PALABRAS DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA DURANTE LA CLAUSURA DEL II CONGRESO INTERNACIONAL MARIANO 2017

“MARÍA DE GUADALUPE UN MENSAJE DE ESPERANZA EN TIEMPO DE RECONSTRUCCIÓN”

Quiero a través de estas sencillas palabras, expresar mi profundo agradecimiento a Monseñor Enrique Glennie Graue, Rector de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe de México, y a Monseñor Eduardo Chávez Sánchez, postulador de la causa de canonización de San Juan Diego y Fundador del Instituto de Estudios Guadalupanos de México, por las excelentes conferencias y exposiciones de estos días que realmente nos han ayudado a crecer en nuestro conocimiento y amor a Santa María de Guadalupe, así como en nuestra esperanza en estos tiempos de reconstrucción y de preparación para acoger con filial adhesión al Papa Francisco quien pronto visitará nuestra Patria.

Queridos Enrique y Eduardo muchas gracias por su entrega y dedicación de estos días, gracias por habernos ayudado a contemplar el rostro dulce y sereno de la Virgen del Tepeyac tan querido por todos nosotros. Gracias porque como nuevos San Juan Diegos, “el águila que habla”, nos han enseñado el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que Ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, y como Madre amorosa y compasiva que es nos guíe hasta el verdadero Dios por quien se vive, Jesucristo, nuestro Señor.

Gracias también al Comité Organizador que tan dura y esforzadamente ha trabajado estos meses organizándolo todo para mayor gloria de Dios por medio de María; a nuestros bienhechores, auspiciadores, cooperadores y amigos, que con su generosidad y apoyo han hecho posible estos días de bendición y de gracia. Rezamos por sus intenciones, y estamos seguros que Nuestra Madre desde el Cielo hará descender copiosas y escogidas gracias celestiales sobre todos ustedes. Un especial agradecimiento a los sacerdotes y religiosos Salesianos quienes una vez más nos han apoyado acogiéndonos en su casa en este Coliseo de su Colegio Don Bosco. Y a todos ustedes los participantes y asistentes, muchas gracias por haber atendido el llamado de Santa María de Guadalupe para tener un encuentro con Ella y en Ella con su Hijo, porque María siempre nos lleva más plenamente al Señor Jesús.

Santa María de Guadalupe y La Mechita

Recuerdo que cuando hace cuatro años Monseñor Eduardo Chávez Sánchez nos visitó por primera vez, dijo en este recinto unas palabras que no he olvidado y que me ayudaron a comprender el porqué de la diversidad de las devociones marianas en nuestra América. ¿No bastaba para América una sola devoción, la de María de Guadalupe? Monseñor Eduardo nos dijo en esa ocasión: “María de Guadalupe bajó del cielo y puso su casa en el Tepeyac, y desde ahí comenzó a peregrinar por toda América como “Estrella de la Nueva Evangelización”, y en cada lugar que visitaba se ponía un traje distinto, porque son miles las facetas de su amor maternal para con nosotros”.

En nuestro caso, el traje que la Santísima Virgen de Guadalupe se puso cuando nos visitó en los orígenes de la Evangelización de Piura y del Perú en 1532, es decir apenas un año después del acontecimiento guadalupano, fue el de Nuestra Señora de las Mercedes, nuestra querida “Mechita”. Por eso hoy queremos al final de este Congreso hacerle también a Ella un sencillo homenaje, más aún cuando puedo anunciarles con alegría y satisfacción que “La Mechita” peregrinará para estar al lado del Papa Francisco cuando el Santo Padre visite a los pueblos de la costa peruana afectados por el “Fenómeno del Niño Costero” en la ciudad de Trujillo.  

Sabemos por las crónicas que la sagrada imagen de Nuestra Señora de las Mercedes de Paita, vio su culto nacer cuando Francisco Pizarro llegó al Perú y fue acompañado por religiosos de la Orden de la Merced, quienes se propusieron extender su devoción. Pero dentro de los misteriosos, pero siempre amorosos planes de Dios, el verdadero impulso de su devoción se daría en 1741. Entre el 13 y el 15 de noviembre de aquel año en horas de la noche, una flota pirata de navíos ingleses, comandada por el almirante George Anson, acostumbrados a la destrucción y el pillaje, bombardeó, saqueó e incendió Paita. Anson quiso completar este cuadro de destrucción saqueando el templo donde se veneraba la imagen de “La Mechita”. El pirata al verla en su camarín con los brazos extendidos demandando paz a los desalmados que así invadían su casa, poseído de furia se lanzó sobre la sagrada imagen de nuestra Madre descargándole su pesado sable. Más sus esfuerzos para decapitar la imagen de la Virgen fueron vanos ya que su espada se debilitaba y desafilaba a cada golpe, aumentando con ello su ira. Al ver la inutilidad de su intento, irritado, más que admirado, por el milagro que acababa de presenciar, Anson ordenó a sus hombres que trasladaran la efigie de la Virgen a bordo de su buque. Pero apenas llegados con su preciosa carga al navío, el mar, tan apacible de continuo, se embraveció de pronto, poniendo en peligro las embarcaciones piratas. Los tripulantes del buque en el cual se hallaba la Virgen de las Mercedes, sobrecogidos de pánico, la arrojaron al mar, calmándose al instante el furor de las aguas. Al día siguiente muy temprano cuando los buques ya habían levantado sus anclas, varios pescadores que caminaban por la orilla, divisaron una figura blanca tendida en la playa. Grande fue su sorpresa cuando vieron que se trataba de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. La imagen de nuestra Madre fue llevada ese día en solemne procesión hasta su templo. Hasta nuestros días podemos observar en el cuello de Nuestra Señora de las Mercedes de Paita, la sacrílega señal que causara la espada del bárbaro almirante inglés. 

Santa María de Guadalupe y Nuestra Señora de las Mercedes son la misma Madre de Dios y nuestra. Por eso le pedimos a María Santísima que acompañe a la Iglesia que peregrina en Piura y Tumbes, para que cada día sea una Iglesia más evangelizadora y misionera. Le pedimos que aliente y sostenga a su obispo, a sus sacerdotes, consagrados y consagradas; que suscite nuevas y santas vocaciones; que ayuda a todos los que entregan su vida a la causa de Cristo y a la extensión de su Reino.

Le pedimos por nuestros laicos para que sintiéndose llamados como San Juan Diego, impregnen todos los ámbitos de la vida social con el espíritu del Evangelio. Finalmente le pedimos que bendiga a las familias, fortalezca a los esposos en su matrimonio, apoye los esfuerzos de los padres por educar cristianamente a sus hijos y que con amor maternal consuele el dolor de los sufren en su cuerpo o en su espíritu, de cuantos padecen pobreza, soledad, marginación o ignorancia, especialmente a los miles de damnificados que hay en nuestra Región, y que inspire a nuestros gobernantes nacionales, regionales y locales para que según las exigencias de la justicia y el respeto de la dignidad de cada persona humana, desde su concepción hasta su fin natural, hagan realidad la ansiada reconstrucción moral y material que necesita Piura.

¡Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros!

¡Nuestra Señora de las Mercedes, ruega por nosotros!

Muchas gracias.

San Miguel de Piura, 23 de agosto del 2017.

miércoles 23 agosto, 2017