ORACIÓN PATRIÓTICA EN EL DÍA DEL COMBATE DE ANGAMOS 2017

8 de Octubre

Cada 8 de octubre nos convoca el deber de honrar al Gran Almirante del Perú y Peruano del Milenio, don Miguel Grau Seminario. Los piuranos lo hacemos en esta honorable plaza de nuestra ciudad de San Miguel de Piura que lleva su nombre y ostenta su egregia figura. Ciento treinta y ocho después de su inmolación en el glorioso combate naval de Punta Angamos, don Miguel Grau sigue asombrando a propio y extraños con su gallardía, caballerosidad y heroicidad. La heroicidad, junto con la santidad, nunca pasan de moda porque siempre apelan a lo más hondo del ser humano: a su nobleza, a su grandeza, a su capacidad de superación y de realización a través de la entrega y del amor.     

Junto con Grau, también hoy rendimos homenaje a nuestra Gloriosa Marina de Guerra por celebrarse el 196° aniversario de su creación. La Divina Providencia quiso unir en una misma fecha ambas celebraciones, de tal manera que el nacimiento de nuestra Marina de Guerra alcanzara su plenitud en el sacrificio de Grau y de su tripulación de heroicos marinos a bordo del legendario “Monitor Huáscar”.      

En el Combate de Angamos se vivieron las mejores tradiciones navales como la defensa de la Patria hasta la entrega de la propia vida, la dignidad, la caballerosidad, la hombría, la destreza marinera, el trabajo en conjunto y el cumplimiento íntegro del deber.

Por ello hoy en día nuestros marinos, a la luz del sublime ejemplo de Grau y de sus hombres, y siguiendo la imborrable estela del Monitor “Huáscar”, se esfuerzan por vivir la gran consigna que da coherencia y solidez a su vocación naval: “Un solo norte, el deber. Tan sólo un rumbo, el honor”.  

Durante los seis meses de su exitosa campaña naval, el “Huáscar”, había hundido y averiado seriamente varios navíos de guerra, había capturado transportes militares y embarcaciones de carga, había cortado cables de comunicaciones y llevado la guerra hacia el propio territorio chileno. Todo ello había exasperado los ánimos del vecino del sur. Así lo manifiestan los comentarios de la época. Bástenos citar a dos representativos historiadores chilenos: Gonzalo Bulnes Pinto y Benjamín Vicuña Mackenna.

Gonzalo Bulnes Pinto en su obra “La Guerra del Pacífico” nos dice: “La actividad del Huáscar le creaba un ambiente de simpatía universal y el mundo se sentía inclinado en favor de esa pequeña nave que a pesar de su debilidad mantenía en jaque a las poblaciones marítimas chilenas”. A su vez Benjamín Vicuña Mackenna, en su libro “La Campaña de Tarapacá” relata: “Las frecuentes, atrevidas, impunes excursiones del Huáscar en la costa de Chile, comenzaban a producir en el ánimo del país un sentimiento de rubor parecido a la estupefacción y en el cerebro de sus mandatarios una emoción semejante al vértigo. Era imposible someterse por más largo tiempo a aquella perenne vergüenza y soportar que un buque mal marinero y tres veces menos guerrero que cualquiera de nuestros blindados, viniese a manera de capricho o mofa a retarnos en nuestros propios puertos”.

Con sus comentarios, Bulnes y Mackenna no hacen más que enaltecer la figura de nuestro Gran Almirante. La gloria de Grau, de su tripulación y del “Monitor Huáscar”, reside precisamente en que este pequeño y débil buque peruano se bastó solo para mantener en alto el pabellón nacional contra un adversario no sólo más fuerte sino mejor preparado, y es que el “Huáscar” jamás se escondió o permaneció bajo la protección de los puertos artillados peruanos como sí lo hacían los buques chilenos. Pese a su manifiesta desventaja, un solo buque, el pequeño “Monitor Huáscar”, se agiganta, lleva siempre la iniciativa y pone en jaque no sólo a las poblaciones marítimas chilenas sino a su propia y poderosa flota.  

Los peruanos de hoy tenemos mucho que aprender de Grau y de su tripulación, porque los triunfos y hazañas que lograron sólo son explicables por la inteligencia, el arrojo, el valor, el amor al Perú y la perfecta unión y camaradería que existía entre los oficiales y el personal subalterno del navío peruano. Viendo a mí Patria en las actuales circunstancias tan dividida y enfrentada, cuánto anhelo y pido en mi oración que el espíritu que animaba y daba vida al “Huáscar” viva hoy más que nunca entre nosotros los peruanos y los piuranos. Frente a la desunión que desea apoderarse de nosotros impulsada por los apetitos personales y los intereses de grupo, que Grau y el “Huáscar” nos ensenen que primero están los sagrados intereses del Perú. Si algo nos llevó a la derrota en la Guerra del Pacífico fue nuestra desunión. La guerra se perdió lamentablemente porque el Perú era en aquel entonces un país dividido, con políticos que en esa época buscaban su beneficio personal.  

Grau y sus hombres nos demandan en este momento de nuestra historia, apenas a cuatro años del Bicentenario de nuestra Independencia, más unidad y sobre todo poner al Perú y al bien común por encima de cualquier otra consideración.

Las correrías del Glorioso Monitor se acercaban a su fin. Era imposible que un solo buque pudiese sostener indefinidamente la guerra en el mar. Y es así como llega el doloroso y glorioso 8 de octubre de 1879. La poderosa escuadra chilena formada en dos divisiones asecha al “Huáscar”. Seis buques se necesitaron, dos de ellos blindados de primer nivel, para poder vencer material pero no espiritual y moralmente al célebre Monitor, a su heroico Comandante y a su valerosa tripulación. De un lado el Blanco Encalada, la Covadonga y el Matías Causiño, y del otro el Cochrane, la O´Higgins y el Loa. Ante la inminencia de tan desigual combate, Grau ordena con nobleza a García y García, comandante de “La Unión”, que salvase su buque. A las 9.30am de ese inmortal 8 de octubre de 1879 se afianzó el pabellón nacional y el “Huáscar”, como siempre lo había hecho durante toda la campaña naval, tomó la iniciativa del combate abriendo sus fuegos contra las naves enemigas. Pese a su manifiesta inferioridad, el “Huáscar” nunca arrió el pabellón bicolor el cual fue defendido con gallardía, entereza y dignidad, que sólo los grandes hombres poseen, porque, señores, en el “Huáscar” sólo había héroes. Este ejemplo será seguido unos meses después por Bolognesi y sus hombres en el Morro de Arica, dándonos nuestros héroes, tanto en el mar como en la tierra, la lección que el pabellón nacional nunca se arría, que el Perú por la incapacidad de su clase política podía ser vencido pero que jamás se rendiría.

A las 9.50am y estando a menos de 200 metros de distancia, un certero disparo del “Cochrane” destrozó la cabina de mando del Monitor falleciendo instantáneamente el Gran Almirante don Miguel Grau partido por la mitad. Con él cayó moribundo el Teniente 1° Diego Ferré. Uno a uno los heroicos marinos peruanos se suceden en el comando del navío peruano y van entregando sus vidas por el Perú.  

Lo más admirable de todo es que a pesar de la manifiesta desigualdad de fuerzas, en todo momento el “Huáscar” es la nave que toma la iniciativa en el combate. Si Grau inició el combate abriendo sus fuegos, Elías Aguirre logrará la hazaña de hacer que nuestro Monitor pase por en medio de los acorazados chilenos. A su vez, José Melitón Rodríguez trata de espolonear al adversario. Es decir durante todo el Combate de Angamos fue el “Huáscar” la nave que dictó los términos de la lucha a pesar de estar en tremenda desventaja numérica y de potencia de fuego. ¡Qué lección para nosotros! Siempre enfrentar las situaciones, por más adversas que estas sean con coraje, decisión, inteligencia y audacia.

Cuando finalmente no había quien pudiese pelear ni arma que pudiese dispararse, el adversario abordó el “Huáscar” que ya tenía cuatro pies de agua en sus fondos ya que el Teniente Pedro Garezón Thomas, último comandante del “Huáscar”, herido en el pecho y en las piernas, decidió hundir el Monitor antes que rendirlo. La rápida intervención de los oficiales chilenos le quitaron al indómito “Huáscar” su última gloria: la de hundirse junto con los restos del su valeroso Comandante.

Para comprender la heroica acción de Grau y de su tripulación, de cómo combatieron hasta el extremo por amor al Perú, nos ayuda en algo la descripción que hace del estado del “Huáscar, el Ministro de Guerra chileno en Campaña, Rafael Sotomayor Baeza,” una vez concluido el combate: “El desorden y destrozo que se nota en el Monitor son indescriptibles. Las torres de combate y el blindaje del casco han sido perforados en varios puntos. La torre del Comandante está totalmente destrozada. Uno de los cañones de a 40 fue partido por uno de los proyectiles del blindado”. La pregunta surge espontánea: ¿Estamos dispuestos a pelear y a morir por el Perú de esta manera? ¿Estamos dispuestos a soportar lo que sea necesario para poner siempre al Perú y a Piura por delante? Lo que nos apasiona en la vida, ¿son los sagrados intereses de la Patria o nuestros egoístas intereses personales? Desde la Gloria, Grau y sus hombres nos demandan un suplemento de amor por el Perú, y más aún serán ellos los que nos juzgarán cuando nos llegue el momento.

Grau era un hombre religioso, un hombre de fe cristiana. Su entrañable amigo, Monseñor José Antonio Roca y Boloña, lo llamara en su Oración Fúnebre, y con acierto, “un guerrero cristiano”.

Precisamente Monseñor Roca y Boloña tuvo a bien hacerle a nuestro querido Almirante un regalo muy especial que en este año 2017 en que celebramos el IV Centenario del fallecimiento e ingreso a la gloria de Santa Rosa de Lima, cobra un singular sentido y valor. Me refiero a una imagen de nuestra Santa Peruana que tuvo a bien regalarle con la siguiente dedicatoria de puño y letra en su reverso, y que fue entronizada por el Almirante Grau en su camarote, imagen que también recibiera varios impactos de metralla y bala durante la contienda: “Miguel: que esta Santita nuestra te acompañe y si no te regresa con vida que te traiga lleno de gloria”.

Si bien, don Miguel Grau Seminario no regresó vivo al Perú, Santa Rosa de Lima cumplió la promesa hecha por Monseñor Roca y Boloña, pues regresó lleno de gloria y reconocido como el “Caballero de los Mares”, el héroe que se inmoló hace 138 años en el Combate de Angamos.                

 ¡Honor y gloria al Gran Almirante del Perú don Miguel Grau!

¡Honor y gloria a la tripulación del Monitor Huáscar!

¡Honor y gloria a la Marina de Guerra del Perú!

¡Honor y gloria a nuestra Patria, el Perú!

San Miguel de Piura, 08 de octubre de 2017

domingo 8 octubre, 2017