ORACIÓN PATRIÓTICA DEL ARZOBISPO DE PIURA EN EL DÍA DEL COMBATE DE ANGAMOS

8 de Octubre

De don Miguel Grau Seminario, el Gran Almirante del Perú, reconocido como el Peruano del Milenio, podemos afirmar con el himno de nuestra Gloriosa Marina de Guerra, “que mejor marinero jamás tuvo el mar”.

Para que no se piense que esta verdad es sólo profesada por los peruanos, narra la historia que en una fiesta de confraternidad entre marinos argentinos y chilenos celebrada en Valparaíso en el mes de febrero del año 1889, el marino argentino, Manuel A. Barraza, respondió al brindis chileno realizado en honor al generalísimo don José de San Martín, símbolo de la fraternidad entre Chile y la Argentina, con una gallarda y valiente respuesta, que recogieron en sus crónicas los periódicos de la época, dejando muda y desconcertada a la asistencia: “Levantóse para contestar el brindis uno de los marinos argentinos y pidió una copa por otra figura inmortal de la historia americana, por un héroe legendario, cuya gloria bastaba por sí sola para dar honor a un continente, por un marino que debió alumbrar al mismo océano en la reciente guerra del Pacífico, por uno de esos guerreros sublimes, antes los cuales el sentimiento de la nacionalidad desaparece para dejar sólo en el alma el sentimiento de la admiración. Por un héroe eminentemente americano, continúo el marino argentino, por el inmortal marino a quien todos los que seguimos la carrera del mar debemos tomar como ejemplo. Señores por Miguel Grau”.1 Efectivamente, así como del carbón sale el diamante, así de la negrura de la Guerra del Pacífico salió Grau.2

Pero la gloria de Grau no es sólo la del 8 de octubre de 1879. Es de muchos días, semanas, meses y años antes. Nuestro héroe resplandece no sólo como marino y comandante del legendario monitor Huáscar, sino como hijo cariñoso, esposo amoroso y fiel, padre tierno y solícito por sus hijos, amigo afectuoso y leal, y como político decente y honorable que siempre piensa en el Perú y en sus altos intereses y jamás en su propio beneficio.

Ahora que han sido elegidas nuestras nuevas autoridades regionales y locales es oportuno recordar lo que Grau le escribió a su esposa desde el Monitor “Huáscar” el 8 de mayo de 1879 antes de salir de campaña a su encuentro con la gloria y la eternidad: “Todo lo que poseo de fortuna, adquirida honradamente, está reducida a lo siguiente: veinte y cinco y pico mil soles en Cédulas del Banco Hipotecario, treinta y un mil tres cientos soles en Cédulas de la Deuda Interna. Cuatro Acciones de a mil soles cada una del Banco Nacional del Perú. Mil soles con sus respectivos intereses en poder de la Casa Canevaro, al mismo que le soy deudor de doscientas libras esterlinas, que le pedí para Anita Quezada, cuyo documento suscrito por mí se cumple en diciembre de este año…Me lisonjea la idea que, al separarme de este mundo, tengan mis hijos un pan que comer, pues no dudo que la Nación te otorgue por lo menos mi sueldo íntegro, si es que muero en combate”.3 El “Caballero de los Mares” declaró al periódico “El Nacional”: “Al servir a mi Nación, no he seguido por cierto mis propias conveniencias, ni los intereses de mis hijos a quienes si no les dejo una fortuna, mañana les dejaré a lo menos un nombre modesto pero limpio”. Sublime ejemplo para la clase política de hoy llamada a servir y a trabajar por la realización del bien común y del bien de todos los hombres y del todo el hombre, y a quienes la ciudadanía les reclama ganarse el pan cotidiano con un trabajo honesto y no con el pan sucio de la corrupción que nos hace perder nuestra dignidad.

En estos tiempos en que en nuestra Patria se busca debilitar o destruir a la familia mediante leyes que buscan legitimar como sucedáneos de la unión conyugal, formas de unión que por su naturaleza intrínseca no pueden expresar de ningún modo el significado de la familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer y garantizar su bien, qué pertinente es recordar que don Miguel Grau Seminario contrajo matrimonio con doña Dolores Cabero y Núñez con quien tuvo diez hijos. En el “Epistolario del Héroe”, durante la gloriosa campaña naval de la Guerra del Pacífico podemos apreciar que en los momentos más aciagos de la infausta guerra nunca dejó de pensar y de preocuparse por su familia.

Ahí están como permanente y claro testimonio las frecuentes cartas a su esposa escritas a bordo del glorioso “Monitor” a quien no se cansa de llamar “queridísima e idolatrada esposa”, “vida mía”, y decirle una y otra vez lo mucho que la quiere, recuerda y extraña y que siempre la tiene presente en su memoria y corazón. Antes de zarpar le escribirá desde el Huáscar: “No quiero salir a campaña sin antes hacerte por medio de esta carta varios encargos, principiando por el primero, que consiste en suplicarte me otorgues tu perdón por si creyeras que yo te hubiera ofendido intencionalmente”4; y días ante del Combate de Angamos, como presintiendo cercano su viaje a la inmortalidad, le escribirá a su amada esposa Dolores dos cartas consecutivas, una de fecha 27 de septiembre y la otra apenas tres días después el 30 de septiembre. En ellas le dirá de manera cariñosa, con la ternura de un enamorado: “Tú crees que no te extraño y que cuando te escribo es sólo el momento que me acuerdo de ti, lo que te prometo no es exacto, porque te tengo siempre presente en mi memoria y en mi corazón”5; “con un fuerte y cariñoso abrazo se despide tu constante esposo que te idolatra y recuerda a cada instante”.6 A su vez doña Dolores como esposa amorosa y responsable de su marido que es marino de guerra del Perú, supo darle en todo momento a nuestro Héroe el apoyo y la serenidad necesarias para que éste cumpliera a cabalidad con las responsabilidades y los sagrados deberes que la Patria le había confiado.

Por ello ha sido muy acertado que desde diciembre del año pasado, los restos de doña Dolores reposen junto a los de su amado Miguel en la Cripta Grau de la Escuela Naval.

Inseparablemente unido a su amor por su esposa está el amor del padre por sus hijos. A lo largo del epistolario del Héroe de Angamos son constantes las manifestaciones de su preocupación por sus hijos cuando le dice a su esposa: “Atiende con sumo esmero y tenaz vigilancia a la educación de nuestros hijos idolatrados”; “Cuídame a mis hijos y háblales siempre de su padre”; “Si ya has cobrado el mes de mayo cómprales a los muchachos unos vestiditos y camisas, para que vayan siempre aseados a la escuela”; “No dejes que los niños salgan solos a la calle y pocas veces a la puerta de la calle”; “Sería conveniente que dieras de cuando en cuando tus vueltas al colegio para que te informes del adelanto y conducta de los muchachos”; “A Enrique, después de saludarlo, dile que espero que se esté portando bien y estudiando con provecho para complacerme y estimulándome a que lo premie. A Óscar y Ricardo diles lo mismo y en general hazles a todos ellos mil cariños a nombre de su papá”.

El Gran Almirante del Perú y Peruano del Milenio, como admirable y modélico esposo y padre, nos testimonia el valor insustituible de la familia porque ella lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad. De ahí el deber del Estado de proteger y promover a la familia fundada en el matrimonio, que en el don recíproco y mutuo del hombre y la mujer crea un clima de amor único donde el hijo puede nacer y crecer sanamente.

El pasado 27 de julio se cumplieron los primeros cincuenta años de la “Casa Museo Gran Almirante Grau en Piura”, lugar donde nació nuestro Héroe hace 180 años. Por tanto concluyo estas palabras con las pronunciadas por don Germán Leguía y Martínez con ocasión de la inauguración de una placa recordatoria en dicha casa-santuario: “La América lo venera, el mundo lo admira, no hay corazón peruano que no se abra ante su nombre como un templo, y vierta ante su gloria el incienso de una gratitud y un orgullo tan legítimo como perdurable. ¡Bendita sea! ¡Bendita sea la tierra que lo vio nacer! ¡Bendito sea el rincón en que se meció su cuna venerada! Y esa tierra es Piura: regocijémonos. Y ese rincón está allí delante de nosotros: descubrámonos. Y, como nosotros nos descubrimos llenos de patriótica emoción, descúbrase el viajero que en esa lápida conmemorativa lea la sencilla inscripción trazada por la esplendente pluma de Ricardo Palma: ¡AQUÍ NACIÓ MIGUEL GRAU!”.7

San Miguel de Piura, 08 de octubre de 2014

 

 

1 Relación de “El Heraldo” de Valparaíso, 25 de Febrero de 1889.

2 Ver Jorge Basadre Grohmann, Efigie de Grau, inserta en la Historia de la República del Perú.

3 Epistolario del Héroe, Última Voluntad, p. 2-3.

4 Don Miguel Grau Seminario, Carta Última Voluntad; Monitor “Huáscar”, Callao, mayo 8 de 1879.

5 Don Miguel Grau Seminario, Carta desde el Monitor “Huáscar”, Arica, setiembre 27 de 1879.

6 Don Miguel Grau Seminario, Carta desde el Monitor “Huáscar”, Iquique, setiembre 30 de 1879.

7 Germán Leguía y Martínez, Inaugurando una placa en la Casa Grau. Piura; 28 de julio de 1906.

martes 21 octubre, 2014