Ella para guiarnos hoy y siempre al Santísimo Sacramento del Altar; ninguna como Ella para ayudarnos a crecer en nuestro amor a la Eucaristía.

Sabemos que la Eucaristía es “misterio de fe” que supera la capacidad de nuestro entendimiento para comprenderlo. Frente a la Eucaristía, el Señor nos pide el más puro abandono y confianza en su Palabra, a semejanza de María a quien se le pidió creer que iba a ser Madre de Dios y ella creyó lo que desafiaba a toda razón. Por eso nadie como Ella, la Mujer fuerte de la fe, nos puede ayudar a creer en la Palabra de su Hijo Jesús, quien nos asegura que en ese pedacito de pan y en ese poco de vino está realmente presente Él, nuestro Dios y Señor, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Frente al milagro de amor de la Eucaristía, María parece decirnos hoy: “Queridos hijos: mi Hijo que fue capaz de transformar en las Bodas de Caná el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su Cuerpo y su Sangre”.

Asimismo, nadie como María puede ayudarnos a comprender que cada Misa es el memorial del Calvario; que en cada Misa que el sacerdote celebra, en obediencia al mandato de Jesús, “Haced esto el conmemoración mía” (Lc 22, 19), el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo en la Cruz se actualiza siempre en el tiempo para nuestro bien. Y es que Nuestra Madre, sostenida por su gran fe, por su invicta esperanza y su ardiente caridad, estuvo al pie de la Cruz del Señor Jesús, ofreciéndose con su Hijo por nuestra reconciliación. Nadie mejor que Ella para ayudarnos a comprender que el Cuerpo y la Sangre que en cada Misa recibimos como alimento de vida eterna, es el mismo Cuerpo entregado y la misma Sangre derramada por nosotros en la Cruz para el perdón de nuestros pecados (ver Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Por ello, así como en el Calvario, María también está presente con nosotros como Madre de la Iglesia en cada Misa que celebramos.

Igualmente cuando nos acercamos a recibir la hostia santa en la sagrada comunión, nadie como María, quien se fió totalmente de Dios y por ello es proclamada “dichosa y bienaventurada” por todas las generaciones (Lc 1, 45), es la que puede ayudarnos a creer firmemente que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo suyo, está presente con todo su ser humano-divino en la Hostia santa para entrañarse en nosotros y estrecharnos en un vínculo profundo de amistad con Él que a la vez construye, edifica, nuestra comunión fraterna, porque al comulgar el mismo pan y beber el mismo cáliz llegamos a ser uno en Cristo Jesús.

María nos ayuda a pronunciar nuestro “amén eucarístico” con profunda fe para así acoger con amor a Jesús primero en nuestros labios y después en nuestro corazón. El beato Papa Juan Pablo II solía decir: “La mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y el estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?”. 3

Por eso en esta tarde de Corpus Christi le decimos a nuestra “Mamita Meche”: ¡Danos oh Madre una fe viva en el Sacramento del Amor! Que la Misa dominical sea el centro de nuestra semana cristiana. Que la Comunión nos sacie el hambre que tenemos de Dios, y que el Sagrario se convierta en el remanso tranquilo donde nuestras almas encuentren la paz. Que cada Misa nos haga crecer en anhelos del Cielo y en la esperanza de la gloria futura que nos aguarda, porque cada Misa es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes cargadas y densas de nuestra historia y proyecta luz de esperanza y de gozo sobre nuestro camino” 4, no pocas veces marcado de pruebas y dolores.

Querida “Mechita”, que en cada visita y adoración al Santísimo Sacramento que hagamos, experimentemos como Tú en el silencio de Nazaret y en el gozo de Belén, la cercanía de tu adorado Jesús, la ternura de su amor, la presencia del Amigo fiel que nunca falla, para que así podamos contar a los demás todo lo que hemos contemplado y visto con los ojos de la fe y así nuestra alegría sea completa (ver 1 Jn 1,1ss).

“Madre de las Mercedes, bendita siempre bendita”, ayúdanos a dar a nuestra vida cristiana una “forma eucarística”, es decir a que comprendamos que es necesario morir a nosotros mismos para así poder alimentar a otros, siguiendo el ejemplo de tu Hijo, el Pan Vivo bajado del Cielo, quien para que lo pudiéramos comer, se partió en la Cruz y se repartió después generosamente para salvación de todos.

“Nuestra Señora de las Mercedes”, hoy en esta fiesta de tu Hijo Eucaristía, día grande de Corpus Christi, te suplicamos: Levanta nuestra mirada, mantén nuestro corazón abierto a la solidaridad. No permitas que nadie robe del corazón de tu Pueblo fiel la solidaridad, verdadera riqueza, tesoro y sabiduría de los pobres, aprendida e interiorizada desde niños en la escuela de amor que es la Eucaristía, escuela de amor a Dios y de amor al prójimo.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 02 de junio de 2013

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 

 

1 S.S. Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, n.

2 Ver S.S. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 54.

3 Ver S.S. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 55.

4 Ibid. n. 19.

martes 13 agosto, 2013