QUE LA EUCARISTÍA HAGA DE NOSOTROS CRISTIANOS DISPUESTOS A AMAR – 2015

IMG_513702 de abril 2015 (Oficina de Prensa).-  En un ambiente de recogimiento y reflexión, en la Catedral de Piura, nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió hoy en la noche la Misa Vespertina de la Cena del Señor en la que celebramos, junto con toda la Iglesia, la institución de los Sacramentos de la Eucaristía y del Sacerdocio, recordando también la institución del gran mandamiento del amor: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Durante su homilía, nuestro Arzobispo en base a unas reflexiones de San Juan Pablo II, cuyo décimo aniversario de su partida a la Casa del Padre hoy recordamos, desarrolló el don inestimable de la Eucaristía y lo que ésta exige a todo cristiano que participa en ella.

IMG_5212Conmemorando el gesto del Señor Jesús con sus apóstoles, Monseñor Eguren realizó el tradicional “lavatorio de los pies” a dos bebés recién nacidos, a dos niños, a dos jóvenes, a dos adultos y cuatro a ancianos, como signo de “la sacralidad e inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural”.

Al finalizar la Misa de Jueves Santo, nuestro Arzobispo procedió a reservar la Eucaristía y permaneció en actitud de adoración ante la presencia real del Señor Jesús, invitando a todos los presentes a visitar y adorar siempre al Santísimo Sacramento en los sagrarios, donde está Cristo realmente presente cumpliendo su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). La gran cantidad de fieles católicos que abarrotaban el templo, acompañaron a Jesús Eucaristía ante el Monumento, reviviendo así su agonía en el Huerto de Getsemaní. A continuación les ofrecemos el texto de la homilía que pronunció Monseñor Eguren:

MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR

Homilía en el Jueves Santo 

Noche de intimidad, de amistad, y de confidencias. Noche de Jueves Santo. Noche de la institución de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal. Noche de Jueves Santo. Noche del Mandamiento nuevo del amor y del lavatorio de los pies. Noche de Jueves Santo. Noche del amor de Cristo llevado “hasta el extremo” (Jn 13, 1).

IMG_5192Pero también hoy es la noche de las promesas no cumplidas: “Yo daré mi vida por ti…Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Jn 13, 36; Mt 26, 33). Hoy es también la noche del no poder velar ni siquiera una hora con el maestro: “Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora conmigo? (Mt 26, 36-46). Hoy es también la noche de las negaciones: “Entonces él (Pedro), se puso a echar maldiciones y a jurar: ¡yo no conozco a ese hombre!” (Jn 18, 25-28). Hoy es también la noche de Judas el traidor: “Salve Maestro, y le dio un beso. Jesús le dijo: ¿Judas con un beso, entregas al Hijo del Hombre?” (Mt 26, 48-50). Esta es también la Noche del Jueves Santo.

Noche que si bien nos recuerda el amor del Señor por nosotros sus amigos, nos recuerda también nuestra fragilidad y debilidad debida a nuestro pecado, y por tanto, nuestra necesidad permanente de conversión, de esfuerzos serios de cooperación con la gracia divina.

Toda celebración de la Eucaristía, pero de una manera muy especial ésta de Jueves Santo, nos transporta al Cenáculo de Jerusalén donde Jesús está con los suyos en esa habitación superior. Podemos imaginar el clima de calidez, de reverencia, de recogimiento, de intenso amor que está viviendo Jesús con sus apóstoles. ¿No deberían ser siempre así nuestras celebraciones eucarísticas, libres de la rutina y del formalismo que todo lo mancillan?

IMG_5258En este Jueves Santo no podemos dejar de profundizar en la grandeza de este Sacramento, que precisamente esta noche instituye el Señor Jesús, como anticipación sacramental de su misterio pascual, de su pasión, muerte y resurrección.

Si el gesto del Lavatorio de los pies conmovió a los discípulos, cuánto más les habrá sobrecogido la consagración de la Eucaristía. Los evangelistas y San Pablo nos lo cuentan con detalle. De pronto Jesús pronuncia las palabras:

“Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo:
– Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.

De  igual modo, después de cenar, la copa, diciendo:

– Esto es mi Sangre: la sangre de la Alianza derramada por muchos,
en remisión de los pecados. Hacedlo en memoria mía” (Lc 22, 19-20).

El Papa San Juan Pablo II, quien un día como hoy hace diez años partió a la Casa del Padre, escribió pocos días antes de morir una bella Carta a los Sacerdotes con ocasión del Jueves Santo 2005. En ella decía que las palabras de la institución de la Eucaristía, no deben ser para los sacerdotes únicamente una fórmula consagratoria, sino también una “fórmula de vida”.

Si bien esto es muy cierto para los sacerdotes, creo que también lo es para todos los fieles cristianos que participan en la Eucaristía, sobre  todo de la dominical. Porque también para ustedes queridos laicos y consagrados, su vida cristiana tiene que adquirir una “forma eucarística”.

Por ello, siguiendo las palabras de la consagración que Cristo pronuncia esta noche al instituir en favor nuestro la Eucaristía, y basándome en las reflexiones de San Juan Pablo II de hace diez años, quisiera aportarles algunas ideas con el deseo de que sean luz que nos permita a todos, sacerdotes, consagrados y laicos amar más la Misa y vivir santamente nuestra vida cristiana en nuestra particular vocación y estado de vida.

“Y dadas las gracias”.

Éste el primer sentimiento expresado por Jesús al partir el pan. El agradecimiento es la actitud que está a la base del nombre mismo de “Eucaristía”.

¿Y por qué agradecer? Porque simplemente nuestras vidas, mi vida, es fruto gratuito del Amor de Dios. Sólo agradece el que experimenta su vida como don, como gratuidad, como fruto del amor misericordioso del Señor. Cada Eucaristía tiene que ayudarnos a redescubrir esta gratuidad del amor de Dios y tiene que impulsarnos a que nuestra vida sea una vida llena de agradecimiento al Padre por medio del Señor Jesús, en el Espíritu Santo.

Agradecerle el don de la vida, agradecerle el don de la fe y del bautismo, y agradecerle el don de nuestra vocación particular, sea ésta el sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio. Que cada Misa reavive la frescura de las resoluciones y sentimientos que inspiraron nuestra entrega vocacional al Señor Jesús.

“Tomad y comed…tomad y bebed”.

IMG_5278Estas palabras expresan la autodonación del Señor Jesús, la cual alcanza su expresión más alta en el sacrificio de la Cruz que celebraremos mañana Viernes Santo y que fue anticipado sacramentalmente por Cristo en la Última Cena.

¿Cómo escuchar estas palabras que pronuncia el sacerdote en cada Santa Misa y no sentirse uno llamado y comprometido por Jesús a hacer de la propia vida, de la propia vocación, una existencia entregada, donada, sacrificada hasta el extremo, puesta total y generosamente al servicio del Plan de Dios y de los hermanos?

El lavatorio de los pies que tiene lugar hoy en esta Misa de Jueves Santo expresa de manera viva esta verdad de la persona humana: “Que el hombre…no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”.[1] Creados por el amor del Padre, salvados por el amor del Hijo y santificados por el amor que es el Espíritu Santo, nuestra vida sólo tiene sentido si las entregamos por los hermanos; si como Jesús lavamos los pies a los demás. ¡Que cada Eucaristía haga de nosotros cristianos dispuesto a amar!  

San Agustín desarrolla bellamente esta idea en su tratado sobre el Evangelio de San Juan, cuando reflexionando precisamente sobre la Eucaristía, dice: “Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: ‘Si te sientas a comer en la mesa de un señor mira con atención lo que te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante’. Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. “Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar con atención lo que nos ponen por delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Esto significa preparar algo semejante. Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos, amándonos mutuamente como Él nos amó, que dio su vida por nosotros”.[2]

“Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros…esta es mi Sangre que será derramada por todos los hombres para el perdón de los pecados”.

Cristo entrega su Cuerpo y derrama su Sangre para la salvación del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres. Es una salvación integral y al mismo tiempo universal, porque nadie, a menos que uno lo rechace libremente, es excluido del poder salvador de la Sangre de Cristo. Todos, absolutamente todos, somos destinatarios del amor del Señor.

Cuando escuchamos estas palabras durante la consagración, ¿cómo no descubrirnos salvados, reconciliados, amados? ¿Cómo no entender a la luz de estas palabras que oímos en cada Misa que el Señor Jesús me ha salvado a mí, al precio de la entrega de su Cuerpo martirizado y de su Sangre derramada en la Cruz hasta la última gota? ¿Entendemos bien esto? ¿Somos conscientes del precio que ha pagado Cristo, el Cordero sin defecto e Inmaculado, para que tú y yo tengamos una vida libre de la esclavitud del pecado? Esto lo entienden muy bien los mártires, no sólo los de ayer, sino también los de hoy, quienes en Medio Oriente, África y Asia, prefieren morir antes que traicionar a Jesús o abjurar de su fe. ¿Lo entiendes tú?

“Haced esto en conmemoración mía”.

La Misa es “memorial”. Esto significa que actualiza hoy en favor nuestro de manera sacramentalmente, la muerte y resurrección del Señor. La Eucaristía no recuerda un simple hecho pasado, sino que lo hace presente con toda su eficacia santificadora. La Eucaristía nos  mantiene en comunión con la Pascua de Jesús

Qué importante es hacer esta “memoria” que hace presente el amor reconciliador del Señor en medio de un mundo tan necesitado hoy en día de la misericordia divina. Más aún, qué importante es que por tu participación frecuente en la Eucaristía, tu vida se transforme en “memoria permanente”, en “presencia viva y continua” del Amor del Señor en el mundo de hoy.

“Este es el sacramento de nuestra fe”.

IMG_5295Finalmente con estas palabras el sacerdote anuncia el milagro que ha acontecido. Por el poder de las palabras de Cristo y la acción del Espíritu Santo, el pan y el vino han sido realmente transformados en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sobre el altar esta verdadera, real y sustancialmente presente Cristo, muerto y resucitado, con toda su humanidad y divinidad. Por ello, la Eucaristía es una realidad eminentemente sagrada. Ella nos recuerda y nos reclama, la condición sagrada de nuestra vida cristiana, nuestra santidad, iniciada en nosotros el día de nuestro bautismo y nutrida en cada Eucaristía.

Santa María, “Mujer Eucarística”, guíanos hoy y siempre hacia el Santísimo Sacramento del Altar.

Tú que como nadie tienes una relación muy especial y única con tu Divino Hijo Jesús, ayúdanos a redescubrirla y celebrarla como sacrificio, acción de gracias, memorial, presencia real, banquete pascual, fuente de caridad fraterna y prenda de la gloria futura.[3] Ayúdanos en cada celebración eucarística a revivir la experiencia de los discípulos de Emaús: “Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron” (Lc 24, 31).

Que el Señor Jesús nos bendiga y nos conceda juntos un Triduo Pascual lleno de bendiciones, donde cada una de nosotros y todos juntos, podamos crecer en la adhesión al Señor Jesús y en el amor a los demás, bajo la guía de la Madre.

Que así. Amén.

San Miguel de Piura, 2 de abril de 2015
Jueves Santo

 

[1] Vaticano II, Gaudium et spes, n. 24

[2] San Agustín, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 84, 1-2.

[3] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1356-1405. Ver S.S. Juan Pablo II, Carta Apostólica Mane nobiscum Domine, n. 15-16.

viernes 3 abril, 2015