HOMILÍA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCEDES – SANTA MISA CON LAS FUERZAS ARMADAS 2012

“La Mechita” unida entrañablemente a nosotros

Hoy 24 de septiembre, rendimos homenaje de amor filial a “Nuestra Señora de las Mercedes”, nuestra querida “Mechita”, quien con amor de Madre nos cuida desde el primer anuncio de Cristo en nuestras tierras desde hace 480 años. Su presencia maternal en su Santuario de Paita, unida entrañablemente a la fe cristiana de nuestro pueblo, ha sido desde siempre guía de nuestro camino de fe, aliento en nuestros trabajos y estímulo frente a nuestros desafíos pastorales y sociales.

Con alegría y gratitud reconocemos a través de los siglos todas las muestras de su amor maternal, su constante auxilio, compasión y defensa para con los moradores de estas tierras del Norte del Perú. Profundamente agradecidos, acogemos el don inmenso de su maternidad, su ternura y protección, y aspiramos a amarla del mismo modo como la ama su Divino Hijo el Señor Jesús, es decir con los sentimientos más puros y nobles de su Sagrado Corazón, hasta poder exclamar: “la amo yo pero no yo, es Cristo quien la ama en mí” .

Hoy en el día de su fiesta y ante su imagen bendita venimos a ponernos bajo su manto maternal para renovarle la entrega de nuestras vidas, porque sabemos que con gran amor de Madre, Ella siempre cuida a quienes la invocan de corazón, y que no hay camino más seguro y pleno para ir a Cristo que aquel que pasa por su Inmaculado y Doloroso Corazón.

 

Madre y Patrona de nuestras Fuerzas Armadas

Pero de manera especialísima hoy queremos poner bajo su protección a nuestras Fuerzas Armadas quienes tienen a Nuestra Señora de las Mercedes, como su Madre y Patrona. Desde su Comandante Supremo, el Señor Presidente Constitucional de la República, sus Comandantes Generales, Oficiales Superiores y Subalternos, Suboficiales y Técnicos, hasta el último soldado, marino y aviador que sirve a la Patria.

Virgen de las Mercedes, Patrona de los Campos del Perú y de las Armas de la República, Gran Mariscala de nuestra Patria y Patrona de las Fuerzas Armadas, son tus hijos, cuídalos y protégelos de todo mal. Por eso hoy delante de tu imagen bendita ellos hacen suya la oración que en 1921 te dirigiera el gran Mariscal del Perú, don Andrés Avelino Cáceres Dorregaray: “Madre de nuestro Ejército: humilde a tus plantas como acostumbré en mi juventud de soldado, hoy el anciano Mariscal te repite el ruego de toda su vida: que la fe en las mercedes que otorgas cual guía luminosa abra al Perú la ruta de la gloria”

Madre Santísima, cúbrelos con tu manto maternal, bendice a sus familias y sobre todo ayúdales en su misión para que sean siempre y en todo momento los dignos herederos de la gloria del Héroe de Arica y Patrono de nuestro Ejército, el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes; del Gran Almirante del Perú y Peruano del Milenio, Don Miguel María Grau Seminario; y del Héroe Nacional y Gran General del Aire, el Capitán José Abelardo Quiñones Gonzáles; y de esta manera siempre honren el uniforme verde, blanco o azul que visten, realizando en sus vidas los sublimes ideales de “Deber, Honor y Patria”.

   

 Deber, Honor y Patria

Sí, “Deber, Honor y Patria”. Estas tres palabras sagradas que marcan el horizonte de vida y dan sustento, a todo lo que un militar, marino y aviador está llamado a ser y debe llegar a ser: persona de coraje y valor, de veracidad y honestidad, de disciplina y compañerismo, de sacrificio y entrega, que nunca busca el interés personal sino el de la Patria a la que ama y sirva con la entrega generosa de su vida. No faltarán las voces de los mediocres, de los demagogos, cínicos e hipócritas de turno, quienes dirán que estas palabras que constituyen el ideal militar (“Deber, Honor y Patria”) no son más que un slogan vacío o una frase rimbombante. No les hagamos caso. Son las voces de la mediocridad, que suelen condenar todo aquello que les supera, que no saben reconocer la grandeza cuando la tienen al frente, que no conocen de ideales nobles y exigentes, y que por su cortedad de mente y estrechez de corazón, no comprenden que la medida de la grandeza de la propia vida depende de la medida de la causa a la cual uno consagra la vida.

Nuestro homenaje esta mañana a los peruanos de uniforme, quienes con su sacrificio y entrega diaria, contribuyen al engrandecimiento del Perú, sirviendo en los lugares más inhóspitos del país, cumpliendo con la misión de resguardar la soberanía e integridad territorial, y hoy en día, junto con nuestra Policía Nacional, lograr la pacificación del Perú. Nuestro pedido para que el Gobierno equipe adecuadamente a nuestras Fuerzas Armadas para que éstas recuperen en el más breve plazo su capacidad defensiva y disuasiva.

Igualmente nuestro llamado, en esta hora de nuestra historia a que los miembros de nuestras Fuerzas Armadas sean íntegros, intachables, incorruptibles, e irreprochables en su conducta, a que defiendan al Perú y a sus intereses vitales, a que sean fieles defensores de todos los peruanos, de sus derechos fundamentales y guardianes de la Peruanidad, como lo fue el suboficial EP Johny Amador Huatarongo Huamán, última víctima del narcoterrorismo en el VRAEM, quien antes de morir había escrito: “Cada uno de nosotros tenemos una misión muy importante en nuestras vidas y lo más importante es llevar siempre en nuestros corazones a Dios”. Ejemplos como el suyo enaltecen a nuestras Fuerzas Armadas y son fuente de inspiración para sus compañeros. Asimismo nos dan la esperanza que nos asegura que en la batalla contra el terrorismo, el Perú, con la ayuda de Dios, vencerá. Siguiendo el ejemplo del Suboficial EP Huatarongo, quien afirmaba con fe que lo más importante es llevar siempre en nuestros corazones a Dios, les pido hoy queridos militares, marinos y aviadores, que hagan del Señor Jesús el modelo de sus vidas y del Evangelio la norma de su conducta.

Las virtudes humanas exigidas por vuestra vocación militar, como son entre otras, el valor, la obediencia, la abnegación, la disciplina, el compañerismo, la honestidad, se encuentran más garantizadas y ennoblecidas cuando la fe, el sentido cristiano del sacrificio y de la fraternidad las ilumina e impregna.

 

¡Nunca más al terrorismo!

El pasado 12 de septiembre, se cumplieron 20 años de la captura del mayor genocida en la historia del Perú: Abimael Guzmán Reinoso, alias “Gonzalo”, líder de la banda criminal llamada absurdamente “Sendero Luminoso”. En los medios de comunicación social se ha destacado de diversas maneras este aniversario pero nada se ha dicho que su captura, junto con su banda de asesinos, se produjo en el día en que la Iglesia celebra la fiesta del Santísimo Nombre de María, y que aquel 12 de septiembre de 1992 se cumplía el primer aniversario de la campaña lanzada en aquel entonces por los Obispos del Perú denominada “La Paz del Perú bien vale un Rosario”, campaña ideada e impulsada por quien fuera Monseñor Ricardo Durand Flores, Arzobispo – Obispo del Callao. Son dos hechos que nos demuestran que unidos a Santa María, Madre de todas las Mercedes como la llamaba el Mariscal Cáceres, somos capaces de vencer al mal y abrir al Perú el camino a la gloria. Quien observe la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes verá que Ella sostiene en su mano izquierda unas esposas o grilletes, símbolo que Santa María nos alcanza de su Hijo, el Señor Jesús, la verdadera liberación del pecado, fuente del mal en todas sus formas, y la capacidad para amar y obrar el bien y así poder edificar la ansiada “Civilización del Amor”.

De otro lado quien observe la imagen de “La Mechita” que veneramos en Paita, verá que en su cuello Ella tiene un corte profundo, producido por la furia del pirata George Anson quien quería decapitar la imagen de nuestra Madre sin poder lograrlo, cuando asoló y saqueó nuestro puerto norteño el 24 de noviembre de 1741.

A través de estos dos símbolos comprendemos que Nuestra Señora de las Mercedes es la vencedora de Satanás y de todos sus secuaces, es decir de todos los agentes de iniquidad. Por ello hoy en día en que vemos con preocupación que el terrorismo demencial y diabólico de Sendero Luminoso trata de reorganizarse ideológica, política, táctica y estratégicamente mediante nuevas organizaciones, y que en el VRAEM actúa en alianza de muerte con el narcotráfico asesinando militares, policías y civiles, debemos volver nuestra mirada a la Virgen y pedirle su intercesión y ayuda maternal para vernos libres del terrible mal y flagelo que es el terrorismo. Vencedora ayer de piratas y corsarios, y hace veinte años de Abimael Guzmán y de su banda asesina, “La Mechita” nos ayudará hoy en la batalla final contra el terrorismo.

 

Unidad Nacional frente al terrorismo

Junto con la perseverante oración a María por la paz del Perú, se hace urgente un gran movimiento de unidad nacional contra el terrorismo donde todos los peruanos con o sin uniforme, cerremos filas contra él, condenándolo claramente y sin ambigüedades, porque el terrorismo es profundamente inhumano, antievangélico y enemigo de la dignidad de las personas y de la convivencia social.

¿Acaso puede haber justificación posible para ideologías de violencia y destrucción; o para el asesinato, la violación de mujeres, el secuestro y la tortura, el adoctrinamiento de niños en el odio y en el uso de las armas, en el desprecio de la paz, en la subversión del orden democrático y en la destrucción de la propiedad pública y privada?

De ningún modo se puede justificar el crimen y el terror como camino de liberación. La violencia engendra inexorablemente nuevas formas de opresión y de esclavitud, de ordinario más graves que aquéllas de las que se pretende liberar. La Iglesia rechaza la violencia terrorista perversa y demencial. Ella es un verdadero crimen contra la humanidad porque destruye la verdadera edificación de la sociedad.

Tengamos mucho cuidado, porque habiendo transcurridos veinte años de la captura del principal cabecilla de Sendero Luminoso, hay toda una generación de jóvenes que no han vivido la tragedia que vivió el Perú en aquel entonces e incluso hay compatriotas que no recuerdan bien el horror sufrido. Se hace urgente recordar, pero recordar sin tintes ideológicos o visiones sesgadas la trágica verdad que padecimos los peruanos para que nunca más el terror, cuya matriz es el odio desquiciado, sea una triste realidad en nuestra vida nacional.

Más bien oremos en todo momento al Señor Jesús, por medio de Nuestra Señora de las Mercedes por el bienestar del Perú y actuemos siempre desde nuestra fe cristiana, según nuestra propia vocación y misión, estado de vida y responsabilidad, para que la paz, el entendimiento, la verdad, la justicia, el servicio, la honradez, el trabajo conjunto por el bien común, sean cada vez más los valores que reinen en nuestra vida social. A los pies de nuestra Madre y Señora, escuchemos lo que Ella junto con San Pablo nos dice: “Hijo mío: No te dejes vencer del mal, antes bien vence el mal con el bien” (Rom 12, 21).

 

Madre de las Mercedes: ¡Ruega por nosotros!

Quiero concluir estas palabras con una oración a Nuestra Señora de las Mercedes. A través de ella, quiero consagrarle a nuestras Fuerzas Armadas y pedirle por el bien de nuestra Región y del Perú:

 

       Nuestra Señora de las Mercedes, nuestra querida Mechita: Míranos con amor de Madre, hoy que estamos reunidos en torno a Ti, rendidos a tus plantas. Una vez más queremos consagrarte a nuestras Fuerzas Armadas, tú que eres su Patrona y Gran Mariscala.

       Tú, la Mujer fuerte de la Fe, de la invicta esperanza y de la ardiente caridad, mantén siempre vivo en sus corazones el amor por el Perú, la certeza de la victoria, y la serenidad y fortaleza de ánimo en las dificultades.

       Que honren el uniforme que visten con una vida limpia y abnegada. Haz que sean siempre fieles a tu Divino Hijo el Señor Jesús y a la Bandera roja y blanca del Perú que han jurado honrar y defender para verla siempre flameando libre y gloriosa.

       Hazlos fuertes en las fatigas y en los peligros. Apártalos del pecado y alcánzales la gracia de vivir y morir amando al Señor, a Ti que eres su Madre y Mariscala, y al Perú, nuestra amada Patria.

       En unión con ellos, bendice a sus familias. Que a nuestros soldados, marinos y aviadores nos les falte nunca el cariño, la comprensión y el apoyo de los suyos; y que sus esposas e hijos siempre gocen del amor solícito y agradecido de sus esposos y padres.

       María, mediadora de todas las mercedes y gracias que otorga tu Divino Hijo, te pedimos por la Paz del Perú. Que los equivocados que han optado por el camino de sembrar odio y muerte, comprendan que el mal nunca es camino hacia el bien. Que la violencia sólo engendra más violencia y que ella es indigna de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios.

       Madre de las Mercedes, alcánzanos de Jesús el don de la Paz. Ilumina a nuestros gobernantes, estimula las fuerzas vivas de la Nación, pacifica a los violentos y ayuda a los pobres y a todos los que sufren. Amén.

 

San Miguel de Piura, 24 de septiembre de 2012

Solemnidad de Nuestra Señora de la Merced

 

 

miércoles 17 octubre, 2012