HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO EN LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR 2020

“No hay pandemia, ni crisis, capaz de apagar la luz de la Navidad”

Queridos hermanos: ¡Una Feliz Navidad!, porque no hay pandemia, ni crisis, capaz de apagar la luz de la Navidad. Con pandemia o sin ella, Dios viene a visitarnos.

Asimismo, no hay restricciones para vivir la Navidad, pues para vivirla sólo una cosa es necesaria: Acoger, adorar y adherirle el corazón al Niño Dios que nace.

Lo más importante de la Navidad es la venida del Señor y con ella nuestra capacidad de acogerlo por la fe. Por ello, habrá Navidad si, como San José, damos espacio al silencio; si, como Santa María, le decimos a Dios «aquí estoy»; si, como Jesús, estamos cerca de los que están solos y sufren; si, como los pastores, dejamos nuestros recintos para buscar y encontrar a Cristo. Será Navidad, si encontramos la Luz en la pobre Gruta de Belén y la acogemos en nuestras vidas.

La Navidad, es la bondad de Dios que ha venido a nuestro encuentro para comunicarnos la Verdad que salva y hacernos partícipes de su amistad y de su vida. El verdadero espíritu navideño está en la belleza de ser amados por Dios y en dejarse amar por Él.

Animo a todos en este día de Navidad a que nos acerquemos a los pesebres que hemos puesto en nuestros hogares y adoremos en familia el misterio de Dios que se hace Emmanuel, es decir Dios-con-nosotros. Que el Señor nos conceda la gracia del asombro ante el misterio de su Nacimiento, para así acercarnos a Él, y en Él acercarnos con amor y compasión entre nosotros.

Este año celebramos la Navidad en medio de una pandemia, pero el Espíritu de esta Navidad del Año del Señor 2020, permanece inalterable, porque Navidad es la fiesta de la ternura y del amor incondicional de Dios por nosotros. En el pequeño Niño de Belén, la gracia vence al pecado, el bien al mal y la vida a la muerte. Tengamos la certeza que ni el mal ni la muerte tienen la última palabra.

Que esta Solemnidad de la Natividad del Señor Jesús, nutra nuestra esperanza, la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podremos ser mejores; la esperanza de que finalmente seremos liberados del mal de esta pandemia. Por eso este Día Santo, digámosle con confianza al Niño Dios: «Señor Jesús, esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos ven a salvarnos del pecado y de esta pandemia». En este Día de Navidad, hay salvación para todos, porque el amor del Señor no excluye a nadie, más bien busca a todos, especialmente a los más pobres y descartados por la sociedad. Los invito a que en esta Navidad experimentemos la verdadera ternura de Dios y que ello nos lleve a ser compasivos y misericordiosos con nuestros hermanos, porque hay mucho dolor y pobreza que aliviar a nuestro alrededor.        

El Evangelio de la Vida esta en el centro de la Navidad

Queridos hermanos, que esta tierna y hermosa fiesta cristiana sea también una ocasión preciosa para que todos juntos reafirmemos el valor sagrado e inviolable de la vida humana desde su inicio con la concepción hasta su término natural, y que esto nos impulse además a brindar una mejor atención a nuestros enfermos, especialmente a los aquejados con el mal del Covid-19.

Gratitud para con los que cuidan a nuestros enfermos

Cómo no reconocer y agradecer en Navidad a tantas personas que, a lo largo de estos meses, de manera silenciosa y abnegada, se han entregado a servir a nuestros enfermos y ancianos, a los que están solos y a los más pobres. A los médicos, enfermeras y enfermeros, al Personal de Salud, los Policías y Militares, los miembros del Cuerpo General de Bomberos y del Sistema Nacional de Defensa Civil, los Serenazgos y trabajadores municipales.

A todos ellos nuestro reconocimiento y eterna gratitud porque siguen desempeñando su labor con gran amor y abnegación, poniendo en riesgo sus propias vidas y sacrificando el estar con sus familias, para cuidarnos.

Que el Niño Jesús que nace, les continúe brindando en estos momentos la esperanza y la fortaleza necesarias para que sigan cuidando con amor al prójimo, especialmente a nuestros hermanos contagiados.  

Cercanía con las familias que han perdido a un ser querido, con el Personal de Salud, la Policía Nacional y nuestras Fuerzas Armadas 

En este día de Navidad Jesús, María y José están cerca de todos aquellos que han perdido a un ser querido durante la pandemia, y se encuentran literalmente acampando a las afueras de un hospital aguardando cualquier noticia sobre la salud de sus seres queridos. Procuremos acompañarlos también nosotros con nuestra oración y activa caridad.

Recemos hoy por los difuntos, especialmente por aquellos que han perdido la vida a causa del virus. También desearía que rezáramos por los trabajadores de salud, los 520 Policías y los miembros de nuestras Fuerzas Armadas que han muerto durante la pandemia, y han dado sus vidas defendiendo al Perú de esa otra lacra que es el narcoterrorismo. Ellos han entregado sus vidas sirviendo a nuestros enfermos y a todos los peruanos, dándonos sobradas muestras de sacrificio, abnegación y amor por todos nosotros, haciendo vida la gran enseñanza de Jesús en el Evangelio: «No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos» (Jn 15, 13).

Mi deseo es que la Navidad sea para cada familia motivo de alegría y de gran consuelo, fuente de serenidad y de confianza en el futuro. Anhelo también que cada familia cristiana, siga el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret y difunda a su alrededor el mensaje de amor abierto a la vida que brota de la Gruta de Belén, alimentando así la esperanza de todos en un futuro mejor.

Que María Santísima nos enseñe a abrirnos con confianza al porvenir, porque la Navidad nos anuncia que el amor de Dios nunca nos abandona, menos aún en los momentos más difíciles y de prueba. 

Queridos hermanos: Nada nos impide hacer de esta Navidad la mejor de todas. Por eso, ¡Feliz Navidad!

San Miguel de Piura, 25 de diciembre de 2020
Solemnidad de la Natividad del Señor

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viernes 25 diciembre, 2020