HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI 2020

“Eucaristía, Milagro de Amor”

La solemnidad del “Corpus Christi” que hoy celebramos, es ocasión privilegiada para que renovemos nuestra fe y devoción en este gran milagro del amor divino. El Señor Jesús, se hace realmente presente en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Esta fiesta, también conocida hoy con el nombre del “Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo”, se remonta al año 1246, cuando el entonces Obispo de Lieja-Bélgica, Monseñor Roberto de Thourotte, la instituyó en su diócesis. Unos pocos años después, en 1264, el Papa Urbano IV extendió esta fiesta a toda la Iglesia universal, expresando así la importancia de adorar el Cuerpo eucarístico del Señor Jesús, Nuestro Reconciliador.  

Forma parte de esta solemnidad la tradicional procesión eucarística que sigue a la celebración de la Misa. Este año por la emergencia que vivimos no podremos tenerla, pero al finalizar esta Eucaristía haré un nuevo recorrido eucarístico llevando al Señor Sacramentado por las calles de Piura, 26 de Octubre y Castilla, hoy golpeadas por el dolor y el sufrimiento de la pandemia. Desde la custodia Jesús Eucaristía derramará sus bendiciones sobre todos y cada uno de nosotros, y nos dirá: ¡No se dejen desalentar por el mal! ¡Yo, el Señor, estoy con ustedes!

El Señor Jesús ha querido permanecer en medio de nosotros en este sacramento admirable cumpliendo así con su promesa: “He aquí que estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).  Jesús se queda no sólo durante la Misa, sino también después de ella, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Jesús Eucaristía es entonces el Dios cercano, el Dios que nos espera, el Dios que ha querido permanecer con nosotros amándonos. La Eucaristía es verdaderamente “Misterio de la Fe”, misterio que supera todo pensamiento y que pone a prueba la capacidad de nuestra mente de ir más allá de las apariencias. Misterio que sólo puede ser acogido en la fe.

Por eso San Cirilo de Jerusalén, padre y doctor de la Iglesia, nos irá: “No veas en el pan y en el vino meros y naturales elementos, porque el Señor ha dicho que son su Cuerpo y su Sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos te sugieran otra cosa” (San Cirilo de Jerusalén).

Nunca debemos olvidar que esta presencia real se deriva del sacrificio de la Cruz que cada celebración de la Misa actualiza. El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Misa, son un único sacrificio. Por eso ir a Misa significa ir al Gólgota para encontrarnos con Él, que es nuestro Salvador. Nunca se nos olvide que esta presencia suya en la Eucaristía también nos encamina a la comunión sacramental, a esa íntima unión de nosotros, los creyentes, con el Señor de la Vida. Por eso la Eucaristía es también verdadero banquete, donde el Señor Jesús es nuestro alimento de vida eterna. Por la comunión sacramental Dios entra a nuestros corazón, como un anticipo de la unión que tendremos con Él en el Cielo. La Eucaristía es anticipo del Paraíso y prenda de la gloria futura, “un resquicio del Cielo que se abre sobre la tierra”. Roguemos hoy con especial insistencia para que muy pronto volvamos a Misa.

Pero ello, lejos de conducirnos a evadirnos del mundo en el que vivimos y de los desafíos que éste nos presenta, la Eucaristía más bien nos da el impulso en nuestro caminar cristiano por la historia. En esta hora de tanto sufrimiento, donde muchos hermanos están enfermos, donde otros han perdido sus trabajos, donde miles se han empobrecido y están hambrientos, que este Sacramento de Amor nos mueva a la solidaridad, a la caridad, a la misericordia, a trabajar por construir una sociedad honesta y solidaria, es decir digna de la persona humana, donde los más débiles, los vulnerables, los más pequeños y los más pobres estén en el primer lugar de nuestras preocupaciones, especialmente en la de aquellos que tienen el deber de asistirlos. Que la Eucaristía realice el milagro de una Piura y Tumbes renovadas en el amor de Dios.

Que sea en la escuela de María, “mujer eucarística”, donde aprendamos a contemplar y a amar cada vez más este “milagro de amor”, ya que el cuerpo entregado en la cruz como sacrificio reconciliador, y la sangre derramada en el Calvario para el perdón de nuestros pecados, y que están presentes en los signos sacramentales, es el mismo cuerpo y la misma sangre que María concibió en su seno virginal, dio a luz en Belén, y ofreció en el Calvario por nuestra reconciliación, y que ahora se nos dan como alimento de vida eterna.

Amén.

San Miguel de Piura, 14 de junio de 2020
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

domingo 14 junio, 2020