ORACIÓN PATRIÓTICA POR LA BATALLA DE AYACUCHO Y EL DÍA DEL EJÉRCITO DEL PERÚ

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07 de diciembre de 2015 (Oficina de prensa).- Con ocasión de celebrarse el 191° Aniversario de la Batalla de Ayacucho, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió la Santa Misa que contó con la asistencia de las más altas autoridades políticas y civiles así como de los Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas y Policiales de nuestra Región. Concelebraron la Eucaristía el R.P. Wilfredo Gonza, capellán del Ejército y el R.P. Felizardo Arrascue, capellán de la FAP.

A continuación les ofrecemos el texto completo de las palabras que pronunció el Arzobispo de Piura y Tumbes para esta importante ocasión:

La Batalla de Ayacucho

1El próximo miércoles, el Perú celebrará el CXCI aniversario de la Batalla de Ayacucho, hito memorable y trascendente de nuestra historia Republicana, ya que el día 9 de diciembre de 1824, las Fuerzas Patriotas y las Realistas se enfrentaron en el que sería el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericana. Ese día se selló para siempre la independencia del Perú y de toda América del Sur.

Celebrar todos los años este acontecimiento glorioso de nuestra historia, es traer a nuestra memoria aquel lugar geográfico memorable donde se desarrolló esta cruenta batalla. Allí se eleva el “Condorcunca”, montaña que se destaca en el Ande de esa región, sobre la inmensa Pampa de la Quinua, testigo de aquella jornada de armas. El parte oficial habla de más de 2000 muertos y 1300 heridos en total, pero fue el ejército libertador el vencedor sobre el realista.

Cómo no recordar esta mañana, junto con el Mariscal Antonio José de Sucre, los nombres de los valientes de Ayacucho, como los generales Agustín Gamarra, Guillermo Miller, José de La Mar y Jacinto Lara. Pero entre todos destaca por su bravura y coraje el General José María Córdoba, quien al recibir la orden de avanzar, desmontó de su caballo y con la mayor sangre fría lo mató, para demostrar a sus tropas que no quería huir. Luego, en voz alta, dio una orden que la historia ha hecho célebre: “¡Soldados, adelante, armas a discreción, paso de vencedores!”.

La división de Córdoba se aproximó a las líneas españolas, recibiendo un letal fuego de la infantería y artillería realista. Pero ellas se abrieron camino y en un encarnizado combate cuerpo a cuerpo superaron a las tropas realistas las cuales comenzaron a retroceder. El Virrey José de La Serna trató de revertir la situación ordenando al mariscal de campo Juan Antonio Monet que atacara a las fuerzas de Córdoba, pero la caballería de Miller resistió firme la embestida realista con sus lanzas en ristre sin ceder un milímetro de terreno. Lo restante es historia conocida: la captura del Virrey La Serna, el desbande de las tropas realistas y la victoria de Ayacucho, con  la posterior capitulación del general José de Canterac,  el 11 de diciembre de 1824, es decir dos días después de librada la batalla.

La Batalla de Ayacucho no es sino el corolario de la campaña de independencia  iniciada por la expedición libertadora comandada por el Generalísimo Don José de San Martín, la cual desembarcó en Paracas el 8 de setiembre de 1820. El 21 de octubre de 1820, San Martín decretó la creación de la bandera del Perú y comenzó a crear los primeros cuadros de nuestro futuro ejército, como son entre otros el Escuadrón de Auxiliares de Ica, los Cazadores del Ejército, el Batallón Leales del Perú y el Escuadrón Húsares de la Escolta.

Luego de la proclamación de la Independencia, el 28 de julio de 1821, el Generalísimo Don José de San Martín oficializó la creación del Ejército.

Día del Ejército del Perú

3El próximo 9 de diciembre también celebraremos el “Día del Ejército”. Nuestro saludo más fraterno y afectuoso a todos los hombres y mujeres que integran la familia del Ejército Peruano; a todas sus unidades, a la población joven que se encuentra actualmente prestando el Servicio Militar, así como a los licenciados y personal militar en situación de retiro.

En esta Santa Misa pedimos por todos los que integran la gran familia del Ejército del Perú, pero de manera especial encomendamos, con la esperanza que nos da Cristo resucitado, a todos los soldados peruanos que entregaron sus vidas por defender el suelo patrio y se inmolaron por su pueblo con la esperanza de un Perú, grande, libre y pacificado.

No hay que olvidar que la principal  misión del Ejército, es organizar  y preparar la fuerza para disuadir amenazas y proteger al Perú de agresiones contra su independencia, soberanía e integridad territorial.

El Himno del Ejército reza y canta:

El Ejército unido a la historia

Por fecunda y viril tradición,

Se corona con lauros de gloria

Al forjar una libre nación.

 Y es verdad, la historia del Perú no podría comprenderse plenamente sin su Ejército. El Ejército del Perú está íntimamente unido a nuestra historia como Nación. Ahí están para demostrarlo, Junín, Ayacucho, Dos de Mayo, y la infausta Guerra del Pacífico, de donde brota luminoso junto con Grau, don Francisco Bolognesi Cervantes, ínclito Patrono de nuestro Ejército, cuyo bicentenario de nacimiento nos aprestamos a celebrar el próximo año. También están como testigos de esta unión del Ejército con nuestra historia, la Pedrera, Zarumilla, Falso Paquisha y el Cenepa; la lucha contra la subversión, y actualmente la lucha contra los remanentes del terrorismo unidos con el narcotráfico en el VRAEM.

5Pero la labor de nuestro Ejército, junto con el de nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional, se proyecta más allá, en otra “guerra” que hay que vencer, hoy muy importante y decisiva para el Perú: la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Ahí están como testimonio de ello las innumerables acciones cívicas y de proyección social que realiza el Ejército del Perú en todo el país, especialmente ahí donde nadie quiere invertir y trabajar, y lo estamos viendo hoy en su compromiso de ayuda y trabajo ante un eventual Fenómeno “El Niño” en nuestra Región.

Nuestro homenaje a todos los integrantes del Ejército, a sus familiares, sus viudas y discapacitados, que se encuentran en las diferentes regiones de nuestro país. Este 9 de diciembre un ¡Feliz Día! para todos sus integrantes, especialmente para aquellos que combaten en el VRAEM en defensa de nuestra querida Patria,  contra el narco senderismo homicida.

La presencia y accionar del Ejército en nuestra vida nacional, nos recuerda lo que Jorge Basadre tantas veces enseñó para que nunca perdamos la esperanza frente a las posibilidades de una Patria grande y fraterna: “El Perú es más grande que sus problemas”.

A la Virgen de las Mercedes Patrona de las Fuerzas Armadas y por tanto de nuestro Ejército, le pido hoy que los cubra con su manto maternal, bendiga a sus familias y sobre todo les ayude en su misión para que sean siempre y en todo momento los dignos herederos de la gloria del Héroe de Arica y Patrono de nuestro Ejército, el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, y de esta manera siempre honren el uniforme verde que visten, realizando en sus vidas los sublimes ideales de “Deber, Honor y Patria”.

Sí, “Deber, Honor y Patria”. Estas tres palabras sagradas que marcan el horizonte de vida y dan sustento, a todo lo que un soldado está llamado a ser y debe llegar a ser: persona de coraje y valor, de veracidad y honestidad, de disciplina y compañerismo, de sacrificio y entrega, que nunca busca el interés personal sino el de la Patria a la que ama y sirve con la entrega generosa de su vida.

4Mi llamado, en esta hora de nuestra historia a que los miembros de nuestro Ejército sean íntegros, intachables, incorruptibles, e irreprochables en su conducta, a que defiendan al Perú y a sus intereses vitales, a que sean fieles defensores de todos los peruanos, de sus derechos fundamentales y guardianes de la Peruanidad. Para ello sean cristianos de verdad, personas de profunda vida de fe y oración, que siguen decididamente a Cristo. La vida cristiana eleva y fecunda las virtudes propias de la vida castrense.

Con San Pablo les digo: “Fortalézcanse en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan estar firmes contra las asechanzas del diablo…Tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estén pues firmes, ceñidos sus lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomen el escudo de la fe, con que puedan apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomen el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Ef 6, 10-18).

San Miguel de Piura, 07 de diciembre de 2015

 

lunes 7 diciembre, 2015