HOMILÍA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA EN LA FIESTA DE SANTA ROSA DE LIMA 2020

“El perfume de esta Rosa se ha acentuado con los siglos”

Hoy celebramos la solemnidad de Santa Rosa de Lima. Nuestra Santa Peruana, fue la primera flor de santidad que floreció en nuestro continente americano, y a pesar de los siglos que han transcurrido, con satisfacción podemos decir que la fragancia de esta “rosa” no se ha desvanecido con el paso de los tiempos sino todo lo contrario, el perfume de su bondad y amor se ha acentuado con los siglos. La santidad de Santa Rosa sigue hoy en día asombrando y cautivando a propios y a extraños. Ella sigue difundiendo el perfume del conocimiento y del amor de Cristo (ver 2 Cor 2, 14).

Características de la santidad de Santa Rosa de Lima

Veamos ahora algunos de los rasgos principales de la santidad de Rosa de Lima, para que de esta manera la presencia de nuestra hermana y compatriota encienda en nuestras vidas cristianas intensos deseos de santidad y apostolado, y nos traiga consuelo y esperanza en estos tiempos de pandemia. Tres fueron las características principales de la santidad de Rosa de Lima. En primer lugar, ella se distinguía por su profunda vida de oración, oración entendida como un dirigirse interiormente al Señor, como un estar en su luz para dejarse encender por el fuego santo del amor divino y así poder irradiarlo después a los demás. Tal fue su vida interior que Santa Rosa llegó a las cumbres más altas de la mística, es decir de la unión con Dios-Amor, Uno y Trino.

En segundo lugar, Santa Rosa se distinguió por su amor preferencial por los pobres. Puesto que ella ama a Cristo, el despreciado, el doliente, Aquél que por nosotros se hizo pobre, ella también ama a los más vulnerables que llegaron a ser sus hermanos más cercanos y queridos. Las penitencias que ella hacía no eran absolutamente una forma de masoquismo, sino de solidaridad con todos los pobres y los que sufren, solidaridad que brota de la comunión con el Cristo doliente y crucificado.  

Finalmente, el tercer rasgo de su santidad fue su ardor por la misión. Santa Rosa ardía en deseos de ir por las calles de todo el mundo para conducir a todas las personas hacia el Señor Jesús, el Reconciliador. Rosa expresaba con estas palabras este anhelo por su misión: “¡Escuchadme, pueblos! ¡Escuchadme, naciones! Por mandato de Cristo os exhorto”. Ahora en el cielo, libre del vínculo a un solo lugar, ella va por todas las calles de la tierra realizando la misión que anhelaba: Llevar a todos al encuentro de vida con el Señor Jesús. Que a ejemplo de nuestra Santa Peruana seamos cristianos de oración, de intensa vida de caridad para con los más pobres; cristianos que hagamos penitencia por nuestros pecados y por un mundo impenitente; cristianos llenos de ardor por la misión de anunciar a Jesús como el único Salvador del hombre ayer, hoy y siempre.

Pero la santidad de nuestra Rosa se expresa también en otras características muy bellas y hermosas como por ejemplo en su profunda fe en Dios.

Creyendo en el Señor, Santa Rosa también creía en la Iglesia, se adhería firme y totalmente a las verdades de la fe y vivía con verdadero gozo espiritual los sacramentos, sobre todo la Eucaristía. Su profunda fe en el Señor se veía sobre todo manifestada en los momentos de cruz y de prueba. En esos momentos difíciles, ella nunca dudaba de la presencia de Dios ni de su amor. Más bien mantenía firme su total confianza en el Señor. ¡Qué ejemplo para nosotros que a la primera dificultad solemos dudar del amor del Señor y rechazamos su Cruz!   

Asimismo, otro rasgo de su santidad consistía en realizar su trabajo cotidiano con alegría y en actitud de ofrecimiento al Señor, ya sea en las labores cotidianas del hogar, en la cocina, el cuidado de sus hermanos menores, en la costura y el bordado, en la atención a sus padres cuando éstos envejecieron, y en el cuidado de los enfermos menesterosos y de los esclavos negros. Estos últimos no tenían un hospital a dónde recurrir en los tiempos de nuestra Santa. No nos olvidemos que Santa Rosa era una laica que se adhirió a la Tercera Orden Dominicana, y por tanto vivió su santidad en el mundo impregnando las realidades temporales con los valores del Evangelio. Que ella nos enseñe a vivir nuestra vida cristiana en el quehacer cotidiano, consagrando todas las realidades temporales a Dios.

Rasgo esencial de su santidad fue su profunda piedad filial a Santa María. Por eso el día en que fue confirmada, nada menos que por Santo Toribio de Mogrovejo, ella unió a su nombre de “Rosa” el de “Santa María”.

Pruebas de su profundo fervor mariano fue su devoción a la Virgen del Rosario que hasta nuestros días se venera en el Convento de Santo Domingo en Lima, y su testimonio de que el Señor le hacía muchos favores a través de esta imagen y devoción de la Virgen María. Igualmente, señal de su gran amor a María fue el haber usado en su desposorio místico con Jesús, las mismas palabras de la Madre de Dios en la Anunciación-Encarnación: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra” (Lc 1, 38). Indudablemente fue en la escuela de María donde Santa Rosa aprendió a ser toda de su amado Jesús y por Él toda para los demás.  

Cualidad saltante de su santidad fue también su profunda alegría. ¿Cómo nos imaginamos a una santa que rezaba mucho, que hacía penitencia, que atendía a muchas personas enfermas, que era muy hacendosa y que tenía un alto sentido del deber? ¿Triste, excesivamente seria, poco comunicativa? De ninguna manera Santa Rosa era una mujer y una santa muy alegre lo cual lo manifestaba en las poesías y en las canciones que componía y cantaba, como villancicos y otros cantos de alabanza al Señor, así como en los instrumentos musicales que tocaba con frecuencia como la vihuela que era una especie de guitarra de su época. Santa Rosa era una mujer alegre y de espíritu jovial, más extrovertida que introvertida.    

Un último atributo de su santidad a destacar fue su humildad y sencillez, la que vivía en su obediencia a sus padres, y entregando todas las ganancias de su trabajo a su familia, a la Iglesia y a sus pobres. Fue una mujer muy paciente, jamás hubo en ella rasgos de rebeldía alguna, y cuando la maltrataban no devolvía jamás el insulto.

Buscaba no llamar la atención, fue modesta y austera y por ello Dios se enamoró de su corazón y a los 31 años la llamó a gozar de la dicha del Cielo. Como fruto de su humildad y caridad, miles acudieron a su velorio y a sus exequias.

Queridos hermanos, que la santidad de esta “rosa peruana”, la primera santa de América, nos perfume. Que como Santa Rosa de Lima seamos santos, porque sólo los santos son los verdaderos reformadores de la Iglesia y los transformadores del mundo. Sólo los santos son los genuinos artesanos de un mundo renovado en la Verdad y el Amor que es Cristo Jesús.

Santa Rosa intercede por el Perú por nuestra Policía Nacional y nuestras Enfermeras.

Hoy en la solemnidad de nuestra Santa Peruana, quisiera también pedirle para que interceda por el Perú, hoy afligido por la pandemia del coronavirus (Covid-19), y por nuestra Policía Nacional y Enfermeras, ya que Santa Rosa de Lima es su patrona.

En primer lugar, pidámosle a Santa Rosa que interceda por su Patria, para que su amado Jesús ponga fin a esta pandemia, dé salud a los contagiados, y conceda la vida eterna a los fallecidos por causa del coronavirus. Que nos ayude en esta hora a ser solidarios y amar a nuestros hermanos como ella lo hacía.

En segundo lugar, que interceda por su querida Policía Nacional que la tiene por su patrona y modelo. Hoy rendimos sentido homenaje a esta importante Institución tutelar del Perú.  

Rendimos homenaje a los miles de policías que a lo largo de la historia del Perú han entregado sus vidas defendiéndolo durante la guerra, la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia común. A todos ellos se suman hoy en día más de 450 policías fallecidos a nivel nacional por culpa de la pandemia. Ellos han muerto en el cumplimiento del deber, han muerto poniendo el pecho por la ciudadanía, es decir por nosotros, tratando de impedir el avance del mortal Covid-19. Asimismo es conveniente señalar que al menos 27,000 policías han quedado infectados por este maligno virus desde que comenzó la pandemia. Pedimos en nuestras oraciones por su pronta recuperación. A todos ellos honor y gloria, y junto con nuestra oración por el eterno descanso de los fallecidos, nuestra solidaridad y plegarias para con sus familias y su Institución.

Queridos Policías con el Papa Francisco les digo: “Vuestra vocación es el servicio. Y esa vocación se manifiesta en la defensa de los individuos y del medio ambiente, en la acción por la seguridad, por el respeto de las reglas de la convivencia civil y por el bien común. Es un compromiso concreto y constante en la defensa de los derechos y deberes de los individuos y de la comunidad. La tutela del orden público y de la seguridad de las personas es un compromiso siempre actual en una sociedad dinámica, abierta y garantizadora en la que estáis llamados a actuar”.[1]  Para poder cumplir con esta alta misión, sigan el ejemplo de Santa Rosa de Lima.

Como ella, sean hombres y mujeres de oración y de vida sacramental, porque el mal que tienen que enfrentar cada día sólo se puede vencer con el bien y con la gracia que vienen de Dios. 

Como Santa Rosa, sean hombres y mujeres virtuosos, sean personas morales, intachables e incorruptibles. Sólo siendo íntegros y honorables, serán guías auténticos para los demás y factores vivos de ética social, ya que con sus vidas y sus palabras estimularán a los demás a ser personas de bien. Que los errores de algunos malos miembros de su Institución no los desanimen ni les roben la esperanza y la alegría de servir a la sociedad peruana, porque son muchos más los buenos policías que hay y que a diario contribuyen con su abnegado servicio al bien común de nuestra sociedad. Con nuestra santa peruana, les digo: “Guárdense de pecar y de equivocarse”. Asimismo, no se aprovechen del poder que tienen. El profesionalismo que les exige su alta misión policial se mide también por la honestidad, la integridad y una profunda rectitud de intención.  

Como Santa Rosa, sean personas de vida abnegada y entregada al servicio de los demás, especialmente en favor de los más pobres que hoy en día adquieren un rostro muy concreto en los enfermos. Como Santa Rosa, un policía está llamado a servir y amar, a acoger y defender la dignidad de toda persona humana desde la concepción hasta su fin natural, pero especialmente de los más vulnerables.

Como Rosa de Santa María, que fue pobre en recursos, pero rica en fervor, estén siempre dispuestos a padecer limitaciones, estrecheces y sacrificios, pero manteniendo vivo su ardor, entusiasmo y pasión por los ideales que los convocaron a la vocación policial. Jamás se dejen vencer por el desánimo. Nunca hay motivos suficientes para perder la esperanza. ¡El mal no triunfará por siempre!

Asimismo, esta mañana rendimos homenaje a nuestras Enfermeras que tienen a Santa Rosa por patrona y modelo. En esta época de pandemia han dado ejemplo de heroísmo y algunas han dado su vida atendiendo a sus enfermos. A ellas también de manera especial las recordamos en nuestra oración de hoy.   

Queridas Enfermeras: En su diaria labor miren siempre a Santa Rosa, mujer audaz que en su época abre en la casa de sus padres la primera enfermería de la ciudad de Lima para atender, cuidar y sanar a aquellos enfermos indigentes que no tenían a donde ir. Bajo la atenta mirada de la imagen del Niño Jesús que entronizó en su enfermería, a quien llamó el “Doctorcito”, porque a Él atribuía todas las curaciones que realizaba, se prodigaba en acoger a todo necesitado. A nadie excluía de su amor porque veía a los enfermos con los ojos de Jesús y veía a su amado Jesús en el rostro del enfermo y del pobre.  Su papá decía que, si a Santa Rosa le hubiesen permitido llevar el hospital a su casa, lo hubiese hecho sin demora.

Su mamá, por su parte, contó al tribunal de la causa de beatificación, que la Santa llevaba a su casa enfermos negros, indios pobres, indigentes de enfermedades asquerosas y que los curaba con una caridad impresionante sin importarle los malos olores, sin poner caras raras, sino que todo lo hacía con profunda ternura y paciencia. Ciertamente la vida de nuestra Santa Peruana nos habla de su profunda solidaridad para con el prójimo, lo cual no sólo es modelo para nuestras enfermeras sino para todos nosotros en estos tiempos difíciles que vivimos.

Pero su solidaridad y caridad no se limitaba sólo a lo material sino también abarcaba lo espiritual: Si alguno de sus enfermos no estaba bautizado o había alguien que estaba en pecado y necesitaba confesarse, o se encontraba moribundo, procuraba inmediatamente conseguirle un sacerdote para que recibiese los sacramentos y con ello la gracia de Dios y la salvación, y después lo acompañaba con su cariño, dedicación y oración.

Qué ejemplo para una enfermera cristiana que tiene que velar por el bien integral de la persona que no se reduce a su cuerpo sino también abarca su alma y espíritu. No se olviden, queridas enfermeras, que la ternura es la clave para atender a un enfermo y también es una medicina preciosa para su curación. Y la ternura pasa del corazón a las manos, pasa por un «tocar» las heridas lleno de respeto y amor.[2]

Queridos hermanos: La santidad de Rosa de Santa María es impresionante y siempre actual, porque la santidad nunca pasa de moda, y porque ella apela a lo más hondo de nuestro ser, apela a aquello para lo cual hemos sido creados y salvados por Dios, “ya que en Cristo nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor” (Ef 1, 4).

Hoy fiesta de nuestra Santa Limeña y Peruana le rezamos: Te pedimos humildemente Santa Rosa de Lima, compatriota y hermana nuestra, que te apiades de nosotros. Que por tu intermedio, tu amado Jesús nos conceda abundantes bendiciones. De manera especial te pedimos por el fin de la pandemia, por el descanso eterno de los muertos y la curación de los enfermos. Te pedimos que intercedas por tus policías y enfermeras. Cuídalos y ayúdalos en todo momento. Líbralos de todo mal.  

Como lo hacías antes, sana a este Perú hoy enfermo por el Covid-19 y también por el egoísmo, la corrupción, el individualismo, el oportunismo, y los intereses y afán de lucro de algunos, que aprovechándose del dolor y de la necesidad de tantos acaparan y especulan en beneficio propio. Atrae sobre nosotros más bien los dones del amor fraterno, la generosidad, el servicio desinteresado, la solidaridad y la reconciliación. Amén.

San Miguel de Piura, 30 de agosto de 2020. 

Solemnidad de Santa Rosa de Lima, Virgen
Patrona del Perú, de América y de las Filipinas

[1] S.S. Francisco, Discurso a los Policías, 06-VI-2014.

[2] Ver S.S. Francisco, Discurso a la Federación de Colegios Profesionales de Enfermeros, 03-III-2018.

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domingo 30 agosto, 2020