MISA POR LA FUERZA AÉREA DEL PERÚ 2009

LXVIII ANIVERSARIO DE LA INMOLACIÓN DEL
CAP. FAP JOSÉ ABELARDO QUIÑONES GONZÁLES

Señora Gobernadora de Piura, Maritza Landa de Taboada.

Señor Regidor Ciro Feria, representante de la Municipalidad Provincial de Piura.

Señor Alcalde de Castilla, Ricardo Wacheng Morales.

Señor General de División Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.

Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Raúl Hoyos de Vinatea, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.

Señor Contralmirante Armada Peruana, Carlos Salazar Muro, Comandante General de la Primera Zona Naval.

Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Walter Rivera Alva, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Agusto Vallenas Meza, Jefe del Estado Mayor de la Región Militar del Norte.

Señor General de Brigada Ejército Peruano, Jorge Luis Chávez Tresta, Inspector General de la Región Militar del Norte.

Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.

Señoras y Señores.

Nos hemos reunido esta mañana, en primer lugar para celebrar el domingo, el Día del Señor. El domingo es la celebración semanal de la Pascua de Jesús, de Su Santa Resurrección. Cada domingo celebramos la buena noticia que Cristo ha vencido al pecado y a la muerte y nos ha dado la salvación. Cada domingo es ocasión para encontrarnos con el Señor Resucitado en la celebración de la Eucaristía y nutrirnos de su vida inmortal en la santa comunión.

Asimismo nos hemos reunido esta mañana en la Basílica Catedral de Piura, para rendir sentido homenaje al Capitán FAP don José Abelardo Quiñones Gonzáles, Héroe Nacional y Gran General del Aire del Perú, con ocasión de celebrarse el próximo jueves 23 de julio, el sexagésimo octavo aniversario de su sacrificio por nuestra Patria.

Con ocasión de esta trascendental fecha en la historia del Perú, celebramos también el Día de la Aviación Militar en nuestro país. Por ello nuestra gratitud a nuestra insigne Fuerza Aérea, institución decisiva para la defensa de la soberanía nacional y para el desarrollo del Perú. Nuestro sentido homenaje hoy a nuestros aviadores que visten el uniforme de la Patria, con el clásico color azul del cielo que surcan en sus aeronaves.

La efemérides que estamos por celebrar el próximo jueves 23, nos lleva a meditar en la persona de uno de nuestros héroes máximos, el Capitán FAP, don José Abelardo Quiñones Gonzáles. Un peruano de excepcionales capacidades especialmente para el vuelo, para ser piloto de caza y para el paracaidismo.

El 23 de julio de 1941 durante el conflicto con el Ecuador toma parte en la Batalla de Zarumilla para ayudar en la tarea de recuperar nuestra frontera.

Pocos minutos después de la partida la escuadrilla de la cual formaba parte estaba sobre el objetivo de Quebrada Seca. Cuando el avión piloteado por Quiñones efectúa su descenso, es alcanzado por el fuego de las baterías antiaéreas. Las llamas envuelven su avión y Quiñones lejos de utilizar el paracaídas, en cuyo manejo era muy experimentado, conduce su avión North American NA-50, hacia las baterías norteñas y las destruye totalmente. El oficial que un día había jurado defender a la Patria con su vida cumplió con su promesa y con su misión.

Quiñones entrega su vida por el Perú a los 27 años de edad. ¿Por qué? ¿Por qué un joven de grandes cualidades personales y con un brillante futuro decide sacrificar su vida por el Perú en vez de salvarla sin temerle a la muerte? Quiñones, como nuestros demás héroes, nos enseña a poner al Perú primero. Dice una máxima, que los héroes inspiran con el ejemplo de su sacrificio, con el coraje de sus actos y por el amor a su Patria. Que el sacrificio de Quiñones nos inspire a amar más al Perú, a superar las pugnas y luchas, ya que todos los peruanos, con o sin uniforme, estamos llamados a realizar, unidos en un esfuerzo generoso, una sociedad en la que el reconocimiento, la estima y la defensa de lo propio no vayan en perjuicio del bien común.

Quiñones, con su entrega hasta dar la vida por el Perú, nos enseña que la Patria es un bien común de todos los ciudadanos, y como tal, un deber, una responsabilidad de todos sin excepción. Por la Patria, Quiñones sacrificó voluntariamente su vida. También nosotros por el Perú, siguiendo su ejemplo, debemos estar dispuestos, a tener una actitud semejante recordando que después de Dios, nuestra obligación primera es con nuestro país, y por él debemos estar dispuestos a sacrificar el interés privado y de grupo, así como el individualismo egoísta que tanto daño hacen a nuestra convivencia social.

A nuestros aviadores militares que celebran su día recordando la memoria y el ejemplo del Quiñones quisiera decirles que sean hombres de profunda fe cristiana y que reconozcan que necesitan de Dios para la realización de su vocación y misión.

En la antigüedad era muy claro que para ser soldado, era fundamental tener a Dios en el corazón. De esta manera los actos de defensa de la Patria se transformaban en actos de amor, de virtud, de bien. El hombre de armas busca el bien y sabe que para buscarlo necesita de Dios. Mi deseo que tengan a Dios muy vivo en sus corazones, a Dios que se nos ha revelado plenamente en su Hijo único, nuestro Señor Jesucristo.

Para ello, no descuiden su vida espiritual, su vida de oración, su confesión frecuente, su Misa Dominical con su comunión eucarística, y su rezo diario del Santo Rosario, ya que el azul de sus uniformes hace también referencia a su condición de hijos de Santa María, a quien ustedes aman filialmente consagrándole diariamente sus vidas en la hermosa advocación de “Nuestra Señora de Loreto”.

Cuando mejores cristianos sean, mejores aviadores serán. La vida cristiana potencia las virtudes humanas tan necesarias para la vida castrense como la pasión por el ideal, la rectitud de obrar, la honorabilidad, la disciplina, la entrega radical por lo que amamos, el servicio desinteresado por la Patria buscando en todo momento el bien común, el sacrificio, la mortificación, el compañerismo, entre otras más.

El Evangelio de hoy (ver Mc 6, 30-34) nos presenta al Señor Jesús que quiere descansar un poco con sus apóstoles. El Señor quiere irse a un lugar tranquilo para estar con los suyos. Pero las gentes no lo dejan y apenas se dan cuenta que Jesús se va con sus discípulos lo siguen y se le adelantan. Cuando el Señor desembarca ve una gran multitud que le espera y siente una profunda compasión por ellos porque “andaban como ovejas sin pastor”.

El pasaje evangélico de hoy nos deja algunas buenas enseñanzas para nuestra vida, especialmente para ustedes aviadores militares. En primer lugar a tener en todo momento un corazón sensible a las necesidades de los demás, un corazón compasivo que asuma el dolor del otro como propio. El Señor Jesús nos enseña a todos los que tenemos alguna responsabilidad en la vida social, sea ésta política, castrense, religiosa, profesional, u otra, a servir a los demás con preocupación real, y entre todos a servir con predilección a los más pobres, a los niños y jóvenes, a los enfermos y ancianos, a los débiles y necesitados de nuestra Patria, quienes siempre deben estar en el primer lugar de nuestra preocupación.

En segundo lugar el Evangelio de hoy nos dice que las “gentes andaban como ovejas sin pastor”, es decir sin que nadie les enseñara y guiara en el camino de la vida, hambrientas por conocer la verdad y la senda que conduce al bien y a la felicidad tanto personal como social.

Los que tenemos alguna responsabilidad en la sociedad, y entre ellos están los que visten el uniforme de la Patria, estamos llamados a ser pastores, guías y modelos para los demás. Para ello es fundamental que seamos hombres virtuosos, personas morales, ejemplares e intachables, para que seamos guías auténticos para los demás y factores vivos de ética social que con nuestras vidas y nuestras palabras estimulemos a los demás a ser hombres de bien que trabajen con ilusión por un Perú mejor, por un Perú que sea la casa de todos sin excepción.

En tercer lugar, nuestra vocación es una vocación de servicio que siempre va a exigirnos sacrificios, es decir dejar de lado lo nuestro para poner al Perú y a los peruanos antes que a nosotros, como el Señor Jesús que quería descansar con sus apóstoles pero tuvo que posponer sus planes ante las necesidades de los demás.

“Se puso a enseñarles con calma”, nos dice el Evangelio, es decir se puso a servirlos con amor. Sabemos bien que la caridad se hace realidad concreta en el servicio. La vocación de un aviador militar es servicio continuo. Un servicio muchas veces lleno de sacrificios y realizado en medio de grandes limitaciones. En esos sacrificios los acompañan siempre sus familias, por eso también nuestro reconocimiento esta mañana a sus esposas e hijos y mi deseo que refuercen mucho la unidad familiar que será para todos ustedes fuente de fortaleza en el cumplimiento de su misión.

Finalmente la última enseñanza que podemos sacar del Evangelio de hoy es la necesidad que tenemos del descanso en la vida. Pero no me refiero tanto al descanso del cuerpo. Hoy en día no es el reposo del cuerpo el que nos falta.

El verdadero descanso que necesitamos es el descanso del espíritu, y este sólo se encuentra en el Señor. Por eso el verdadero descanso exige la amistad con Jesús. La multitud que buscó a Cristo y no lo dejó marchar con sus apóstoles comenzó a experimentar en el encuentro con el Señor el verdadero descanso, la paz y el sosiego en medio de tantas tensiones, necesidades, angustias y problemas de cada día. Al escucharle hablar comenzaron a experimentar el gozo de la verdad que da la paz y el descanso al corazón. Jesús había dicho: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados, que yo les daré descanso” (Mt 11, 29).

Hoy todo es ajetreo, ansiedad y activismo. La actividad exterior pierde eficacia si no parte de una íntima y profunda comunión con Cristo. El mundo, con su activismo frenético, a menudo pierde la orientación. Su actividad y sus capacidades resultan destructivas si fallan las fuerzas de la oración, de las que brotan las aguas de la vida capaces de fecundar la tierra árida.

Por la vida espiritual, también cada uno de nosotros es invitado por Cristo a “descansar un poco”, a tener el verdadero descanso que nos permite ver bien nuestra vida, a tomar conciencia de las responsabilidades que se nos han encomendado y sobre todo a tener la sabiduría para tomar las decisiones correctas y acertadas en beneficio de los que dependen de nosotros.

Mi deseo para ustedes aviadores militares y para todos los presentes, a que no descuidemos la Santa Misa Dominical y la vida de oración. Cuantas más altas son nuestras responsabilidades más debe ser el esfuerzo que pongamos por nuestra vida de oración y de encuentro con el Señor Jesús.

No quiero terminar estas palabras sin hacer un llamado a todos a la oración que siempre tiene que ser el primero y no el último de los recursos del cristiano. Me refiero en concreto a que recemos con confianza pero con insistencia al Señor Jesús, por medio de Santa María, para que nos libre de las enfermedades que hoy nos afligen en el Perú. Ciertamente hay que tomar todas las medidas y precauciones que la prudencia y la ciencia nos indican pero junto con ellas hay que rezar. El esfuerzo humano siempre tiene que ir presidido, sustentado y reforzado en todo momento por la oración, y me temo que ante las enfermedades que nos vienen asolando últimamente hemos rezado muy poco hasta el momento.

De otro lado que la adecuada y mesurada preocupación por el avance de la gripe AH1N1 no nos haga olvidar la prueba y el sufrimiento que vienen atravesando poblaciones enteras de hermanos peruanos por razón del frío intenso que esta habiendo en estos días en el sur andino. Son muchos más los muertos por razón de la neumonía y miles las atenciones médicas por infecciones respiratorias agudas que hay en Puno, en el sur del Perú y también en nuestra sierra piurana. Recemos con confianza al Señor que curaba a los enfermos y pasaba por el mundo librando a los oprimidos por el mal, para que con su poder detenga el avance de todas estas enfermedades entre nosotros.

Quiero culminar estas sencillas palabras encomendando a nuestros aviadores militares con una sencilla oración para que su actividad, trabajo y valentía estén siempre al servicio del bien del Perú:

“Señor Jesús, tú que caminas sobre las alas del viento y cuya gloria narran los cielos, te bendecimos y glorificamos en todas tus obras, porque en tu sabiduría infinita has encomendado al hombre la tarea de realizar cosas hermosas y grandes.

Escucha la oración que te dirigimos por intercesión de Santa María, la Virgen de Loreto, por nuestros aviadores militares. Que al surcar los cielos, sus aviones propaguen en el espacio lejano la alabanza de tu nombre y contribuyan a la seguridad y desarrollo de nuestra Patria.

Bendice a nuestros aviadores militares y a todos los miembros de nuestra Fuerza Aérea para que sen valientes ante el peligro, serenos y prontos en su respuesta ante lo inesperado y generosos e intachables en el cumplimiento de sus deberes.

María, Nuestra Señora de Loreto, cúbrelos con tu manto maternal protégelos de todo peligro y colma sus vidas y las de sus familias de alegría y paz.

Que así sea. Amén"

San Miguel de Piura, 19 de julio de 2009
XVI Domingo del Tiempo Ordinario

domingo 19 julio, 2009