HOMILÍA CON OCASIÓN DEL 190º ANIVERSARIO DEL GRITO LIBERTARIO DE PIURA – 2011

Fieles a la tradición de nuestros antepasados, nos hemos reunimos hoy para celebrar el 190° aniversario del Grito Libertario de Piura y ofrecer la Eucaristía por nuestra querida Región, por sus autoridades y habitantes.

Relata la historia, que el 04 de enero de 1821, los piuranos decidieron en Cabildo Abierto, en esta venerable iglesia de San Francisco, proclamar la Independencia. Piura se unía así al proceso libertario de manera pacífica, sin enfrentamientos armados, mostrando la unidad que reinaba en ella. De esta manera, manifestaba que el espíritu peruano estaba presente en su vida. El gran mérito de la proclamación de la Independencia en Piura, es que ella se declaró en un acto sereno, fruto de madura inclinación libertaria y del arduo pero sincero diálogo entre los piuranos.

Cabe resaltar que la Independencia se proclama en un recinto religioso, en una iglesia, en esta de San Francisco que hoy nos acoge como hace 190 años. Nuestros antepasados nos dan así una importante lección: sólo Dios es garante de la libertad. Ellos comprendieron muy bien que el Evangelio del Señor Jesús es la fuente de la salvación y de la libertad genuina, incluso en las cosas temporales. Por eso al comenzar un nuevo año reafirmemos todos, gobernantes y gobernados, civiles y militares, nuestra condición de cristianos, nuestra fe en Jesucristo y nuestra pertenencia a Su Iglesia.

La libertad que ansiaron nuestros mayores y que hoy también queremos, debe apoyarse sobre el cimiento granítico de la verdad, que es el Señor Jesús, cuyo conocimiento y seguimiento nos hace verdaderamente libres (ver Jn 8, 32 y 14, 6). Sólo en Él podemos construir la Piura justa, reconciliada, próspera y grande que todos anhelamos. La forja de Piura no puede darse al margen de la fe sino dentro de ella y desde ella.

Saludo a las nuevas autoridades

El comienzo de este año encuentra a nuestra Región y Provincias con nuevas autoridades. Mi saludo afectuoso a todos los que han recibido de Dios y del pueblo el encargo de dirigir los destinos de nuestra Región y Gobiernos locales y mi ofrecimiento personal y de la Iglesia de colaborar activamente con ustedes para forjar una cultura que se caracterice por el compartir, la solidaridad y el amor fraternal, para que así sea digna de la persona humana.

La Iglesia no pretende entrometerse en la política, no aspira a participar en la gestión de los asuntos temporales. Su contribución específica es la de fortalecer las bases espirituales y morales de la sociedad, haciendo lo posible para que toda y cualquier actividad en el campo del bien común vaya en sintonía con las directrices y exigencias de una ética humana y cristiana.

Ofrezco mis oraciones y amistad a todas las nuevas autoridades y como todos los piuranos, tengo la firme esperanza que ustedes se esforzarán según el máximo de sus posibilidades y capacidades para hacer una gran gestión para beneficio de todos, con especial atención y solicitud por los más pobres y necesitados.

Asimismo mí llamado a todos los piuranos a que colaboremos con nuestras nuevas autoridades. Dejemos de lado egoísmos o intereses de grupo ya que todos somos piuranos y Piura es nuestra casa común y tarea de todos. Dios mismo nos exhorta a través del apóstol: estemos “prontos para toda obra buena” (Tt 3,1).

La autoridad como servicio

Hay siempre una tentación para aquel que tiene autoridad, sea esta política o religiosa: el afán de dominio. El Señor Jesús nos ha mostrado el sentido auténtico y pleno de la autoridad: ella es servicio. Así lo afirmó claramente en el Evangelio: “el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mc 10, 44-45).

Mi deseo y el de todos los piuranos, que las gestiones que ustedes nuestras autoridades, hace muy pocos días han inaugurado, sean ejercidas como servicio a la persona humana, a la vida, a la familia, a los más pobres y excluidos, a la sociedad, a la cultura y al desarrollo integral de “toda la persona y de todas las personas”.

Promovamos el bien común

Al comenzar un nuevo año con nuevas autoridades pongamos toda nuestra inteligencia, voluntad, y corazón en la promoción del bien común, como bien de todos los hombres y de todo el hombre. El bien común es ciertamente deber de todos los miembros de la sociedad, ninguno está exento de colaborar en su consecución y desarrollo, según las propias capacidades y posibilidades, pero sobre todo es responsabilidad de quienes nos gobiernan. En efecto “el ejercicio de la autoridad debe asumir el carácter de servicio y se ha de desarrollar siempre en el ámbito de la ley moral para lograr el bien común: quien ejerce la autoridad política debe hacer converger las energías de todos los ciudadanos hacia este objetivo, no de forma autoritaria, sino valiéndose de la fuerza moral alimentada por la libertad”(1) .

Tengo la esperanza que se esforzarán por acrecentar el bien común y custodiarlo, y que para ello buscarán constantemente el bien de los demás como si fuese el bien propio, dejando de lado cualquier interés personal o grupal.

Vida moral para renovar la vida social y política

Bien sabemos que la corrupción es de las cosas que más daño hace a nuestro sistema democrático de vida.

Ella traiciona los principios de la moral y las normas de la justicia social, “compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes”(2) .

La corrupción en definitiva, conlleva sufrimiento, especialmente para los miembros más pobres e indefensos de la sociedad y ella produce una quiebra moral que es mucho peor que cualquier quiebra económica.

¿Cómo derrotarla y desterrarla y así renovar nuestra vida social y política? Con “la veracidad en las relaciones entre gobernantes y gobernados; la transparencia en la administración pública; la imparcialidad en el servicio de la cosa pública; el respeto de los derechos de los adversarios políticos; la tutela de los derechos de los acusados contra procesos y condenas sumarias; el uso justo y honesto del dinero público; el rechazo de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener o aumentar a cualquier costo el poder”(3) . Estos son algunos principios a tener presentes para derrotar este flagelo.

Convoco a todos, gobernantes y gobernados, a la gesta de derrotar a la corrupción, de recuperar la honestidad y la moralidad pública.

La honestidad es tarea de todos y ella debe enseñarse y vivirse en el aula, la oficina, el taller, la fábrica, el cuartel, el navío, el hogar y el campo. Hay que romper con la corrupción ahí donde se encuentre.

Promover y defender la familia y la vida

Con ocasión de la Navidad, dirigí a todos ustedes una Exhortación Pastoral en la cual he pedido una vez más que apostemos por la familia y defendamos la vida naciente. Hoy les renuevo a ustedes este llamado.

En dicha exhortación navideña les decía: “Mi llamado urgente a nuestras autoridades, especialmente a las que dentro de muy pocos días asumirán sus nuevas responsabilidades en los gobiernos regionales de Piura y Tumbes y en los gobiernos municipales, tanto provinciales como distritales, a que con sus políticas públicas defiendan y promuevan a la familia y al matrimonio. Que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman un hogar sean decididamente apoyados por el Estado. No hay que olvidar que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Nada contribuirá más decididamente al desarrollo integral de nuestras Regiones que la atención, protección y ayuda a la Familia, y al matrimonio del cual ésta surge, porque de la Familia brota el oxigeno puro de los valores verdaderos. Junto con ello, mi invocación a que hagamos una ardorosa defensa de la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción hasta su fin natural. Igualmente realicemos una promoción de la natalidad que sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente (4), protegiéndola del hedonismo imperante que promueve una cultura que “banaliza” la sexualidad humana, interpretándola y promoviéndola de manera reductiva y empobrecida al relacionarla sólo con el cuerpo y con el placer egoísta”(5) .

Exhortación final

Queridos hermanos, todo año nuevo que comienza siempre trae consigo el interrogante acerca de las alegrías y dolores que en él viviremos. Aunque el año que acabamos de comenzar pueda traer consigo dificultades y desafíos, los exhorto a que no tengamos miedo. A que vivamos el año nuevo con la confianza puesta en el Señor que no nos abandona nunca. No olvidemos que sólo quien tiene a Dios, tiene esperanza(6).

Pero así mismo pongamos de nuestra parte todo lo que podemos y debemos hacer para construir una Piura más fraterna, reconciliada y justa; sin violencia, siempre anticristiana; donde la honestidad, la verdad y la solidaridad nos caractericen. Una Piura donde el misterio de cada persona humana, desde su concepción hasta su fin natural, se viva a la luz del misterio de Dios.

Esforcémonos en el 2011 por impulsar una educación en valores mediante una formación en virtudes que nos impulse a seguir más de cerca al Señor Jesús, “quien manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”(7). Todos los valores y virtudes encuentran en Cristo su fuente y su culmen. Él y sólo Él es el modelo a seguir para forjar al hombre nuevo y a la sociedad nueva que buscamos.

Que María Santísima, nuestra querida “Mamita Meche”, nos cubra con su manto maternal, nos libre de las insidias del enemigo, especialmente de la mentira, del pesimismo, de la desunión, del egoísmo y de las envidias, y nos ayude a vivir la reconciliación y la unidad, que es el mejor testimonio que podemos dar a las nuevas generaciones de piuranos.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 04 de enero de 2011

(1) Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 567.

(2) Allí mismo, n. 411.

(3) Veritatis splendor, n. 101.

(4) S.S. Benedicto XVI, Homilía Consagración de la Iglesia de la Sagrada Familia y el Altar, 07-XI-2010.

(5) Mons. José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Exhortación Pastoral de la Navidad, 2010.

(6) S.S. Benedicto XVI, Spes salvi, n. 3 y passim.

(7) Gaudium et spes, n. 22.

martes 4 enero, 2011