HOMILÍA EN LA FIESTA DE SANTA TERESA JORNET, PATRONA DE LA ANCIANIDAD

Queridas Hijas y hermanos todos:

Con mucha alegría vengo a celebrar esta Eucaristía en este Asilo de Ancianos que con mucho amor ustedes, queridas Hermanitas, dirigen desde hace 66 años en nuestra querida Piura. Lo hago en el día en que la Iglesia celebra la fiesta de su Santa Madre Fundadora, Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, patrona de la Ancianidad.

En primer lugar quiero agradecerles por todo el bien que han realizado y que realizan en favor de nuestros ancianos. Dios que ve en lo escondido se los premiará. Encomendamos en esta Santa Misa a todos los ancianos y religiosas que a lo largo de estos años han vivido y servido en esta su casa hogar y que el Señor ha llamado ya a su presencia. Que Dios los tenga gozando de la felicidad del Cielo. Pedimos también por todas ustedes y por sus adorados ancianitos quienes actualmente viven en este asilo, así también como por todos sus bienhechores, cooperadores y amigos.    

Quisiera esta tarde acentuar sólo algunas características de la santidad de vuestra Santa Madre Fundadora. Lo hago con el fin de ayudarles a que sean cada día más fieles y santas en la vocación a la que el Señor las ha llamado, y también con el deseo de que al considerar una santidad tan impresionante como la de Santa Teresa Jornet, ella nos ayude a todos nosotros a crecer en deseos ardientes de santidad.

Rasgo distintivo de su espiritualidad y santidad fue su admirable vocación de servicio. Santa Teresa Jornet se distinguió sobre todo por su servicio e inmolación por los demás, en particular por los más necesitados, sus amados Ancianos Desamparados. Esta será la faceta más distintiva de su santidad. En nuestros días en donde hay tanta ambición, egoísmo, y búsqueda insaciable de uno mismo, donde el ser humano parece que vive en el permanente desenfreno u orgía del “yo”, esta enseñanza de la santidad de Santa Teresa Jornet es fundamental porque mientras el egoísmo es muerte, el servicio es vida.   

Santa Teresa Jornet hizo de su vida, una vida de total amor a los demás. Pero, ¿de dónde sacaba ella la capacidad para donarse y entregarse a los demás? El secreto de su dinamismo caritativo estaba en su unión con Dios, una unión vivida en su profunda e intensa vida de oración y de Eucaristía. Esa unión con el Señor en la oración y en la Eucaristía la sostuvo y la alentó tanto en sus afanes de consagración a Dios como en su servicio de caridad asistencial a los Ancianos Desamparados. Gracias a esa unión con el Señor, Santa Teresa Jornet supo guiar desde sus primeros pasos con humildad, pero también con dulzura y reciedumbre, al nuevo Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, desde Barbastro a Valencia y Zaragoza, extendiéndolo después -en un incansable afán caritativo- por buena parte de la geografía española y que más tarde se trasplantaría a América.  

Finalmente un último rasgo de su espiritualidad y santidad que quiero destacar esta tarde fue el enseñarnos con su vida que la verdadera felicidad y la auténtica bienaventuranza están escondidas, como un precioso tesoro oculto, en el amor y el servicio a los pobres y necesitados. ¿Cuándo comprenderemos y aprenderemos que la persona humana, que somos cada uno de nosotros, no podrá nunca encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí misma a los demás? ¡Darse! Esta es la característica determinante del amor y lo que hace que el ser humano lo sea verdaderamente. ¡Darse! Esto es lo que hace que la vida se despliegue, se realice, cobre su sentido y alcance su plenitud.    

Quiero terminar con un párrafo de la hermosa homilía que pronunció el Beato Papa Paulo VI, en la Misa de Canonización de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, el domingo 27 de enero de 1974, y que expresa de manera muy precisa vuestra misión, queridas Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Lo hago con la finalidad de que sean conscientes de la enorme importancia y vigencia que tiene vuestra vocación y misión en estos tiempos en que la cultura de muerte busca que el derecho a la vida quede prácticamente negado y conculcado, en particular en los momentos más emblemáticos de la existencia humana como son la concepción y la muerte, con los abominables crímenes del aborto y la eutanasia.  

Dijo el Beato Paulo VI proféticamente hace 43 años atrás:Hoy más que nunca, en esta época de gigantescos progresos, estamos asistiendo al drama humano, a veces desolador, de tantas personas llegadas al umbral de la tercera edad y que ven aparecer a su alrededor las densas nieblas de la pobreza material o de la indiferencia, del abandono, de la soledad. Nadie mejor que vosotras, amadísimas hijas, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, conoce lo que ocultan los pliegues recónditos de tan triste realidad. Vosotras habéis sido y sois las confidentes de esa especie de vacío interior que no pueden llenar, ni siquiera con la abundancia de recursos materiales, quienes están desprovistos y necesitados de afecto humano, de calor familiar. Vosotras habéis devuelto al rostro angustiado de personas venerables por su ancianidad, la serenidad y la alegría de experimentar de nuevo los beneficios de un hogar. Vosotras habéis sido elegidas por Dios para reiterar ante el mundo la dimensión sagrada de la vida, para repetir a la sociedad con vuestro trabajo, inspirado en el espíritu del Evangelio y no en meros cálculos de eficiencia o comodidad humanas, que el hombre nunca puede considerarse bajo el prisma exclusivo de un instrumento rentable o de un árido utilitarismo, sino que es entitativamente sagrado por ser Hijo de Dios y merece siempre todos los desvelos por estar predestinado a un destino eterno”.

Más aún, en la actualidad, el Papa Francisco nos reitera una y otra vez que los niños y los ancianos construyen el futuro de los pueblos, y que un pueblo que no cuida a sus ancianos y que no se preocupa de sus jóvenes, es un pueblo sin futuro, un pueblo sin esperanza.

Que siguiendo el ejemplo de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, siempre sean ustedes capaces de ver en los ancianos una mística prolongación de Cristo, para atenuar en ellos sus fatigas, sus enfermedades, sus sufrimientos, porque cuantas veces a ellos se los hagan, «a Mí me lo hicieron» (Mt 25, 40).

Que Nuestra Señora de los Desamparados, siempre esté inclinada hacia ustedes y sus ancianos con su amor maternal. Que Ella les atraiga de su Divino Hijo los dones y gracias que siempre necesiten, especialmente nuevas vocaciones, para que así puedan vivir con celo vuestra vocación, amando a sus ancianos y siendo felices al hacerlo.  

Que así sea. Amen.

San Miguel de Piura, 26 de agosto del 2017.
Fiesta de Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, fundadora

domingo 27 agosto, 2017