ORACIÓN PATRIÓTICA CON OCASIÓN DEL 192º ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

Satisfacción por ser peruanos

Como se viene haciendo desde la proclamación de la Independencia hace 192 años, hoy nos congregamos en la Casa del Señor para ofrecer el santo sacrificio de la Misa por nuestra amada Patria, renovando así nuestra fe y esperanza en el Perú, porque como bien sostiene el Doctor Jorge Basadre Ayulo, hijo de nuestro ilustre historiador de la República, recientemente fallecido y profesor universitario muy ligado a Piura: “El Perú no ha dejado de existir ni dejará de hacerlo. Está acostumbrado a afrontar grandes problemas y a solucionarlos. Cabe decir que este país es más grande que todos sus problemas momentáneos”. 1

Los peruanos tenemos muchos motivos para reafirmar en este nuevo aniversario patrio nuestra esperanza. Por ello a pesar de todo miramos con serenidad el futuro. Saber que el Señor Jesús nos acompaña desde los orígenes del Perú y permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos (ver Mt 28, 20), llena de alegría nuestro caminar y nos da la confianza necesaria para afrontar los retos y desafíos que tenemos por delante, seguros que detrás de ellos veremos un amanecer lleno de luz y de gloria para nuestro querido Perú.

Damos gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos ha llamado a la existencia y nos ha hecho peruanos ofreciéndonos la posibilidad de compartir solidariamente la Patria de todos, con su glorioso pasado inca y español, fundidos en ese proceso dinámico y enriquecedor que llamamos mestizaje el cual se llevó a cabo al calor del anuncio del Evangelio. El Perú es uno solo, es un solo país, aunque hay muchas formas de ser peruano. El Perú es verdaderamente una síntesis viviente de sus herencias indígenas e hispánicas: “Esta es la verdad que la historiografía confirma; lo repito una vez más, la historia ha creado nuestro país por el camino de la síntesis, difícil pero cierta”. 2

Alcanzar la “promesa de la vida peruana”

Este nuevo aniversario de la Independencia Nacional nos encuentra pasando por una serie de problemas y dificultades que claramente nos hablan que el simple crecimiento económico no es la panacea a todos nuestros problemas. Hoy con dolor constatamos que a pesar de los alentadores indicadores económicos hay una creciente falta de credibilidad en las personas e instituciones, hay ambiciones políticas desmedidas que se manifiestan en los apetitos partidarios por copar las instituciones tutelares del Estado, hay violencia en la ciudad y en el campo a la que se recurre con frecuencia para exigir reivindicaciones que aunque puedan ser justas muchas de ellas nunca deben hacerse por ésta vía anticristiana, contraria al Reino de Dios y deshumanizadora. De otro lado la corrupción crece y se generaliza, aumenta la inseguridad ciudadana, hay mentira y egoísmo en nuestras relaciones sociales.

Toda esta lamentable realidad es el resultado de la búsqueda del interés personal, de grupo o de partido cuando no se tiene en cuenta el bien integral de la sociedad peruana, cuando no se trabaja por el bien común. A ciento noventa y dos años de la Independencia nacional urge una Nación con valores, apremia comprender que sólo será posible vencer los problemas de hoy y así ofrecer un futuro digno a las generaciones jóvenes recuperando y viviendo los valores, como la verdad, la solidaridad y la legalidad, comprendiendo que el destino de cada uno de nosotros está ligado al de todos. Se hace necesario vencer el individualismo que oscurece la dimensión relacional del hombre y lo conduce a encerrarse en su pequeño mundo propio, a satisfacer ante todo sus propias necesidades y deseos, preocupándose poco de los demás, y redescubrir la relacionalidad como elemento constitutivo de la propia existencia. El hombre es un ser llamado a vivir en relación, tanto con los demás como con Dios, el único capaz de dar al hombre una acogida incondicional y un amor infinito. 3

¿Para qué se independizó el Perú el 28 de julio de 1821? ¿Para qué se fundó la República? Ciertamente para ser mejores, para llegar a ser una nación libre, soberana y próspera, para alcanzar lo que Jorge Basadre Grohmann denominaba “la promesa de la vida peruana”. Si bien ésta aún no se ha alcanzado tampoco se ha perdido irremediablemente, ni siquiera en la hora más sombría de nuestra historia en 1879.

Hoy a ocho años del bicentenario de nuestra Independencia el Perú debe ser para todos nosotros un proyecto de vida en común, una voluntad de vivir juntos para hacer cosas grandes, un propósito para forjar esa nación justa y reconciliada a la que todos los peruanos tenemos derecho y que en el fondo anhelamos, deseo que expresamos en estos días del mes de julio con la cordial y fraterna expresión heredada de nuestros padres y abuelos de ¡Feliz 28!

Por ello esta mañana formulo unas sencillas preguntas a manera de examen de conciencia para todos nosotros, gobernantes y gobernados: ¿Estamos contentos con nuestro País, con nuestra Región, con nuestra Ciudad? ¿Somos una nación libre, soberana, socialmente integrada, fraterna, solidaria y justa? ¿Qué estamos haciendo para crear un clima de diálogo y de unidad entre todos los peruanos en general y entre los piuranos en particular? ¿Cómo ser capaces de descubrir que el bien del Perú se logra uniéndonos y no enfrentándonos, deponiendo la mentira, las actitudes egoístas y las ambiciones desmedidas para así encontrar juntos el desarrollo integral y el bienestar de nuestro pueblo? ¿Nos esforzamos por vivir en la verdad mostrándonos veraces en nuestros propios actos y en decir la verdad en nuestras palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía?

Al respecto quiero recordarles a todos aquellos que trabajan en los medios de comunicación social que: “Por razón de su profesión en la prensa, sus responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de esforzarse por respetar con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites del juicio crítico sobre las personas. Deben evitar ceder a la difamación”.4 Los medios de comunicación social deben respetar la verdad en sus informaciones y emisiones.

En esta hora de la Patria convoco a todos los piuranos a un compromiso decidido por derrotar la “cultura del desencuentro” en la que nuestras pasiones, enemistades y conflictos nos enfrentan, nos deshermanan, nos aíslan, nos congelan en un individualismo estéril marcado por el egoísmo, la ambición y la codicia. Más bien desde nuestra fe cristiana unamos nuestras voluntades a fin de encontrar el camino de la concordia y de la comunión que nos lleve a la construcción de la anhelada civilización del amor entre nosotros. Para ello es necesario promover un humanismo cristiano que potencie las virtudes sociales del amor a la verdad, la práctica del perdón y de la reconciliación, la solidaridad y la generosidad, el servicio unido a un mayor esfuerzo de laboriosidad, honradez y justicia, el respeto a la vida desde la concepción hasta su fin natural y la apertura a la trascendencia, porque si se excluye a Dios, “la realidad se nos vuelve un enigma indescifrable, no hay camino, y al no haber camino, no hay vida ni verdad. Dios es la realidad fundante, pero no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano, el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz”5, el Señor Jesús.

En la promoción de estos valores, la familia, célula primaria y vital de la sociedad es insustituible y por ello merece del Estado y de sus autoridades toda su cooperación, defensa y promoción. Es indispensable promover políticas familiares auténticas que respondan a los derechos de la familia como sujeto social imprescindible. La familia forma parte del bien de nuestro pueblo peruano y de la humanidad.

El peligro del “matrimonio homosexual”

En relación a esto último, quiero llamar la atención de todos sobre un peligro que se cierne sobre nosotros y que puede dañar irremediablemente nuestra nuestro tejido social. Me refiero a la posible aprobación en el Perú del mal llamado “matrimonio homosexual”, eufemísticamente también denominado “matrimonio igualitario” o “matrimonio para todos” o “matrimonio gay”. En el Perú hay en estos momentos fuertes presiones de organismos internacionales altamente ideologizados, en alianza con minúsculos grupos locales de presión, para lograrlo. ¡No lo permitamos! Ciertamente no es el momento para un largo análisis de este delicado tema pero sí podemos y debemos decir que: “El matrimonio es una institución natural y una institución al servicio de la sociedad. El varón y la mujer que se casan constituyen una célula de la sociedad que tiene como fin irremplazable la comunicación de la vida, acompañada de la educación de los hijos.

Ahora bien, todas estas verdades no se pueden verificar en el caso de la unión de dos personas del mismo sexo. El «matrimonio homosexual o igualitario o para todos», va por tanto contra el orden natural, contra la razón y contra el sentido común. Niega la realidad histórica de la humanidad y niega el fundamento antropológico de las relaciones humanas”.6 La igualdad entendida como negación de toda diferencia, argumento que se invoca de continuo para la aprobación de esta falsificación del matrimonio, es algo que va contra la realidad. Asimismo se engañan aquellos que pretenden cancelar la verdad natural del matrimonio con una simple decisión personal o colectiva. El derecho positivo tiene necesariamente que contrastarse con la verdad. Si no lo hace se vuelve inmoral y opresor del hombre mismo.

El Papa Francisco ha sido muy claro al respecto. Cuando era Cardenal Arzobispo de Buenos Aires lo denunció con estas dramáticas y esclarecedoras palabras: “Aquí está en juego la identidad, y la supervivencia de la familia: papa, mamá e hijos. Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones. No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al Plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una ‘movida’ del padre de la mentira (del demonio) que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios”.7 Para el Papa Francisco, detrás de la promoción de este tipo de leyes en todo el mundo hay una “concepción imperial de la globalización”, la cual constituye el totalitarismo más peligroso de la postmodernidad.

Así como en la lucha contra el aborto y la eutanasia, la Iglesia también hace suya esta lucha por la defensa de la verdad natural del matrimonio. La Iglesia no puede no luchar por el hombre, como escribió Juan Pablo II en su primera encíclica: “En este camino que conduce de Cristo al hombre la Iglesia no puede ser detenida por nadie”8 ; y como ha enseñado Benedicto XVI: “Lo que la Iglesia ha reconocido como valores fundamentales, constitutivos y no negociables de la existencia humana, lo debe defender con la máxima claridad. Ha de hacer todo lo posible para crear una convicción que se pueda concretar después en acción política”.9

Al respecto señalo que el principio de laicidad que gobierna las actuales relación entre el Estado Peruano y la Iglesia Católica, no debe significar de por sí, una hostilidad a la realidad religiosa o una exclusión de la fe de la esfera social y de los deberes que la animan. Como enseña el Papa Francisco en su reciente encíclica Lumen Fidei, la fe no es sólo un camino personal, es también medio eficaz para edificar el mundo donde el hombre pueda convivir con los demás. La fe contribuye al bien común.10

Recientemente una encuesta a nivel nacional de la empresa IPSOS11, destaca que el 76% de los peruanos no votarían por un candidato presidencial que apoyara el matrimonio homosexual y que un 87% no votarían por un candidato a presidente del Perú que quiera aprobar el aborto. Las autoridades de los tres poderes del Estado no pueden ignorar por más tiempo esta realidad que nos habla que los peruanos somos mayoritariamente respetuosos de la vida y que rechazamos las iniciativas abortistas y aquellas que afectan al matrimonio y la familia.

Al defender la verdad natural del matrimonio no lo hacemos por homofobia, es decir por una razón de aversión, odio, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales como se quiere hacer creer. Más aún con el Catecismo de la Iglesia Católica afirmamos que hay que evitar todo signo de discriminación injusta y que debemos acogerlos con respeto, compasión y delicadeza.12 Simplemente lo hacemos para salvaguardar la realidad natural e institucional del matrimonio como fuente de la familia, sin la cual no puede haber una sociedad digna de la persona humana y de un Perú cohesionado y unido como todos queremos. Cuando la democracia cede a la tentación contemporánea de dialogar con el relativismo ético, el cual quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del conocimiento de la verdad, el tejido social se disuelve, se deshace, ya que si no existe una verdad última –la cual guía y orienta la acción política- entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto.13

Fe en el futuro del Perú

Ciertamente nos preocupa la situación actual del Perú. Sus problemas son ciertamente muy diferentes a los que tenía en el siglo XIX o en el siglo XX, pero como afirma Basadre, el Perú no sólo es problema es también posibilidad. En este nuevo aniversario patrio y cercano el bicentenario de la Independencia hagamos el firme compromiso de aprovechar al máximo nuestras posibilidades y de usar el máximo de nuestras capacidades para salir adelante como Nación y como Patria. ¡Basta ya de hacer que nuestra historia siga siendo una historia de oportunidades perdidas y de posibilidades desperdiciadas! Más bien que el Perú sea el país de las oportunidades aprovechadas y de las posibilidades logradas.

Aún cuando el camino que tengamos por delante sea largo, tengamos fe en el Perú, en su gente, en nosotros. Nuestra Patria es un país con enormes posibilidades de desarrollo y de progreso integral. Lo que necesitamos son planes de acción concretos sobre todo en educación y cultura y no sólo en economía. Prioritario es recuperar la autoestima nacional, vencer el pesimismo, no dejarnos derrotar ni amilanar por los desafíos, conocer la grandeza de nuestra historia y la herencia de nuestra fe católica, la vena más vigorosa y nutriente de nuestra peruanidad.

En la lucha por un Perú más justo y reconciliado que nos dejó como tarea y misión el Papa Juan Pablo II, próximo a ser elevado a los altares como santo, debemos poner desde nuestra fe cristiana todo nuestro esfuerzo, trabajo y sacrificio, especialmente los que ejercemos algún tipo de autoridad, concientes como nos enseña el Papa Francisco, que el verdadero poder es el servicio. Como advertía Basadre, “el mal no está en el Perú en sí…El mal verdadero, el peligro terrible se halla en cambio por el otro lado: en el empequeñecimiento espiritual”.14 Que el Perú deje de ser “una bella promesa no cumplida”, para dar paso a ser una “hermosa realidad desplegada”.

Para ello se hace imprescindible vivir más intensa y generosamente la solidaridad en sus más variados niveles: solidaridad económica, para que desaparezcan las diferencias sociales aún tan pronunciadas en nuestra Patria y así todos los peruanos puedan alcanzar su desarrollo integral; solidaridad en la verdad para que todos los peruanos busquemos sinceramente los auténticos valores que nos unan y nos enaltezcan; solidaridad como manifestación concreta de amor al prójimo, especialmente al peruano más pobre y débil sin importar dónde se encuentre, incluso en el vientre de su madre.

Finalmente también el aniversario de nuestra Independencia es ocasión propicia para dar un reconocimiento a nuestras Fuerzas Armadas y a nuestra Policía Nacional. Ellos son portadores de una historia y una herencia de luchas y sacrificios por la Patria. Nuestros militares, aviadores, marinos y policías, tienen una delicada e importante misión en la defensa de nuestra soberanía nacional y de nuestra seguridad interna. A ellos rendimos también hoy y siempre nuestro reconocimiento y nuestro homenaje.

A María Santísima, a quien hoy veneramos como Nuestra Señora de la Paz, Madre de todos los peruanos y a quien en Piura amamos filialmente en su advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, nuestra querida “Mechita” o “Mamita Meche”, le pedimos que proteja al Perú y a nuestra Región Piura, que nos ayude a servir a la causa del Evangelio y de la paz, para que así todos los gobernantes y gobernados aprendamos a vivir en la reconciliación, la cual surge de las exigencias de la justicia y del respecto de los derechos de todo hombre.

¡Feliz 28 para todos!

San Miguel de Piura, 28 de julio de 2013

Fiesta de Nuestra Señora de la Paz

 

 

1 Jorge Basadre Ayulo, Revista Amigos, N° 48.

2 José Agustín de la Puente y Candamo, Reflexiones sobre la Identidad

Nacional, Revista Persona y Cultura Nº 4, Universidad Católica San Pablo. Arequipa- Perú. Pág. 46.

3Ver S.S. Benedicto XVI, Discurso a las autoridades del Ayuntamiento y la provincia de Roma, y de la región Lazio, 12-I-2012.

4 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2497.

5 S.S. Benedicto XVI, Discurso Inaugural en Aparecida, n. 3.

6 S.E.R. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Conferencia ¿Por qué promover y defender a la Familia hoy, Pág. 9.

7 Jorge Mario Card. Bergoglio, Carta a las religiosas carmelitas de Buenos Aires, 08-VII-2010

8 S.S. Juan Pablo II, Encíclica Redemptor Hominis, n. 13.

9 S.S. Benedicto XVI, Discurso por Navidad a la Curia Romana, 21-XII-2012.

10 Ver S.S. Francisco, Encíclica Lumen Fidei, nn. 50-51.

11 Ver Encuesta IPSOS – Perú 17-19 de Julio; El Comercio, edición domingo 21 de julio de 2013.

12 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358.

13 Ver S.S. Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, n. 101.

14 Jorge Basadre Grohmann, Meditaciones sobre el destino histórico del Perú, pág. 102.

martes 13 agosto, 2013