PALABRAS DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA DURANTE LA INAUGURACIÓN DEL II CONGRESO INTERNACIONAL MARIANO 2017

“MARÍA DE GUADALUPE UN MENSAJE DE ESPERANZA EN TIEMPO DE RECONSTRUCCIÓN”

A nombre de la Arquidiócesis Metropolitana de Piura y Tumbes, quisiera darle a todos ustedes la más cordial bienvenida a este II Congreso Internacional Mariano denominado, “María de Guadalupe: un Mensaje de Esperanza en tiempos de Reconstrucción”, que con gran ilusión hemos organizado con el deseo que el milagro guadalupano nos ilumine, fortalezca y aliente en estos tiempos en que los piuranos aún sufrimos los devastadores efectos del reciente “Fenómeno del Niño Costero”.     

La idea de organizar este II Congreso Internacional Mariano surgió hace exactamente un año atrás cuando todavía no habíamos sufrido las lluvias e inundaciones. Considero que el amor providente de Dios nuestro Padre, y el amor maternal de Santa María nuestra Madre, quisieron programar este Congreso con mucha anticipación para que nosotros sus hijos piuranos y tumbesinos tengamos hoy un espacio de consuelo y podamos vislumbrar el futuro con confianza, para que así no nos dejemos robar la esperanza, y gracias a la tierna y maternal presencia de Santa María de Guadalupe, tengamos hoy la certeza que el Señor nos mira con amor, nos sostiene de su mano, y que con su amor no hay adversidad que no podamos vencer.

Saludo afectuosamente a las autoridades presentes, a los participantes que colman este coliseo del Colegio Don Bosco, especialmente a los que han venido de las diferentes provincias de Piura y de Tumbes, y a todos los que nos acompañarán a lo largo de estas jornadas de reflexión y encuentro a través de los medios de comunicación social y de las nuevas tecnologías.

A nuestros conferencistas de estos días, Monseñor Enrique Glennie Graue, Rector de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe de México, y a nuestro viejo y conocido amigo, Monseñor Eduardo Chávez Sánchez, postulador de la causa de canonización de San Juan Diego y Fundador del Instituto de Estudios Guadalupanos de México, mi gratitud por haber aceptado venir a Piura y por las valiosas conferencias y revelaciones que compartirán con nosotros, las cuales estoy seguro nos ayudarán a profundizar en el acontecimiento guadalupano y a extraer de este milagro de amor que fue la aparición de nuestra Madre Santísima en la colina del Tepeyac, luces y fuerzas para la tarea de la reconstrucción que los piuranos tenemos por delante.

Una reconstrucción no puede limitarse a ser material, es decir no puede reducirse a un conjunto de meras obras por realizar, sino que antes que nada debe ser espiritual y moral, porque si no reconstruimos primero en nosotros y entre nosotros, la unidad, la honestidad, la laboriosidad, la justicia, la predilección por los pobres, el poder entendido como servicio al prójimo, y la pasión de trabajar por el bien común, la reconstrucción material será improbable o en el mejor de los casos sus frutos serán escasos.

Le pedimos en estos días a “La Morenita”, a Santa María de Guadalupe, que renueve nuestra esperanza, que nos inspire, que levante nuestro ánimo y que nos fortifique. Le pedimos con la confianza que tiene un hijo en su madre, que así como Ella fue enviada desde el cielo en 1531 a levantar la esperanza de una población sumida en la depresión que sentía que todo su mundo se había derrumbado, que fue atacada por la viruela y que tenía familias y hogares destrozados por la violencia, la peste y el caos, que hoy a través de este Congreso Internacional Mariano, nos abra a un horizonte de renovada confianza.  

Ciertamente nuestra situación no es tan desesperada como la que se vivía en México durante la aparición de Santa María de Guadalupe, situación que llevó a que el obispo Fray Juan de Zumárraga le escribiera en su reporte final al Rey Carlos I de España que, “si Dios no interviene con remedio de su mano, ésta tierra se pierde totalmente”. Pero todavía hay mucho dolor e incertidumbre entre nosotros. Hay muchos hermanos damnificados que han perdido sus viviendas, cosechas y ganados, hay miles que no tienen trabajo o que han sufrido la enfermedad y la muerte por el dengue. Hay poblaciones que todavía viven en la precariedad habitando en carpas con limitaciones de agua, alimentación, salud e higiene, y sobre todo hay familias que han perdido a sus seres queridos. Pero gracias a Dios somos un pueblo que mantenemos viva nuestra fe en el Señor, así como nuestro amor filial a Santa María y nuestra devoción a nuestros santos, y es de esa fe de dónde sacamos la esperanza en un mañana mejor para nosotros y nuestros hijos.

¿Por qué un nuevo Congreso Guadalupano?

A lo largo de las semanas previas a este Congreso Mariano algunos de ustedes me han preguntado con lícita inquietud: “Monseñor, ¿por qué un nuevo congreso guadalupano en Piura? Mi respuesta es esta: Santa María de Guadalupe no se apareció sólo para el pueblo mexicano. Cuando la Virgen se aparece, sus intenciones eran continentales y universales. Así se lo dijo la misma Santísima Virgen a San Juan Diego: “Yo soy verdaderamente tu Madre compasiva; tu Madre y la Madre de todos los moradores de esta tierra y de todas las demás naciones y pueblos”. Por tanto podemos concluir que en Guadalupe, la Madre de Dios vino para ser la Madre de toda América y por tanto también nuestra. Además está el deseo del Papa Francisco de que profundicemos en el mensaje de Guadalupe.

De otro lado el pedido de Santa María a San Juan Diego de que se le construya “una casita sagrada para dar su Amor-Persona”, no es otra cosa sino el deseo de María de que en Cristo, su Divino Hijo, y bajo su guía maternal, nos esforcemos por construir en nuestra América, en el Perú, en Piura y Tumbes, la ansiada Civilización del Amor, es decir una sociedad donde entre nosotros haya la firme y perseverante voluntad de hacer el bien a los demás sin distinciones o preferencias, porque amamos a los hermanos.    

Hace casi cinco siglos y gracias a Guadalupe una gran ola de santidad se despertó y recorrió toda nuestra América e hizo surgir santos y heroicos testigos de la fe en todos nuestros países, de los cuales Santa Rosa de Lima fue su primer fruto y cuyo IV centenario de ingreso a la gloria celebraremos jubilosos el próximo miércoles 30 de agosto.

Hoy también la Guadalupana nos pide lo mismo que le pidió a San Juan Diego: Que construyamos en nuestros corazones “una casita sagrada”, es decir nuestra santidad de vida, para ser capaces de construir una sociedad que glorifique a Dios y que sea digna de la persona humana. Cada uno de nosotros tiene la tarea y la responsabilidad de continuar con la misión que la Virgen le dio a San Juan Diego y por la “nueva evangelización” contribuir a que la ansiada Civilización del Amor sea por fin una realidad.

Queridos hermanos y hermanas: Que así como lo hizo San Juan Diego, compartamos con todos, siempre bajo la guía de María, el hermoso don de nuestra relación con Jesucristo, el verdadero Dios por quien se vive, quien nos ha salvado y dado la posibilidad de edificar un mundo nuevo.

Que María nos ayude a prepararnos a acoger al Papa Francisco

Dentro de pocos meses el Papa Francisco estará en el Perú. Los piuranos y tumbesinos iremos a su encuentro. Con este Congreso queremos con María en primer lugar rezar por los frutos de este viaje apostólico pero también prepararnos a recibir al Santo Padre con adhesión y amor en nuestra Patria. Estoy seguro que las reflexiones de estos días también nos ayudarán a ello.

A propósito de lo anterior y hace apenas una semana, el pasado 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos y celebración del 485° aniversario de la fundación de San Miguel de Piura, la ciudad de fundación española más antigua del Perú y del Pacífico Sur, el Papa Francisco nos hizo un gran regalo confirmando la realización de nuestro Congreso Internacional Mariano cuando durante la oración del Ángelus dijo ese día: “A María Reina de la Paz, que contemplamos hoy en la gloria del Paraíso, quiero confiar una vez más las ansias y los dolores de las poblaciones que en muchas partes del mundo sufren a causa de los desastres naturales, tensiones sociales o conflictos. Que obtenga nuestra Madre celeste para todos, el consuelo y un futuro de serenidad y concordia”.

Una vez más, el Pedro de hoy que es el Papa Francisco, nos confirma en la fe. Confirma la bondad y la oportunidad de este Congreso ya que el Vicario de Cristo en la tierra ha confiado a María Santísima los dolores y los anhelos de las poblaciones que como Piura y Tumbes hemos sufrido a causa de los desastres naturales.

Queridos hermanos y hermanas: Que estos días aviven nuestro amor filial por Santa María así como esa conciencia que Ella nos pertenece como Madre, “Mujer he ahí a tu hijo” (Jn 19, 26), y que nosotros le pertenecemos como hijos, “He ahí a tu Madre” (Jn 19, 27). Que encontremos en Ella, la misionera celeste del Nuevo Mundo, la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros del Señor Jesús, para que nuestros pueblos tengan vida en Él.

Muchas gracias.   

San Miguel de Piura, 22 de agosto del 2017.
Memoria de Santa María Reina

martes 22 agosto, 2017