HOMILÍA DE JUEVES SANTO 2016

“Si estas en la Misa, estas en el Calvario”

El Jueves Santo conmemora grandes misterios: el don del sacerdocio ministerial, el regalo del sacramento de la Eucaristía y el mandamiento del amor fraterno. Todos estos misterios de amor se iluminan desde el misterio de la Cruz donde está Cristo entregándose por nuestra salvación. Sin lugar a dudas la Santa Misa está íntimamente ligada a la ofrenda del Calvario, porque la Misa hace presente el sacrificio de la Cruz. Los antiguos predicadores lo explicaban de este modo: «¿Estás presente en la Misa? Entonces es como si estuvieras con la Virgen María y San Juan en el Calvario, a los pies de la Cruz de Jesús». Por eso siempre en las iglesias, sea sobre el altar o cerca de él, hay un crucifijo. San Pablo nos lo ha dicho en la segunda lectura de hoy: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva» (1 Cor 11, 26). Por eso la Eucaristía es Misterio grande de Amor, Misterio de Misericordia donde el amor de Jesús que llegó hasta el extremo en la Cruz y que no conoce medida (ver Jn 13, 1), nos alcanza en el tiempo a nosotros sus discípulos para purificarnos, transformarnos, santificarnos.

Es conmovedor escuchar en el Evangelio de hoy (ver Jn 13, 1-15), como San Juan introduce el lavatorio de los pies que Jesús hace a sus discípulos en la Última Cena: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». En el sacramento de la Eucaristía, Jesús sigue amándonos del mismo modo, «hasta el extremo», hasta el don de su cuerpo y de su sangre. Sigue poniéndose a nuestros pies para servirnos con amor. Queridos hermanos: Participar de la Misa debe llevarnos, unidos con Jesús, al amor más grande, a aquel que nos impulsa a «dar la vida por los hermanos» (ver Jn 15, 13). ¿Estoy dispuesto a amar y servir como Jesús? Si no lo estoy entonces corro el riesgo de no tener nada que ver con Él. Esa es la seria advertencia que el Señor le hace a Pedro.

De otro lado sabemos bien que el amor, el dar la vida por lo demás, se hace realidad concreta, en el humilde acto del servicio cotidiano. Con el Papa Francisco les pido que hagamos crecer la dinámica de la Misericordia, que enlaza un pequeño gesto de amor y de servicio con otro. Que esta Misa de Jueves Santo no se quede sólo en la emoción del gesto del lavatorio de los pies sino que nos mueva al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los más indefensos, vulnerables y frágiles; de los pobres, de los niños, de los ancianos, de los enfermos y necesitados. Los pequeños pero concretos y auténticos gestos de servicio y de misericordia hacen que surja una sociedad realmente renovada por el amor del Señor.

Recemos por nuestros hermanos cristianos perseguidos y por el Padre Tomás

Finalmente en esta Semana Santa recemos por los cristianos en el Medio Oriente que van a vivir una verdadera Semana de Pasión. Ellos tienen derecho a la esperanza y sueñan con el Domingo de Resurrección, pero están padeciendo un verdadero calvario. Hay una voluntad expresa y deliberada de acabar con los nuestros hermanos cristianos ahí, de acabar con su cultura y su patrimonio histórico. Recemos por la pronta liberación del Padre Tomás Uzhunnalil, capellán de las Hermanas Misioneras de la Caridad asesinadas en Yemen, y que fuera secuestrado. Recemos por la paz y la libertad religiosa en la Tierra de Jesús, en el Medio Oriente. Que María, Madre de Misericordia los cubra y proteja con su manto maternal.

San Miguel de Piura, 24 de marzo de 2016
Jueves Santo

jueves 7 abril, 2016