JORNADA POR EL DÍA DEL NIÑO POR NACER 2011 – HOMILÍA DEL SEÑOR ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA

Nos hemos reunido esta tarde en esta Santa Misa, para dar inicio a las celebraciones por el Día del Niño por Nacer, jornada instituida hace diez años en el Perú gracias a la Ley 27654. Quiero agradecer la presencia de todos ustedes, de las autoridades civiles y militares, de los representantes de las diversas instituciones de Piura, a los sacerdotes concelebrantes, a las religiosas y religiosos, a las delegaciones de parroquias, colegios, movimientos eclesiales, hermandades, a los fieles cristianos, a los medios de comunicación social y a los piuranos y piuranas de buena voluntad presentes. De manera multitudinaria hoy proclamamos: “Piura defiende la Vida”.

Nuestra presencia esta tarde es para ser la voz de los que no tienen voz, pero sí derecho a la vida desde su concepción. Ellos son los concebidos no nacidos, los más pequeños miembros de la sociedad peruana. Es bueno recordar que todos nosotros fuimos un día embriones, es decir niños por nacer.

El don de la Vida Humana

Todos somos responsables de aquel a quien la ciencia nos revela con asombro como niño desde el primer instante de su existencia en la concepción. En primer lugar es responsable de él la mujer que lo lleva en su seno, su madre; luego los más cercanos a ella, su padre y su familia; y en última, pero en no menos importante instancia, las autoridades y la sociedad en su conjunto.

La ciencia confirma lo que nos dice el sentido común: que niño es tanto el que nace como aquel que está por nacer; que el embrión que lleva una mujer en su vientre tiene un rostro humano.

Por ello la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales esta el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 2270).

No considerar al Niño por Nacer como parte de la realidad en que vivimos, no considerarlo en la toma de nuestras decisiones, tanto personales como políticas, no sólo es ir contra la verdad científica sino que es sobre todo atentar contra los derechos humanos y contra el auténtico desarrollo que todos anhelamos, entendido éste como desarrollo integral, es decir material y espiritual. Para que haya auténtico desarrollo se requiere de manera ineludible la defensa de los derechos inalienables de la persona humana y de manera especial el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

En esta tarea por lograr el desarrollo integral actúan unidas la sociedad en su conjunto y la Iglesia. Por ello la Iglesia NO callará cuando se trate de defender la vida de los concebidos no nacidos.

Ella no se dejará atemorizar por minúsculos grupos ideologizados de presión que quieren confinar a la Iglesia a la sacristía de la vida; que quieren callarla, negándole el derecho que le asiste, por ser experta en humanidad, de defender la verdad y la dignidad de la persona humana. Nunca está demás repetir: el hombre es el camino de la Iglesia, y la familia y la defensa de la vida humana es la expresión primordial de ese camino.

Hermanos: el derecho a la vida debe ser reconocido y respetado siempre, tanto por la sociedad como por la autoridad política. El derecho a la vida no está subordinado ni a los individuos ni a los padres, y tampoco es una concesión de la sociedad o del Estado; pertenece a la naturaleza humana y es inherente a la persona en virtud del acto creador que la ha originado (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 2273).

Es de mentes ignorantes y contrarias a la verdad afirmar que al Niño por Nacer “no se le puede considerar humano “; o que es de “menor valor que la madre” o que “la madre puede decidir si lo acoge en su cuerpo o no, si lo da a luz o no”.

La Vida por Nacer es fuente de derecho

La concepción del Niño por Nacer es fuente de derecho y nos traza límites que no podemos trapazar, porque existe lo que es justo por naturaleza y esto antecede a toda legislación positiva dictada por los hombres.

Por eso una ley que apruebe el Aborto provocado en nuestro país no sería nunca un derecho sino sería una injusticia. No existe derecho a matar. Sólo existe el derecho a vivir. El Aborto no resuelve nada. Pidamos al Señor de la Vida que el Aborto nunca sea aprobado en el Perú.

Hermanos: la paz que anhelamos se construye desde el vientre materno. No podemos ser hipócritas o por lo menos incoherentes: por un lado protestamos por la ola de violencia y asesinatos que hay en nuestra sociedad, o imploramos para que no vuelvan los años oscuros y dolorosos del terrorismo asesino y demencial, y por el otro lado algunos impulsan y promueven el crimen abominable del Aborto. ¡La cultura de la Paz es una sola y comienza desde el vientre materno!

Recordemos lo que la Beata Madre Teresa de Calcuta solía decir: “El más grande destructor de la paz es el Aborto porque si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué nos queda a nosotros, matarte a ti y tú matarme a mí? No nos queda más que eso”.

Asimismo el venerable Papa Juan Pablo II, próximo a ser beatificado, solía decir constantemente: “No puede haber auténtica paz sin respeto de la vida, especialmente si es inocente e indefensa, como es la de los niños que todavía no han nacido”.

Y esto es verdad queridos hermanos, porque el Aborto abre el camino a otras aberraciones de muerte como son el desprecio de los ancianos y los discapacitados con la eutanasia o la manipulación genética.

Por ello los invito a todos a comprometerse en la construcción de una cultura de la vida, que comienza por escuchar la voz de todo niño peruano y piurano que está en espera por nacer y que nos grita: “Mi vida está en tus manos”.

La Vida humana es siempre un bien

Hemos escuchado en el Evangelio, el pasaje de la Transfiguración del Señor, el cual pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo que anticipa la resurrección y que además anuncia la divinización del hombre. A la luz de este Evangelio de hoy quiero decirles que la Vida Humana es siempre un bien, porque en cada ser humano, en cualquier fase o condición de su vida, resplandece siempre un reflejo de la misma realidad de Dios.

En cada uno de nosotros desde nuestra concepción está la huella imborrable de la propia imagen y semejanza divina, por ello la persona humana es digna de ser amada en sí misma, independientemente de cualquier otra consideración: inteligencia, belleza, salud, juventud, integridad, etc. La vida no pertenece al hombre. Le sobrepasa porque ha sido recibida de Dios. Es sagrada. Ningún hombre puede disponer de ella a su antojo.

De cara a las elecciones

Lamentablemente hemos visto en estos días cómo la campaña electoral a tres escasas semanas de las elecciones, se ha llenado de insultos y agravios de un lado al otro. Como nunca antes los candidatos utilizan palabras vulgares, expresiones de doble sentido para agredirse.

El elector que somos cada uno de nosotros se merece más respeto por parte de los que pretenden gobernarnos, sea desde palacio de gobierno o desde el congreso. Pero sobre todo los electores se merecen que se les presenten claramente los planes de gobierno, y parte importante de ello es que nos digan claramente nuestros candidatos qué piensan sobre el tema del Aborto, de la familia, de la droga.

Los peruanos no podemos ir a las urnas el próximo 10 de abril adivinando, más aún cuando abrumadoramente no estamos de acuerdo con la despenalización y legalización del Aborto, con el mal llamado “matrimonio homosexual” y con la legalización de la comercialización y consumo de la droga.

Quiero recodarle a los fieles católicos presentes: no podemos votar por aquellos candidatos que están a favor del Aborto, sean del partido que fueren y para el cargo que postulan: para presidente de la República o para congresistas de la Nación.

Yo desde aquí les pido a los candidatos claridad; un lenguaje que sea sí o no sobre estos temas; y sobre todo los invoco a hacer de la defensa de la vida por nacer, de la familia y del matrimonio, entendido éste en la única forma como puede ser entendido, como un consorcio de amor para siempre entre un hombre y una mujer abierto a la vida, parte fundamental de su acción política. Sólo así afianzaremos los pasos del Perú y de nuestra querida Región Piurana por los caminos auténticos del bien común, del desarrollo y de la justicia.

Hoy en que celebramos a San José, esposo de la Virgen María, custodio del Redentor, llamado a proteger al Verbo encarnado en el vientre virginal de su esposa Santa María, le confiamos en este momento a su custodia, a todos los niños por nacer.

San José fue testigo junto con María, del asesinato de los santos mártires inocentes. El tuvo que desplegar toda su inteligencia y fortaleza para proteger al Niño Jesús de Herodes, quien por envidia quería matarlo, porque “amenazaba” su poder. A él, a su cuidado e intercesión, encomendamos a todos los Niños por Nacer para que los proteja de los “nuevos herodes” que hoy existen.

Finalmente, también hoy en nuestra oración encomendemos a las víctimas y damnificados por el reciente devastador sismo y tsunami en el Japón. Que nuestra oración sea signo de nuestra solidaridad con el hermano y noble pueblo japonés con quien nos une lazos de historia y de cultura. Que el Señor los ayude a superar los momentos dramáticos que viven.

San Miguel de Piura, 19 de marzo de 2011
Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María

  

sábado 26 marzo, 2011