HOMILÍA DEL SEÑOR ARZOBISPO DE PIURA CON OCASIÓN DEL 198° ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

Con emoción patriótica nos reunimos en esta Basílica Catedral de Piura para ofrecer el santo sacrificio de la Misa por la Patria con ocasión de celebrar el 198° aniversario de su Independencia. Lo hacemos siguiendo la tradición que instituyera el Generalísimo don José de San Martín quien después de proclamar la Independencia del Perú, solicitó al entonces Arzobispo de Lima, Monseñor Bartolomé de las Heras, que agradeciera a Dios el don de la libertad con la celebración de una Misa solemne a la cual siguió el canto del himno del Te Deum laudamus, “A ti, oh Dios, te alabamos”, himno que se entona sólo en ocasiones importantes para agradecer al Señor por sus grandes beneficios. La Misa se celebró el domingo 29 de julio de 1821 y así como hace 198 años, hoy nosotros seguimos esta tradición para implorar a Jesucristo, Señor de la Historia, que bendiga, proteja y abra la ruta a la gloria a nuestra amada Patria.

¿Por qué el Perú proclamó su Independencia?         

Al comenzar nuestras reflexiones creo que es lícito que nos hagamos una pregunta: ¿Por qué el Perú proclamó su Independencia? Bartolomé Herrera, en su célebre sermón del 28 de julio de 1846 sostiene que el Perú debía separarse de España porque era “un pueblo enteramente nuevo”.

No fueron tanto las batallas, ni la sumisión, ni lo político, lo que motivaron la emancipación. El Perú nació “cuando la vida se impuso”, cuando lo peruano surgió a partir de lo cotidiano, de la convivencia y de la fusión de costumbres, ideales, cultura, y recursos, es decir cuando dos culturas llegaron a formar una tercera que ya no era ni indígena, ni africana, ni hispana.   

Así lo afirma el maestro José Agustín de la Puente y Candamo, uno de los historiadores que más ha ahondado en el estudio de la Independencia del Perú, cuando asevera que “se ha vivido mucho la historia de lo político, de lo militar, de lo ideológico y se ha olvidado la historia de lo corriente. Yo siempre pienso que ese ha sido el meollo del nacimiento del Perú. Uno puede poner una serie de ejemplos: el encuentro del trigo con el maíz, el encuentro de la llama con la mula, el encuentro de las frutas europeas como la uva o la naranja con la papaya o la palta. Cómo ese encuentro de mundos distintos generó un tercer mundo. Evidentemente los españoles eran los que lo gobernaban pero en la vida cotidiana no mandaba nadie. Ahí apareció la influencia del mundo andino, español y negro, y nació una sociedad que no era ninguna de ellas, sino peruana. Yo creo que lo cotidiano explica bien el surgimiento del Perú”.[1]

El mestizaje: clave para entender al Perú

En una palabra, es el “mestizaje” el origen y la clave para entender al Perú y su proceso emancipador. Cuando los peruanos se perciben diferentes a lo puramente español surge el anhelo por la Independencia, la ilusión por una vida mejor, la afirmación de lo propio frente a lo extranjero, el deseo que el gobierno pase a las manos de quienes han nacido y viven en una misma tierra, la aspiración de que el Perú soberano dialogue con los demás pueblos del mundo, el afán por la fundación de un Estado independiente con una nueva organización política.

Es oportuno señalar que la lucha por la emancipación fue contra el dominio español y no contra los valores que aportó España al Nuevo Mundo los cuales se incorporaron al medio americano y se transformaron en categorías propias. No reconocerlo es caer en el simplismo de un indigenismo radical que no conduce a ningún lugar y menos al desarrollo integral que tanto anhelamos los peruanos de hoy. Víctor Andrés Belaunde decía que si bien es posible que en un país concreto exista una población con mayor ADN indígena, nadie, absolutamente nadie se escapa del mestizaje cultural y espiritual.  

Ahora bien, en este proceso de mestizaje, el cristianismo ha sido y es el factor de la unidad nacional. Nuestra Patria ha nacido al calor del anuncio del Evangelio, y a pesar de los problemas del presente, la fe cristiana y católica ha sellado el alma del Perú, constituyéndose en la matriz de nuestra cultura. Nuestro pueblo está marcado en lo más íntimo por la fe católica. Sólo un necio o alguien ideológicamente prejuzgado, puede negar el legado de la Iglesia en la formación de la Patria y su ética colectiva como lo afirma nuestra Constitución Política.[2]

Quienes niegan la realidad evidente de este mestizaje peruano, de esta “síntesis viviente”, afirman que el Perú es un mosaico de culturas o guetos incomunicados entre sí, conectados sólo por una relación de conflicto y opresión, y ello no es así. Como bien lo explica don José Agustín de la Puente y Candamo, “las peculiaridades de su historia (la del Perú), han creado ambientes con manifestaciones muy peculiares de cultura, como sucede con todas las naciones antiguas en la historia; mas, esas maneras diversas de vivir lo peruano, no indican que estén fuera del país, sino que viven lo nuestro de manera peculiar”.[3]

La familia: institución a promover, defender y fortalecer

La Patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio, es decir el conjunto de bienes materiales y espirituales, que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados. En el concepto mismo de Patria hay un engarce profundo entre el aspecto espiritual y el material, entre la cultura y la tierra. Ahora bien, es en el seno de la familia donde el patrimonio de la Patria llega a nosotros, despertándose en nuestro interior el respeto, la veneración y el amor por lo nuestro. Es en la familia donde se conservan y transmiten las tradiciones y valores que definen nuestra identidad nacional. Por ello, promover, defender y fortalecer a la familia y su unidad, es de las tareas más importantes para fortalecer al Perú de hoy y garantizar su futuro. No hay que olvidar además que la familia, fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, constituye el ámbito de formación integral de los futuros ciudadanos de un país.

Es en la familia donde se inculcan, desde los primeros años de vida, las virtudes humanas como la veracidad, la honradez, la responsabilidad, la generosidad, el servicio y la solidaridad.

A pesar ser una institución tan importante y decisiva, pues sin familia no hay futuro, a escasos dos años de celebrar el Bicentenario de la Independencia del Perú, ella está muy abandonada y viene sufriendo un impacto negativo sea por la acción o inacción de un Estado que no comprende su rol fundamental. Citemos algunas dolorosas realidades: Estamos entre los países latinoamericanos que en los últimos tiempos han tenido el mayor descenso en su tasa de natalidad. El Perú se está avejentando, como lo advertía el año pasado en esta misma ocasión, y si no hacemos algo en el año 2050 habrá más ancianos que niños. Igualmente la desestructuración familiar avanza y los índices de matrimonios caen dramáticamente optándose por uniones libres y la convivencia que no aportan estabilidad ni mayor compromiso. Además, se ha incrementado la violencia física y/o sexual contra la mujer y los niños por falta de familias bien constituidas, la desnutrición crónica y la anemia crecen alarmantemente junto con la mortalidad materno-infantil. Finalmente, somos en el continente de los países que menos invierte en políticas públicas familiares por PBI a pesar de que como hemos dicho la familia juega una misión de primer orden en la vida social.

A esto hay que añadir que son constantes las amenazas contra la vida, siendo la más reciente la sentencia del Primer Juzgado Especializado en lo Constitucional de Lima que ordena al Ministerio de Salud informar y distribuir en forma gratuita el abortivo anticonceptivo oral de emergencia o píldora del día siguiente ya que su tercer efecto impide la implantación del embrión en el vientre materno, como lo reconocen los mismos productores de la droga y la agencia de certificación estadounidense la FDA (Food and Drug  Administration), dejando en el desamparo al concebido en sus primeros días de vida, hecho que contraviene a la Constitución Política del Perú [4] y a la sentencia del 16 de octubre de 2009 del Tribunal Constitucional. Absurdo: No hay dinero para los medicamentos más básicos y necesarios para la salud de los peruanos, pero sí lo hay para adquirir un fármaco como la píldora del día siguiente que no cura sino que mata a los niños por nacer y hace un gran daño a la salud de las mujeres madres por sus efectos secundarios.

Nunca hay que olvidar que la vida humana es sagrada e inviolable desde la concepción hasta su fin natural con la muerte, y que por tanto custodiar el sagrado tesoro de toda vida humana rechazando el aborto y protegiendo al niño por nacer, es el mejor modo de prevenir cualquier forma de violencia y el camino más seguro para construir una genuina cultura de paz. De otro lado es oportuno señalar que a pesar de que muchos padres piensan que tienen derecho a tener un hijo a como dé lugar, moralmente ese derecho es inexistente, más bien es el niño el que sí tiene derecho a un padre y a una madre. Un hijo jamás puede ser un producto para satisfacer un anhelo emocional, ideológico o político.[5]

Si el porvenir de un país pasa por la familia, entonces debemos dialogar sobre su futuro en el Perú pero en base a su verdad natural y sobrenatural, con cifras y estadísticas reales, y no en base a presupuestos ideológicos. Sólo así estaremos sentando los cimientos para el futuro del Perú y de sus hijos, y con ellos la posibilidad de un país solidario, fraterno, justo, honesto, libre de corrupción y violencia, donde nadie sea excluido o discriminado, donde la dignidad tanto del varón y de la mujer sea respetada y ambos tengan igualdad de oportunidades.

El peligro de la ideología de género

De otro lado hoy constatamos en el Perú una cierta obsesión por la “perspectiva de género” y una ausencia absoluta de “perspectiva de familia”, que como hemos visto, es lo que realmente deberíamos atender e impulsar si queremos un Perú fuerte y próspero en el Bicentenario de nuestra Independencia.

Por ello debemos advertir la amenaza que hoy en día constituye la llamada “ideología de género”, o “enfoque de género”, o “teoría de género”, como se la quiera denominar. Su apariencia es de justicia pero en verdad es un sistema opresivo de naturaleza cultural que poco a poco va ganando terreno desnaturalizando la verdad de las cosas. Al pretender eliminar las diferencias naturales entre el varón y la mujer, constituye una amenaza para nuestra vida social y para nuestra cultura, ya que al ser un sistema totalitario, el “enfoque de género” invade todos los ámbitos de la vida en los que se desenvuelve el ser humano.

Esta ideología propone la búsqueda de la “liberación total” de la persona humana en todos los órdenes. Con la “ideología o enfoque de género”, el hombre moderno pretende librarse de su propia naturaleza, se considera un ser totalmente autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo. El ser humano decide qué es y quién quiere ser. Ya no es válido el dato de la ley natural y de lo que leemos en el relato de la Creación: “Varón y Mujer los creó (Gen 1, 27). [6] Sólo existiría la persona humana en abstracto que después elije para sí misma lo que quiera.

Ahora bien, si no existe la dualidad “varón y mujer” como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, igualmente los hijos pierden el lugar que les corresponde así como su particular dignidad, y ahí donde la libertad se convierte en libertinaje de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo, y la persona humana, que es criatura e imagen de Dios queda degradada en su ser y dignidad, porque sin el Creador la criatura desaparece. [7]

Aquellos que promueven el enfoque de género buscan hacerlo a través de la modificación del lenguaje y de las leyes, por medio de nuevos planes y políticas de educación, salud, y reproducción, etc., que vulneran los derechos de los padres de familia sobre sus menores hijos, es decir la “patria potestad”.  

Con la “ideología o enfoque de género”, se afecta seriamente nuestra idiosincrasia y cultura, es decir nuestra “peruanidad”, y el Perú corre el riesgo no sólo de perder su soberanía, ya que estas políticas vienen impuestas desde el exterior, sino el peligro mayor de disolverse.   

¿Cuál debe ser nuestra actitud? Rechazar los errores que están detrás de esta “ideología o enfoque de género” y afirmar lo nuestro. Con ello no estamos en contra de nadie, sino todo lo contrario, estamos a favor de los niños, de los jóvenes, de los hombres y de las mujeres (toda violencia contra ellas debe ser rechazada y condenada). Estamos a favor de los matrimonios y de las familias. Estamos a favor de una sociedad justa y tolerante. Estamos a favor de todas las personas, sin importar su origen, raza, edad, sexo y religión. Estamos a favor de la igualdad entre hombres y mujeres, respetando sus diferencias naturales que son complementarias y que se deben vivir en reciprocidad, condenando con firmeza y por igual cualquier actitud de machismo o feminismo radical. Igualmente nadie debe ser discriminado por su tendencia sexual, sino que debe ser acogido con respeto, compasión y delicadeza. [8]

Una mayor independencia del Perú necesita estar cimentada y proyectada en una identidad fuerte, que sea fuente de independencia espiritual, en inevitable relación con la tradición católica, fuertemente arraigada en nuestro pueblo y cultura, y a la vez, abierta a la universalidad, y libre de todo tipo de colonialismo, especialmente los ideológicos.

El Bicentenario, Piura y la reconstrucción

Finalmente me pregunto nuevamente: ¿Cómo estará Piura en el 2021? ¿La veremos reconstruida en lo moral y material? A veintiocho meses del Fenómeno del Niño Costero constatamos que es muy poco o casi nada lo que se ha avanzado en su reconstrucción. De parte del Gobierno Central hay muchas promesas incumplidas, constantes cambios en las reglas de juego, marchas y contramarchas en la ejecución de los proyectos, tardanzas en la aprobación de los expedientes técnicos, etc. Los piuranos debemos unirnos con firmeza y exigirle al Gobierno que cumpla con sus compromisos y que no siga jugando y burlándose de las esperanzas y anhelos de un pueblo que ya ha esperado demasiado y que lo ha hecho con mucha nobleza, gran capacidad de sacrificio y paciencia. ¡Los pobres y los damnificados ya han esperado demasiado! Ojala que el Gobierno Central ponga igual decisión y capacidad de gestión en la reconstrucción de Piura así como lo ha hecho con los Juegos Panamericanos y sobre todo confíe más en la capacidad de nuestros profesionales piuranos.  

Reitero mi invocación a la unidad de todos los piuranos, de las autoridades, profesionales, empresarios, dirigentes y el pueblo, para juntos reclamar al Gobierno Central que se atiendan nuestros justos pedidos. Para alcanzar esta unidad hay que saber solicitar ayuda y cooperación cuando ésta sea necesaria, ya que la combinación de política y soberbia es mortal. ¡Trabajemos unidos con más pasión por el bien común de Piura!

Queridos hermanos y hermanas: En esta celebración de nuestra Independencia, cercano el Bicentenario, pido a Dios, nuestro Padre y Señor, que bendiga a nuestra Patria y que bendiga a Piura. Que nuestra Madre Santísima, nuestra amada Mechita, nos bendiga, cuide y guíe en esta hora de nuestra Patria y de nuestra Región. Que frente a los desafíos, retos y dificultades, Ella nos fortalezca, nos renueve en la esperanza y en la satisfacción de ser peruanos y piuranos. Amén.  

San Miguel de Piura, 26 de julio de 2019
Memoria de San Joaquín y Santa Ana
 

[1] Blog de Marco Gamarra Galindo, Entrevista al Dr. José Agustín de la Puente y Candamo, 28-XII-2010.

[2] Ver Constitución Política del Perú, Art. 50.

[3] http://www.congreso.gob.pe/comisiones/2002/debate_constitucional/

aportes/aporte_jose_agustin_delapuente_candamo.htm.

[4] Ver Constitución Política del Perú, Art. 2 N° 1.

[5] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2378.

[6] Ver Varón y Mujer los creó, Congregación para la Educación Católica, 2-II-2019

[7] Ver S.S. Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana con motivo de la Navidad, 21-XII-2012.

Ver además Gaudium et spes, n. 36.   

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358.

viernes 26 julio, 2019