SANTA MISA Y TE DEUM POR 187º ANIVERSARIO PATRIO 2008

ORACIÓN PATRIÓTICA
CON OCASIÓN DEL 187º ANIVERSARIO
DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

– BASÍLICA CATEDRAL DE PIURA –

Señor Presidente Regional, Doctor César Trelles Lara.
Señora Gobernadora de Piura, Maritza Landa de Taboada.
Señor Doctor, Roberto Palacios Márquez, Presidente de la Corte Superior de Piura.
Señora Alcaldesa Provincial de Piura, Mónica Zapata de Castagnino.
Señor Alcalde de Castilla, Ricardo Wacheng Morales.
Señor General de División Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.
Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Donovan Bartolini Martínez, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.
Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Eusebio Félix Murga, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.
Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.
Señoras y Señores.

Nos hemos reunido hoy en la Basílica Catedral de Piura para dar gracias a Dios por el don de la Independencia de nuestra querida Patria en su centésimo octogésimo séptimo aniversario y para implorar al Altísimo que haga descender sobre ella y sobre todos los peruanos su copiosa bendición. Continuamos así una antigua tradición inaugurada por el Libertador don José de San Martín, quien después de proclamar la Independencia, pidió al entonces Arzobispo de Lima, Monseñor Bartolomé de las Heras, agradecer a Dios el don de la libertad con la celebración de una Misa solemne y canto del Te Deum.

¿Qué es el Perú para nosotros?

Con ocasión de estas Fiestas Patrias y en los actuales momentos que vivimos, se hace urgente la tarea de fortalecer nuestro amor por el Perú. Por ello los invito en esta mañana a que todos nos preguntémonos. ¿Qué es el Perú para nosotros? ¿Qué significa?

El Perú es más que el marco geográfico en el cual vivimos, que dicho sea de paso es variado, bello, desafiante y rico en recursos naturales. El Perú es más que la sucesión de acontecimientos exaltantes o desdichados que a lo largo de nuestra historia han ocurrido, aunque también hay que decirlo, que somos fruto de una historia digna y respetable que nos ubica como una Nación importante y representativa en el contexto mundial.

El Perú es algo más: es nuestra casa, es el lugar donde el Altísimo quiso que naciéramos, es el ambiente humano en el que vivimos todos los días y al cual debemos servir con nuestro trabajo honesto, generoso y bueno, para que superando las dificultades se convierta gracias al esfuerzo de todos nosotros en la casa y la escuela de la comunión, donde nadie quede excluido.

Hacer del Perú “la casa y la escuela de la comunión”.

Hacer del Perú “la casa y la escuela de la comunión”. ¡Qué hermosa tarea y misión! Pero ello requiere del compromiso y esfuerzo de todos nosotros, ciertamente sostenido y vivificado por la gracia de Dios sin la cual nada podemos.

Para hacer del Perú la “casa y la escuela de la comunión”, se requiere que todos tengamos la capacidad de sentir al otro como alguien que me pertenece, “para saber compartir con él sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad”1.

Para hacer del Perú “la casa y la escuela de la comunión”, se necesita que todos los peruanos tengamos la capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el hermano para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios y como un don para mí. Se necesita tener una gran capacidad para saber llevar mutuamente las cargas de los demás (ver Gal 6, 2), rechazando las tentaciones que constantemente nos asechan a los peruanos: el egoísmo, la división, la desconfianza, la envidia y el pesimismo.

Para hacer del Perú la “casa y la escuela de la comunión”, hay que hacer descender las consecuencias de la fe cristiana a nuestro quehacer público, y no limitarla al ámbito de lo personal y privado. “No pueden haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada «vida espiritual», con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada «vida secular», es decir la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura”2.

El Perú, país católico, requiere de nosotros, autoridades civiles, militares y religiosas, empresarios, trabajadores y ciudadanos, la síntesis entre la fe y la vida.

Esa síntesis forjará la Patria grande y justa, solidaria y reconciliada con la cual todos soñamos, y que hay que decirlo con convicción, está a nuestro alcance. No hay que cansarse en decirlo: el Perú es un país con esperanza que con la ayuda de Dios puede y debe ser engrandecido con el esfuerzo de todos. El Perú tiene esperanza, futuro, sobretodo porque es un país creyente, cristiano y católico, y porque los peruanos tenemos un carácter abierto y generoso que facilita la reconciliación y el perdón.

Por ello, en medio de las dificultades que afrontamos y que han generado recientemente algunas tensiones sociales en el País, hay que recordar lo que Su Santidad Benedicto XVI recientemente ha dicho: “Nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas- que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar (…) Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto (…) Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto”3. En el amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, es posible hacer de nuestra vida social, aún con todas sus dificultades e imperfecciones, un lugar de vida y de esperanza, de justicia y de solidaridad, de desarrollo y de amor fraterno.

Solamente los pueblos que tienen esperanza son fuertes, pero una esperanza activa, es decir aquella que nos mueva a la acción, una esperanza que nos mueva a la solidaridad, que considero es hoy en día la respuesta para salir airosos de la coyuntura social que vivimos.

Vivir la Solidaridad

Por ello, en esta hora de la Patria, los invito a todos a vivir generosamente la solidaridad, que es uno de los cuatros principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia.

La solidaridad es una verdadera y propia virtud moral, no un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. “Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”4. La solidaridad es entregarse a trabajar por el bien del prójimo. Es estar dispuesto a “perderse” por el hermano, en el sentido evangélico del término, y a “servirlo” antes que explotarlo o sacar provecho de él5. La solidaridad exige trabajar por la búsqueda de la verdad y el entendimiento, incluso allí donde pueda prevalecer un ánimo de separación o fragmentación, superando cualquier forma de individualismo, particularismo o interés de grupo, porque así lo exige el bien común.

Más aún, los convoco a que seamos solidarios como el Señor Jesús, el Hombre nuevo y perfecto, quien se hizo solidario con nosotros hasta “la muerte de cruz” (Flp 2, 8).

En Cristo, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de las características propias de su vida como son la donación total, el perdón y la reconciliación6.

Que el sentimiento patriótico que experimentamos estos días no sea sentimentalismo pasajero, sino que más bien se traduzca en gestos y comportamientos concretos de solidaridad especialmente para con los más pobres y necesitados de nuestra sociedad que junto con la ayuda material necesitan sosiego y cuidado del alma, una ayuda, esta última, muchas veces más necesaria que la primera7.

La Vida, el Matrimonio y la Familia

Finalmente quiero reflexionar con todos ustedes en un tema que pienso es hoy prioritario en nuestra vida nacional. Es el tema de la vida, el matrimonio y la familia.

Con preocupación veo en el Perú fuerzas tenebrosas y maniobras oscuras que tratan de limitar el valor inviolable de la vida humana misma. Frente a los intentos por legalizar o despenalizar el aborto en nuestra Patria, que dicho sea de paso contradice el orden Constitucional y Legal vigentes en el Perú, debemos decir que el aborto es siempre un crimen porque en el ser humano, en cada ser humano, en cualquier fase o condición de su vida resplandece un reflejo de la misma realidad de Dios.

Por ello el Magisterio de la Iglesia, argumentando desde la razón y el derecho natural, siempre ha proclamado constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su fin natural.

Este juicio moral vale ya en el inicio de la vida de un embrión, antes que se implante en el seno materno. No olvidemos que todos nosotros fuimos un día un embrión humano.

De otro lado esta el tema de la familia, fundada en el matrimonio, patrimonio de la humanidad. Ante la reciente entrada en vigencia el pasado 14 de julio, de la ley del “divorcio rápido e express”, debo manifestar mi pena y profundo dolor. Como me hacía notar recientemente un amigo, hoy en día en el Perú es más fácil divorciarse que disolver un contrato de telefonía celular.

Esta Ley en vez de promover la consolidación de los matrimonios como lo ordena la Constitución en su artículo 4º, sobre todo de aquellos que podrían encontrarse en problemas, opta por facilitar la disolución de los mismos, convirtiendo en un mero trámite administrativo un asunto que tiene una relevancia social muy importante porque la familia fundada en el matrimonio, constituye el ámbito de formación integral de los futuros ciudadanos de nuestro país.

Hoy en día nuestra sociedad atraviesa por una seria crisis de principios y valores morales e institucionales. Ello ha traído como consecuencia que el tejido social se debilite y proliferen conductas delictivas e inmorales que dañan la formación de nuestros niños y jóvenes. Piura y Tumbes no son ajenos a esta realidad. Diariamente los medios de comunicación social nos traen noticias tristes de robos, asaltos, secuestros y asesinatos, de lacras sociales como la corrupción, la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución, entre otras. Está demostrado que los matrimonios y las familias constituyen la clave para transformar este tipo de situaciones.

Si queremos una sociedad sana debemos salir en ayuda de los matrimonios y de las familias para que cumplan el rol fundamental que naturalmente tienen en toda sociedad y no facilitar su separación.

Es necesario que el Estado y concretamente el Poder Legislativo se preocupen en dar normas que promuevan matrimonios bien constituidos y generen instancias profesionales que orienten a los matrimonios y puedan ellos tener las herramientas que les permitan solucionar sus problemas, la mayoría de ellos superables.

Santa María, Reina de la Paz

Con ocasión del Día de la Independencia, la Iglesia en el Perú, celebra la Fiesta de Nuestra Señora de la Paz. A la Santísima Virgen María, a quien en el Perú veneramos con profundo amor filial en todo el territorio patrio, y en particular en el Norte en su advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, a Ella le pedimos que interceda ante su Divino Hijo Jesús por nuestra patria el Perú:

Madre Santa María,
con tu Hijo Divino, el Señor Jesús,
desciende a los caminos de nuestra Patria, el Perú,
para que, siguiendo vuestras huellas,
encontremos la senda que conduce
al desarrollo integral, al bien común y a la reconciliación.
Amado Perú: sólo tendrás vida,
si, en amor, te unes
a María y a su Hijo Jesús. Amén.

San Miguel de Piura, viernes 25 de julio de 2008
+ JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, SCV.
Arzobispo Metropolitano de Piura

Notas

1. S.S. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n.43.

2. S.S. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica, Christifideles laici, n. 59.

3. Ibidem, n. 31.

4. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 193.

5. Ver Mt 10, 40-42; 20, 25; Mc 10, 42-45; Lc 22,25-27.

6. Ver Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.196.

7. Ver S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus Caritas est, n.28.

sábado 2 agosto, 2008