HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA EN LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES 2019

Con profunda piedad filial, nos congregamos esta mañana en la Basílica Catedral de Piura, para venerar a Nuestra Señora de las Mercedes. Distinguida a lo largo de nuestra historia con los hermosos títulos y grados de “Patrona de los Campos del Perú” (1730), “Patrona de las Armas de la República” (1823) y “Gran Mariscala del Perú” (1921 y 1969), Santa María de las Mercedes resplandece como Patrona de las Fuerzas Armadas de nuestra Patria, e incluso por estos títulos recibidos, muchos la consideran como la Virgen Patrona del Perú, y es que desde los inicios de nuestra vida como pueblo, Nuestra Señora de las Mercedes ha estado siempre cuidándonos y guiándonos con su amor maternal.      

Una vez más con ocasión de su fiesta, venimos a ponernos bajo su protección, porque sabemos que con gran amor de Madre, Ella nunca deja de prodigar sus cuidados a quienes la invocan de corazón. De manera especial, hoy queremos poner bajo su protección a nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional, desde sus Comandantes Generales hasta el último soldado, aviador, marino y policía quienes con lealtad, sacrificio y honor sirven a su Patria, el Perú. Le pedimos que los proteja de todo mal, bendiga a sus familias y los asista en el cumplimiento de sus altas responsabilidades, que son sobre todo, preservar la soberanía e integridad territorial, cooperar al orden interno y al desarrollo integral del país.  

Nuestro homenaje a ustedes, nuestros hermanos peruanos que visten el uniforme de la Patria, quienes con muchos sacrificios y limitaciones, y a veces con grandes incomprensiones y maltratos, incluso del mismo Estado, aman y sirven al Perú, llegando en no pocos casos hasta dar la vida por la Nación.    

El culto a Nuestra Señora de las Mercedes, “La Mechita”

Merced, significa “favor”, “regalo”, “misericordia”. Merced es “gracia”, es “don”, y todo ello como fruto de una iniciativa gratuita del Señor que siempre nos ama primero (ver 1 Juan 4, 10). María, es Ella misma una “merced”, es decir un regalo de la misericordia de Dios a nosotros. En nuestro caso particular, el Señor dispuso en su providencia amorosa que Nuestra Señora de las Mercedes se quedara en Paita para desde ahí prodigarnos su amor maternal, un amor que nos protege de los peligros y que se hace todo ruego e intercesión por nuestras necesidades y desafíos, un amor que nos educa para que seamos en todo semejantes a Jesús, el camino, la verdad, y la vida (ver Jn 14, 6).

Cuentan las crónicas que la sagrada imagen de Nuestra Señora de las Mercedes de Paita, vio su culto nacer en el siglo XVI cuando llegaron los religiosos de la Orden de la Merced, quienes se propusieron extender su devoción. La imagen que se venera en Paita, donde nuestra Madre quiso quedarse para poner su casita sagrada y desde allí prodigarnos su amor-persona que es Jesucristo, nuestro Señor, afrontó no pocos peligros. Milagrosamente se salvó de ser destruida hasta en dos ocasiones por los corsarios y piratas ingleses que arribaron a nuestras costas para incendiarlas y saquearlas.

La primera tuvo lugar en 1587, cuando el corsario inglés Thomas Cavendish atacó el puerto paiteño incendiándolo. De inmediato las llamas empezaron a consumir todo lo que encontraban a su paso hasta llegar al templo de nuestra Madre. En medio de este incendio, uno de los devotos de la Virgen entró en la iglesia poniendo en riesgo su vida. Una vez ahí, subió al altar donde se encontraba la imagen y la rescató de ser consumida por el fuego.  

Sin embargo, la historia de los peligros que tuvo que afrontar nuestra Madre, “La Mechita”, no terminaron ahí. Casi dos siglos después, el 12 de noviembre de 1741, el puerto de Paita fue nuevamente asolado por los ingleses.

En este segundo ataque el almirante inglés George Anson, actuando más como pirata que como marino, saqueó e incendió el puerto paiteño e intentó decapitar la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, pero la Providencia Divina se lo impidió y lo único que pudo hacerle fue una sangrienta herida en su cuello. El estigma de su impía saña se puede observar hoy en día en la imagen de Nuestra Señora que se venera en Paita. Enfurecido por no haber podido consumar su blasfemia, Anson decidió llevarse la imagen como botín. Cuenta la historia que no bien llegó a su buque de nombre Centurión, estalló una terrible tempestad y, espantados los tripulantes, echaron al agua la portentosa imagen, a cuya presencia atribuyeron el infausto suceso.[1]  

En los días siguientes unos pescadores encontraron la imagen varada en la playa, los cuales con mucha devoción la retornaron a su templo paiteño. Desde este momento su devoción adquirió gran renombre, su fama trascendió a Paita, dando origen a las multitudinarias peregrinaciones que por estas fechas hacen miles y miles de peregrinos a su templo para rendirle el homenaje de su amor y solicitar su protección y amparo, llamándola e invocándola con el familiar y tierno nombre de “Mechita”, señal de su absoluta confianza en su poder de intercesión ante el Señor.   

Los peregrinos llegan de todos los rincones del Perú, así como de diversos países para encontrarse con Ella y hallar en su corazón amoroso, acogida, comprensión, consuelo, misericordia y paz. Nuestra Madre, con sus brazos abiertos de par en par, acoge a todos sus hijos sin excepción. Por eso hoy le pedimos a nuestra Mechita: ¡Muéstrate como Madre para con nosotros tus hijos! ¡Danos a Cristo, esperanza del mundo!

Nuestra Señora de las Mercedes de Paita resplandece entonces como vencedora de corsarios y piratas, es decir del mal y del pecado. Ella por tanto nos ayuda a ser libres de las fuerzas del mal que nos esclavizan, por eso en su mano izquierda sostiene los grilletes o esposas que simbolizan que por medio de Ella, el Señor libera a los cautivos por el pecado y sana a todos los que están oprimidos por el diablo (ver Hch 10, 38).

Santa María de la Mercedes, es el camino más seguro para hallar a Cristo, el único salvador del hombre, el único capaz de liberarnos de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna, el único capaz de reconciliarnos en la verdad y el amor, y así llenar nuestras vidas de auténtica libertad y felicidad. 

Sin unidad el Perú y Piura no progresarán

En este día de fiesta quiero pedirle a Nuestra Señora de las Mercedes que nos ayude a vencer el mal de la desunión, y que nos alcance de su Divino Hijo Jesús, una gracia, una merced: Que nos consiga la ansiada unidad entre los peruanos y especialmente entre los piuranos.

A lo largo de toda su historia, la unidad del Perú siempre ha estado en peligro y también lo está ahora. Nuestra clase política nacional, en vez de estar unida trabajando por el bien común, vive en su gran mayoría enfrascada en enfrentamientos de todo tipo, devorándose los unos a los otros, cosa que no le hace ningún bien al país. Hay mucha animosidad y susceptibilidad, así como venganzas, mentiras y egoísmos, escasa capacidad para el diálogo y el entendimiento, lo cual baja enormemente la moral y la confianza de los peruanos. Hoy nuestra Madre Santísima nos dice: ¡Basta ya de divisiones y desunión! ¡Basta ya de desencuentros entre hermanos!

Miremos la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Ella lleva en su vestido a la altura de su vientre el Escudo Nacional como diciéndonos:

“Ustedes son mis hijos, mis hijos muy queridos, fruto de mi gran fe. Junto con Jesús, realmente los he concebido en mis entrañas y los he dado a luz para la salvación. Ustedes son, en mi Hijo Jesucristo, hermanos. Ya es hora que dejen de pelearse y por el bien superior del Perú y de Piura aprendan a dejar de lado sus intereses personales y de grupo, y más bien ámense los unos a los otros”.    

Sí, queridos hermanos, Nuestra Señora de las Mercedes al llevar el Escudo Nacional en su vestido blanco, símbolo de su pureza inmaculada, nos recuerda que somos sus hijos y que todos somos peruanos, y si queremos una Patria grande que realice su destino histórico, ahora más que nunca cercano el Bicentenario de nuestra Independencia Nacional, urge erradicar el egoísmo partidista y personal; apremia lograr que los poderes del Estado no se devoren entre sí, sino que más bien se unan en la común misión de hacer del Perú una Patria grande. Se hace necesario superar la violencia como forma de protesta, porque además de ser anti cristiana, trae consigo destrucción, atraso y muerte de peruanos. Urge también sacudirse de las ideologías relativistas y reduccionistas que empobrecen y distorsionan la verdad de la persona humana, y más bien impulsar la educación en valores de nuestra juventud, en el hogar y en los colegios, retomando en estos últimos las asignaturas de Historia del Perú, Ética y Educación Cívica.

En el caso de Piura, sigamos fortaleciendo el camino de unidad iniciado hace poco por nuestras autoridades, y hagamos realidad el gran anhelo de Jorge Basadre de ver a todos sus compatriotas sentados en una gran mesa, dialogando, coordinando, y trabajando juntos, en nuestro caso por la reconstrucción y el desarrollo integral de nuestra Región.

Para ello se requiere de mucha humildad, de buena voluntad, y comprender que el fin de la política no es el poder y el protagonismo, sino la consecución del bien común. La razón de ser de la política es el servicio del hombre con sus exigencias trascendentes y éticas. Sigamos trabajando juntos tomando las mejores decisiones en orden a resolver los problemas de la vida diaria, de la educación, de la salud, de la familia, para dar mejor calidad de vida a los piuranos, y así proteger la dignidad y los derechos de la persona humana desde su concepción hasta su fin natural, promoviendo en todo momento la justicia, la honestidad y la convivencia pacífica en la sociedad.  

Durante la gesta libertaria de su Patria, la Argentina, el Generalísimo Don José de San Martín, Libertador del Perú, tuvo que enfrentar el divisionismo de los caudillos que ponían en peligro la independencia de su país. Consciente del gran mal de la desunión escribió a uno de ellos estas conmovedoras palabras que a pesar del tiempo transcurrido no han perdido su vigencia y se aplican en toda su extensión a nosotros: “Unámonos paisano mío…divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro los batiremos; hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor…Unámonos, repito, paisano mío; el verdadero patriotismo consiste en hacer sacrificios: hagámoslo y la Patria sin duda alguna es libre, de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud”.[2]

Que siempre mediante la guía maestra del diálogo y del trabajo conjunto, pongamos a Piura primero, y con ella a los pobres y a los damnificados de nuestra Región.

Que la Virgen de las Mercedes bendiga a nuestras Fuerzas Armadas

En el día en que nuestras Fuerzas Armadas celebran a Nuestra Señora de las Mercedes, su Patrona y Mariscala, queremos reiterarles a ustedes nuestro reconocimiento por todo lo que hacen por el Perú. A nuestros soldados, marinos, aviadores militares y también a nuestros policías, les decimos que inspiren siempre su conducta de vida en los insignes modelos de Miguel Grau, Francisco Bolognesi, José Abelardo Quiñones, Mariano Santos Mateos y Alipio Ponce. Sus ínclitos héroes y patronos les marcan el horizonte de todo lo que pueden y deben llegar a ser. Vivan intensamente su fe cristiana y católica porque la vida cristiana eleva y despliega las virtudes humanas que ustedes deben vivir en su vida militar como son el valor, la lealtad, el honor, la disciplina, el compañerismo y el sacrificio, entre otras. Así podrán hacer realidad sus lemas institucionales: “Hasta quemar el último cartucho”; “Arriba siempre arriba”; “Un solo norte el deber, tan solo un rumbo, el honor”; y “Dios, Patria, Ley”.

A la ciudadanía y a las autoridades les pido que seamos más solidarios con nuestros compatriotas uniformados. Que de nuestra parte no haya indiferencia hacia ellos. Rindamos siempre justo homenaje y reconocimiento a quienes dan su vida para darnos la paz y hacer grande al Perú, como lo hicieron el pasado 25 de junio el Subteniente EP Tomy Heredia Yovera y los Suboficiales de 2da. EP, Ítalo Pérez Ávila y Óscar Capac Mamani, caídos valerosamente en el VRAEM por la acción criminal del narcoterrorismo. A los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional caídos en el cumplimiento del deber, nuestra imperecedera gratitud y nuestra oración devota por su eterno descanso.  

A Nuestra Señora de las Mercedes le consagramos a nuestras Fuerzas Armadas, con la certeza que “La Gran Mariscala del Perú” los acompañará siempre, tanto en los tiempos difíciles como de paz, así como en las misiones de desarrollo y de ayuda humanitaria que realizan.

A Nuestra Señora de las Mercedes que avanza delante de nosotros defendiéndonos del mal y guiándonos por la senda de la gloria, la libertad y la justicia, con confianza filial le rezamos:

A ti recurrimos, oh Virgen Mariscala de nuestras Fuerzas Armadas, para implorar tu maternal protección sobre nuestra Patria, el Perú. 

Los colores de nuestra Bandera y de nuestro Escudo Nacional se despliegan sobre tu imagen bendita como señal de nuestra devoción y que confiamos en tu protección y defensa.  

Por todo esto te pedimos que protejas a nuestra Patria y a Piura, fundadas según los designios divinos, y que sepamos siempre honrarte. 

Que al postrarnos ante tu imagen bendita resuene esta unánime aclamación: 

¡Tú eres la gloria de nuestra Patria!

¡Tú eres la honra de nuestro pueblo, Piura!

¡Tú la Mariscala de nuestras Fuerzas Armadas!

Amén.

San Miguel de Piura, 24 de septiembre de 2019

Solemnidad de Nuestra Señora de las Mercedes 
Patrona de Piura y de las Fuerzas Armadas del Perú

[1] Ver RAMÍREZ ADRIANZÉN, Miguel Justino. Homenaje de Piura al VI Congreso Eucarístico Nacional. 25-28 agosto 1960. p. 105-106. Ver además CICALA, Mario, S.J. Descripción histórico-topográfica de la Provincia de Quito de la Compañía de Jesús. Biblioteca ecuatoriana “Aurelio Espinosa Polit” Instituto Geográfico Militar. Quito, 1994. Páginas 556 – 560.
[2] Horacio Augusto Grillo, Nuestro San Martín. Algunas reflexiones acercar del General José de San Martín, pág. 42.
lunes 23 septiembre, 2019