HOMILÍA CON OCASIÓN DEL 192º ANIVERSARIO DEL GRITO LIBERTARIO DE PIURA

La Proclamación y Jura de la Independencia de Piura

Un día como hoy hace 192° años, Piura proclamó su Independencia en esta histórica iglesia de San Francisco de Asís. El 04 de enero de 1821 los insignes próceres piuranos don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, Manuel del Valle, José María Arellano, Buenaventura Raygada, Tomás Arellano, Juan Manuel López, José Antonio Vilela y Manuel Diéguez, manifestaron su grito libertario al cual se sumó entusiasta el pueblo de Piura en general y la juventud piurana en particular.

La independencia de Piura fue una clara muestra de la estrategia del generalísimo Don José de San Martín, para quien el proceso independentista peruano debía lograrse por un conjunto de adhesiones pacíficas y no tanto a través de enfrentamientos armados. En efecto nuestra querida Piura se unió al proceso libertario sin una batalla significativa, manifestando así que el espíritu peruano estaba maduro en el alma y el corazón de sus habitantes.

Los vecinos de Piura tuvieron el valor de afirmar el principio de libre determinación de los pueblos como fuente de soberanía y por ello después de proclamar la Independencia procedieron a jurarla, es decir asumieron el compromiso de defenderla y hacerla respetar con cabal responsabilidad.

Narran las crónicas que el día 06 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor o Pascua de Reyes se celebró en nuestra cálida Ciudad una Santa Misa de acción de gracias solemnizada con el Himno del Te Deum al final.

Sin Dios el Hombre se desvanece

La celebración cívica que nos reúne esta mañana no puede estar separada del espíritu cristiano propio de estos días de Navidad; días que nos traen la alegre noticia del nacimiento del Hijo de Dios de la Virgen María. Dios se hace hombre para que el Hombre participe de su misma vida divina inmortal. Todavía resuenan en nuestro interior las palabras del primer villancico de la historia pronunciadas nada menos que por los mismos ángeles la noche de Navidad a los pastores de Belén: “Gloria a Dios en la alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14).

Explicando este pasaje del Evangelio, el Santo Padre Benedicto XVI recientemente nos decía: “Con la gloria de Dios en las alturas, se relaciona la paz en la tierra a los hombres. Donde no se da gloria a Dios, donde se le olvida o incluso se le niega, tampoco hay paz…Si la luz de Dios se apaga, se extingue también la dignidad divina del hombre. Entonces, ya no es la imagen de Dios, que debemos honrar en cada uno, en el débil, el extranjero, el pobre. Entonces ya no somos todos hermanos y hermanas, hijos del único Padre que, a partir del Padre, están relacionados mutuamente. Qué géneros de violencia arrogante aparecen entonces, y cómo el hombre desprecia y aplasta al hombre, lo hemos visto en toda su crueldad el siglo pasado. Sólo cuando la luz de Dios brilla sobre el hombre y en el hombre, sólo cuando cada hombre es querido, conocido y amado por Dios, sólo entonces, por miserable que sea su situación, su dignidad es inviolable”(1). Hasta aquí el Santo Padre.

Estas palabras de nuestro Romano Pontífice nos ayudan a comprender que la injusticia, la violencia y la muerte surgen entre nosotros cuando excluimos a Dios de nuestras vidas. La criatura sin el Creador desaparece(2). Sin el Señor no hay fundamento posible para la fraternidad entre nosotros.

El Perú en general y Piura en particular han vivido momentos de violencia social en el año que hemos terminado. Violencia, siempre anticristiana, que ha dejado el lamentable saldo de hermanos nuestros muertos cuya trágica desaparición ha sumido en el dolor a no pocas familias. A ello debemos añadir el rebrote de la acción demencial del narco terrorismo en nuestra Patria, tanto a nivel ideológico como operativo, así como la acción de la delincuencia común y del crimen organizado que constituyen hoy en día una grave preocupación ciudadana.

Hay que decirlo con claridad: es absurdo recurrir a la violencia para conseguir la justicia y la paz. La violencia sólo engendra más violencia. La matriz de la violencia es el odio. La violencia es inmoral e injustificada. Ella es una negación de la dignidad humana. Por tanto hay que rechazar la violencia como medio para resolver los problemas de la sociedad, pues la violencia va contra la vida y es destructora del hombre.

Más bien si queremos construir durante el año 2013 una Piura y un país más justo y reconciliado, donde la paz, la fraternidad y el trabajo por el bien común sea lo que nos una, debemos acoger la profética enseñanza del Santo Padre: sólo cuando la luz de Dios brilla sobre el hombre, sólo entonces su dignidad es inviolable; sólo entonces puede haber verdadera paz en el corazón del ser humano y en nuestra vida social. Por tanto para la realización de la paz y de nuestro auténtico progreso se hace urgente reafirmar nuestra fe cristiana y católica la cual está en el nacimiento de nuestra cultura e identidad. El olvido de nuestra fe cristiana, su desprecio o confinamiento a la esfera de lo privado y su exclusión de la dimensión pública, atenta contra el Perú mismo y contra la unidad de nuestra Patria. Una sociedad que pierde su religión, tarde o temprano pierde su cultura, su unidad y las fuerzas espirituales y morales que la hacen grande. Por ello valorar, atesorar y recurrir a nuestra fe es el camino para fortalecer nuestra identidad y unidad e impulsar adecuadamente nuestro desarrollo integral, la justicia, la paz y la fraternidad entre nosotros.

Por esta razón con acierto nuestra Constitución declara que: “Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración”(3). Hay ciertamente una sana laicidad y ésta consiste en que las realidades terrenas gozan de una autonomía efectiva de la esfera eclesiástica, pero no del orden moral que tiene su fundamento último en la religión.

Afirmar nuestra fe, herencia de nuestros mayores, es el camino a la verdadera paz. Por ello mi llamado a ustedes autoridades de Piura, a que trabajemos unidos para hacer de nuestra Región y de nuestra Ciudad, la casa de todos. El servicio que la Iglesia presta, no de ahora sino desde los orígenes de nuestra peruanidad a nuestra Patria, consiste en despertar por medio de la predicación, la catequesis y el testimonio del amor, las fuerzas espirituales y morales sin las cuales la justicia y el bien común no pueden afirmarse ni prosperar (4). Sin valores no hay futuro y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana.

Amar, defender y promover el matrimonio, la familia y la vida

Igualmente y haciéndome eco del Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de la Paz, recientemente celebrada el pasado 01 de enero de este año, quiero también decirles que: “El camino para la realización del bien común y de la paz pasa ante todo por el respeto de la vida humana…desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana”(5). Quien quiera la paz y el auténtico desarrollo no puede tolerar atentados y delitos contra la vida como el aborto. “Quienes no aprecian suficientemente el valor de la vida humana y, en consecuencia, sostienen por ejemplo la liberalización del aborto, tal vez no se dan cuenta que, de este modo, proponen la búsqueda de una paz ilusoria…La muerte de un ser inerme e inocente, nunca podrá traer felicidad o paz. En efecto, ¿cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aún no han nacido? Cada agresión a la vida, especialmente en su origen, provoca inevitablemente daños irreparables al desarrollo, a la paz, al ambiente”(6).

Si queremos auténtico progreso, también la estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión entre un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas como las uniones homosexuales, que en realidad dañan y desestabilizan a la familia fundada en el matrimonio y con ella a la sociedad que tiene en la familia a su célula natural y fundamental.

Por ello el día de hoy quiero reiterarles el pedido que hiciera a la clase política nacional y regional en mi pasada homilía del 28 de diciembre, fiesta de los Santos Mártires Inocentes: “La apertura y defensa de la vida está en el centro del verdadero desarrollo. Incluyamos en nuestros planes políticos, sociales, culturales y económicos al niño por nacer y junto con él a la familia (fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer), célula primera y vital de la sociedad, patrimonio de la humanidad. Ninguna otra institución puede sustituir a la familia. Sólo así la inclusión social de la que hoy tanto se habla, será verdadera y podremos darle a nuestro futuro un rostro verdaderamente humano”.

Queridos amigos: una Nación avanza en la misma dirección por la que camina la familia, y cuando la integridad y la estabilidad de la vida familiar se ponen en peligro, otro tanto sucede con la estabilidad de la Nación.

No permitamos que poderosos intereses económicos internacionales en alianza con minúsculos grupos nacionales ideologizados trastoquen la identidad de nuestro pueblo profundamente arraigada en la familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, y en la acogida, defensa y promoción de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural.

Esta mañana quiero pedirles a ustedes autoridades de Piura, en el marco del Año de la Fe que estamos viviendo, que testimonien con renovado entusiasmo su fe en Cristo en el ejercicio de su vida política. Con el Papa Benedicto XVI les digo: “¡No tengáis temor de vivir y testimoniar la fe en los diversos ambientes de la sociedad, en la múltiples situaciones de la existencia humana, sobre todo en las más difíciles! La fe os da la fuerza de Dios para tener siempre confianza y aliento, para seguir adelante con nuevas decisiones, para emprender las iniciativas necesarias para dar un rostro siempre más bello a vuestra tierra”(7).

Hacia un desarrollo auténtico e integral

A pesar de todos nuestros problemas, el Señor Jesús viene bendiciendo a nuestra Patria y también a Piura, con un desarrollo económico y social sostenido, por lo cuales debemos estar muy agradecidos. En ello vemos que la apuesta que realizaron hace 192° años nuestros antepasados no fue en vano.

Sin embargo, junto con el progreso económico, técnico y social es muy importante buscar y lograr un desarrollo que sea al mismo tiempo moral y espiritual, para que así podamos alcanzar un auténtico desarrollo integral. Recordemos con el hoy Venerable Siervo de Dios, Pablo VI, que el desarrollo, que es pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, alcanza su plenitud cuando se logra: “El reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin”, y sobre todo cuando se vive, “la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres”(8).

Aspiremos pues a promover el desarrollo auténtico, el cual ha de ir acompañado de la búsqueda de un humanismo trascendente, un humanismo orientado hacia Dios. “Para que sea auténtico, el progreso debe estar orientado a mejorar las condiciones de vida de la gente y, al mismo tiempo, a promover un humanismo trascendental que reconoce la soberanía de Dios” , ya que nunca es más grande la persona humana que cuando ella afirma a Dios, nuestro Señor, en su vida, ya que Él es su origen, fin y plenitud.

A todos les deseo un Año Nuevo lleno de las bendiciones del Señor. Que María Santísima, Nuestra Señora de la Merced, nuestra querida “Mamita Meche”, nos cubra con su manto maternal, nos libre de las insidias del enemigo, y nos consiga de su Divino Hijo la sabiduría y fortaleza para el cabal cumplimiento de nuestras responsabilidades como autoridades de Piura, a fin de que hagamos de nuestro puesto de mando un puesto de servicio, especialmente a los más pobres y necesitados de nuestra Región y Ciudad.

 

Que así sea. Amén.

 

San Miguel de Piura, 04 de enero de 2013

 

 

 

 

1.- S.S. Benedicto XVI, Homilía durante la Misa de Nochebuena, 24-XII-2012.

2.- Ver Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 36.

3.- Constitución Política del Perú de 1993, Artículo 50.

4.- Ver S.S. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus caritas est, n. 28

5.- S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XVVI Jornada Mundial de la Paz 2013, n. 4.

6.- Lugar citado.

7.- S.S. Benedicto XVI, Homilía Foro itálico de Palermo, 03-X-2010.

8.- S.S. Pablo VI, Encíclica Populorum progressio, n. 21.

9.- S.S. Juan Pablo II, Discurso en la ciudad de Phoenix, Estados Unidos, 14-IX-1987.

viernes 4 enero, 2013