HOMILÍA POR EL 131° ANIVERSARIO DEL COMBATE NAVAL DE ANGAMOS – 2010

El ejemplo de Angamos

Cuando el Huáscar quedó atrapado por los buques de guerra chilenos en punta Angamos, nos refiere la historia que el histórico Monitor presentó combate. Más aún que fue al ataque intentando emplear su espolón contra las naves enemigas inmensamente superiores en blindaje y en poder de fuego.

El Huáscar, su Gran Comandante y su tripulación de heroicos peruanos mueren peleando. Saben que están perdidos pero no obstante pelean para dejarnos una lección. No optan por lo más fácil que hubiera sido rendirse, sino por lo más difícil que es enfrentar a un enemigo superior en medios materiales, pero no en calidad moral, y así darnos ejemplo de lo significa el honor y el amor por la Patria. El mensaje de Angamos lo podríamos resumir en una frase: “Yo no me rindo por el honor de mi Patria. Yo no me rindo y sigo peleando porque amo al Perú”.

Siguiendo el ejemplo de Grau, de Elías Aguirre, de Diego Ferré, de José Melitón Rodríguez y de Enrique Palacios, entre otros, hoy se hace necesario derrotar el pesimismo y recordar que el Perú es más que la noticia negativa que nos abruma cotidianamente y comprender que a pesar de sus problemas el Perú mantiene intactas sus posibilidades de un futuro brillante.

Con su inmolación en el Combate de Angamos, Grau no cambió el curso de la Guerra, pero nos legó un ejemplo de patriotismo enorme, un símbolo muy poderoso: el Perú no se rinde por más grande que sea la adversidad. Nos dejó el ejemplo de morir peleando, la voluntad de no quebrarse ante la adversidad.

Con Monseñor José Antonio Roca y Boloña, amigo personal del Caballero de los Mares, podemos decirle hoy al Héroe de Angamos y a la tripulación del legendario Monitor Huáscar: “Vuestra inmolación heroica es una lección elocuente que el Perú no olvidará jamás…Habéis caído para levantar al Perú a inconmensurable altura; sobre vuestros restos inanimados se asientan los cimientos del nuevo edificio de su grandeza; los brazos de los que os sobreviven levantarán sus muros y el cielo le pondrá digno remate”.(1)

Hoy, en que coincidentemente celebramos también el 189° Aniversario de la Creación de la Marina de Guerra del Perú, mi deseo para todos nosotros, pero especialmente para los marinos peruanos, herederos de la tradición y de la gloria de Grau, es que se haga realidad en nuestras vidas el lema que se encuentra en el acceso a la cripta del Gran Almirante en la Escuela Naval del Callao: “Cadetes Navales, seguid su ejemplo”.

Sí, sigamos su ejemplo de amor a la Patria, de entrega y sacrificio hasta dar la vida por Ella si es necesario. Sí, sigamos su ejemplo de honor, honradez, y dignidad; de valentía, caballerosidad y alto sentido del deber; de inteligencia, modestia, y sobriedad; de cordialidad y amistad sincera y leal; de amor tierno, fiel y entrañable a su esposa y a sus hijos, es decir a su familia.

Sí, sigamos su ejemplo y así haremos que el Perú y Piura sean mejores, no sólo material y económicamente hablando, sino sobre todo en valores, en moral, en virtudes, que es lo que hace noble y digna la vida de una persona en una sociedad.

Hace 131 años, don Miguel Grau Seminario, sabía que el Perú entero lo estaba mirando y que lo miraría por siempre como nosotros lo hacemos hoy, 131 años después de la gesta de Angamos, desde esta Piura que él amó entrañablemente. Ahora ya en la Gloria, es él quien nos mira, y nos demanda más amor por el Perú y por Piura; más servicio a la verdad; más unidad y solidaridad entre nosotros; más entrega desinteresada por el bien común.

Sólo lo lograremos si como el Gran Almirante del Perú, vivimos con coherencia nuestra fe cristiana y católica, ya que fue en ella donde se asentó y se forjó el edificio de su extraordinaria personalidad. Sí, es en su vida cristiana, en el cultivo responsable de su vida espiritual, donde encontramos la clave para comprender la rica personalidad del Almirante don Miguel Grau Seminario y su capacidad de donarse por la Patria, hasta vivir la máxima evangélica: “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13).

Por ello, Carlos Elías en su evocación del Gran Almirante dirá: “sus principios religiosos le honraban. Había aprendido a adorar a Dios en la inmensidad del océano; y en las majestuosas tempestades de los mares, había divisado como los destellos luminosos de la manifestación divina. Por eso antes de salir a campaña fue humilde a inclinarse ante un ministro del altar, y así se llevó al combate su alma pura, y su conciencia tranquila”.(2)

Gloria a Grau. Gloria a nuestra Marina de Guerra.

 

San Miguel de Piura, 08 de octubre de 2010

 

 
 

(1) Mons. José Antonio Roca y Boloña, Oración Fúnebre pronunciada en la Santa Iglesia Catedral de Lima al oficiarse las exequias fúnebres en honor de los mártires del “Huáscar”.

(2) José Agustín de la Puente, “Miguel Grau”, p. 236; Instituto de Estudios Histórico – Marítimos del Perú, 2003.

viernes 8 octubre, 2010