HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED 2008

Misa y Te Deum con las Fuerzas Armadas
Basílica Catedral de Piura

Señor Presidente Regional, Doctor César Trelles Lara.
Señora Gobernadora de Piura, Maritza Landa de Taboada.
Señor Doctor, Roberto Palacios Márquez, Presidente de la Corte Superior de Piura.
Señor Doctor, Aurelio Saavedra Cedano, Fiscal Superior Decano de Piura.
Señora Alcaldesa Provincial de Piura, Mónica Zapata de Castagnino.
Señor Alcalde de Castilla, Ricardo Wacheng Morales.
Señor Doctor, César Orrego Azula, Jefe de la Defensoría del Pueblo.
Señor General de División Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte y Comandante General del Comando Operacional del Norte.
Señor Mayor General Fuerza Aérea Peruana, Donovan Bartolini Martínez, Comandante General del Ala Aérea Nº 1.
Señor Contralmirante Armada Peruana, Ernesto Ormeño Baglietto, Comandante General de la Primera Zona Naval.
Señor Mayor General Policía Nacional del Perú, Eusebio Félix Murga, Director de la Primera Dirección Territorial Policial.
Dignas Autoridades Políticas, Diplomáticas, Universitarias, Civiles y Militares.
Señoras y Señores.

Con profunda piedad filial, nos reunimos esta mañana en la Basílica Catedral de nuestra muy noble ciudad de Piura, para rendir sentido homenaje a nuestra Madre Santísima, Nuestra Señora de las Mercedes. Su devoción en nuestra Patria se remonta al siglo XVI, con la llegada a nuestras tierras de los Padres Mercedarios, quienes llegaron con los primeros misioneros que vinieron a evangelizar el Perú.

En nuestra Región, su devoción esta ligada a la ciudad de Paita. Desde allí, desde su Santuario y por cerca de cinco siglos, cuida con amor de Madre de todos nosotros sus hijos del Norte del Perú. Desde ahí intercede por nuestras necesidades y busca que el Evangelio, que es Jesús mismo, su divino Hijo, se haga más carne, más corazón en nuestras vidas.

Difíciles momentos tuvo que pasar la imagen de nuestra Señora de las Mercedes en el transcurso de los tiempos, sobre todo cuando los corsarios y piratas llegaban y atacaban Paita. Así, por ejemplo, cuando el corsario Cavendish atacó el puerto en 1587, terminó incendiándolo, devorando las llamas todo lo que encontraban a su paso. La imagen de Nuestra Señora – dice la tradición- se salvó de desaparecer por la acción valerosa de un anónimo devoto suyo quien exponiendo su vida, penetró en la iglesia, subió al altar donde se encontraba la escultura y la rescató. O cuando el 24 de septiembre de 1741, el pirata inglés Jorge Anson asoló el puerto paiteño y después de saquearlo se llevó la imagen como su trofeo de guerra y sintiendo que el mar de Paita se enfureció por el hecho, al instante le propinó un sablazo sobre el cuello del que manó milagrosamente sangre. Preso de la ira el corsario arrojó la imagen de nuestra Madre al mar donde fue encontrada por unos indios pescadores que la llevaron nuevamente a su templo.

Santa María, se nos presenta entonces como la vencedora de piratas y corsarios. Ella, la vencedora de Satanás, del pecado y del mal, nos enseña con el ejemplo de su vida, a mantener viva la esperanza, sobre todo en los momentos más difíciles y de prueba. Ella se muestra como nuestro auxilio permanente en todas nuestras luchas y batallas.

Con Ella, debemos derrotar el pesimismo, una de las armas preferidas con la que nos tienta el demonio y uno de los males que siempre han afligido a los peruanos a lo largo de nuestra historia. El pesimismo convierte los desafíos en derrotas, es cómplice de lo malo y de lo injusto, y nos conduce a la autodestrucción.

Con gran lucidez nuestro insigne historiador don Jorge Basadre Grohmann escribió: “A menudo vacilamos y renegamos. Con el desdén, la ira o la burla golpeamos entonces al Perú, exasperados o aburridos ante sus convulsiones, que acaso sólo son anuncios de una forja, y ante sus taras, que deber nuestro es disminuir o evitar. Olvidamos entonces que los más altos destinos de la historia se han cumplido orillando abismos y que la gloria verdadera no nace sino del maridaje del esfuerzo y del dolor” (1).

Por ello, hoy los invito a elevar nuestra mirada y nuestra oración confiada a nuestra Madre María, Nuestra Señora de las Mercedes, la vencedora de piratas y corsarios. Que Ella nos consiga de su Divino Hijo una firme convicción en el futuro del Perú, “como si su mensaje aún estuviera por decirse, como si su destino aún no estuviese liquidado, como si (el Perú) llevase consigo una inmensa predestinación” (2).

Asimismo, frente a la imagen de nuestra Madre Santísima, hago un llamado apremiante a todos a que dejemos de lado el conflicto, la protesta fácil y los enfrentamientos como estilo de comportamiento social, al que peligrosamente nos venimos acostumbrando en el Perú y particularmente en nuestra Región.

Hagamos más bien del diálogo, de la búsqueda de la verdad y del bien común, de la solidaridad y de la caridad social, la manera de vivir y de forjar una sociedad más humana, más digna de la persona, especialmente de nuestros niños, jóvenes, ancianos, enfermos y pobres. Vivimos en democracia y la democracia es diálogo. Diálogo entre gobernantes y gobernados, diálogo entre la mayoría y la minoría, diálogo vivo y continuo, hecho con respeto. Diálogo que es servicio a la verdad y que engendra la esperanza de la unidad que nos ayuda a vencer los tropiezas y desgracias. ¡La armonía social es un deber para todos! ¡Ha llegado el momento de recuperar la confianza, de cultivar el diálogo, de alimentar la solidaridad!

Que el diálogo se plasme en una solidaridad afectiva y efectiva entre los que más tienen y los más necesitados, ya que la paz es fruto de la justicia y de la solidaridad (3). Hermanos, ¿acaso no somos todos peruanos? ¿Acaso la meta no es el engrandecimiento del Perú y el fortalecimiento de la unidad nacional?

Nuestra Señora de las Mercedes, fue proclamada en 1730 “Patrona de los Campos del Perú”. En 1823 recibió el título de “Patrona de las Armas de la República”. Al cumplirse el primer centenario de la Independencia de la Nación, ella fue solemnemente coronada el 24 de septiembre de 1921 y recibió el título de “Gran Mariscala del Perú”.

Nuestras Fuerzas Armadas, que coincidentemente hoy celebran su día, la tienen como su Madre y Patrona. Bajo su amparo y guía están los peruanos que visten el uniforme de la Patria.

Ellos son los portadores de una historia digna de luchas y sacrificios por la Patria a lo largo de toda nuestra vida republicana hasta nuestros días. Por ello nuestra gratitud y oraciones por nuestras Fuerzas Armadas que forman parte viva de nuestra sociedad y cumplen la misión fundamental de defender la soberanía y la integridad territorial, así como en darle al Perú la seguridad interna que necesita para que nuestra Nación logre su desarrollo integral. Nuestro reconocimiento a su diaria labor que se realiza en medio de grandes sacrificios y peligros, y enfrentando nuevos flagelos como el narcotráfico y el terrorismo.

Hoy queremos rendir justo homenaje a nuestros héroes, a nuestros soldados, marinos, aviadores y también policías, que acudiendo al llamado de la Patria, no vacilaron en ofrendar sus vidas por hacer del Perú un país libre y soberano. Recordamos en esta Santa Misa a tantos amigos de ustedes que han pagado con su vida la fidelidad a su misión. Olvidándose de sí mismos, desafiando el peligro, han prestado al Perú un servicio inestimable.

Pero, ¿de dónde han sacado la fuerza necesaria para cumplir a fondo su misión? De su fe en Cristo. La palabra del Señor iluminó sus vidas y dio valor ejemplar a su sacrificio. Tomaron el Evangelio como norma de vida. Que los aliente el ejemplo de estos compañeros suyos que, cumpliendo fielmente su deber, alcanzaron la cumbre del heroísmo y, a veces, el de la santidad.

Como ellos, también ustedes escuchen que el Señor Jesús los llama a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Los llama a ser santos. Y, para realizar su vocación militar, según la conocida expresión del apóstol san Pablo: “Tomen las armas de Dios…En pie, pues, ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza; calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la Paz, embrazando siempre el escudo de la Fe…Tomen por casco la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios” (Ef 6, 13-17). Sobre todo, “oren constantemente” (Ef 6, 18).

Santa María, la Virgen fiel, los sostenga y ayude en su ardua actividad. A Ella profésenle en todo momento un profundo amor filial. No dejen de rezarle diariamente por sus intenciones y por el Perú, así como a lo largo de toda su vida lo hizo el gran Mariscal don Andrés Avelino Cáceres, quien a sus 85 años de edad, en el año 1921, y lleno de un profundo amor por el Perú, le rezaba así a la Virgen de las Mercedes:

“Madre de nuestro Ejército: humilde a tus plantas como acostumbré en mi juventud de soldado, hoy el anciano Mariscal te repite el ruego de toda su vida: que la fe en las mercedes que otorgas cual guía luminosa abra al Perú la ruta de la gloria”.

Que la amorosa presencia de nuestra Madre santísima en sus vidas, les ayude en su trabajo cotidiano para que sean siempre los dignos herederos de la gloria de Grau, Bolognesi y Quiñones, intachables en todas sus acciones.

No quiero concluir estas palabras sin anunciarles a todos que el día de hoy, en la Santa Misa que celebraré dentro de poco en el Santuario de la Virgen de las Mercedes de Paita, proclamaré el inicio de una Gran Misión Católica, que bajo el lema de “Quédate con nosotros, Señor”, quiere llevar el nombre y la persona viva del Señor Jesús a los corazones y a las vidas de todos los piuranos y tumbesinos sin excepción, buscando que todos confiesen a Cristo como el camino, la verdad y la vida (ver Jn 14, 6). ¡Sólo así nuestro pueblo tendrá realmente vida en Él!

Serán tiempos, primero de intensa formación integral en la fe, y después de visitas misioneras para llevar el calor del Evangelio a nuestros hogares, centros de estudio y de trabajo, que esperamos culminar el año 2010 con un gran Congreso Eucarístico Arquidiocesano, para testimoniar que “la sagrada Eucaristía, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo” (4).

Son grandes los desafíos de nuestra realidad en los ámbitos familiar, educativo, laboral, religioso, etc. Sin embargo, somos también conscientes de la gran riqueza que constituye la fe y el fervor religioso de nuestro pueblo siempre católico a pesar de los problemas y dificultades.

Así como ayer, el Espíritu Santo, mostrará a los misioneros de hoy el camino por dónde ir, el qué decir y el cómo decirlo.

Santa María, Nuestra Señora de las Mercedes, Estrella de la Evangelización, nos acompañará y guiará con amor maternal para que sus piuranos y tumbesinos logremos entrar en el corazón de su Hijo, el Cautivo de Ayabaca, y así el esplendor de la fe resplandezca en todos los corazones y en nuestra vida social.

Que San Pablo, en cuyo año jubilar inauguramos esta Gran Misión, nos ayude a ser testigos convincentes del amor de Dios, dispuestos a vivir, trabajar, sufrir y morir por Cristo y Su Iglesia.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 24 de septiembre de 2008
Solemnidad de Nuestra Señora de las Mercedes

+JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura

Notas

1. Jorge Basadre, Perú: Problema y Posibilidad, pág. 229; Sexta Edición Fundación M.J. Bustamante de la Fuente; Año 2004, Lima- Perú.

2. Ibid. pág. 226.

3. Ver Is 32, 17; St 3, 18; S.S. Juan Pablo II, Discurso a la delegación de una editora austriaca, 28-III-01.

4. Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 5.

miércoles 24 septiembre, 2008