ORACION PATRIÓTICA CON OCASIÓN DEL 194° ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

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25 de julio de 2015 (Oficina de prensa).- Con ocasión de celebrarse el 194° Aniversario de la Independencia del Perú, los fieles piuranos participaron de la Santa Misa y Te Deum en la Basílica Catedral de Piura, donde ofrecieron sus ruegos y oraciones por la Patria. La celebración eucarística estuvo presidida por Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y contó con la asistencia de las más altas autoridades políticas, civiles y militares de la Región.

Al finalizar la Santa Misa con alegría y expresando gran cariño por el Perú, los presentes entonaron el Himno Te Deum y el Himno Nacional, acompañados por la Banda de Músicos de las Fuerzas Armadas del Perú.

A continuación les ofrecemos el texto completo de las palabras que pronunció el Arzobispo de Piura y Tumbes para esta importante ocasión:

ORACIÓN PATRIÓTICA 

CON OCASIÓN DEL 194º ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

Estamos congregados esta mañana en la Basílica Catedral de Piura, para ofrecer el santo sacrificio de la Misa en acción de gracias por nuestra Patria el Perú, con ocasión de celebrarse un aniversario más de su Independencia. Queremos de esta manera expresarle a Jesucristo, Señor de la Historia, nuestra acción de gracias por el don de la libertad y renovar nuestro compromiso con el Perú, para así  honrar el voto solemne que la Patria al Eterno elevó hace ciento noventa y cuatro años, el 28 de julio de 1821.

La historia nos refiere que fue el Generalísimo don José de San Martín, quien después de proclamar solemnemente la Independencia, solicitó al entonces Arzobispo de Lima, Monseñor Bartolomé de las Heras, que agradeciera a Dios el don de la libertad con la celebración de una solemne Misa y que al final de la misma se cantara el himno del Te Deum, lo cual se hizo frente a la imagen de la Virgen María. El Te Deum es un cántico tradicional de acción de gracias de la Iglesia que debe su nombre a las primeras palabras con que éste comienza: “A Ti, oh Dios te alabamos”. De esta manera, el domingo 29 de julio de 1821, un día después de proclamada la Independencia, se llevó a cabo esta celebración eucarística en la ciudad de Lima, y desde allí ha sido tradicional que además de la Catedral de Lima, en todas las iglesias Catedrales del país, se ofrezca la Eucaristía y se cante el Te Deum por el Perú, como señal de nuestra gratitud al Señor por el don de vivir en esta tierra peruana y para implorar de Aquel de quien viene todo bien, que bendiga, proteja y abra la ruta de la gloria a nuestra amada Patria.

El Perú: país mestizo y síntesis viviente  

La virtud cristiana de la piedad, que está implícita en el cuarto mandamiento, nos manda honrar, venerar y respetar a los padres y también a la Patria, es decir, a aquellos de quienes recibimos la vida, los alimentos, la fe, la educación, la lengua, la raza, la historia, la tradición y toda nuestra cultura, es decir aquello que nos hace ser peruanos. Amar a la Patria no es una opción, sino un mandato divino, y después de trabajar por la salvación eterna de los hermanos humanos, el trabajar por el Bien Común de la Patria es el más alto ejercicio de caridad ya que une dos amores en uno: Dios y el prójimo.

A veces escuchamos de algunos quejarse del Perú y decir irreflexivamente: ¡Cómo me hubiese gustado nacer en otro país! Los que así se expresan no comprenden que a pesar de sus sombras la Patria en la cual hemos nacido es bella y luminosa, rica en su herencia y prometedora en su futuro. Que en el Perú hay todavía muchas expresiones de injusticia, lentitud administrativa, corrupción, inseguridad ciudadana y retraso en la educación, la salud y la vivienda, son hechos incuestionables. Que los peruanos tenemos taras que desgraciadamente forman parte de nuestra idiosincrasia, como son entre otras, la adulación, el pesimismo, la envidia, la falta de compromiso, la improvisación, la queja, el pedido fácil y el socavar las buenas iniciativas de los otros, es también algo que no podemos negar.

Pero a pesar de todas estas sombras, son muchas más las luces que hay en nuestra amada Nación, gracias a que somos fruto de un  fecundo proceso de mestizaje que no es solamente biológico, sino también cultural, social y espiritual. El Perú nació gracias a que la Providencia Divina dispuso con amor el encuentro en nuestra tierra  del español, del negro y del hombre del ande. Por ello nuestra herencia es riquísima y contiene un potencial de insospechadas capacidades aún por desplegarse.

Ahí están como valiosas expresiones de nuestro mestizaje, nuestra profunda religiosidad cristiana, nuestra gran capacidad de acogida y de ser solidarios, nuestro hondo sentido de comunidad, el genio artístico que brota de la conmoción o asombro ante lo verdadero, bueno y bello de la realidad, nuestra capacidad para levantarnos frente la adversidad, nuestra disposición para la heroicidad y la santidad, nuestra rica biodiversidad, nuestra valiosa variedad geográfica, artística, folklórica y hasta gastronómica. Pero cuidado con equivocarse, el Perú no es una reunión de enclaves culturales, sino un país mestizo que tiene diversas formas de vivir y expresar lo peruano.

Ahora bien, ese mestizaje feraz entre lo europeo y lo autóctono,  se realizó al calor de la evangelización. Efectivamente, el cristianismo estuvo en la base de dicha síntesis, fue el crisol que permitió este rico encuentro y cruce, y por tanto es importante reconocer y no olvidar que la Iglesia Católica ha sido y es un instrumento esencial en la formación histórica, cultural y moral del Perú.

Este reconocimiento es primordial, no porque se busque con él privilegios y beneficios, sino porque un país que pierde su religión, tarde o temprano pierde su cultura, su identidad y termina por disolverse.

El mestizaje es nuestra gran riqueza y su correcta comprensión y valoración es esencial para desarrollar un plan nacional para el Perú del tercer milenio, cercana ya la celebración del bicentenario de nuestra independencia. Mestizaje que constataba en sí mismo Gómez Suárez de Figueroa, más conocido por nosotros como el “Inca Garcilaso de la Vega” quien sin complejos y con profunda satisfacción exclamaba: “Soy mestizo y lo digo a boca llena, me honro con ello”. Mestizaje que reconocía el mismo libertador Simón Bolívar cuando afirmaba: “No somos europeos, no somos aborígenes, somos una especie nueva”. Mestizaje que llevó a Bartolomé Herrera a decir en su famoso sermón del 28 de julio de 1846, que el Perú debía separarse de España “porque era un pueblo enteramente nuevo”.

Cómo no traer en este momento de nuestra reflexión el célebre poema Blasón, del “Cantor de América”, José Santos Chocano que exalta esta realidad decisiva del mestizaje para nuestra comprensión como país:

Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.

Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con vaivén pausado de hamaca tropical…

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje al Sol,
que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el coloniaje
parecen mis estrofas trompetas de cristal.

 Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el león, de oro,
y las dos castas fundo con épico fragor.

 La sangre es española e incaico es el latido;
y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido
un blanco aventurero o un indio emperador.

Sí hermanos. El Perú es más, muchísimo más, que la noticia negativa que nos abruma todos los días. El Perú es mucho más que los buenos o malos resultados de nuestra selección de fútbol. Las Fiestas Patrias son una ocasión propicia para experimentar verdadera alegría de ser peruanos, y para tener la convicción de que tenemos un país legítimo que conserva intactas todas sus posibilidades de ser una Nación aún más grande que ocupe un lugar protagónico en el contexto mundial.

El Perú es un país con enorme fuerza espiritual. Que de ello no nos quepa la menor duda, bástenos recordar que después de la tragedia de la Guerra del Pacífico, solos y sin la ayuda de nadie, el Perú se levantó por la voluntad de sus gentes quienes querían seguir siendo peruanos.

En aquel momento pudimos desaparecer como Nación pero como decía Basadre al referirse a aquella época: “Un peruano, al amanecer, comenzaba a trabajar porque quería seguir siendo peruano”. El Perú es esa persistencia, esa tenacidad y firmeza frente a la adversidad. El Perú es ese deseo y anhelo inextinguible e inagotable de permanencia que nos impulsa al despliegue.

Cómo hacer Patria hoy

Todo lo dicho hasta ahora debe llevarnos no sólo a agradecer a Dios, Uno y Trino, el don de ser peruanos sino también a comprometernos con el Perú. Todos nosotros somos los actuales herederos de nuestros próceres, héroes y santos. Frente a la conocida frase de Víctor Andrés Belaúnde: “¡Queremos Patria, hagamos Patria hermanos! Aún estamos a tiempo”, la pregunta que surge es ¿Cómo?

Podríamos abordar la respuesta de muchas maneras pero para evitar caer en la tentación de una reflexión muy abstracta quisiera señalar  algunos caminos muy concretos.

¿Cómo hacer Patria hoy? ¿Cómo contribuir al engrandecimiento de nuestro querido Perú? En primer lugar sirviendo al país con nuestro trabajo profesional o personal bien hecho. El mejor servicio o contribución que un ciudadano hace a su patria es trabajando bien. No importa si el trabajo es grande o pequeño, público o privado, expuesto o escondido. Debemos trabajar con veracidad, honestidad, laboriosidad, espíritu de servicio, dedicación y justicia para así derrotar a lo que Basadre denominaba, “el estado empírico y el abismo social”.  

Asimismo contribuimos al engrandecimiento del Perú fomentando en todo momento la fe en el país, en sus posibilidades y capacidades, no siendo falsos profetas de miserias y pesimismo, de desesperanza y de desilusión, es decir agoreros de negros porvenires. Debemos fortalecer en nosotros y en los demás nuestra certeza de que el Perú es una realidad digna en la historia universal y para ello debemos siempre traer a nuestra memoria y evocación a todos aquellos próceres, héroes y santos que creyeron en el Perú, y trabajaron arduamente entregando sus vidas por nuestro país, dándonos así una lección de fe y amor que debe cuestionarnos y comprometernos con nuestra Nación.

Igualmente hacemos Patria, aplicándonos en educarnos y en  educar a las jóvenes generaciones en el orden religioso, moral, social y económico. Hoy en que la corrupción es un triste flagelo que nos azota, debemos recordar que ella es antes que nada un problema moral, una conducta equivocada de algunas personas. La persona bien formada y educada en la familia y en la escuela, aunque tenga una ley que le permita sacar provecho personal y abusar de los demás, no lo hará gracias a los valores y virtudes que ha aprendido de sus padres y profesores y que ha sabido internalizar haciéndolas normas de vida.

Podemos también hacer Patria fortaleciendo el conocimiento de nuestra historia, pues ella nos descubre el esfuerzo de lo que ha costado construir una nación, el verdadero sentido de las tradiciones y de los acontecimientos que han formado aquello que con satisfacción llamamos “peruanidad”. Lamentablemente el estudio de la Historia del Perú se ha venido muy a menos en los últimos años y es doloroso constatar que las jóvenes generaciones van perdiendo el conocimiento y contacto con nuestras raíces y cuando eso sucede no hay posibilidad de vivir con pasión el presente y menos aún capacidad de proyectarse con confianza al futuro. Peor todavía, asistimos en nuestros tiempos a una auténtica “invasión cultural”, sobre todo a través de los medios de comunicación social, que van haciendo de nuestros jóvenes una masa homologada e informe, sin ideales, sin memoria, sin tradiciones, sin amor a la Patria, con el único propósito de que vivan sólo para el momento, para lo inmediato, haciéndolos esclavos de las sensaciones, del hedonismo, el consumismo, la superficialidad y la frivolidad.

Cuánta razón tenía San Juan Pablo II, cuando siendo todavía Arzobispo de Cracovia en su amada Polonia, país que tuvo que padecer primero la invasión nazi y después largos años la tiranía comunista, afirmaba con valentía públicamente: “No nos desarraiguemos de nuestro pasado, no dejemos que éste nos sea arrancado del alma. Es éste el contenido de nuestra identidad de hoy. Queremos que nuestros jóvenes conozcan toda la verdad sobre la historia de la nación, queremos que la herencia de nuestra cultura…les sea transmitida siempre sin desviación de ninguna clase…Una nación vive de la verdad sobre sí misma, tiene derecho a la verdad sobre sí misma y, sobre todo, tiene derecho de esperarla de quienes educan… No puede construirse el futuro más que sobre este fundamento. No se puede forjar el alma del joven si se lo arranca de este suelo profundo y milenario”.

Hagamos Patria, cultivando un profundo espíritu de servicio atendiendo a los enfermos, ancianos, niños discapacitados, ayudando a los más pobres y a los vulnerables de nuestra sociedad, defendiendo al niño por nacer, el más pequeño e indefenso miembro de la sociedad peruana del crimen abominable del aborto. Todos ellos son nuestros hermanos en la fe y nuestros compatriotas a quienes debemos nuestro amor, solidaridad y dedicación.

Hagamos Patria, fortaleciendo a la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Es en el seno de la familia donde el patrimonio de la Patria llega a nosotros, despertándose en nuestro interior el respeto, la veneración y el amor por nuestra Nación. De ahí la importancia de defender y proteger a la institución familiar surgida del matrimonio heterosexual, que hoy busca ser destruida a través de la imposición ideológica legalizando el mal llamado matrimonio homosexual, lo cual es un error trágico que daña el bien común y a los más vulnerables que son los niños.

Finalmente hagamos Patria fomentando la vía maestra del diálogo para resolver los problemas entre nosotros. Para ello es necesario tener el valor de buscar la verdad por encima de las opiniones y las sensaciones subjetivas. Para ello es necesario tener el coraje de animarse a ir más allá de la superficie conflictiva y mirar a los otros como hermanos en la fe y como compatriotas, para que así la unidad prevalezca sobre el conflicto y sea posible desarrollar una comunión en las diferencias y encontrar soluciones justas y duraderas que beneficien a todos y aseguren los pasos del Perú por la vía del bien común y de la justicia.

Congreso Nacional Eucarístico y Mariano

Como es de conocimiento de todos ustedes, Piura será sede del 13 al 16 de agosto próximo del X Congreso Nacional Eucarístico y Mariano. Nuestra Región será el corazón espiritual del Perú durante esos días. Por ello mi llamado a todos a que participemos entusiasta y multitudinariamente. Con este Congreso queremos proclamar que el Señor Jesús no vino a este mundo para darnos algo, sino para darse Él a sí mismo, como alimento de vida eterna para quienes tienen fe en Él; y que esta comunión nuestra con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra vida, por medio de nuestras actitudes de amor fraterno, un pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne.

Que sean días para que a través de Piura, el Señor bendiga a nuestra amada Patria con los dones de la justicia, la reconciliación y la fraternidad, y que estas bendiciones nos vengan por medio de Santa María, la Madre buena que desde los albores de nuestra Patria nos cuida y ama como verdadera Madre nuestra que es.

¡Feliz 28!

Que Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, bendigan al Perú por medio de la Inmaculada Virgen María. Amén.

 

San Miguel de Piura, 28 de julio de 2015
Fiesta de Nuestra Señora de la Paz

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sábado 25 julio, 2015