HOMILÍA ORDENACIONES DIACONALES 2012

Domingo del Buen Pastor

Cristo, el Buen Pastor

La liturgia del hoy IV Domingo Pascua, nos presenta una de las más bellas imágenes del Señor Jesús: la del Buen Pastor. Ya en el Antiguo Testamento, el profeta Ezequiel había delineado la imagen de Dios como Pastor de su pueblo Israel: “Como un pastor vela por su rebaño…así velaré yo por mis ovejas. Las reuniré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas” (Ez 34, 12). Ahora el Señor Jesús anuncia que ése momento ha llegado: Él mismo es el Buen Pastor en quien Dios vela amorosamente por su criatura, el Hombre, a la única que ha amado por sí misma, reuniéndolo, cuidándolo y guiándolo con amor a los pastos abundantes y a las aguas limpias donde el ser humano pueda calmar y saciar su hambre y su sed de felicidad y eternidad.

Amor y conocimiento recíproco entre el Pastor y sus ovejas

Es San Juan, el discípulo amado, quien recoge el discurso del Buen Pastor en el capítulo décimo de su Evangelio. Con rasgos peculiares describe la relación entre Cristo, Buen Pastor y su rebaño. Es una relación muy estrecha, tan estrecha que nada ni nadie podrá jamás separar a las ovejas de Él. Las ovejas están unidas a Jesús por un vínculo de amor y de conocimiento recíproco que les garantiza el don incomparable y maravilloso de la vida eterna.

El Buen Pastor conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las alimenta, las defiende del lobo que quiere herirlas de muerte y finalmente da su vida por ellas en un acto generoso de amor libre hasta el extremo. Asimismo, Él es la “puerta del aprisco”: “Yo soy la puerta” (Jn 10, 7). De esta manera Jesús revela que sólo seremos salvos por Él y que toda auténtica libertad sólo se alcanza en Él: “Todo el que entra por esta puerta, estará a salvo; entrará y saldrá libremente y siempre encontrará sustento” (Jn 10, 9). Y todo ello gracias a que Él ha dado sus vida por nosotros en la Cruz y ha resucitado vencedor constituyéndose en fuente de vida eterna para todo el que cree en Él: “El Buen Pastor da la vida por sus ovejas…El Padre me ama porque entrego mi vida aunque la recuperaré de nuevo” (Jn 10, 11.17).

Al mismo tiempo, la actitud de las ovejas hacia el Buen Pastor, está definida con dos verbos muy específicos: escuchar y seguir. Estos dos verbos definen las características fundamentales de aquellos que viven el seguimiento del Señor: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen y yo les doy vida eterna” (Jn 10, 27).

“Mis ovejas escuchan mi voz”

Queridos Franz, Javier y Percy. Hoy serán ordenados diáconos. Se les impondrán las manos no en orden al sacerdocio sino para realizar un servicio. Parte esencial de ese servicio es el anuncio de la Buena Nueva. Tengan muy presente que no podrán cumplir con este encargo del Señor Jesús si ante todo no viven en la escucha permanente de su Palabra de la cual nace y se alimenta la fe que nos da la vida eterna.

La escucha obediente de la Palabra del Buen Pastor es esencial para vivir fecundamente el ministerio diaconal que a partir de hoy les exigirá convertirse en anunciadores valerosos e incansables del Evangelio, porque sólo el Señor Resucitado “es la respuesta a los interrogantes y aspiraciones espirituales más profundos de los hombres y las mujeres de hoy”. (1)

Queridos hijos: se trata de anunciar a Jesucristo pero como quien se ha encontrado con Él. Se trata de proclamarlo, pero desde la propia existencia personal de encuentro y de comunión con Él: “Mis ovejas escuchan mi voz” (Jn 10, 27). Por eso cuando dentro de poco en los ritos explanativos que siguen a vuestra ordenación diaconal les entregue el libro del Evangelio les diré: “convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado“ (2). Sólo así podrán realmente ayudar a otros a abrirse al don del Evangelio que es Cristo mismo, el archipoimen, es decir el “Pastor Supremo” de nuestras vidas (ver 1 Pe 5, 4).

“Y ellas me siguen y yo les doy la vida eterna”.

Pero había mencionado que son dos los verbos que definen la relación de las ovejas con Jesús, el Buen Pastor. Si el primero fue “escuchar” el segundo es “seguir”: “Y ellas me siguen y yo les doy la vida eterna” (Jn 10, 27). El día en que fueron bautizados por sus padres, ustedes iniciaron el camino del seguimiento de Cristo.

Ese camino se acentuó con vuestro ingreso al Seminario y hoy se profundiza aún más con su ordenación diaconal, la cual los deja ad portas de la ordenación sacerdotal. Hoy y siempre con renovada ilusión, generosidad y coraje, como corresponde a quien ha sido llamado a ser ministro sagrado del Señor, díganle a Él desde el fondo de sus corazones: “Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone. (3)

Sí, ser ordenado hoy diácono y mañana sacerdote significa precisamente darse totalmente al Señor, para que Él disponga de mí en cada circunstancia concreta de mi vida; para que yo lo sirva y siga su llamada; para conocerlo y amarlo cada vez más; para que mí voluntad se una a la suya totalmente y así mi actuar llegue a ser uno con el suyo. Y todo ello para que a semejanza de Él yo sea capaz de dar la vida por las ovejas. Queridos hijos: sólo quien da su vida la encuentra. Sólo así la vida llega a ser importante, valiosa y bella.

El peligro del “arribismo”.

Jesús, en el discurso del Buen Pastor nos previene que el que “no entra por la puerta del aprisco de las ovejas sino que sube por otro lado, ese es un ladrón y un salteador” (Jn 10, 1). La palabra “sube” (anabainei) evoca la imagen de alguien que trepa. Subir, trepar nos evoca la imagen del “arribismo”, del “hacer carrera”, del llegar “muy alto”, del servirse de la Iglesia y no servirla o simplemente no servir.

Es la triste y repugnante imagen del hombre que a través de las sagradas órdenes quiere llegar a ser importante, buscar su propia exaltación en vez de vivir el humilde servicio del Señor Jesús, fuente de felicidad, despliegue y libertad.

Pero ustedes no se olviden que “el único camino para subir legítimamente hacia el ministerio de pastor es la Cruz. Esta es la verdadera subida, esta es la verdadera puerta. No desear llegar a ser alguien, sino, por el contrario, ser para los demás, para Cristo, y así, mediante Él y con Él, ser para los hombres que Él busca, que Él quiere conducir por el camino de la vida”. (4)

Hoy quedarán configurados con Cristo que se hizo “diácono”, es decir servidor de todos (ver Mc 10, 45; Lc 22, 27). Cuando llegue el momento de vuestra ordenación sacerdotal no se olviden nunca de este día porque todo sacerdote sigue siendo diácono, a semejanza del Señor. Ruego a Cristo Jesús, el Buen Pastor, que les conceda hoy y para siempre el imitarlo en su caridad llena de sencillez y generosidad para con todos, especialmente con los pobres, los enfermos, los alejados y los pecadores. De esta manera darán testimonio, en un mundo que pretende excluir a Dios y hacer del poder, el tener y el placer los únicos criterios de vida, que la existencia sólo es bella y se despliega en plenitud en el amor servicial de Cristo.

Queridos hijos: sean fieles servidores y colaboradores de su Obispo. Con devoción y piedad asístanlo a él y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios, sobre todo de la Eucaristía y en su distribución a los hermanos como Pan de vida eterna. A partir de hoy podrán también bendecir matrimonios y presidir exequias; junto con la proclamación del Evangelio predicarán y realizarán el servicio de la caridad especialmente a los más pobres. Háganlo todo “rectamente”, es decir en obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud, “pues es precisamente este modo de celebrar lo que asegura desde hace dos mil años la vida de fe de todos los creyentes, los cuales están llamados a vivir la celebración como Pueblo de Dios, sacerdocio real, nación santa (ver 1Pe 2,4-5.9)”. (5) Así el día de mañana cuando sean sacerdotes celebrarán los divinos misterios realmente “in persona Christi capitis” y en “nomine Ecclesiae”.

Artesanos de comunión

En el Evangelio de hoy, Jesús nos ha dicho: “tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor” (Jn 10, 16). Desde ya en el ejercicio ahora de su diaconado y más delante de su sacerdocio, tengan verdadero “celo por la salvación de los Hombres en cuerpo y alma”. Dando un testimonio creíble del Evangelio preocúpense por el hombre entero, ciertamente por sus necesidades materiales y físicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. Pero no sólo preocúpense de su cuerpo, “sino también precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violación de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor”. (6) Asimismo tengan en su apostolado predilección por ir en búsqueda de aquellos hermanos nuestros que hoy con dolor llamamos “bautizados alejados” (7), es decir, de aquellos que habiendo recibido el don inestimable del santo bautismo han abandonado una vida verdaderamente cristiana, agudizándose así la ruptura entre fe y vida. Este en un verdadero desafío de la Nueva Evangelización para nuestros tiempos.

Obediencia y Celibato

Queridos Franz, Javier y Percy: hoy desde vuestra libertad harán dos promesas muy importantes, una de obediencia a vuestro obispo y a sus sucesores y la otra de celibato por el Reino de los Cielos.

Toda auténtica renovación personal y eclesial pasa por la configuración con el Señor Jesús, el cual fue obediente hasta la muerte en Cruz. Ya en su agonía en el Monte de los Olivos había dicho: “no mi voluntad, sino la tuya” (ver Lc 22, 42). Obediencia: esta es la palabra que define al Hijo en su divinidad y humanidad. La radicalidad de la obediencia brota de la alegría de la fe, da dinamismo a la esperanza y fecundidad al amor.

Que esa obediencia al Señor se traduzca en obediencia a vuestro Obispo, al de hoy y al de mañana, porque “obedecer al obispo es obedecer al Padre de Jesucristo…y al igual que Cristo no hizo nada sin el Padre, tampoco vosotros nada sin el Obispo…Nada haya entre vosotros que pueda dividiros, sino estad unidos al Obispo y a los superiores como ejemplo y enseñanza de inmortalidad”. (8) Bien saben que la obediencia es respetuosa, considerada, delicada y para que sea auténtica ella debe estar siempre transida de amor.

De otro lado hoy abrazarán el celibato y se comprometerán libremente a observarlo durante toda la vida por causa del Reino de los Cielos y para servicio de Dios y de los hombres.

En su discurso a la Curia Romana con ocasión de la Navidad del año 2006, Su Santidad Benedicto XVI afirmaba en relación al celibato: “El verdadero fundamento del celibato puede ser recogido solamente en la frase: 'Dominus pars mea – Tu, Señor, eres mi tierra'. Su fundamento, sólo puede ser teocéntrico. No puede significar quedarse privados del amor, sino que debe significar dejarse llevar por la pasión por Dios, y aprender después, gracias a una mayor intimidad con Él, a servir también a los hombres. El celibato debe ser un testimonio de Fe: la Fe en Dios se hace concreta en esa forma de vida, que sólo a partir de Dios tiene un sentido. Apoyar la vida en Él, renunciando al matrimonio y a la familia, significa que yo acojo y experimento a Dios como realidad y que por ello puedo llevarlo a los hombres”. (9)

Atesoren su pureza, cuídenla tanto de vista, oído y especialmente de cuerpo. La mejor forma de hacerlo es crecer en la vida de unión con Jesús: “La pureza es un acontecimiento dialógico. Comienza con el hecho de que Él (Jesús) nos sale al encuentro —Él que es la Verdad y el Amor—, nos toma de la mano, se compenetra con nuestro ser. En la medida en que nos dejamos tocar por Él, en que el encuentro se convierte en amistad y amor, llegamos a ser nosotros mismos, a partir de su pureza, personas puras y luego personas que aman con su amor, personas que introducen también a otros en su pureza y en su amor”.(10)

Rezar por la santificación de los sacerdotes y por las vocaciones

Queridos amigos todos: En este domingo del Buen Pastor, surge espontáneamente recordar en nuestra oración a los Pastores de la Iglesia. Por ello los invito a todos a una especial plegaria por su Obispo y sus sacerdotes para que seamos fieles y sabios al llevar a cabo nuestro ministerio. Pidamos también por nuestros sacerdotes ancianos, enfermos y en misión en otras Iglesias particulares. Recemos particularmente hoy y siempre por las vocaciones al sacerdocio, en este día en que también celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Que estas ordenaciones diaconales sean fuente de muchas vocaciones para nuestro Seminario.

Quiero recordar esta mañana de manera muy especial al seminarista Santos Silva Imán, a quien el Señor en sus designios de amor llamara a su presencia el pasado 15 de enero. Quiero recordar sus últimas palabras cuando era conducido a la clínica: “Todo lo ofrezco por el Seminario y por las vocaciones”. Que desde el Cielo, Santos interceda por estos compañeros suyos que hoy se ordenan de diáconos y nos consiga del Señor la santidad en nuestro ministerio, la fidelidad y perseverancia de nuestros seminaristas y abundantes vocaciones que Piura y Tumbes necesitan con tanta urgencia.

Queridos hijos Franz, Javier y Percy: revigorizados por la alegría pascual y por la fe en el Resucitado que es Jesús, el Buen Pastor, confíenle todos sus santos propósitos e intenciones a la Virgen María, Madre de toda vocación, para que con su poderosa intercesión y guía maternal los sostenga en la fidelidad y los ayude en vuestra tarea de ser santos ministros de su Hijo. Sean dóciles a su acción maternal en vuestras vidas. No hay guía más segura que Ella en nuestra configuración con el Señor Jesús. Ámenla con lo afectos nobles y puros del Sagrado Corazón de Cristo.

Tengan siempre la certeza que Ella camina con ustedes, que Ella cuida de ustedes y que hoy y siempre les dice:

“Hijo mío, no tengas miedo.

Aquí estoy yo a tu lado para defenderte y guiarte;

yo que soy tu Madre.

Ánimo, tú estás siempre bajo mi sombra y en mi regazo”.

 

San Miguel de Piura, 29 de abril de 2012
IV Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor

 

 

 

Citas:

(1) S.S. Benedicto XVI, Mensaje al Patriarca Ecuménico Bartolomé I por la fiesta de San Andrés, 30-XI-2010.

(2) Ritual de la Ordenación de Diáconos.

(3) S.S. Benedicto XVI, Homilía Misa Clausura XXVI Jornada Mundial de la Juventud, 21-VIII-2011.

(4) S.S. Benedicto XVI, Homilía Misa de Ordenación Sacerdotal, 07-V-2006.

(5) S.S. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica Post-Sinodal Sacramentum caritatis”, n. 38.

(6) S.S. Benedicto XVI, Homilía en la Misa Crismal, 05-IV-2012.

(7) Ver Documento de Santo Domingo, n. 129ss.

(8) San Ignacio de Antioquía, Carta a los Magnesios, nn. 3, 6 y 7.

(9) S.S. Benedicto XVI, Audiencia la Curia Romana por Navidad, 22-XII-2006.

(10) S.S. Benedicto XVI, Homilía Centro de Congresos Mariápolis Castelgandolfo, 30-VIII-2009.

domingo 29 abril, 2012