HOMILÍA SANTA MISA POR LOS NIÑOS Y NIÑAS VÍCTIMAS DEL ABORTO FALLECIDOS EN PIURA Y TUMBES EL 2011

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días de fin de año, estamos celebrando con gozo la Octava de Navidad, es decir ocho días de fiesta continua que van desde el 25 de diciembre, día de la Natividad del Señor, hasta el 01 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Ocho días para adorar el misterio de la Encarnación-Nacimiento.

Dios se ha hecho carne. Dios se ha hecho niño, es decir un ser que entra en el mundo con lágrimas, cuyo primer sonido es un grito de ayuda y sus primeros gestos unas manos pequeñas tendidas en busca de acogida y de seguridad. Dios ha querido hacerse dependiente del amor de su Madre la Virgen María, primero encarnándose en su vientre y después naciendo de ella. Dios ha querido experimentar el amor protector de los hombres, para así despertar en nosotros el asombro y el amor por la vida.

Queridos hermanos, “el nacimiento de Cristo nos ayuda a tomar conciencia del valor de la vida humana, de la vida de todo ser humano desde su primer instante (con la concepción) hasta su ocaso natural (con la muerte)”. (1)

El día de hoy, dentro de la Octava de Navidad, la Iglesia celebra en su liturgia la fiesta de los “Santos Mártires Inocentes”, es decir de aquellos niños que fueron asesinados por el rey Herodes, rey conocido por su obsesión persecutoria y extrema crueldad. Nos narra el evangelio que “entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos” (Mt 2, 16).

Toda esta barbarie se perpetró porque Herodes veía en el Niño Jesús una “amenaza” a su poder. Estos niños inocentes se enteraron de su sacrificio en el Cielo donde descubrieron que habían muerto asesinados en lugar del Mesías y que por ello recibían como premio la corona de la gloria. La noticia de la muerte de aquellos pequeños debió llegar pronto a oídos de la colonia judía radicada en Egipto, a donde se había refugiado la Sagrada Familia. Indudablemente María y José se conmovieron ante tanta barbarie, ante esta nueva locura de Herodes de matar niños inocentes.

Así como ayer, hoy también hay una nueva barbarie que conmueve a María y a José, y con ellos debe conmovernos a todos nosotros. Es la barbarie del aborto, el más grande de todos los genocidios que conoce la humanidad. Por ello, en el marco de esta fiesta, nos hemos reunidos esta noche para ofrecer la Santa Misa y una Vigilia de oración ante el Santísimo Sacramento por la vida naciente y por los niños y niñas víctimas del aborto, especialmente por los que murieron en Piura y Tumbes durante este año.

Pedimos por los niños abortados, nuevos “Mártires Inocentes” que sin culpa alguna han visto suprimida sus vidas en los vientres de sus madres. Vuelvo esta noche a reiterar lo que tantas veces como Pastor de la Iglesia que peregrina en Piura y Tumbes he manifestado: ¡No al aborto! ¡No más abortos! El aborto no puede ser nunca un derecho humano. Es exactamente lo opuesto. Es una “profunda herida social”. El respeto a la vida por nacer es la primera justicia que se debe aplicar.

En cualquier etapa y condición, la vida humana es siempre una buena noticia, es decir un bien. Nunca es justificable el crimen del aborto. Por ello sepamos abrir las puertas del corazón al concebido no nacido, al niño por nacer, al más pequeño y frágil integrante de la sociedad piurana y tumbesina y por tanto al que más necesita de nuestro amor, acogida y defensa. “La vida que es obra de Dios, no se debe negar a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso de los niños por nacer, mucho menos cuando tiene graves discapacidades” (2), menos aún por razones económicas, sociales o de otro tipo.

Queremos también esta noche en nuestra oración al Señor, pedir por la conversión de los que han procurado directa o indirectamente algún aborto, así como rogar por la conversión de todos aquellos que no cesan en sus intrigas y oscuras maniobras por promover la despenalización y aprobación de este crimen en el Perú. No es un secreto para nadie la inversión de cuantiosas sumas de dinero que hacen instituciones internacionales para difundir el aborto en alianza con minúsculos grupos nacionales ideologizados. (3)

No es posible que una sociedad desee por un lado combatir eficazmente el crimen y al mismo tiempo busque despenalizar y legalizar un delito tan atroz como el aborto en el ámbito de la vida naciente. El derecho a la vida desde la concepción hasta su fin natural, no está sometido al poder del hombre, pues este bien no es propiedad del hombre sino don gratuito de Dios. ¡Ningún ser humano puede arrogarse el derecho de medir el valor de la vida de otro como él! Recemos para que el aborto nunca sea aprobado en el Perú.

A aquellos que pretenden erigirse en dioses y jugar con la vida de otros, quiero con el Santo Padre recordarles que el Niño Dios que ha nacido, ha venido “a salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y en la historia: el mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ponerse en rivalidad con Dios y ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte (ver Gn 3,1-7). Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: ¡Ven a salvarnos!”. (4)

A los que promueven el aborto les pido: conviértanse a la causa de la vida. Aún están a tiempo. Los niños por nacer esperan vuestra respuesta.

Hermanos, la apertura y defensa de la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Hoy se habla de desarrollo con inclusión social. Pues bien, si queremos ser consecuentes, incluyamos en nuestros planes políticos, sociales, culturales y económicos al niño por nacer y junto con él a la familia, célula primera y vital de la sociedad. Sólo así la inclusión será verdadera y podremos darle a nuestro futuro un rostro verdaderamente humano.

Quiero esta noche convocarlos a todos a ser apóstoles del evangelio de la vida y de la familia con la oración y la acción decidida. El discípulo de Cristo está llamado a ser cada vez más “profeta” de una verdad que jamás podrá eliminarse: únicamente Dios es Señor de la vida. La Iglesia promueve una “cultura de la vida”, generosa y creadora de esperanza, y lo hace no sólo por motivos confesionales, sino porque el Hombre es su primer y fundamental camino. (5)

Mí llamado a los jóvenes, a que vivan el amor hermoso y no se hagan esclavos de una cultura hedonista y sensual que banaliza la sexualidad promoviéndola de manera reductiva y empobrecida relacionándola sólo con el cuerpo y el placer egoísta.

La Beata Madre Teresa de Calcuta solía decirles a los jóvenes en camino al matrimonio: “es muy hermoso para un joven amar a una joven y ella amarlo a él. Ámense los dos con un corazón limpio, con un corazón puro, respeten su pureza mutua, ya que es tan hermoso que el día de su matrimonio puedan entregarse el uno al otro un corazón virgen, un cuerpo virgen, como Nuestra Señora, que entregó su cuerpo virgen a su Hijo, Jesús”.

Queridos jóvenes, llamados a ser santos en el matrimonio: el enamoramiento y posteriormente el noviazgo es un tiempo de espera y de preparación, que se ha de vivir en la castidad de los gestos y de las palabras. Esto permite madurar en el amor, en el respeto y cuidado del otro y en la capacidad de autodominio y donación.

A los que ya son padres les digo con el Papa Benedicto XVI: “cada niño que nace nos trae la sonrisa de Dios y nos invita a reconocer que la vida es don suyo, un don que es preciso acoger siempre con amor y conservar con esmero en todo momento”. (6) Acojan pues con amor a cada hijo con el que sean bendecidos. Acójanlo desde el primer momento en que se enteran que ya esta viviendo en el seno de su madre; denle todo su amor y protección ya que tiene como ustedes el derecho sagrado e inviolable a vivir y a nacer. Nada, absolutamente nada, puede justificar suprimir su vida con el aborto. Igualmente les pido que vuestra unión esté santificada por el sacramento del matrimonio.

Sin la gracia del sacramento matrimonio y de la Eucaristía dominical, les será muy difícil amarse como esposos, crecer en el amor fiel y educar a sus hijos en la fe.

A ti mujer que de repente estas esperando un hijo y a la vez estás atravesando por una situación difícil o de confusión te digo con cariño: no caigas en la tentación de abortarlo. Nada justifica matar a tu hijo.

Recientemente leí un artículo especializado sobre mujeres que han abortado. En él encontré tres testimonios que me impresionaron y que esta noche quisiera compartir contigo para que comprendas las consecuencias imborrables que no sólo a nivel físico, sino también a nivel psicológico y espiritual deja el aborto en las mujeres, en lo que los médicos hoy denominan “síndrome del post aborto”: “Cuando sostengo al bebé de un amigo, lo sufro todo otra vez. Siento gran tristeza porque el mundo nunca conocerá a los dos hijos que aborté”… “Físicamente no tuve problemas con mi aborto, pero emocionalmente viví un infierno que continúa conmigo diariamente”…“Me dijeron que esa era la mejor decisión. Pero no me hablaron sobre el vacío emocional y físico que iba a sentir y que me destruiría para siempre. ¿Qué puedo hacer con el dolor que siento?”.

Por ello mujer que estas pensando abortar te digo: no cometas un error mayor al ya cometido que marcará tu vida para siempre. Podrás sacarlo de tu vientre pero jamás de tu mente y de tu corazón. Ten el valor de tener a tu hijo. Dios no te dejará sola y sabrá recompensar tu gesto de entereza y coraje. La Iglesia siempre estará a tu lado para ayudarte a través de tu parroquia, de sus comunidades religiosas y de sus movimientos eclesiales. Busca buen consejo en tus sacerdotes, religiosas y agentes pastorales.

Con el Beato Juan Pablo II y el Santo Padre Benedicto XVI le rezamos hoy a la Virgen Madre de Dios:

María Santísima, a Ti confiamos la causa de la vida.
Mira con amor a los niños a quienes hoy en día en número creciente en el mundo se les impide nacer.
Despierta en todos nosotros el respeto por la vida humana naciente.
Haznos capaces de ver en el fruto del vientre materno la admirable obra del Creador.
Dispón nuestros corazones a la generosa acogida de todo niño que se asoma a la vida.
De tu Hijo consíguenos la fuerza de amar y servir a la vida, a la espera de gozar con Jesús,
contigo y con todos los ángeles y santos, de la vida que no tendrá fin. Amén.
(7)

 

San Miguel de Piura, 28 de diciembre de 2011
Fiesta de los Santos Mártires Inocentes
Octava de Navidad

 

 

CITAS:

(1) S.S. Benedicto XVI, Angelus, 24-XII-2006.

(2) S.S. Benedicto XVI, Angelus, 04-II-2007.

(3) Ver S.S. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, n. 17.

(4) S.S. Benedicto XVI, Mensaje Urbi et Orbi Navidad, 25-XII-2011.

(5) S.S. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor hominis, n. 14.

(6) S.S. Benedicto XVI, Homilía Fiesta del Bautismo del Señor, 07-I-2007.

(7) Ver S.S. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, n. 105; S.S. Benedicto XVI, Homilía en la Vigilia de Oración por la Vida Naciente, 29-XI-2010.

lunes 2 enero, 2012